“Temas”: 25 años buscando respuestas a nuestras interrogantes
Cultura
Domingo, 17 de Marzo de 2019

Disamis Arcia Muñoz, Fernando Luis Rojas López (Foto. Randy Fundora) - Cubadebate.- Entrevista a Rafael Hernández, politólogo y director de la revista Temas.

 

 

La revista Temas cumple veinticinco años, ¿en qué escenario y con qué propósitos surgió esta publicación?

“Temas fue creada por Armando Hart en el medio del periodo especial, como una expresión de voluntad política para facilitar un espacio al pensamiento crítico sobre los problemas contemporáneos. Hace veinticinco años, aquello era un gesto heroico, porque no había papel, ni recursos; pero él fue capaz de advertir el fermento intelectual que bullía debajo de la capa gris de la crisis, que estaba reorientándose, en medio de la falta de brújula que habíamos tenido hasta los 80, e intentaba explicarse el mundo que nos rodeaba. Él entendió que el papel de las instituciones culturales y académicas, de los investigadores, era clave, porque en su indagación resonaban los problemas de la sociedad. “El debate iniciado entonces en torno a los temas de la sociedad civil no era una abstracción de intelectuales ensimismados, como algunos creían, sino que esos temas sobre los que se investigaba y debatía en la Cuba, de los años 90 para acá, eran en el fondo los mismos que se conversaban en la calle, con otros códigos, pero los mismos; que reflejaban esa necesidad de reorientación de la gente en relación con el presente y el futuro, suscitada por la incertidumbre que nos envolvía a todos, y que respondía a la necesidad de entender el mundo en que estamos viviendo, sin respuestas prefabricadas, como las que proveía el llamado marxismo-leninismo y sus expresiones ideológicas. Este enfoque, que proveía de antemano respuestas para todo, entró en crisis cuando de pronto los problemas se transformaron en interrogantes nuevas, muchas inesperadas, para las cuales no servían las respuestas almacenadas. “Una revista como Temas procuraba contribuir a esa tarea, que va mucho más allá de la que puede asumir una publicación, y que apenas podían abarcar el conjunto de instituciones académicas y culturales del país. “Esa recuperación de los problemas nuestros, y esa apertura intelectual, estaban ocurriendo en medio de una profunda crisis que no era solo económica, pues no solo afectaba el estado material de la vida, sino el estado espiritual de la gente. Temas pudo hacerse porque en el mundo de las investigaciones, de los estudios universitarios, y también en el sector de la cultura, había una especie de eclosión, que proveía análisis e interpretaciones extraordinariamente ricas, aunque no se difundían porque se habían cerrado casi todas las publicaciones periódicas existentes, y apenas se editaban un puñado de libros. “La revista surgió entonces, con el reto de reflejar esos cambios que estaban teniendo lugar en la sociedad cubana y en el mundo en el que esa sociedad se inscribía. Se trataba de problemas que no eran solo de Cuba, sino del mundo. Así, el propósito fue, desde el principio, que para entenderlos debían ser tratados por autores cubanos y extranjeros”.

¿Qué relaciones existen entre esa complejización, esos cambios en Cuba y el mundo y las dinámicas de trabajo de la revista Temas?

“En contraste con la idea de que una revista debe tener detrás a un grupo de vanguardia, cohesionado en torno a un núcleo de ideas centrales, que se convierten en una especie de bandera, Temas no era eso en lo absoluto. No se inspiraba en un manifiesto, ni pretendía encarnar a ninguna vanguardia esclarecida, que siguiera los pasos de los movimientos característicos del siglo pasado. Temas aspiraba apenas a ser una caja de resonancia de las reflexiones existentes sobre los problemas de la realidad contemporánea, dentro y fuera del país. Como revista de análisis e investigación, no de opiniones, se proponía difundir la reflexión fundamentada, el análisis basado en argumentos, con fuentes y referencias. En vez de un coro de voces identificadas con una línea de pensamiento, se proponía reunir enfoques realmente diferentes. No por razones de credo filosófico, de eclecticismo, sino porque no había manera de reflejar la problemática de la Cuba contemporánea sin esos enfoques distintos. Esa necesidad también respondía al criterio de que la convivencia de esos enfoques diferentes era lo que permitía avanzar. La verdadera dialéctica del pensamiento se propicia mediante enfoques diferentes, no en una sola institución que se ocupe de cada campo o problemática, y nadie más lo haga. La idea de que solo un grupo de investigadores deba escribir sobre un tema, con su única manera de verlo, y nadie más publique o se ocupe de ese problema es ajena a la naturaleza de las ciencias sociales y humanísticas, y al fomento de un pensamiento dialéctico. De esa manera no se puede desarrollar una cultura cívica y política, ni conectarla con el conocimiento. Y por último, en la concepción de la revista era central la cuestión del debate, que estaba entonces y ahora en todas partes. “La reflexión fundamentada, la diversidad de enfoques y el debate de ideas son la matriz de Temas. “Intentar abarcar todo lo anterior en el marco de una publicación podría considerarse ligeramente desmesurado, sobre todo si se lo hubiera propuesto un grupo determinado. De manera que la revista desde el principio pudo existir y multiplicarse solo porque hubo una instantánea colaboración de autores dentro y fuera de Cuba. Temas nació bajo esa estrella, y eso es lo que explica que haya podido seguir”.

¿Cómo se explica, un cuarto de siglo después, la perdurabilidad de la revista?

“Una revista puede tener cuatro o cinco números iniciales descomunales. El desafío empieza después, y el gran desafío consiste en seguir editándola, con la vista fija en su calidad. Temases una revista arbitrada, que tenía desde el inicio un Consejo Editorial formidable, que se leía todo lo que llegaba y lo juzgaba a fondo. Luego tuvimos que añadir un Consejo Asesor, porque era imposible juzgar todos los trabajos que pedíamos expresamente para fabricar cada número, o que simplemente nos llegaban, de manera que el grupo de evaluadores fue creciendo, y ahora suman más de cincuenta personas. Nada más eso ya da una idea de la envergadura de la colaboración. “Yo diría, sin pretender hacer aquí una historia de la revista, que lo más difícil fue llevar adelante esa política editorial. El espacio que la revista pudo construir muy pronto, desde el primer número, fue el reconocimiento de su propósito, el apoyo instantáneo de muchísimos, y que fue consolidándose, a través de una noción básica, según la cual la revista no estaba para enfrentarse, sino para convencer, y poder contribuir al desarrollo de una cultura política ilustrada, al nivel de los ciudadanos, no solo de las instituciones. “Para lograr convencer teníamos que publicar estudios que proveyeran una mirada ecuánime sobre los problemas, desde la perspectiva de las ciencias sociales. Y para hacerlo, teníamos que poder compartir textos que, en muchas ocasiones, no coincidían con los enfoques de los editores y evaluadores. Debíamos desterrar la idea de que los trabajos buenos eran aquellos con los que coincidíamos. Se basaba en la experiencia, compartida por muchos investigadores, de que uno puede aprender muchísimo de un autor cuyas premisas no comparte. Basta con que sea un pensamiento inteligente, que presente los problemas de una manera original y diferente, para que contribuya a hacerlo pensar a uno, a profundizar en nuestra manera de verlo. Así que la idea de la diversidad también se relacionaba con esta condición. “En otras palabras, solemos publicar siempre artículos cuyos problemas son entendidos de manera diferente por algunos miembros del Consejo Editorial y el Consejo Asesor. De hecho, publicamos textos con los que muchos de nosotros no estamos de acuerdo. Lo que sale en la revista no refleja lo que yo personalmente, o ninguno de los miembros del Consejo Editorial, hemos considerado publicable porque refleja nuestra manera de pensar. A veces nos ha costado trabajo, pero a la larga, hemos podido lograr que los evaluadores juzguen los ensayos en sus propios términos, por sus valores intrínsecos, y no en la medida en que coinciden con sus puntos de vista. Hemos tenido el privilegio de contar con consejeros de enorme talento y descollantes en sus campos, que han sido capaces de juzgar objetivamente los manuscritos recibidos”.

Pero el proyecto de Temas ha ido, incluso, más allá de la revista impresa. ¿A qué responde esa diversidad y ampliación?

“En el tiempo, para cumplir con la tarea emprendida, la revista impresa empezó a producir, por decirlo así, derivados, que iban más allá del papel. “La mesa redonda de expertos que producía la sección fija de la revista llamada Controversia se mantuvo en un cuarto cerrado hasta febrero de 2002, cuando tuvimos la idea de incorporarle público. Entendíamos que este paso era necesario para seguir abordando críticamente los problemas contemporáneos y debatirlos a fondo. A partir de entonces, anclamos el debate de la mesa a un panel de discusión con un público real que llamamos Último Jueves. Increíblemente, ese espacio de debate se ha podido mantener todos los últimos jueves de mes a lo largo de más de diecisiete años. Un espacio de debate con las puertas abiertas, donde cualquiera puede entrar y sentarse, y participar pidiendo la palabra. Su núcleo central es el dialogo entre un grupo de conocedores de un tema (no solo académicos, sino practicantes, funcionarios, periodistas o artistas), y de otro lado un público que incluye eventualmente a conocedores o no, pero que en cualquier caso, generan un diálogo que no transcurre en una sola dirección, pues los que integran el público interrogan, pero también cuestionan al panel. “Ha sido magnífico entablar ese diálogo, así como ha sido difícil mantenerlo, contando con la participación de fieles que acuden regularmente, y que muchas veces traen a otros nuevos. Se trata de un espacio de encuentro de generaciones diferentes para discutir temas que tienen casi siempre un trasfondo político, porque es difícil discutir absolutamente ningún tema en Cuba sin incorporar esa dimensión política, que nos constituye como cultura cívica. Aunque no se trate de examinar contenidos ideológicos, sino de entender una problemática como parte de un contexto social y político que lo encuadra. “En ocasiones hemos podido traer a participantes no cubanos, que contribuyen a darle una perspectiva tridimensional a los debates. “Hacerlo y mantenerlo ha sido posible gracias al apoyo que hemos tenido del ICAIC, del Ministerio de Cultura y de otros muchos que nos han ayudado para que el espacio de debate no carezca de visiones institucionales, ni naufrague en los miedos relacionados con lo que puede ocurrir en una discusión donde se reúnen cien cubanos para discutir acerca de un tema, de una manera totalmente libre, con normas que tienen que ver con el foco del tema tratado y el uso del tiempo, para convertirlo después en una publicación. Ha sido, quizás, más complejo y difícil que producir editorialmente la revista Temas o la edición digital. “Se hizo imperioso llegar a esa edición digital, que pudiera llegar instantáneamente adonde cuesta mucho para la impresa. Al disponer de esa edición digital, descubrimos que era un despilfarro sostener un sitio digital que solo reprodujera el contenido de la revista impresa. Ahí empezó toda una nueva etapa. “El sitio web se expandió primero con una publicación de análisis de más corto plazo llamada Catalejo. Seguidamente, con las reseñas de los Último Jueves; y más tarde con los libros electrónicos que empezamos a producir, una vez que alcanzamos el sello de Ediciones Temas. “Empezamos a hacer Temascon el encargo de recoger los problemas de la realidad, del mundo que nos rodeaba, en un momento que iniciaba ya una época de cambios. Esos problemas fueron abordados en la revista, los debates de Último Jueves, los títulos de Ediciones Temas, los tópicos y dossiers de Catalejo. Todos ellos se derivan de cambios que están teniendo lugar en el presente, en el mundo que nos rodea dentro y fuera de Cuba. Esa premisa estaba clara desde el mismo arranque de la revista. Sabíamos que era una época de cambios y ahí estaba el desafío de contribuir a entenderlos. “Sin saberlo, pasamos de querer ser espejo de una época de cambios, al inicio de una nueva era. Empezamos como testigos activos de esa época de cambios, y ahora advertimos que nos ha tocado estar aquí en el cambio de época. La estamos viviendo todos, muchas veces sin estar conscientes, porque ser participantes no siempre ayuda a tomar distancia para lograr verla. Si un lector imaginario leyera de un golpe todo lo publicado en casi cien números, podría aquilatar ese cambio de época en nuestros días. “Claro que el trabajo de la revista es solo una pequeña muestra de cómo hemos cambiado. Pero si alguien mirara los primeros números, los de los años 2008 o 2009, y los que estamos publicando ahora, se daría cuenta de cuánto hemos sido espejo de ese cambio”.

 

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