Omisiones ominosas o mi suspiro —definitivo— de alivio PDF Imprimir E-mail
Manipulación mediática
Viernes, 16 de Marzo de 2012

Blog PaquitoeldeCuba.- Lo primero que supe sobre el debate que tuvo lugar en el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas la pasada semana en un panel sobre discriminación y violencia contra personas por su orientación sexual, fue a partir de un extenso y enrevesado despacho de la agencia británica Reuters donde no aparecía una palabra sobre la posición de Cuba en la discusión. Por supuesto, eso me preocupó.

La nota decía que “varios países árabes y musulmanes se marcharon el miércoles de un comité del Consejo de Derechos Humanos que abordaba el asunto”.

Luego hacía referencia a un “plante” o retirada de un grupo de naciones, luego de intervenir con justificaciones y lugares comunes que algunos de esos gobiernos utilizan para no enfrentar el problema de la homofobia, como describir la homosexualidad como un “comportamiento libertino” (Pakistán) o decir que el derecho a la libre orientación sexual e identidad de género “no estaba cubierto por los acuerdos de derechos humanos mundiales” (Senegal)

También citaba a Nigeria, para cuestionar la veracidad de la declaración de su representante sobre “que ninguno de sus ciudadanos corría riesgo de violencia por orientación sexual o identidad de género” y a Mauritania, que trató de presentarlo como un “tema controvertido” que “minaría la discusión en el consejo de todos los auténticos problemas de derechos humanos.”

Mucho más adelante mencionaba que ese punto lo incorporó a la agenda en junio una iniciativa de los Estados Unidos — ¡no faltaba más, los “salvadores” del universo!— y Sudáfrica, para después reconocer que “varios países latinoamericanos como Argentina, Brasil y Uruguay unieron fuerzas para aprobar, en una ajustada votación, el informe del comité y la alta comisionada”.

Por último reseñaba datos de ese informe, donde describía “que 76 países entre los 192 miembros de la ONU tienen leyes que criminalizan el comportamiento homosexual. Al menos cinco – en concreto Irán – incluyen la pena de muerte, mientras Uganda está tratando de introducirla en su legislación”.

Ni una sola mención a Cuba, uno de los miembros más activos en el Consejo de Derechos Humanos.

Como el enfoque de la política exterior de nuestro país alrededor del derecho a la libre orientación sexual e identidad de género fue motivo de polémica en esta bitácora hace un tiempo atrás, lo cual generó en su momento un fructífero diálogo con la cancillería cubana, que arrojó muy positivos resultados en aquel momentodespués, me extrañó la omisión de cualquier referencia a la intervención de los diplomáticos de la Isla en este panel.

Supuse, con razón, que había “pitirre en el alambre”. Si no hablaban de Cuba, era porque su delegación ante el Consejo de Derechos Humanos había sido consecuente con la política del Partido Comunista de enfrentar cualquier tipo de discriminación, incluyendo la orientación sexual. De lo contrario, ríos de tinta habrían corrido desde toda la prensa internacional en contra del “gobierno de Castro”.

Y así fue.

Solo unos días más tarde trascendió que Cuba estuvo entre los países que, el pasado 7 de marzo criticaron en Naciones Unidas todo acto de discriminación o violencia contra cualquier persona por motivos de su orientación sexual e identidad de género.

Y no solo eso, sino que en su intervención ante el panel, el delegado de Cuba, Juan A. Quintanilla Román, hizo referencia a las Jornadas Cubanas contra la Homofobia como “espacios de participación democrática que incluye la expresión libre de personas lesbianas, gays, bisexuales y transexuales”, mencionó el VI Congreso Cubano de educación, orientación y terapia sexual que tuvo lugar en enero último y reconoció el liderazgo que ejercen en relación con ese tema el Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX) y la Sociedad Cubana Multidisciplinaria para el Estudio de la Sexualidad (SOCUMES).

Entendí enseguida que esa reafirmación de “la firme voluntad política de nuestro Estado y gobierno de garantizar la plena igualdad de todos los cubanos y cubanas”, nunca ameritaría ser noticia o merecería reconocimiento en los medios de prensa o declaraciones públicas de quienes defienden el poder y la ideología del capitalismo hegemónico y prefieren insistir siempre en antiguos errores o desactualizadas “leyendas negras”, en contra de la Revolución y del socialismo.

Suspiré con alivio —y parece que esta vez— definitivo.

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