Cuba: la Homofobia, la Prensa y la Ciencia
Noel Manzanares Blanco
Jueves, 19 de Junio de 2014

Noel Manzanares Blanco - Cubainformación.- Diversos medios alternativos se han hecho eco de recientes declaraciones de la Académica Mariela Castro Espín, Directora del Centro Nacional de Educación Sexual, en el habanero espacio Catalejo de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) el pasado 13 de Junio, al ella quejarse del papel de la prensa cubana al abordar temas relacionados con el género y las poblaciones LGBTI (lesbianas, gay, bisexuales, trans e intersexuales).

Por ejemplo, que Mariela consideró que aún existe poca profesionalidad para tratar estos temas en el periodismo cubano, y que la incomprensión de quienes dirigen el sistema estatal de medios, la política comunicacional del país y la falta de rigor entre periodistas que se acercan a estos temas figuran entre las razones que motivan un periodismo reproductor de ideologías patriarcales.

También, que existe en el país una voluntad política por superar todo tipo de discriminaciones, pero esta no ha sido profundamente interpretada por sus ejecutantes, incluidos quienes dirigen la prensa; al tiempo que el mismo reporte aporta que la inclusión de asuntos concernientes a los medios y la lucha contra todo tipo de discriminaciones en los objetivos de la Primera Conferencia Nacional del Partido Comunista de Cuba, celebrada en Enero de 2012, ha sido señalada por especialistas como posible política rectora de la prensa para estos temas.

El trascendido en cuestión agrega que puntualmente esa especialista en asuntos vinculados al género y las poblaciones LGBTI, manifestó: “Sin darnos cuenta repetimos los mismos patrones que nuestros adversarios ideológicos”. “En muchas ocasiones los mensajes periodísticos transmiten los estereotipos más conservadores, que perpetúan la ideología dominadora y manipuladora, y que descalifican o ridiculizan a figuras de la otredad”.

Igualmente, que expresó: “Se consume la homofobia y la misoginia de manera acrítica”. “Como institución socializadora por excelencia, el periodismo tiene que ser agudo, científico, investigativo”. “No se están comunicando elementos de análisis necesarios para que la población cambie sus conciencias”. “Como se desconoce sobre el tema, hay un miedo tremendo al feminismo, sin entender que es un pensamiento revolucionario que nos entregó útiles herramientas para analizar la realidad, como la perspectiva de género”.

Desde mi punto de vista, estas palabras de Mariela Castro se corresponden más-menos con su discurso en la sede de las Naciones Unidas hace un par de meses, oportunidad en la que acotó:

“En la experiencia cubana, la lucha contra toda forma de discriminación, desde un paradigma emancipatorio, y especialmente los logros en el ejercicio pleno de los derechos de las mujeres, crearon las condiciones propicias para la aprobación de la educación sexual como política del Estado, desde 1975. Su implementación es responsabilidad de las principales instituciones sociales ”familia, educación, salud, cultura y organizaciones de la sociedad civil [sic]. Una población informada y culta, goza de mayor libertad para decidir con sentido de responsabilidad individual y colectiva”.

Pienso, sin embargo, que las reflexiones de la experta de marras conllevan a distinguir dos escenarios relacionados pero distinguibles: uno, el de género y la discriminación en sentido general. Al respecto, es difícil que alguien en pleno juicio y conocimiento de la dinámica de la Revolución Cubana denigre los avances palpables acerca de los derechos de la mujer, de la persona de piel oscura, del practicante de una religión, de quien sustente un criterio disonante. El otro, incumbe a la comunidad de lesbianas, gay, bisexuales, trans e intersexuales y sus derechos personales, así como al discernimiento/posición de heterosexuales ante la otredad —aunque advierto en ello un carácter relativo.

Ante el primer aspecto, me permito pasar por alto alguna consideración por hallarla obvia —lejos de creer que ya ha sido conquistado el Cielo en ese orden de ideas. Otra actitud me merece el segundo aspecto, asumida como añadidura de lo que escribí en Cuba: una mirada a ¿su? homofobia hace unas pocas semanas. No obstante, para precisar mi postura deseo retomar/partir de lo que me sucedió tras publicar Contra la homofobia y otros demonios/ Vs. la Homofobia y otros Demonios, en Mayo del 2013.

Resulta que ese título dio lugar a una algarabía en la cual, incluso, fui acusado de contradecir la política aprobada en la mencionada Conferencia Nacional de la vanguardia ideo-política de la sociedad cubana. Como respuesta, redacté el rótulo “¡Abajo la heterosexualidad!” donde, entre otras ideas, resalté:

En mi condición de integrante de la Cátedra Género, Familia y Sociedad de la Universidad de Camagüey, he profundizado en el tema de marras e, incluso, presenté la Ponencia Lucha contra la Homofobia. Por una educación equilibrada en el aula y en los medios de información en la XI Conferencia Internacional de Ciencias Pedagógicas de esa casa de altos estudios, en Octubre de 2011.

Es significativo que los Objetivos de trabajo aprobados en la Primera Conferencia Nacional del Partido Comunista de Cuba en Enero de 2012, hacen constar en su “No. 57. Enfrentar los prejuicios y conductas discriminatorias por color de la piel, género, creencias religiosas, orientación sexual, origen territorial y otros que son contrarios a la Constitución y las leyes, atentan contra la unidad nacional y limitan el ejercicio de los derechos de las personas'”.

Pero, a la par, pregunté y acoté:

“¿Acaso las familias cubanas están de acuerdo con que sus hijos reciban estímulos homosexuales a través de representaciones que proyectan el futuro en la Mayor de las Antillas con un escenario en el cual en primer plano aparece una pareja de masculinos y otra de féminas, mientras que es debajo donde queda la estirpe cubana Hombre-Mujer ordinaria/deseada?”.

Ofrezco mis más sentidas disculpas a las personas que se pudieron sentir incomodadas con mi ángulo de mira expuesto en “Cuba contra…”. No obstante, significo dos ideas, a saber: una, combatir la homofobia es desigual a estimular la desmedida homosexualidad; otra, ni el Partido Comunista de Cuba ni el Estado en la Mayor de las Antillas exhiben postulados que aboguen por favorecer la diversidad sexual en detrimento de la heterosexualidad —condición natural de la reproducción del Género Humano.

No obstante, en este minuto me siento en la obligación moral de compartir con mis lectores/as que justo el mes pasado uno de los voceros de las poblaciones LGBTI, en aras del amparo a sus semejantes y sin evidenciar jugarreta alguna, no vaciló en faltarle el respecto a la Ministra de Justicia, María Esther Reus, al escribir que parecería que ella “no tiene las mismas prioridades que el Presidente cubano Raúl Castro o el Partido Comunista de Cuba, cuando en una extensa entrevista en el diario Juventud Rebelde que aparece este domingo elude mencionar la promulgación de un nuevo Código de Familia como una de las leyes de mayor prioridad social”. Debo adicionar que se trata de la misma persona que lideró el show vs. Contra la homofobia y otros demonios/ Vs. la Homofobia y otros Demonios.

A la sazón, propongo meditar a partir de las siguientes preguntas:

¿Con qué derecho, en aras de la defensa a ultranza de los intereses de homosexuales y sin poder develar una verdadera inconsistencia, uno de sus portavoces desprestigia la actitud de un actor político como la titular del Ejecutivo de Justicia en Cuba —amén de no ser el único caso de episodio similar? ¿Sobre qué presupuestos podemos admitir que existe en el país una voluntad política por superar todo tipo de discriminaciones, pero que esta no haya sido profundamente interpretada por sus ejecutantes —incluidos quienes dirigen la Prensa en nuestro Caimán Verde—, mientras que existe poca profesionalidad para tratar estos temas en el periodismo cubano?

A las anteriores interrogantes, agrego las que continúan:

¿Será que el derecho a abordar esta temática solo incumbe a la comunidad de lesbianas, gay, bisexuales, trans e intersexuales y sus especialistas? ¿En qué lugar dejamos la opinión popular, que incluye a personas no analfabetas en este asunto? ¿Hasta qué punto es legítimo cuestionar “el periodismo [nuestro por creer que no es] agudo, científico, investigativo” y sostener que “No se están comunicando elementos de análisis necesarios para que la población cambie sus conciencias”?

Entonces, no hago ningún descubrimiento al subrayar que una cosa es el combate a la Homofobia y otra la promulgación de atentados a lo que la Madre Natura nos ha proporcionado: la reproducción de la especie humana; una cosa es que nuestros recursos mediáticos sostengan una ofensiva contra cualquier tipo de discriminación y otra que la Prensa estimule la homosexualidad; una cosa es un examen desde la Ciencia para abordar un tema de las dimensiones del ahora tratado y otra otorgarle a determinados/as expertos/as la verdad absoluta al respecto.

Así, al pensar en el asunto/variables la Homofobia, la Prensa y la Ciencia en Cuba, no puedo menos que apreciar la existencia de suficientes elementos de juicio que me permiten acreditar que una trama de tanta complejidad requiere de la valoración de varios estudios y de la percepción popular, sin excluir a actores políticos, pues, a fin de cuentas, nadie posee la última palabra en este tema.

 

 

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