"La idea de `Black is beltza´ nace cuando escucho historias sobre el apoyo de Cuba a las Panteras negras": Fermin Muguruza
Miércoles, 05 de Diciembre de 2018

Irún -Euskal Herria (País Vasco)- es la localidad natal de Fermín Muguruza, que nos recibe en su casa y estudio. Wikipedia nos habla de “una de las figuras más influyentes y carismáticas del panorama musical vasco”, a partir de proyectos musicales tan conocidos como Kortatu o Negu Gorriak. Fermín es una persona con una relación intensa –artística, personal- con Latinoamérica y especialmente con Cuba. Y es un artista además multifacético, multiformato, que ahora se encuentra en plena vorágine de presentaciones de su film animado “Black is Beltza”, que en diciembre se presenta en el Festival Internacional de Cine Latinoamericano y Caribeño de La Habana.

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La historia de “Black is Beltza” tiene-por cierto- una estrecha realción con Cuba que nos cuenta su autor, quien define la película como “una historia de persecución, amor y revolución”.

`Cubainformación es imprescindible para tenernos informados frente a tanto ruido mediático´: Fermín Muguruza

Equipo de Cubainformación TV: Esther Jávega y José Manzaneda. Apoyo en redacción: Aitor Suárez y Amaia González.

 

Fermín Muguruza, músico y director de “Black is beltza”: “Soy vasco, soy cubano, mi corazón late latinoamericano”

Entrevista: José MANZANEDA / Transcripción: José Mº ALFAYA /Cubainformación.- Conversamos en su casa del barrio Moscú, en Irún (Euskal Herria / País Vasco). Es Fermín Muguruza, una de las figuras más carismáticas e influyentes del panorama musical vasco, líder de grupos como Kortatu y Negu Gorriak. Artista multiformato, presentó, en el pasado Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, su film animado “Black is beltza” (“Negro es negro”, en inglés y euskara, respectivamente) en cuya trama Cuba está muy presente.

Preséntanos, por favor, la película “Black is beltza”

Todo comienza con una foto que vi hace muchos años en el diario «Egunkaria» (luego cerrado por orden de la Audiencia Nacional española), en la que aparecían los gigantes de la comparsa de los Sanfermines de Pamplona, desfilando por la Quinta Avenida de Nueva York, en 1965. Unos gigantes, junto a otros gigantes arquitectónicos, los rascacielos, que componían una imagen impactante. Pero mucho más impactante era el pie de foto. Indicaba que no habían podido desfilar todos porque, debido a la discriminación racial, habían prohibido la participación de los dos gigantes negros. Y a mí eso me impactó. Vi que ahí estaba resumida mi reflexión, en los últimos años, alrededor del racismo. Había escrito, con Negu Gorriak, sobre el diálogo entre culturas, identidades, sobre la situación de los vascos en el mundo. Sabía que allí tenía una historia que tenía que contar. No sabía si mediante una canción, un relato u otro formato.
Guardé el recorte y el resto de la historia vino de una de mis visitas a Cuba. La primera, por cierto, fue en el año 1987. En el año 1991 fui invitado por el Ministerio de Cultura de Cuba, que tenía ya claro que el rock no era una importación imperialista, sino que también podía tener un mensaje. Abrimos un camino, porque al año siguiente fue a tocar Mano Negra.
Yo llevaba una camiseta que ponía Power to the People y, de repente unos compañeros, ya mayores, me dijeron: “Oye, que nosotros también apoyamos a los Black Panthers (Panteras Negras) de EEUU”. Yo esa no me la sabía. Me empezaron a contar cómo habían sido estas relaciones de apoyo logístico que tanto molestaban a EEUU. Porque ya no era solamente en su “patio trasero” o en África. Aquello era en el propio territorio gringo y fue una operación muy peligrosa. Me contaron cómo viajaban allí y sacaban a gente susceptible de ser asesinada por el gobierno norteamericano. Entraban por México, de EEUU iban a Montreal (Quebec) y, de ahí, en vez de saltar a la Isla, iban a Argelia, que había conseguido su independencia en 1962. Desde allí pasaban por Madrid y luego a Cuba.
Yo tenía esas dos historias y las tenía que unir de alguna manera. Así empecé a trabajar el argumento de “Black is belza”.

¿Por qué tienes esta relación tan estrecha con Cuba?

Cuba siempre ha sido una referencia. Javier Salutregi, último director del diario «Egin» y que pasó siete años en prisión tras su cierre, me decía cómo notaba que, a cada generación, nos ha influenciado una revolución diferente: a Txillardegi (escritor y político vasco, 1929-2012) la independencia de Argelia, a él la Revolución cubana, a mí la sandinista.
Y conocer Cuba para mí fue muy importante. En 1991, aquel intercambio cultural en formato concierto que he mencionado, lo hicimos al comienzo del llamado “Periodo especial”, tan duro. Recuerdo que fue impresionante tocar allí, en el Teatro Astral, tres días seguidos, también en Guanabacoa. Conocimos a un montón de músicos. Y, curiosamente, los Van Van –que estaban considerados como el grupo “oficial”– fueron los que nos dejaron el equipo de sonido para poder tocar. Juan Formell estaba en los conciertos y al final se produjo una cosa muy bonita: unos rockeros, considerados por algunas personas como “antisociales”, dándole la mano a Juan Formell. Fue una catarsis: gente solidaria que presta su equipo, músicos y gente más reacia al principio a nuestra música para, al final, convertirse todo aquello en una comunión impresionante.
Más tarde, hacia 1996, produzco a una banda de rock garajero y rap, Garaje H, y grabamos un disco en La Tropical. Sigo teniendo relaciones de trabajo con Samuelito Formell (Van Van), grabo en el estudio de Pablo Milanés… Y en 1998 de nuevo actúo allí, en aquel momento con Dut. Más tarde, en 2007, toco en la Tribuna Antiimperialista y me dan una medalla.
La relación con Cuba, a nivel musical, es muy fuerte, y después se torna también en una colaboración a nivel cinematográfico. Hago para Al Jazeera once documentales musicales, un trabajo de dos años. Y me llaman de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños (Cuba), para dar una asesoría de dirección de documentales musicales.
En esa época yo ya sabía que residía en la Isla Joseba Sarrionaindia (Premio Euskadi de Literatura 2011 y uno de los más grandes literatos en lengua vasca), escritor vasco del que nadie sabía su paradero desde que escapó, el 7 de julio de 1985, de la cárcel de Martutene. En todo el mundo la gente baila “Sarri Sarri”, la canción que hicimos con Kortatu. Y nos enteramos de qué país le estaba dando la oportunidad de escribir cada año un libro para enviarlo al País Vasco: Cuba.
Sarrionaindia fue quien me contó que la persona número uno más perseguida por el gobierno de EEUU era una mujer, una Pantera Negra. Se llama Assata Shakur y está en Cuba también.
Con todo eso, hago una canción, con Garaje H, en la que digo: “soy vasco, soy cubano, mi corazón late latinoamericano”. Hasta ese punto he llegado yo a involucrarme con Cuba.
Para la película “Black is beltza”, en la está ese tronco argumental cubano, hablé con el actor Jorge Perugorría y con el trovador Ray Fernández, que ponen voces a varios personajes. Y tenemos también a Brenda Navarrete, cubana que interpreta canto yoruba, que es muy poco habitual que sea cantado por una mujer y, además, que toque el tambor.

En la presentación del film en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián, el público ovacionó a una persona muy represaliada en el Estado español y muy defensora también de Cuba, Willy Toledo, que también colabora en el proyecto.

Nuestra relación viene del círculo de gente antifascista que tanto me apoyó cuando yo estaba sufriendo una persecución ideológica bestial, en la época de José María Aznar. En plena gira con Manu Chao se empezaron a caer los conciertos, me acusaban de hacer apología del terrorismo, precisamente por la canción “Sarri Sarri”. Grupos neofascistas intentaban boicotearnos, había enfrentamientos y venía la Policía, que reprimía a la gente que nos apoyaba. Se estableció entonces un grupo de apoyo cultural en Madrid, y allí estaba Willy Toledo. Después, cuando yo realicé la película “Checkpoint Rock”, me dijo que quería venir conmigo a su presentación a Palestina. Hicimos una gira por ciudades palestinas, por campos de refugiados. La solidaridad entre quienes íbamos se hizo inquebrantable. Nos hemos seguido encontrando muchas veces y yo quería que participara en esta película, poniendo voz a un guardia civil del franquismo.

 

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