Es muy significativo gritarle “No” a algo en Cuba
Francisco Rodríguez (Paquito el de Cuba)
Miércoles, 07 de Marzo de 2018

Francisco Rodríguez - Blog "Paquito el de Cuba" / Cubainformación.- Entrevista a Francisco Rodríguez Cruz. Periodista desde hace veinticinco años, se vincula al periódico Trabajadores, la emisora Radio Rebelde, la Agencia Cubana de Noticias, entre otros medios. Bloguero, activista por los derechos sexuales en múltiples espacios y miembro del comité organizador de la Jornada Cubana contra la Homofobia desde 2010.

Fernando Luis Rojas (FLR): Quiero empezar por tu vínculo con el periódico Trabajadores y el escenario de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC). ¿Qué articulación ves en el proyecto revolucionario y en un proyecto socialista en Cuba entre las reivindicaciones particulares y la lucha por la transformación integral de la sociedad?

Francisco Rodríguez Cruz (Paquito): Una de las dificultades que hemos tenido en la implementación de un modelo socioeconómico-político es que nos cuesta trabajo articular lo individual con lo colectivo. Dentro de eso el sindicalismo es un buen ejemplo de por dónde andarían las transformaciones.

Pienso que en los últimos años, aunque no sea tan evidente para quien lo ve desde fuera, el movimiento sindical es un poco más consciente de la importancia de esa función de representación de los intereses particulares de los colectivos y de los trabajadores. Esto, dentro de un contexto de transformaciones y de apoyo al sistema político y a los cambios económicos, pero haciendo énfasis en que en determinado momento pueden ser distintos los intereses de los trabajadores y los de la parte administrativa. Eso será más evidente con la pluralidad de formas de gestión y de propiedad hacia la cual se encamina el modelo. No necesariamente el interés de la administración de una entidad equis va a ser el mismo que el de todos los componentes de su colectivo y de su organización sindical, quizás el objetivo sea el mismo pero puede haber diferencias en la manera de concebir cómo llegar y en el modo en que incide cada una de las partes. El sindicato que representa al trabajador tiene que tener eso claro, que es complicado porque pasa por una transformación cultural importante que además, es un rompimiento con la inercia de muchas décadas. Muchas veces, el discurso sindical ha reproducido acríticamente lo que dice la administración, y a veces tú no llegas a distinguir quién es el sindicato y quién es la administración.

Creo que en la dirección del movimiento sindical hay conciencia de eso. Claro, es muy complicado ir de la conciencia de un asunto a la solución, a lograr cambiar la dinámica. El ejemplo más evidente es lo que ha pasado con la actualización del modelo económico y social en Cuba: ha habido pronunciamientos con una percepción muy clara de qué se necesita hacer y después, cuando tú lo vas a materializar, pues se traba el paraguas. Creo que al sindicalismo al que se quiere llegar le va a pasar lo mismo, primero tiene que definir, tiene que estar claro de temas conceptuales, teóricos y propósitos concretos; y después empezar a materializar, aunque ese no es un proceso así tan esquemático. Pienso que todo se puede ir haciendo dialéctico, una cosa influye en la otra, y en la medida en que tú des pasos y seas capaz, de alguna manera, de “premiar” las mejores experiencias y desestimular las peores —el consignismo, la retórica vacía— se puede lograr. Pero esas señales hay que saberlas dar. No siempre se dan. Hay veces que parece que premiamos lo viejo, lo retórico, lo consignista.

FLR: Eso en el campo del sindicalismo. Podría parecer que dentro del espacio de la sociedad civil cubana y lo que se ha ido transformando en los últimos años, una de las reivindicaciones que ha logrado mayor inserción tendría que ver para hablar de otras áreas de tu actividad con el activismo de la comunidad LGTBI. ¿Compartes esa percepción? ¿Por qué?

Paquito: No. El tema del activismo LGTBI es muy curioso, porque hay que ir un poco más atrás, a lo que ha sucedido con el tema de la comunidad LGTBI en la historia de la Revolución. Evidentemente hubo errores que tenían que ver con la concepción científica de la época, pero también con un reforzamiento a partir de toda una mítica de la propia guerra revolucionaria que afianzó determinados patrones machistas. Esa combinación hizo que, de alguna manera, se percibieran como homofóbicas las primeras décadas de la Revolución, y con razón, lo eran. Desmontar esa cultura que se entronizó es complicado, porque va más allá incluso de la voluntad de las personas y lleva tiempo.

Pero ese no es el socialismo, eso es importante. Creo que el socialismo como sistema o como propuesta de otra manera de organizar la vida, está más preparado para aceptar la diversidad sexual que el capitalismo. En teoría, y en la práctica también, el socialismo es emancipar a las personas, empoderarlas, es crear soluciones colectivas, es que se sientan plenas, y nada más cerca de ese sentimiento de plenitud que la sexualidad de las personas. Por tanto, el socialismo debería dotar de más posibilidades de sentirse plenos también en esa esfera. Los errores que se cometieron en la Revolución cubana no se puede decir que sean los errores del socialismo en ese tema como en otros. Yo creo que no es socialismo el burocratismo, que no es socialismo el voluntarismo, que no es socialismo los errores económicos que hemos cometido, pero se cometen tratando de construir el socialismo.

Y en el tema de los derechos de las personas LGTBI fue más evidente porque era una revolución que emancipó, casi que de una manera automática y desde sus inicios, a grandes masas que habían sido hasta ese momento excluidas, que estaban en desventaja social: las mujeres, los campesinos, las personas negras; en ese sentido esto sí se vio como una contradicción, que no se entendiera esta otra dimensión de la sexualidad. Pero lo cierto es que en esa época pesaba mucho el tema de la ciencia, más este otro componente que te decía del reforzamiento de determinados simbolismos o determinadas leyendas, de qué era el Ejército Rebelde, de qué era ser rebelde, de qué era la Revolución, cuáles eran los valores estos de la heroicidad, y el estereotipo de que no había correspondencia entre eso y una orientación sexual no heterosexual o una identidad de género que no fueran las clásicas masculinidad y feminidad. Esto hizo que evidentemente hubiera todo estos fallos.

Carolina García Salas (CGS): ¿Y luego de esas primeras décadas después del triunfo qué pasó? ¿Qué ocurre hoy?

Paquito: Esto tuvo distintas etapas que no voy a detallar, pero el hecho de que a partir sobre todo de los años 2000 —aunque ya venía de más atrás— empiece la identificación del problema y una acción organizada en función de superar esta cultura homofóbica, es importante. Lo que ha pasado con el activismo LGTBI en los últimos tiempos, es que ha permitido un debate crítico hacia dentro de la sociedad sin dejar de ser revolucionario, y desde las propias estructuras y líderes y lideresas de la Revolución. Las congas contra la homofobia dicen: “No a la homofobia. Socialismo sí, homofobia no”; pensemos en cuántas manifestaciones en Cuba se le dice “No” a algo que no sea a los Estados Unidos y al imperialismo, ¿en cuántas manifestaciones en Cuba las personas públicamente gritan contra algo que sea una limitación social nuestra? Esa es la única que recuerdo, porque ni siquiera decimos: “No al burocratismo”.

Eso parece una bobería pero es muy significativo. Gritarle “No” a algo en Cuba, y además hacerlo por la calle 23 o por cualquier avenida importante de alguna ciudad cabecera, y enfrentar a la gente al hecho de que estás cometiendo un error y de que debes cambiar tu forma de ver algo. Para mí ese es uno de los principales aportes, una de las principales rupturas que ha permitido el activismo en los temas LGTBI.

CGS: En un artículo que publicaste hace poco identificabas algunos avances desde el punto de vista legal y político, como el reconocimiento del derecho a la diversidad sexual en documentos como el Código de Trabajo, los Objetivos de Trabajo del PCC aprobados en la Conferencia de 2012, la Conceptualización... ¿Cómo valoras ese proceso de legitimación política del tema?

Paquito: Ha sido un proceso acumulativo y de discusión, que como he tratado de explicar empieza por una labor muy puntual del Centro Nacional de Educación Sexual y de las personas que se acercan al Centro a inicios de los años 2000 para de alguna manera buscar respuestas y canalizar determinadas inquietudes. Después se refuerza con el inicio de las Jornadas Cubanas contra la Homofobia, que para mí han sido claves en la visibilización del problema y en la discusión. En 2007 se celebra por primera vez en Cuba el Día Mundial contra la Homofobia y la Transfobia, en 2008 empiezan las Jornadas.

Eso comienza mover la conciencia social y cuando llega en 2011 el VI Congreso del PCC ya el tema está en la discusión política. El VI Congreso tuvo dos momentos, el Congreso como tal se dedicó a los Lineamientos económicos y sociales, y en la Conferencia se analizaron todos estos asuntos sociales, ideológicos. Es entonces que se aprueba en los Objetivos de la Conferencia enfrentar la discriminación incluyendo a la orientación sexual. Incluso ya ahí empieza el debate sobre la identidad de género, que no se comprendió, no había suficiente conocimiento ni siquiera a nivel político y entre los decisores de qué se estaba hablando.

¿Qué te permite todo este proceso? Al tener consenso en una postura política después empiezas a articular acciones alrededor de esa política. Y eso es lo que ha ido sucediendo; después de la Conferencia del Partido de 2012, como resultado ya de la actualización del modelo económico, tocó la hora de cambiar el Código de Trabajo y entonces se insertó el tema de la no discriminación por la orientación sexual. Incluso hubo una gran polémica cuando no se pudo introducir la no discriminación por identidad de género porque no estaba en la política que se había aprobado en 2012.

FLR: ¿Cuándo dices que hubo una gran discusión a qué espacios te refieres?

Paquito: En el Parlamento. Fue a la hora de discutir el Código de Trabajo. Mariela Castro ya era diputada, participó, explicó por qué ella proponía añadir la identidad de género como un elemento de discriminación que había que visibilizar en la sociedad cubana. No se entendió, se armó una confusión desde el punto de vista metodológico del procedimiento de la Asamblea, ella votó en contra de la ley, hecho que trascendió después. El tema siguió y desde el activismo empezamos a expresar nuestras insatisfacciones. La ley no salió en ese momento publicada, sino que ahí se aprobaba y después la Comisión tenía que terminar de redactarla. La historia es muy larga. Cuando sale la ley no se incorpora el asunto de la identidad de género, entonces hubo una respuesta fuerte del activismo, y esto provocó que se develara todo lo que había sucedido en el Parlamento.

Pero bueno, el punto está en que primero hay que definir las cosas en las políticas. Cuando las posiciones políticas te lo permiten, tienes cómo exigir que se cumplan a partir de su implementación en las normas, y eso es lo que nos ha estado sucediendo. Pasó con el Código de Trabajo, que al menos es la primera ley en Cuba que expresamente menciona el término de orientación sexual y le da una protección a las personas por esa causa. Aunque no recoge totalmente nuestra posición desde el activismo, ya es un paso de avance.

Ahora con el último Congreso ese debate ha continuado y ya se comprende más el asunto. En el documento de la Conceptualización queda mucho más explícito todo el tema de la no discriminación por orientación sexual e identidad de género. Esta vez no tuvimos la misma retroalimentación, pero parece que no hubo ningún problema con el término porque se quedó tal y como se había puesto y se incluyó dentro del glosario una explicación sobre los conceptos de identidad de género y orientación sexual.

En fin, que avanza la comprensión política del asunto, no sin resistencias y no sin reservas de muchas partes. Que esté ahí es síntoma de que hay una sensibilidad, pero no quiere decir que todo el mundo esté convencido, ni siquiera posiblemente algunas de las personas que por consenso respaldan ese tipo de documento. Eso hay que lograrlo después o paralelamente con el activismo, con todas las cosas que se hacen desde el punto de vista educativo y de persuasión, y también a veces de discusión, hay que lograrlo progresivamente e irlo insertando en las normas donde sea pertinente.

Lo que pasa es que en los últimos tres años se ha hecho muy poco o casi nada desde el punto de vista de aprobación de leyes. Estos son temas transversales, es una mirada que hay que tener sobre cualquier medida que articule la sociedad, y evidentemente va a emerger en muchas discusiones futuras inmediatas o mediatas, incluyendo algunas de las leyes que se ha dicho que son necesarias y que están en cartera, como las de la reforma del Código Penal, del Código de Familia o la propia reforma constitucional que está pendiente, está anunciada pero no se ha hecho. Toda esa política discutida, consensuada y aprobada, debe quedar plasmada en la reforma. Pero eso tampoco va a ser gratis, regalado, sin discusión, sin presiones, porque ni siquiera dentro del propio Partido Comunista yo estimo que todo el mundo está consciente de esa necesidad; así que fuera del Partido y a nivel social, incluyendo otras fuerzas políticas e ideológicas que son resistentes a estos temas, como pueden ser las iglesias, o determinados movimientos de la sociedad civil que no comprenden el asunto, es previsible que haya movimientos de posturas.

FLR: ¿Hay un correlato entre los avances en el escenario político y la práctica social? ¿Qué está pasando en la cotidianidad?

Paquito: Este es un asunto que pasa por la subjetividad de cada una de las personas. Desde ese punto de vista, yo percibo incluso más avances que en los otros, que en el tema de las políticas y el de la ley. Pienso que toda esta discusión pública ha traído saldos favorables de mayor conocimiento en la ciudadanía, de mayor comprensión, el tema se discute con mucha más naturalidad, a las propias personas LGTBI les resulta más fácil ahora la expresión pública de su orientación, de su identidad, y eso lo vemos cotidianamente.

Siempre digo algo que me parece el principal saldo de todo esto: ya no es “políticamente correcto” ser homofóbico u homofóbica, e incluso las personas que tienen prejuicios, como saben que no está bien visto serlo, pues entonces dicen que no lo son. Ahí es donde viene el cuento de "si yo tengo un amigo gay, una amiga lesbiana, mi hijo o mi hija es así, mi sobrino… y yo siempre lo he querido"; en fin, todo este folklore que no excluye los prejuicios, porque incluso a veces las personas del LGTBI los tenemos sobre nuestra propia situación. Y eso no tiene que ver con tu orientación y tu identidad, con que vives en un contexto donde culturalmente no ha sido bien visto, donde la norma es lo heterosexual, y por tanto, incluyéndonos a nosotros mismos, a veces tenemos reservas todavía.

Entonces en la cotidianidad veo que hay señales positivas, pero cuando más embullado tú estás, cuando más optimista te sientes, de pronto explota un pasaje tremebundo de discriminación o una evidencia terrible de injusticia. Parece que estás avanzando y de pronto la realidad te puede demostrar que no es tan así. O sea, es muy contradictorio porque hay señales positivas, pero todavía pueden saltar múltiples manifestaciones de discriminación y de homofobia. Incluso hay algunas que no se ven, son más sutiles. Ya empieza a ser más sofisticada la discriminación y la homofobia por esto de que no es “políticamente correcto”. Se utilizan determinados ardides, pretextos, el prejuicio se enmascara.

Otras veces son manifestaciones groseramente homófobas y transfóbicas que van desde la violencia de todo tipo, psicológica, verbal, física, hasta interpretaciones prejuiciosas de las leyes y procedimientos que existen, que llevan a cometer injusticias contra personas concretas. Cuando eso sucede, a la gente no le interesa lo que está en la política, en este u otro documento, lo que sienten es su dolor, y la injusticia de la que han sido víctimas. Eso es complicado porque es muy subjetiva la apreciación. Si le preguntas a alguien que fue agredido u ofendido en la calle porque le tomó la mano a su pareja del mismo género, y no tuvo ni siquiera un respaldo de las autoridades, la respuesta no va a ser tan optimista. No lo ve, no puede verlo en un contexto global, sino desde su propia experiencia. Esa es la verdad, todavía es un ámbito muy contradictorio.

CGS: Hay mucha gente expectante sobre lo que sucederá en el sistema político cubano a partir de abril de 2018. ¿Qué crees tú? ¿Cuáles son los retos?

Paquito: Yo pienso que los retos ya están antes de abril de 2018 y después seguirán. A mí el tema de enmarcar en fechas las transformaciones que tenemos que hacer me parece un poco infantil, es un poco caer en el juego de quienes personalizan demasiado los procesos, porque increíblemente a la revolución y al socialismo, y a la Revolución cubana en particular, la han acusado, a lo largo de décadas, de personalismo, de ser autocrática, pero es que la mirada externa hacia ella refuerza eso. Les interesa más que vaya a cambiar el apellido del presidente, o que Mariela Castro sea hija de Raúl Castro, que lo que se está haciendo, que las transformaciones que existen en la gente. La intención de remarcarlo no es inocente, tiene el fin de desacreditar, de devaluar lo que se hace.

Pienso que quizás lo fundamental sea articular otra forma de liderazgo político colectivo. Evidentemente, al cesar la dirección de la Revolución o los líderes históricos que empezaron el proceso revolucionario en sus funciones, hay que pensar las cosas de otra manera porque ya la legitimidad no va a venir de la trayectoria, de los hechos heroicos, de esa acumulación de experiencias; va a venir de la capacidad de persuadir, de articular colectivamente soluciones, de movilizar a la gente y de distribuir las funciones y los controles de una manera más democrática. O sea, hay que hacerlo de otra manera.

Ya con otra generación no van a ser los mismos códigos de legitimidad y de consistencia ante la opinión pública, ante la ciudadanía, ante las propias fuerzas políticas, ante el propio Partido. Habrá que concertar o habrá que lograr la autoridad desde otros resortes. Fidel, por ejemplo, era un genio en la creación de los consensos, por eso era la impronta de su carácter, porque olfateaba los consensos en el aire. Y esa capacidad no la tiene todo el mundo. Si no somos capaces de articular eso, que funcione, pues tendremos problemas muy serios.

Yo siempre confío en la inteligencia colectiva y pienso que se puede hacer. Tengo mis preocupaciones como cualquier ciudadano cubano, porque también hemos desarrollado esos mecanismos perversos desde el punto de vista social, de desalentar los liderazgos, de que nos parezca sospechosa cualquier manifestación de originalidad más allá de lo que la gente pueda considerar el orden. Hay determinadas prácticas que se han establecido mucho en la cultura política del país que nos va a costar trabajo superar, y son peligros grandes, porque bajo esos prismas es posible que no siempre las personas que estén en una posición de poder tengan creatividad ante un escenario diferente, pudieran estar en esas posiciones por haber cumplido con las tareas, con las normas.

Pero yo pienso que sí, al final entre todas y todos debe haber una solución, y me imagino que habrá mucho más movimiento social, más movimiento político, que será mucho más dinámica la interacción y habrán muchas más contradicciones también.

Por supuesto, siempre con el riesgo del tema de las relaciones con el gobierno de los Estados Unidos que nos pone una presión extra, en el caso de Cuba por una historia que no se puede desconocer. Si desconocemos eso casi nos suicidamos como nación. En la práctica común te encuentras gente que piensa que eso no es lo más importante, que es un cuento, parte de la retórica —y efectivamente ha sido objeto de retórica— pero existe y es muy importante tenerlo en cuenta. Ese elemento crea mucho ruido en el funcionamiento democrático de la sociedad cubana, y creo que en el futuro pudiera ser peor. Ante ese cambio en la manera de liderar, de conducir, de crear consensos, una presión externa pudiera conducir hacia métodos no convenientes, digamos, como respuesta: si me están atacando yo me atrinchero, y si yo me atrinchero y no tengo el capital simbólico de la generación anterior, puede ser terrible.

CGS: Nos decías que ya son veinticinco años en el periodismo. ¿Cómo se articulan periodismo y socialismo en Cuba? ¿Qué está pasando en este ámbito?

Paquito: Eso es una tesis. Ahí soy más pesimista. Te decía que en el tema de la diversidad sexual y de los derechos LGTBI hemos sido capaces de crear, de superar creadoramente, tratar de remontar los errores. En el caso del periodismo creo que no estamos tan bien. Todavía no hemos logrado articular una concepción medianamente científica del papel del periodismo en una sociedad socialista y, además, hacer que funcione.

Son muchas las insatisfacciones, y lo peor es que no percibo que haya, a nivel de liderazgo político, una conciencia de lo riesgosas que pueden ser estas insuficiencias en las definiciones de los temas comunicacionales, de la prensa. Mi apreciación no es solo que no avanzamos, sino que a veces parece que retrocedemos, incluso a contrapelo de la realidad. No es la ausencia de un modelo de prensa o políticas de comunicación, como ahora les gusta llamarles, que reflejen lo que está sucediendo, sino que pareciera que no quieren reconocer esa realidad.

Es muy complicado, mientras más pienso en ese tema, más difícil lo veo y me parece que es un error estratégico el que se está cometiendo, ojalá lo podamos superar. Hay mucha gente, dirigentes talentosos metiéndole cabeza a esto, espero que en algún momento pueda articularse con una respuesta política e institucional que halle una fórmula para armar toda esta historia. Aquí también influye el asunto de la plaza sitiada y de las relaciones con los Estados Unidos, y en sentido general con un enemigo ideológico que es el sistema capitalista, imperialista. Esto es muy importante, porque aquí ya sí estamos en la trinchera. Yo siento que estamos atrincherados, y cuando uno se atrinchera no ve salidas. Y eso nos está haciendo mucho daño a personas concretas, a generaciones de profesionales que se están perdiendo, al sistema de medios, y más allá incluso, a la credibilidad del propio sistema político cubano, que es lo más grave.

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