José Martí, el Maestro de Fidel Castro
Noel Manzanares Blanco
Viernes, 19 de Mayo de 2017

Noel Manzanares Blanco - Cubainformación.- Hace 122 años, un 19 de Mayo, saltó a la eternidad José Martí, el Maestro, el Poeta, el Periodista, el Revolucionario que escribió víspera de su caída en Dos Ríos que ya estaba en peligro de dar su vida por su país y por su deber para tratar de impedir con la Independencia de Cuba que se extendiera por las Antillas los Estados Unidos y cayeran con esa fuerza más sobre Nuestra América.

Estamos hablando de quien devino Héroe Nacional de Cuba, el más universal de los compatriotas de nuestro archipiélago, quien hizo tantísimo por su pueblo y el del Sur del Río Bravo, por los Pobres de la Tierra con quienes quiso su suerte echar. Sin temor a exagerar, podemos sostener que prácticamente no existe un ámbito social que Martí no explorara y enriqueciera para su época histórica y para la posterioridad.

En este momento, apenas voy a destacar pasajes de su enorme quehacer en favor de sus semejantes, a través de un segmento de su actividad Política por la Libertad patria, específicamente en lo que él concibió como ente rector para conducir una Revolución.

Martí advirtió que en aquellos largos diez años de la Revolución del 68 del siglo XIX cubano, no fueron los españoles quienes nos arrebataron la espada y nos llevaron al cese de una Guerra Justa sin haberse obtenido la Independencia ni la completa eliminación de la esclavitud: para él, fueron los cubanos divididos —carentes de un partido rector, víctimas del regionalismo, del caudillismo— quienes provocaron la sonrisa transitoria del colonialismo español que nos oprimía.

No por casualidad le escribió el Maestro al Generalísimo Máximo Gómez desde Nueva York el 20 de Julio 1882 el siguiente Magisterio:

“¿A quién se vuelve Cuba, en el instante definitivo, y ya cercano, de que pierda todas las nuevas esperanzas que el término de la guerra, las promesas de España, y la política de los liberales le han hecho concebir? Se vuelve a todos los que le hablen de una solución fuera de España. Pero si no está en pie, elocuente, erguido, moderado, profundo, un partido revolucionario que inspire, por la cohesión y modestia de sus hombres, y la sensatez de sus proyectos, una confianza suficiente para acallar el anhelo del país —¿a quién ha de volverse, sino a los hombres del partido anexionista que surgirán entonces? ¿Cómo evitar que se vayan tras ellos todos los aficionados a una libertad cómoda, que creen que con esa solución salvan a la par su fortuna y su conciencia? Ese es el riesgo grave. Por eso es llegada la hora de ponernos en pie” —con un “un partido revolucionario que inspire”, insisto por mi parte.

Entonces, tampoco resultó por casualidad que este Revolucionario de talla mayúscula proclamara la existencia del Partido Revolucionario Cubano el 10 de Abril de 1892, una década después de la citada carta a Gómez, precisamente en el aniversario 33 de la Asamblea de Guáimaro; ni de que esclareciera para ayer y para hoy desde el Periódico Patria en su artículo sobre el Partido con una semana de anterioridad:

“[…] Nació uno, de todas partes a la vez. Y erraría, de afuera o de adentro, quien lo creyese extinguible o deleznable. Lo que un grupo ambiciona, cae. Perdura, lo que un pueblo quiere. El Partido Revolucionario Cubano, es el pueblo cubano”.

Así, deviene axioma que escapó a la eventualidad el estímulo de los enemigos históricos del pueblo cubano en el sentido de hacer cuanto estuviera a mano en aras de la disolución del Partido de Martí tras la independencia mutilada que le continuó a la intervención yanqui en Cuba en 1898.

Entretanto, consta en la Historia que al cumplirse un siglo de la llegada al mundo del primogénito de Mariano Martí y Leonor Pérez, la Generación del Centenario no solo impidió que el Cubano mayor muriera sino que asimismo encabezó todo el proceso coronado el Primero de Enero de 1959 y la inmensa obra socio-económica e ideo-política que ha construido y construye el pueblo cubano para sí, para Nuestra América, para los desposeídos del mundo, a través del liderazgo omnipresente del Comandante en Jefe de la Revolución Cubana.

Precisamente al amparo del Maestro —y muy a pesar de las innumerables zancadillas de lo identificado por el Autor intelectual del Moncada como “Norte revuelto y brutal”— Fidel Castro Ruz comprendió la necesidad de suplir la carencia de una sola organización que vertebrara orgánicamente a las principales agrupaciones políticas que fungían como vanguardia del pueblo, y encabezó el proceso de construcción de un solo partido revolucionario que inspirado en José Martí —también en Lenin— condujera a la nación en las nuevas condiciones. A ello me referí en “Apuntes sobre la formación del Partido Comunista de Cuba”.

Un elemento aglutinador de ese proceso constructivo se encuentra en la vocación unitaria del Compañero Fidel previamente al desembarco del Granma (1956) y en su convicción según la cual desde el primer momento debió permanecer “una sola organización revolucionaria” o sea, una vanguardia unida capaz de aglutinar al pueblo. Tras el Triunfo de 1959, debían juntarse el Movimiento Revolucionario 26 de Julio (MR 26-7), el Partido Socialista Popular (PSP —Comunista) y el Directorio Revolucionario 13 de Marzo (DR 13-M).

Así, entre 1960 y 1961, surgieron las Organizaciones Revolucionarias Integradas (las ORI) que —tras un proceso de rectificación de posiciones sectarias entre los años 1962 y 1963—, se transformaron en Partido Unido de la Revolución Socialista de Cuba (el PURSC) cuya evolución y perfeccionamiento entre finales de Septiembre de 1965 y principios de Octubre del mismo año optó por el nombre de Partido Comunista de Cuba.

Al calor de este proceso, emergió un principio Fidelista para ingresar a la Vanguardia política en Cuba: me refiero a la consulta con las masas. Ello constituyó un aporte a la lucha por la calidad del Movimiento Comunista a escala internacional; al tiempo que devino condición sine qua non para legitimar recurrentemente al Partido conductor de la construcción de nuestro Socialismo desde el postulado expuesto por su eterno Primer Secretario, a saber: “La vinculación más profunda y permanente con las masas fue ayer, es hoy y deberá ser siempre la brújula de nuestro Partido”.

Así, también deviene axioma que escapó a la eventualidad el estímulo de los enemigos históricos del pueblo cubano a realizar cuanto consideren loable para desarticular el Partido de Fidel que en la actualidad conduce el inédito proceso revolucionario cubano, tal como en los finales de la centuria XIX hicieron en torno a lo que fue la disolución del Partido de Martí. La intención de ahora No es tanto que haya pluripartidismo en Cuba y Sí que desaparezca nuestro histórico Partido, precisamente porque él es garantía del abrazo del grueso de cubanas y cubanos con su proyecto revolucionario.

Y justamente como tributo a quien se convirtió en discípulo sin par de José Martí Pérez y síntesis enriquecedora de lo mejor del pensamiento de nuestra Patria, de Latinoamérica, del Universo, la Universidad de Camagüey Ignacio Agramonte Loynaz este 19 de Mayo dejará constituida la Cátedra Honorífica para el Estudio del Pensamiento y la Obra de Fidel Castro Ruz. ¡Enhorabuena!

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