Los antecedentes donde van
Iroel Sánchez
Jueves, 08 de Febrero de 2018

Por Iroel Sánchez Espinosa - Blog "La pupila insomne".- El 4 de febrero de 2016 publiqué un post, cuyo título -““El corrimiento “al centro”” parte de la respuesta de uno de los directivos del “laboratorio de ideas Cuba Posible” a una pregunta sobre cómo “el incremento del acceso a Internet desde la Isla, aún en condiciones precarias, ha favorecido el diálogo y la concertación entre actores sociales diversos”.

Este texto -que fue respondido de modo intolerante y extremista por los aludidos con palabras como “haz esto o cállate”– ha sido situado por aquellos como “un antecedente”  del debate que en el verano de 2017 tuvo lugar alrededor de lo que a partir de aquella frase otros han llamado “centrismo”, pero más exacto sería ubicarlo en marzo de 2014, cuando los mismos autores de la frase convocaban en la capital cubana, con apoyo del gobierno  del  Primer Ministro noruego Jens Stoltenberg -actual Secretario General de la OTAN-, a un evento con el título “Fe religiosa, institucionalidad nacional y modelos sociales”, sobre el que escribí el artículo” Milton Friedmam pasea por La Habana repartiendo agua de fuego“.

Hoy que ha llegado el tan esperado 2018, y el gobierno norteamericano de Donald Trump parece compartir con aquellos convocantes la admiración por los noruegos, la pasión por “los medios independientes” y el rechazo  a las instituciones cubanas, mientras impulsa el uso injerencista de la internet en Cuba, es hora de ubicar los antecedentes donde van.

El corrimiento “al centro”. Por Iroel Sánchez

Días atrás, la periodista Rosa Miriam Elizalde preguntó al historiador Fernando Martínez Heredia en relación con “un nacionalismo de derecha, que está en contra del bloqueo pero también implícita o explícitamente en contra de la Revolución, invocando posturas centristas”.

El bloguero cubano residente en Miami Emilio Ichikawa ha descrito “la postura centrista” como la política oficial de EEUU hacia Cuba:

“es la de la actual administración Demócrata de los EEUU, la del Presidente Obama y sus funcionarios, como el Secretario de Estado Kerry y Roberta Jacobson. Y es también la de algunos intelectuales cubanoamericanos y cubanos moderados como Roberto Veiga y de empresarios con visibilidad intelectual como Hugo Cancio.

“La mezcla de la promoción de negocios con Cuba (y el levantamiento del bloqueo/embargo), con la incursión ocasional en la crítica del régimen político cubano, es el eje de la estrategia editorial de la revista OnCuba, de Hugo Cancio.

“Cancio, que es una persona habilidosa, le ha sabido cazar la pelea al oficialismo cubano cada vez que este ha resbalado en una decisión impopular; por ejemplo: el cierre de los cines 3-D, el cierre de las “trapi-shoping” o los astronómicos precios oficiales con que salieron los autos.

“Esta tercera posición, llamada de “centro” o “moderada”, suele ser en las transiciones la más artera a la vez que la más “exitosa”.

“Precisamente de esa zona proviene la que puede considerarse la primera gran traición de la  “transición raulista”, implementada por los ex editores de Espacio Laical Roberto Veiga y Lenier González, quienes a solo semanas de ser cesanteados ya tenían fundada la entidad “Cuba posible”; y a solo semanas de fundar “Cuba posible”, sin tiempo para madurar resultados creíbles, ya tenían montado un gran evento “académico” en los EEUU.

A inicios de abril de 2012 los entonces editores de la revista Espacio Laical habían sido los anfitriones de una conferencia brindada por Carlos Saladrigas (Copresidente del Cuba Study Group y uno de los promotores más activos de la nueva política de EEUU hacia la Isla implementada por la administración Obama). Dos semanas antes, Saladrigas estuvo entre los principales oradores de un taller organizado por Google ideas en la ultraconservadora Heritage Foundation de Washington con el título “Cómo la Internet puede descongelar una Isla congelada en el tiempo”. Los acompañantes de Saladrigas en la tribuna de aquel del evento: el “honorable” Senador Marco Rubio; el entonces director del Buró de Transmisiones hacia Cuba, entiéndase Radioy TV Martí, Carlos García Pérez; Mauricio Claver-Carone (Director del U.S.-Cuba Democracy PAC); Daniel Fisk (Vicepresidente de Planificación Política y Estratégica del International Republican Institute, con largo historial de financiamiento a la “disidencia” cubana);  y Jared Cohen (Director de Google Ideas), definido por Julian Assange como “eficaz director de cambio de régimen de Google” y “la canalización del Departamento de Estado en Silicon Valley”. La aparición de Saladrigas en La Habana fue cubierta elogiosamente por el periodista Fernando Ravsberg para la BBC , quien además le realizó una entrevista para el mismo medio sin preguntarle sobre su participación en la Heritage Foundation.

Los anfitriones de Saladrigas en Cuba organizarían en marzo de 2014 con financiamiento del gobierno noruego el evento “Fe religiosa, institucionalidad nacional y modelos sociales” que en palabras de uno de sus organizadores en  entrevista con Elaine Díaz para Global Voices

“estuvo atravesado por un eje transversal: cómo lograr imprimirle una dosis importante de audacia y creatividad a las transformaciones en curso en el país.”

En la misma entrevista con Díaz, interrogado acerca de si “el incremento del acceso a Internet desde la Isla, aún en condiciones precarias, ha favorecido el diálogo y la concertación entre actores sociales diversos”, uno de “quienes a solo semanas de ser cesanteados ya tenían fundada la entidad “Cuba posible”” afirmó:

“el ciberespacio ha ayudado mucho a crear sinergias positivas de entendimiento y despolarización en la sociedad cubana trasnacional. Si algo ha tipificado los últimos 10 años, es un corrimiento “al centro” en un conjunto importante de actores sociales y políticos, dentro y fuera de la Isla.”

El otro, había dicho a la agencia Reuters tres días antes:

“Yo tengo una opinión personal a favor de una Cuba pluripartidista. Nuestro proyecto quiere facilitar esto y contribuir a la serenidad en el proceso.”

(…)

“Cuba Posible promoverá el “cambio transicional””

No solo “sin tiempo para madurar resultados creíbles,” ya tenían montado un gran evento “académico” en los EEUU.” sino que recibían la atención de la gran prensa internacional como The New York TimesEl País, y las agencias de prensa AP y la misma Reuters y -según su propio testimonio- la invitación de embajadas occidentales en La Habana para encontrarse con cancilleres, legisladores y jefes de estado de paso por La Habana.

El sitio web de “Cuba posible” recogió esta semana su más reciente actividad en Washington DC:

“Durante los días 11 y 12 del presente mes de abril, cuatro miembros del “Laboratorio de Ideas Cuba Posible” cumplimentaron un intenso programa de trabajo en Washington DC, organizado por la estadounidense Fundación WOLA. Ailynn Torres Santana (miembro del Consejo de Dirección y coordindora del Programa “Fraternidad”), Julio César Guanche (miembro del Consejo de Dirección y coordinador del Programa “Ágora”), Lenier González Mederos (sub-director), y Roberto Veiga González (director), sostuvieron diversos encuentros con actores sociales, políticos y académicos destacados en la capital estadounidense.

“La visita incluyó reuniones con directivos de Brookings Institution; una reunión con el equipo de la Oficina de Asuntos Cubanos del Departamento de Estado; un encuentro con asesores para América Latina del Comité de Relaciones Exteriores del Senado de la Unión; una reunión con miembros del Grupo de Trabajo sobre Cuba de la Cámara de Representantes; una comparecencia pública en la sede del Diálogo Interamericano; un encuentro con miembros y colaboradores de la Fundación WOLA, y un grupo amplio de reuniones privadas con políticos y académicos relacionados con el “tema Cuba”.”

En la reseña biográfica del “director”, publicada por el think tank de Washington Diálogo Interamericano, donde este acaba de ser admitido en calidad de miembro, se da la siguiente definición:

“Cuba Posible promueve “el cambio político sin ruptura, manteniendo distancia de los adversarios más directos de los Castro”.

La respuesta de Fernando Martínez Heredia -casualmente autor de un libro titulado El corrimiento hacia el rojo– a Rosa Miriam es elocuente sobre el “cambio político sin ruptura”  al que se refiere  el sitio de Diálogo Interamericano:

“Y un nacionalismo de derecha incluso que tiene una acumulación cultural a la cual referirse. Si el día de mañana tuviéramos problemas graves entre nosotros, algunos de los que se sienten nacionalistas de esta manera probablemente terminarán frustrados y dirán: “Y yo que quería que Cuba tuviera una buena democracia, que con el pluripartidismo salieran los mejores siempre y la administración fuera una maravilla y miren las desgracias que nos han caído por lo que yo me creí.”

“¿Qué tienen que hacer los pueblos cuando tienen experiencia histórica?: No volverse a equivocar. Cuando yo era niño la democracia burguesa en Cuba regía muy bien y mejor que en muchísimos países, y además se trataba de que el presupuesto nacional fuera aprobado por el Congreso. El Presidente de la República tenía un Primer Ministro, se transmitían por radio los debates, la televisión nueva también se metió en la política, la libertad de expresión cubana en la República burguesa neocolonial -no es una pseudorepública.

“Allí la libertad de expresión era bastante alta y ¿por qué?, porque era funcional a la dominación capitalista en Cuba. Que todo el mundo pudiera opinar lo que quisiera, pero que las cosas continuaran en lo esencial sin cambios; por eso todos los partidos políticos cubanos en un momento dado estuvieron a favor de la Reforma Agraria, pero solo el triunfo militar-político de los revolucionarios pudo hacer la Reforma Agraria. Esa es una experiencia histórica.

“Recuerdo a Frei Betto, que es tan sagaz y hace un par de meses dijo en Cuba: lo americanos saben que no pueden anexionarse a Cuba, ellos lo saben muy bien, pero pueden tener la aspiración de una anexión simbólica de Cuba. Es decir, pueden tener la aspiración de que por la guerra de los  símbolos los cubanos se confundan suficientemente o se dividan suficientemente, para que se equivoquen con sus propios símbolos. Por ejemplo, que uno tenga la bandera norteamericana en la ropa, en un automóvil, y diga: “No, si eso no tiene importancia, pero si es de lo más bonita, no pero si venden muchísimas”. También podrían poner la bandera irlandesa o austriaca, y no es así. De modo que no es casualidad, sino un proceso. Cito a Betto porque en estas cosas a veces de las frases felices son importantes.

“La anexión simbólica no significa que a uno le vaya a parecer mejor la bandera, sino que uno pueda pensar que, porque Obama viene a Cuba, la situación material de una parte grande de los cubanos va a mejorar. Esa es una creencia que pudiera existir. Supone una tremendísima confusión, pero pudiera existir. Cuando hablamos de anexión simbólica estamos pensando de la creencia de que son los grandes poderes que existen en el mundo los que le pueden resolver los problemas a Cuba. Por eso hablé no solo del dominio neocolonial norteamericano, sino del dominio de la burguesía de Cuba, que mantuvo a casi la mitad de los cubanos sin saber leer y escribir -100 mil cubanos en La Habana no sabían ni leer ni escribir cuando triunfó la Revolución-, 100 mil que mantuvo a la gente sin atención médica, donde morirse de diarrea de niño era lo más normal y tener tuberculosis de adulto era de lo más normal. Entonces, pensar que hoy en el siglo XXI uno puede resolver todo si los Estados Unidos nos ayudan a resolverlo es anexionarse simbólicamente, y es peligrosísimo porque es volverse ciego, es perder la visión del presente y del futuro.”

Milton Friedman pasea por La Habana repartiendo “agua de fuego”. Por Iroel Sánchez

El ideólogo del neoliberalismo, Milton Friedman, afirmó a principios de los años ochenta: «Solo una crisis -real o percibida como tal- produce un verdadero cambio. Cuando ocurre esa crisis, las acciones que se emprenden dependen de las ideas existentes en aquel momento. Ésa es en mi opinión, nuestra función básica: desarrollar alternativas a las políticas existentes y mantenerlas vivas y disponibles hasta que lo políticamente imposible se convierta en políticamente inevitable». Así resumía Friedman cómo elaboró su doctrina y esperó el momento para imponer sus ¿desarrollos? poniéndolos sucesivamente a disposición de esos grandes demócratas con el nombre de Augusto Pinochet, Ronald Reagan, Margaret Thatcher, Gonzalo Sánchez de Losada y Boris Yeltsin, entre muchos otros.

Y hay quien parece estar en eso de “desarrollar alternativas a las políticas existentes y mantenerlas vivas y disponibles hasta que lo políticamente imposible se convierta en políticamente inevitable” en Cuba. A ellos se refirió el Presidente Raúl Castro al conmemorarse los 55 años de la Revolución:

“En nuestro caso, como sucede en varias regiones del mundo, se perciben intentos de introducir sutilmente plataformas de pensamiento neoliberal y de restauración del capitalismo neocolonial, enfiladas contra las esencias mismas de la Revolución Socialista a partir de una manipulación premeditada de la historia y de la situación actual de crisis general del sistema capitalista, en menoscabo de los valores, la identidad y la cultura nacionales, favoreciendo el individualismo, el egoísmo y el interés mercantilista por encima de la moral”.

Lo hacen con palabras como democracia y libertad… entre otras muy atractivas e inobjetables que el socialismo se dejó arrebatar en una guerra cultural que EE.UU. pagó muy bien, como se documenta en el libro La CIA y la guerra fría cultural de la británica Frances Stonor Saunders. En el fondo, y hasta abiertamente, pretenden alentar el regreso del pluripartidismo y eliminar la idea de una educación gratuita y laica del futuro del país, algo que significaría un enorme retroceso democrático, de libertades y de igualdad, y que es precisamente una de las herencias pinochetistas que permanece viva en esa cuna del neoliberalismo que es Chile.

Sus potenciales aliados en Cuba, voluntarios o asalariados, son aquellos a los que la igualdad les queda incómoda y apoyándose en la justa lucha contra el igualitarismo, sueñan con no tener que enviar su niño a la misma escuela a la que van “los negritos del barrio”. A ellos se refirió recientemente Fernando Martínez Heredia:

“…la conservatización social puede parecer incluso que tiene que ver solamente con la vida privada de las personas. No pretende otra cosa que recuperar los usos, las normas, los comportamientos, las reacciones, los valores, las visiones de la vida y del mundo, “que había antes”. Su propósito, en última instancia, sería “volver a la normalidad”. Pero, en el fondo, esa supuesta normalidad es la de la vida y las relaciones sociales que regían antes de la Revolución. Cuando yo era un niño, por ejemplo, lo normal era que yo ni era blanco ni negro, y que no nos moríamos de hambre; comíamos bien, aunque con un solo cubierto. Mi familia había subido unos peldaños en la escala social durante el último medio siglo. Pero los muchachos aprendimos a no aspirar a trabajar en ningún banco, comercio u otros lugares donde no permitían trabajar a personas que no tuvieran la piel blanca. Desde que era pequeñito me enseñaron a darme mi lugar. Así se llamaba eso: “aprender a darse su lugar”. Eso es lo que pretende el conservatismo social en la Cuba actual: que volvamos “a lo normal” y que cada cual “se dé su lugar”. Es decir, que la sociedad que hemos creado se suicide.”

El escenario es confuso y hay quien se marea al beber de las exóticas aguas suministradas por el gobierno de un país nórdico que envía tropas a Afganistán y académicos a La Habana mientras representa a Washington en las conversaciones entre las FARC y el gobierno colombiano.

Que gente que se define como “oposición revolucionaria y socialista” al gobierno cubano y ha criticado -en nombre de nuestra independencia- un proyecto como el realizado con Brasil en el puerto de Mariel agradezca “el apoyo de la embajada del Reino de Noruega en La Habana” no deja de parecer interesante. Maravilloso ver a quienes acusan al gobierno cubano de capitalista inclinarse ante una corona europea perteneciente a la OTAN. Quizás logren convocar a participantes nórdicos a un evento en Oslo sobre el futuro de Noruega en el que se discuta la pertinencia de la monarquía allí existente, agradeciendo el apoyo de la embajada de Cuba.

La contrarrevolución vestida de contrarrevolución está derrotada y Estados Unidos lo sabe. Sin masa entre los intelectuales cubanos, Washington intenta cazar entre quienes ponen contenidos en la Red para  que se muevan -como explica el libro de Stonor Saunders- “en la dirección que uno quiere por razones que piensa son propias”. ¿Qué buscaba el Segundo Jefe de la Sección de Intereses de EE.UU. en La Habana en un encuentro de blogueros y tuiteros cubanos sino relanzar el fracasado puente destruido por la mediocridad de sus emisarios locales? Pero el rechazo provocado indicó claramente que es más efectivo el acercamiento desde un tercer país y el cultivo de la vanidad por medios y periodistas occidentales, que tan efectivo resultó en tiempos de la perestroika soviética. Lo describe el libro La caída del imperio del mal, que he citado en otras ocasiones y donde uno de los más célebres “disidentes” soviéticos durante la Guerra Fría que es también uno de los más críticos analistas de los efectos de la perestroika en la antigua URSS, Alexander Zinoviev, afirma:

“Uno de los efectos más poderosos utilizados por Occidente para lograr la disgregación de la sociedad soviética  fue la vanidad de los ciudadanos soviéticos. Yo la llamaría tentación de notoriedad, en la que cayeron con asombrosa ligereza y decisión muchas personalidades influyentes. Occidente aprovechó esta debilidad de los políticos soviéticos y de las personalidades de la cultura, al igual que los colonizadores y conquistadores occidentales supieron aprovechar la debilidad de los indígenas americanos por las bebidas alcohólicas. Dejaban que los indios se alcoholizaran y luego conquistaban enormes territorios e inmensas riquezas a cambio de «agua de  fuego».

“Los primeros que picaron en el anzuelo de la notoriedad fueron los disidentes soviéticos, seguidos de los hombres de la cultura y los deportistas. Los burócratas del partido y el estado no tardaron en envidiar su «fama mundial», y se arrojaron sobre el «agua de fuego» de la fama apartando a codazos a los disidentes, críticos con el régimen, escritores, músicos y muchos otros cuyos nombres, hasta entonces, salían en los medios de comunicación occidentales. Los burócratas aventajaron a los que les habían precedido, arrancándoles la bandera del antisovietismo y el anticomunismo. Mijaíl Gorbachov, jefe del estado soviético y del PCUS, fue el campeón de esta lucha por el «agua de  fuego»  de la notoriedad, distinguido por su traición sin precedentes con toda clase de honores y títulos, como el de «hombre del año» e incluso «de la década». Por este auténtico auge de su fama en Occidente, Gorbachov habría traicionado no sólo a su pueblo sino a toda la humanidad… En realidad eso fue lo que hizo con sus aliados en Europa y otras regiones del mundo. Otros Judas soviéticos de alto copete siguieron los pasos de Gorbachov: Yakovlev, Shevardnadze, Yeltsin,… El afán desenfrenado de cosechar elogios y notoriedad en Occidente llegó a ser el principal acicate de los reformadores soviéticos.”

La idea es ver quiénes están más cerca y cultivar en ellos la actitud que acaba de describir el Primer Vice Presidente Miguel Díaz Canel en la clausura del Congreso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, al referir “el oportunismo de aquellos que quieren marcar distancia y convertirse en “personajes” haciendo guiños al enemigo” y llamar a “diferenciar al que plantea dudas y criterios con honestidad en nuestros espacios de debate, del que busca notoriedad, sobre todo fuera del país, con posiciones oportunistas.”

Ahora están aislados pero quienes manejan los hilos no tienen apuro. La oportunidad esperan verla llegar en 2018 con la convocatoria a la reforma constitucional y la salida de la escena política de la generación histórica de la Revolución, momento para el que proponen el regreso del pluripartidismo al país. Creen se las anunció el Presidente Raúl Castro al afirmar: “no resulta saludable estar reformulando continuamente la Carta Magna de la Nación y comoquiera que efectuar una reforma constitucional nos tomará necesariamente un tiempo prudencial, ya que si bien algunas cuestiones pueden modificarse por el propio Parlamento, otras más importantes requieren además la ratificación por el voto favorable de la mayoría de los ciudadanos en referendo; deseo esclarecer que en mi caso, con independencia de la fecha en que se perfeccione la Constitución, este será el último mandato”. Para ese momento ya tendrán su propuesta legitimada entre quienes logren confundir a base de invitaciones y aplausos, conectada internacionalmente con gobiernos cercanos a Washington y vinculada con sectores influyentes de la emigración cubana en Estados Unidos. La presencia en auditorios nacionales del codirector del Cuba Study Group, Carlos Saladrigas, un hombre muy vinculado a la estrategia de “cambio de régimen” de Washington contra la Revolución, devenido opositor de última hora al bloqueo, lo confirma.

No creo en golpes de pecho de quienes apoyaban el bloqueo y ahora lo creen un obstáculo. Hasta los aliados de Estados Unidos en todo el mundo condenan el bloqueo, ¿por qué no lo harían sus aliados cubanos? En 1954, la misma CIA que organizó el derrocamiento de Jacobo Arbenz en Guatemala le orientaba a los integrantes del Congreso por la Libertad de la Cultura (CLC) en América Latina hacer una declaración condenando el golpe de estado en el país centroamericano, como se explica en el libro de Olga Glondys El exilio republicano español y la guerra fría cultural. La  CIA –dice Glondys- “vio una excelente oportunidad para intentar vencer la desconfianza de los intelectuales latinoamericanos, presentando una genuina cara izquierdista y prodemocrática del CLC”. Incluso el jefe del CLC –al igual que su miembro cubano Jorge Mañach- criticó el comunicado finalmente emitido porque tenía una mención al “totalitarismo soviético”, lo que era perjudicial para el organismo, dadas las acusaciones que se le hacían de estar pagado por el Departamento de Estado. Llamo la atención otra vez sobre “el tercer país”, el CLC funcionaba desde París, no desde Estados Unidos.

La nueva jugada para Cuba no deja de ser inteligente pero muy poco democrática. El país necesita muchos cambios y para consensarlos ocho millones de cubanos participaron en el debate de los Lineamientos económicos y sociales, más de un millón de militantes del Partido y la UJC debatieron los Objetivos de la Conferencia Nacional del PCC y seguramente todos seremos convocados a debatir la reforma constitucional. Cuando ese momento llegue ya un puñado de personas a las que nadie ha elegido, incluyendo varios extranjeros, nos tendrá su propuesta para el futuro de Cuba con el apoyo de países europeos miembros de la OTAN y algún Judas de este lado del mar, no importa los cambios que millones de cubanos hayamos discutido y aprobado.

Hoy puede parecer absurdo o inviable pero recordemos que meses antes de la desintegración de la URSS la mayoría de la población había votado en un referéndum por mantener la Unión Soviética; sin embargo, el manejo torpe y burocrático de la situación  del país por sus dirigentes, el papel de la prensa sensacionalista y el aliento con “agua de fuego” desde el exterior a los líderes más al gusto de Occidente terminó convirtiendo “lo políticamente imposible” en “políticamente inevitable”. Hoy la mayoría de los ciudadanos de las ex repúblicas soviéticas lo lamenta y Rusia es un país capitalista relativamente independiente pero cada vez más cercado por sus enemigos, donde -según una encuesta de Gallup- sólo un 19% cree que aquel colapso le mejoró la vida. En Cuba, no se puede ignorar -como demostró la primera mitad del Siglo XX- que la independencia y la soberanía,  por nuestra particular situación geopolítica,  son imposibles con un país dividido y bajo el capitalismo.

Y mientras llega el 2018, tratemos de adelantarlo. En lo económico, pidamos lo que un economista emigrado, de visita reciente en Cuba con el mismo patrocinio nórdico-otanista, reclamó: “una liberalización al estilo Big Bang” y un shock que ya describió Naomi Klain en su imprescindible biografía del neoliberalismo que lleva esa palabra en el título. Según el entrevistado, “con la pequeña empresa, la agricultura, el cuentapropista no tiene que haber miedo a una liberalización al estilo Big Bang, y eso da más credibilidad, da un mensaje más claro”. Se parece demasiado al mensaje de Milton Friedman a los dirigentes chinos poco antes de los sucesos de Tienanmen, citado por Klain en su libro: “Yo hice especial hincapié en la importancia tanto de la privatización y los mercados libres como del hecho de que se liberalizase de golpe”. No caben dudas de que un Tienanmen cubano sería parte esencial de “la crisis real o percibida” que añoraba Friedman, con el detalle de que a 90 millas de Estados Unidos los tanques en la calle terminarían siendo made in USA.

Ignorar estos asuntos, y los desafíos que comportan, es ser  aliados inconscientes de quienes quieren imponernos el neoliberalismo. Actuar como si no existieran, es hacer el juego a la despolitización, la alienación y el conservatismo, que se nutren también de los déficits de los espacios de participación revolucionaria en cuyos vacíos pescan quienes desean regresarnos al capitalismo.

Al conocerse que la CIA estaba detrás del CLC, el conocido editor estadounidense Jason Epstein publicó en The New York Review of Books un artículo titulado The CIA and The Intellectuals en que denunciaba la existencia “de un tren clandestino privilegiado cuyos vagones de primera clase no siempre estaban ocupados por pasajeros de primera clase”. Bienvenido el debate y la pluralidad de ideas, aunque siempre es bueno saber en qué tren nos montamos, y algunos en Cuba parece que andan vendiendo un viaje al pasado con un ticket que dice “futuro” y abundante “agua de fuego”. Con suerte, algún día -como acaba de suceder con el ya mítico ZunZuneo y su red de pantallas en terceros países- sabremos quién está detrás, pero por el momento hay demasiadas señales para ser ingenuos. El que tenga ojos que vea.

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