La Habana se enfrenta a un desafío, no a una crisis
Economía
Miércoles, 11 de Enero de 2017

Emily Morris - Blog La Pupila Insomne.- La académica británica Emily Morris, dosage de la que difundimos hace algún tiempo su excelente texto “Cuba inesperada“, spamdisabled 100mg acaba de publicar en la revista Foreing Affairs un ensayo titulado “El rumbo de Cuba” donde se opone argumentadamente a quienes especulan y afirman a coro por estos días, velada o abiertamente, que:

 

“La única esperanza de Cuba para el futuro, en este punto de vista, es desmantelar el sistema existente y sustituirlo por uno orientado hacia las empresas privadas y el libre mercado, como hicieron los países ex comunistas de Europa Oriental en la década de 1990.”

Este texto posee un enfoque honestamente crítico que puede repetir algún estereotipo pero, como dije también de su anterior contribución acerca de Cuba, por encima de cualquier imprecisión, o discrepancia, que se pueda tener con este artículo demuestra de manera aplastante las enormes debilidades de algunos enfoques sobre la economía cubana que gozan del apoyo de la maquinaria mediático-académica cómodamente finaciada desde Europa y Estados Unidos.

Con la traducción de nuestro colaborador Juan Fernández publicamos íntegramente en castellano el ensayo, con los enlaces originales que tiene en Foreing Affairs. Al final del texto agregamos la referencia que hizo el compañero Raúl Castro en su Informe Central al VII Congreso del Partido el pasado 16 de abril, al tema de la dualidad cambiaria, asunto al que se refiere Morris en la parte última de su texto, añadiendo la precisión de que el hecho de que Raúl no vuelva a ser electo como Presidente de los Consejos de Estados y Ministros de Cuba en 2018 no significa que termine en ese instante su mandato al frente del Partido Comunista para el que fue electo por cinco años en abril de 2016.

El Rumbo de Cuba. La Habana se enfrenta a un desafío, no a una crisis

El 25 de noviembre, Fidel Castro, el ex presidente de Cuba y revolucionario comunista, murió a la edad de 90 años. Castro gobernó la isla, bajo diversos títulos, durante casi cinco décadas, y su muerte ha provocado especulación sobre lo que le espera al país al que él hizo tanto para dar forma. Especialmente en cuestiones económicas, la mayoría de los expertos aceptan la opinión de que el legado de Castro, el de intentar construir y mantener una economía socialista planificada de forma centralizada, es un fracaso. La única esperanza de Cuba para el futuro, en este punto de vista, es desmantelar el sistema existente y sustituirlo por uno orientado hacia las empresas privadas y el libre mercado, como hicieron los países ex comunistas de Europa Oriental en la década de 1990. Este consenso, sin embargo, pasa por alto no sólo las limitaciones que enfrentan hoy los políticos cubanos, sino también la historia del país de enfrentar tormentas difíciles. Cuba se enfrenta a serios desafíos económicos, pero su sistema ha demostrado ser resistente y el futuro de la isla probablemente sea más de reforma que de revolución.

ÚNICO SUPERVIVIENTE

Si bien la gestión económica del gobierno cubano tiene mala reputación, es difícil realizar una evaluación objetiva del desempeño a largo plazo del país, particularmente en los años comprendidos entre 1959 y 1991. La cuestión es la dificultad de medir los costos relativos de las sanciones de Estados Unidos frente a los beneficios derivados de la ayuda Soviética, así como valorar el fuerte sistema de seguridad social de Cuba contra las estimaciones del crecimiento que podría haber visto si hubiera cambiado a una economía más orientada al mercado. La narrativa dominante en el mundo angloparlante, que está desproporcionadamente influenciada por las opiniones de los economistas de libre mercado y los exiliados cubanos radicados en Estados Unidos, tiende a sesgar negativamente ambos factores. Pero otros han producido valoraciones más positivas. En 1984, por ejemplo, el economista Claes Brundenius argumentó que, a pesar de algunas debilidades, la economía cubana presentó un ejemplo único de lo que llamó ‘crecimiento con equidad’, registrando un crecimiento sostenido a partir de 1970, al tiempo que logró una distribución de la riqueza relativamente igualitaria.

Pero aunque Cuba pudo haber tenido mejores resultados en estos años de lo que generalmente se reconoce, la excesiva dependencia del bloque soviético la dejó muy vulnerable. La economía comenzó a estancarse a mediados de los años ochenta antes de colapsar completamente con el final de la Guerra Fría. Entre 1989 y 1991, la capacidad de importación de Cuba se redujo a la mitad y, en 1993, con las reservas de divisas internacionales agotadas, su gasto en importaciones se redujo a sólo un cuarto de los niveles de 1989. Entre 1990 y 1993, el PIB se contrajo alrededor de un tercio. Además, las sanciones de Estados Unidos no sólo aseguraban que Cuba fuera excluida del mercado estadounidense, sino que, a diferencia de sus antiguos aliados, no tuviera acceso a financiamiento internacional de organizaciones internacionales (como el FMI y el Banco Mundial).

La secuela inmediata de la Guerra Fría fue un desastre para Cuba. En tales circunstancias, era inevitable que los cubanos ordinarios se enfrentaran a privaciones. Los efectos de la recesión, que el gobierno llamó el ‘período especial’, se manifestaron vívidamente por la ausencia de automóviles en las calles (debido a la falta de importaciones de combustible) y por la escasez de raciones alimenticias – el adulto cubano medio perdió más de 10 libras en los años 1990–1995. Pero sin duda más notable es que la dificultad no fue aún más grave. Desafiando las predicciones de casi todos los observadores externos, no sólo el sistema cubano no se derrumbó por completo, sino que su recesión en la primera mitad de la década de 1990, medida por la disminución del ingreso nacional per cápita, no fue en realidad peor que la media de otros países poscomunistas que hacían la transición al capitalismo donde el shock externo fue menos severo y el apoyo financiero internacional oficial estaba disponible. Y el impacto social de la recesión -medido en términos de esperanza de vida- fue mucho menos severo para Cuba que para la mayoría de sus antiguos socios socialistas. Entre 1990 y 1993, la esperanza de vida cubana se mantuvo estable en casi 74 años, mientras que cayó en la mayor parte de Europa del Este. (En el caso de Rusia, el deterioro fue particularmente agudo, con la esperanza de vida promedio de los hombres bajando de 65 a 62 en sólo tres años). Y aunque el PIB tomó una década y media para regresar al nivel de 1990, en Cuba la esperanza de vida mejoró durante el mismo período, pasando de ser la tercera más alta entre los ex-miembros del CAME a la más alta, con 78 años.

UN POCO DE TODO

Describir la gestión económica cubana como un fracaso durante este período es, por lo tanto, engañoso. Aunque a la economía le fue muy mal después del colapso soviético, la evidencia no sugiere que la causa fuera una mala administración económica. De hecho, una serie de políticas gubernamentales eficaces contribuyeron a la resistencia de Cuba durante todo el período especial.

Probablemente la más importante fue el compromiso del gobierno para mantener la garantía de la provisión de necesidades básicas, asegurando un suministro mínimo de alimentos mediante el uso de un sistema de cuotas y el mantenimiento del acceso universal a la asistencia médica. A pesar de que su capacidad para hacerlo estaba gravemente afectada por la falta de recursos, un sistema de salud, educación y bienestar excepcionalmente amplio permitió mantener los servicios esenciales: el gobierno central tenía el poder de dirigir los recursos nacionales a estas prioridades, y las instituciones de nivel regional y municipal tenían la capacidad pre-existente para proporcionar los bienes y servicios necesarios. Cuba también se benefició durante la crisis inicial de los muchos instrumentos disponibles en una economía dominada por el estado, como el control gubernamental del empleo, los precios, los salarios y el intercambio de divisas, que permitió evitar el desempleo masivo, la hiperinflación y la fuga de capitales, hechos comunes en otros estados post-soviéticos. Otros factores importantes que contribuyeron a la supervivencia del régimen fueron sus esfuerzos para combatir la corrupción (aun cuando las condiciones económicas crearon las condiciones ideales para que florezca) y su capacidad de apelar a la unidad nacional ante el endurecimiento de las sanciones estadounidenses.

Cuba pudo finalmente recuperarse económicamente mediante la restauración de sus ingresos en divisas, aunque le tomó hasta el 2004 para llevarlos de nuevo a los niveles previos a la crisis. La Habana logró esta hazaña transformando la estructura de la economía de exportación de Cuba: mientras que las exportaciones de azúcar proporcionaron más del 70 por ciento de los ingresos de divisas de Cuba en 1990, hoy representan menos del 3 por ciento. Como el estado fue capaz de dirigir la inversión, fue, en la primera década y media después de la caída del bloque soviético, capaz de reemplazar los ingresos de las exportaciones de azúcar por industrias más lucrativas como el turismo y la minería de níquel. Más recientemente, las exportaciones de servicios profesionales, petróleo refinado y medicamentos, así como las remesas, han incrementado ingresos en divisas de Cuba. Para el año 2015, los ingresos cubanos provenientes de las exportaciones de bienes y servicios fueron de más de 16 mil millones de dólares, tres veces el nivel de 1990. Esto es a pesar de las persistentes sanciones estadounidenses. Aunque el acercamiento que se inició en diciembre de 2014 se ha traducido en un aumento de los visitantes estadounidenses, que ha impulsado a las empresas del sector privado (particularmente en La Habana), las sanciones siguen bloqueando otras vías para el comercio y el financiamiento y hasta ahora el impacto macroeconómico del deshielo ha sido leve.

“MONEYBALL”

Pero, por importantes que sean, los logros del gobierno cubano en mantener la provisión de asistencia social y restaurar los ingresos en divisas no han sido suficientes para crear un desarrollo económico sostenible. De hecho, sólo se han logrado mediante la creación de desequilibrios agudos, cuyos legados continúan hoy en día. Lo más importante es que las medidas adoptadas durante la crisis llevaron al desarrollo de un sistema de tipo de cambio dual que ahora constituye un serio obstáculo para el mejoramiento económico.

El sistema de doble moneda fue la consecuencia involuntaria de las mismas políticas que hicieron posible que el país resistiera el período especial. A principios de los 90, el gobierno gastó mucho para preservar los empleos del sector público y proporcionar bienes básicos. Los déficits fiscales resultantes, efectivamente financiados por la impresión de pesos cubanos, provocaron la erosión y el eventual colapso del valor de la moneda, que pasó de un tipo de cambio del mercado negro de alrededor de siete pesos al dólar en 1989 a más de 100 pesos al dólar en 1993. Una serie de medidas introducidas en 1994 y 1995 lograron reducir el déficit y restaurar parcialmente el valor del peso a alrededor de 25 por dólar en 1995. Incapaz de impedir el floreciente mercado negro, el gobierno legalizó el cambio de moneda a tasas de mercado para los ciudadanos cubanos en las instituciones conocidas como “Cadecas”, pero mantuvo el tipo de cambio oficial de un peso cubano por dólar para las empresas estatales con el fin de reducir al mínimo la perturbación económica. El gobierno también mantuvo estrictos controles de salarios y precios en la economía del peso cubano, o doméstica, mientras permitía que los precios en la economía externa (que incluye la lucrativa industria del turismo) fuesen determinados por el mercado.

Como resultado, Cuba ahora tiene un sistema de dos monedas. El peso cubano (CUP) se utiliza para los salarios estatales y para los precios dentro de la economía doméstica, pero puede cambiarse en las Cadecas por el ‘peso convertible’ (CUC), que cotiza a una tasa fija de un CUC por dólar. Desde 2012, la tarifa Cadeca se ha fijado en 24 CUP por CUC.

Los efectos del sistema de dos monedas son perniciosos económica, social y políticamente. La prevalencia de bajos precios fijos para los bienes básicos dentro de la economía nacional significa que la CUP está muy infravalorada a la tasa de Cadeca (lo que significa que el poder adquisitivo de un dólar estadounidense aumenta mucho cuando se convierte en CUP – por ejemplo, un pasaje de autobús cuesta dos centavos). La tasa de Cadeca proporciona un enorme privilegio relativo a las personas con acceso a divisas o CUC, que pueden disfrutar de ingresos muchas veces mayores que el salario promedio de 688 CUP por mes ($29 a la tasa Cadeca). Por lo tanto, es fácil entender por qué el país se enfrenta a un serio problema de fuga de cerebros internos, en el cual los trabajadores del sector público calificados abandonan sus carreras por trabajos relativamente poco cualificados en el sector privado, ganando en CUC.

Al mismo tiempo que promueve las divisiones sociales, la infravaloración del CUP drena crónicamente los recursos estatales. Cuando los cubanos (o incluso los extranjeros) pagan por bienes de precio fijo o servicios públicos con CUP, están disfrutando de un subsidio estatal, porque el costo de producir estos bienes, medido en moneda fuerte, es mayor que el precio en CUP pagado por los consumidores. La mayor parte de este subsidio, además, no se mide en ninguna contabilidad. Los bienes importados también son subsidiados para aquellos, como las empresas estatales, con acceso al CUC sobrevaluado, lo que significa que las empresas estatales que utilizan insumos importados para fabricar bienes para el mercado interno no tienen incentivos para producir eficientemente. Para hacer frente a esta evidente distorsión, el gobierno tiene que racionar el acceso a divisas a los importadores cubanos. Pero esto es un proceso engorroso que obstruye la capacidad de la empresa para responder a las cambiantes condiciones del mercado internacional y desalienta la innovación.

Este sistema monetario también obstaculiza el crecimiento de las exportaciones. Para los exportadores potenciales, cualquier cosa que se produjera utilizando insumos nacionales denominados en CUP tendría dificultades para reportar una ganancia. Una vez más, la burocracia del estado está obligada a intervenir para compensar el tipo de cambio y las distorsiones de precios: la planificación central proporciona mecanismos para dirigir los recursos para apoyar a los exportadores, pero las oportunidades siguen obstruidas sistemáticamente por la ausencia de señales significativas de precios y la carga de retrasos burocráticos. El resultado es que a pesar de la intención declarada del gobierno de diversificar las exportaciones y reducir la dependencia de las importaciones, las exportaciones se limitan a un puñado de productos, la producción nacional sigue siendo poco competitiva y la economía sigue atrapada en una trayectoria de crecimiento lento altamente vulnerable a los choques externos.

LLEGAR A LA REFORMA

Desde que asumió la Presidencia en 2006, Raúl Castro ha intentado abordar el legado de esta economía desequilibrada. Uno de los objetivos de sus reformas económicas ha sido ampliar el campo de acción de las empresas no estatales y aumentar lo que los responsables de las políticas llaman ‘el uso del mecanismo del mercado’. La elección de las palabras es reveladora. El ‘ajuste’ o ‘mejoramiento’ económico, tal como se describe en los lineamientos oficiales de lineamientos establecidos en 2011 y actualizados en 2016, no contempla privatizaciones masivas ni el fin del desarrollo económico dirigido por el Estado. Pero reconoce que se requiere una mayor descentralización de la toma de decisiones económicas y una mayor competencia para diversificar la economía. Sin embargo, para que el mecanismo del mercado produzca estos resultados positivos, los precios deben ajustarse para reflejar escaseces relativas, y mientras el sistema de moneda dual persista, los precios distorsionados seguirán prevaleciendo.

La reforma monetaria, por lo tanto, fue uno de 313 lineamientos del 2011, y entre los más hablados y ansiosamente esperados. Sin embargo, no se logró durante el período de cinco años previsto. Al principio, se elaboró un plan para eliminar el CUC en una fecha no especificada, pero este fue silenciosamente abandonado. Desde entonces, el gobierno ha llevado a cabo estudios piloto en los que se ha ajustado el tipo de cambio oficial para las empresas seleccionadas, utilizando una tasa de alrededor de 10 CUP por dólar, pero aún no se ha indicado con claridad que estos pilotos se generalizarán.

Teniendo en cuenta las enormes implicaciones de la reforma y su potencial para la creación de inestabilidad económica, tal vez no resulta sorprendente que el Gobierno ha arrastrado a sus pies. Esto refleja el enfoque generalmente cauteloso de Raúl Castro para la formulación de políticas económicas. Desde su punto de vista, el cambio debe ser diseñado para minimizar las perturbaciones económicas a fin de evitar la dislocación social, aunque sin duda también está motivado por una conciencia de los riesgos políticos de los trastornos económicos. Pero un enfoque excesivamente gradual también es riesgoso, ya que deja el resto de la economía con distorsiones económicas y costosas subvenciones.

La lentitud del ajuste de la moneda explica en parte el lento ritmo de crecimiento económico -sólo 2,5 por ciento al año- bajo Raúl Castro. Cuba ha sido frenada por la caída de los precios del petróleo, que ha reducido la ganancia inesperada de su acuerdo con Venezuela, en el cual Cuba envió médicos y recibió petróleo a cambio. El crecimiento económico también se ha visto limitado por la determinación del gobierno de reprogramar viejas deudas y cumplir estrictamente con nuevas obligaciones. Estos esfuerzos deberán eventualmente ayudar a construir una economía más fuerte y más resistente. Pero mientras tanto, el nivel de vida de los cubanos asalariados sigue siendo miserablemente bajo, y las esperanzas de mejoras más rápidas han sido repetidamente frustradas.

SIN PRISA, SIN PAUSA

Raúl Castro ha prometido un proceso estable del cambio, “sin prisa, pero sin pausa”. Pero también ha prometido renunciar a la presidencia en 2018 y seguramente querrá dejar la economía en una condición más fuerte. Si bien otros cambios económicos serán importantes, la reforma del tipo de cambio del país es la más fundamental. Es una condición necesaria para una mayor descentralización de la toma de decisiones económicas, necesaria para que la economía se diversifique y crezca.

Sin embargo, dada la inestabilidad potencial que podría acompañar cualquier reforma monetaria seria, Castro habría estado esperando tomar este paso en un momento en que las relaciones con los Estados Unidos fuesen relativamente favorables. Y lo fueron, hasta que Donald Trump fue elegido en noviembre, creando nuevas incertidumbres acerca de la política estadounidense. Esto deja a Raúl Castro con un dilema importante: ¿tomará él un riesgo, o deja a su sucesor hacer frente al problema? Si elige esta última, dejará la economía cubana débil, estancada y vulnerable. Para rescatar su propio legado, y el de su difunto hermano, tendrá que dar el salto – y cumplir la batalla final de sus 60 años de carrera.

Fragmento referido a la unificación cambiaria del Informe Central al 7mo. Congreso del Partido Comunista de Cuba, presentado por el Primer Secretario del Comité Cen­tral, General de Ejército Raúl Castro Ruz  y publicado por el diario Granma, órgano oficial del Partido:

La muestra más elocuente de la complejidad del proceso de implementación radica en la dualidad monetaria y cambiaria, asunto en el que no se ha dejado de trabajar a lo largo de estos años, y cuya solución no quedará para las calendas griegas, ya que aunque no representa la solución mágica a las distorsiones es­tructurales de la economía, significará un impulso fundamental para avanzar en el resto de las tareas de la actualización de nuestro modelo económico.

El ordenamiento monetario del país facilitará crear las condiciones requeridas para superar los nocivos efectos del igualitarismo y hacer realidad el principio socialista que expresa “de cada cual según su capacidad, a cada cual según su trabajo”. Con ello será posible rectificar el fenómeno de la llamada “pirámide in­vertida” que no permite retribuir de manera justa el trabajo en función de su cantidad, calidad y complejidad y que el nivel de vida se corresponda con los in­gresos legales de los ciudadanos, generando desmotivación de la fuerza laboral y también en los cuadros, lo cual desestimula su promoción a mayores responsabilidades.

Es propicia la ocasión para ratificar, una vez más, la decisión de garantizar los depósitos bancarios en divisas internacionales, en pesos cubanos convertibles y pesos cubanos, así como el efectivo en poder de la población y las personas jurídicas extranjeras y nacionales.

La empresa estatal socialista, definida como la forma principal de gestión en la economía nacional, se encuentra en una posición desventajosa en comparación con el creciente sector no estatal que se beneficia por trabajar en un circuito monetario basado en la tasa de cambio de 1 X 25, mientras que para ella rige la paridad del CUC con el peso cubano. Esta importante distorsión deberá ser solucionada a la mayor brevedad posible, en el marco de la unificación monetaria y cambiaria.

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