Memoria de una feminista cubana
Género
Martes, 27 de Noviembre de 2012

IPS.- Casi por casualidad, Niurka Pérez conoció que su trabajo como investigadora era profundamente feminista. La vida fue guiando los pasos de la profesora Niurka Pérez, que se declara sin reparos feminista. La socióloga contó a la Redacción de IPS en Cuba cómo se adentró en la doctrina del feminismo y cuánto cambió esa filosofía su desempeño profesional:

Fui profesora de Filosofía del Departamento de Filosofía de la Universidad de La Habana desde febrero de 1963 hasta 1971, año en que la gran mayoría de su claustro tuvo que optar por otros trabajos.

En aquel departamento se conoció la obra “El segundo sexo” (1949) de la intelectual francesa Simone de Beauvoir. En mi caso, además leí varios de los artículos de esa autora publicados en la revista Le Temps Modernes, de la cual ella formaba parte del Comité de Dirección y que incluía un epígrafe denominado “Le sexisme ordinaire”.

En mi colectivo de trabajo el tema no era objeto de debate, ni se estudiaba la historia de las feministas cubanas. No obstante, las profesoras, en general, sentíamos que la Revolución nos había brindado una enorme libertad para tomar decisiones sobre nuestras vidas personales, laborales y políticas.

No me consideraba feminista, siempre afirmaba que yo era marxista leninista.

De mayo de 1981 a septiembre de 1983, cumplí una misión en el Centro de Investigaciones y Estudios de la Reforma Agraria (CIERA) del Ministerio de Desarrollo Agropecuario y Reforma Agraria de Nicaragua. Allí fui designada para la realización y asesoramiento de investigaciones del programa “La mujer en el agro nicaragüense”, financiado por la Ford Foundation de Estados Unidos. Por la parte extranjera, ese proyecto estaba dirigido por la profesora norteamericana-puertorriqueña Carmen Diana Deere, experta en el estudio de la mujer rural latinoamericana.

Del 1 al 6 de septiembre de 1981, el CIERA convocó al “Seminario Internacional sobre la participación de la mujer en el Desarrollo Rural y sus consecuencias en el ámbito urbano”, donde participé como coordinadora y ponente. A la cita asistieron, entre otras, varias expertas latinoamericanas que habían participado días antes en un seminario en México sobre feminismo.

Entre ellas se encontraban la mexicana Lourdes Arizpe, la dominicana Magaly Pineda, la inglesa Kate Young, profesora del Institute of Development Studies de la Universidad de Sussex en Brighton. Estas académicas expusieron sus enfoques sobre el feminismo. En el caso de Kate Young, recuerdo con gran claridad que expresó: “el feminismo no es homogéneo, hay diferentes feminismos. Yo soy feminista socialista”. Al oírla me dije: “Si hay un feminismo socialista… entonces yo también soy feminista”.

A partir de ese momento comencé mis lecturas sobre el feminismo, entre ellas los trabajos de Young, la revista Fem (publicación feminista); Quehaceres, dirigida por Magaly Pineda; “Marxismo y feminismo” de Herbert Marcuse: los de Augusto Bebel sobre la mujer y el socialismo; Memorias de Alejandra Kollontay, publicado por Tribuna Feminista; los de Rosa Luxemburgo; el Boletín del IDS; la selección de textos sobre “Teoría Feminista”, editada por CIPAF; los trabajos de la norteamericana Margarett Randall; el libro de Isabel Larguía y John Dumolin…

Aquel seminario en Managua, el trabajo con Carmen Diana Deere, las lecturas posteriores fueron determinantes para el enfoque de mis investigaciones sobre la mujer rural. Por esa razón, al llegar de Nicaragua y crearse el Equipo de Estudios Rurales (EER) en diciembre de 1983, adscrito entonces al grupo de la Facultad de Economía que estudiaba los Complejos Agroindustriales Azucareros, consideré necesario que una de las líneas de investigación tenía que ser los estudios de la mujer rural.

Por otra parte, considero muy importante para mi formación haber integrado el Comité Gestor, de 1994 a 1997, de Magín, la Asociación de Mujeres Comunicadoras, que fue desactivada en el último año mencionado. (2012)

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