Venezuela: cómo oposición y medios buscan desesperadamente una invasión de EEUU
Objetivo: Falsimedia
Domingo, 07 de Mayo de 2017

Cubainformación TV – Basado en un texto de Misión Verdad.- En cualquier país, hacer llamados públicos a una intervención extranjera es un delito duramente penado. Especialmente en EEUU. Edición: Ane Lópes.

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Texto adaptado

Venezuela: cómo oposición y medios buscan desesperadamente una invasión de EEUU

Cubainformación TV – Basado en un texto de Misión Verdad.- En cualquier país, hacer llamados públicos a una intervención extranjera es un delito duramente penado. Especialmente en EEUU.

Es lo que hacen, cada día de forma más descarada, dirigentes de la oposición y directores de medios privados de Venezuela.

David Smolansky, alcalde opositor del municipio acomodado El Hatillo, de Caracas, advertía en las redes sociales sobre un supuesto uso de armas químicas por parte de la policía venezolana.

“Atención Comunidad Internacional. Nicolás Maduro comienza a usar armas químicas como en Siria”, escribía en su cuenta de Twitter. Lo hacía días después del bombardeo de EEUU en Siria, con la excusa de un supuesto uso de dichas armas prohibidas por el Ejército Árabe Sirio. Las armas químicas venezolanas eran, finalmente, los gases lacrimógenos de la policía.

La portada del semanario venezolano El Nuevo País era aún más elocuente: “Trump tendrá que ocuparse de Maduro”, se leía a toda página. Y contenía un segundo mensaje aún más clarificador: "Cómo Venezuela quedó en el medio de la lucha contra el terrorismo islámico".

Recientemente, era sacada del aire en Venezuela la señal de CNN, por una acción de fake news con un tema similar: un reportaje sobre la supuesta venta de pasaportes venezolanos al grupo libanés Hezbolá, que EEUU califica como terrorista. Un video que, además, trataba de involucrar al vicepresidente venezolano Tareck El Aissami con el narcotráfico internacional.

Es el mismo esquema mediático que facilitó los bombardeos o la intervención militar en Yugoslavia, en Irak, en Libia y en Siria.

La oposición y los medios privados de Venezuela hacen el trabajo necesario para el relato que necesita la invasión. Es el bombardeo de las mentes, previo al bombardeo de las calles. Por ello, es más urgente que nunca una respuesta legal y penal contundente, ya, sin demoras.

Texto original

Smolansky y Poleo claman por bombardeo contra Venezuela

Misión Verdad.- Toda oportunidad que tienen los dirigentes de la oposición para invocar una intervención extranjera sobre Venezuela no es desaprovechada, de hecho forma parte de un guión común a todos los operadores íntimamente ligados al gobierno de los Estados Unidos.

Para unos puede parecer una ridiculez, para otros un asunto muy serio. Denunciar el uso de gases tóxicos contra un grupo de personas no debe ser escatimado como jugada "oportunista" por parte de políticos y medios para criminalizar a un gobierno, sino como un llamado con un propósito claro y definitivo.

Que David Smolansky, alcalde del municipio El Hatillo de Caracas y dirigente de Voluntad Popular, hubiera "advertido" a la comunidad internacional el uso de armas químicas por parte de los cuerpos de seguridad del Estado contra las manifestaciones opositoras, no es una mera casualidad. El timing mediático para que Smolansky "denunciara" aquello, con la tragedia ocurrida en la ciudad siria de Idlib el pasado martes 4 de abril cuando decenas de personas murieran por un ataque de armas químicas, fue idóneo y como consecuencia trae a colación la inmediata respuesta del ejército de los Estados Unidos, con la aprobación de Donald Trump: un bombardeo con misiles Tomahawk a una base militar en la provincia de Homs, al oeste de Siria.

José Manuel Oliveros, dirigente de Primero Justicia, fue el primero en mencionar el color rojo o rosa de los gases lacrimógenos que las fuerzas de contención del Estado usaba para disperar a los grupos violentos de la marcha opositora el 8 de abril.

Lo que pretende decir Smolansky, agarrando el impulso con lo que su compañero Olivares alegaba horas antes por redes sociales, es que el presidente estadounidense Donald Trump debería intervenir ipso facto y de manera militar como lo hizo contra Siria por los ataques químicos en la localidad de Idlib.

Ese "Gas Químico Rojo" que invoca no es más que una variación colorante de bromuro de bencilo, que se usa comúnmente en la fabricación de gases lacrimógenos. Porque eso era lo que usaban los cuerpos de seguridad del Estado contra los manifestantes violentos: gases lacrimógenos. Sí, en el marco de los reglamentos mundiales en el uso de la fuerza de contención. Hasta entre ellos mismos se desmienten, sin querer.

Sin embargo, sabemos que para intentar legitimar una intervención militar a los ojos del mundo es necesario construir un relato lo suficientemente estremecedor, sin importar si es un hecho fabricado, falso o verdadero. Lo necesario es tener una narrativa a la mano que justifique una agresión militar de terceros como si fuera una petición de rescate vía bombardeo humanitario. En esto los EEUU son expertos: la experiencia de Irak, cuyo detonante fueron los falsos positivos de las "armas de destrucción masiva", y de Libia, donde la prensa internacional falseó el relato de que Gadafi masacraba a su propio pueblo, no dejan dudas de que la más mínima excusa es razonable para los EEUU de accionar su armamento militar en contra de un país.

Lo de Siria lo confirma, por ello Smolansky apeló a un recurso que poco tiene que ver con la realidad y mucho con el relato que se intenta imponer. El problema es que en Venezuela la mentada "represión" no es más que fuerza de contención.

Mentiras frescas, bases para la intervención

Por otro lado, los medios "independientes" no dejan de clamar por la intervención estadounidense. El último caso lo protagoniza el semanario El Nuevo País, en el que de forma explícita invoca la posibilidad de que Donald Trump advierta la presión que se ejerce, a lo interno con las guarimbas y el relato mediático, y desde afuera con organismos multilaterales como la OEA y Mercosur, en una especie de cerco internacional sobre Venezuela.

Este periódico de tiraje semanal tiene como editor a Rafael Poleo, radicado en Miami, Florida. Aparte del titular ("Trump tendrá que ocuparse de Maduro"), que pareciera más una obligación que debiera tener el Presidente de los EEUU para con Venezuela que cualquier otra cosa, llama la atención el subtítulo que lo acompaña: "Cómo Venezuela quedó en el medio de la lucha contra el terrorismo islámico".

Una de las razones por las que CNN fue sacado del aire en Venezuela tiene que ver con la descomunal fabricación de noticias falsas por parte de esta cadena mediática. En un "reportaje" de febrero de 2017, intentan argumentar una posible conexión entre el tráfico de pasaportes venezolanos en el Líbano y militantes de Hezbolá, grupo político-militar (de mayoría islámica pero que también congrega grupos cristianos, ateas, judíos, etc.) que está calificado por los EEUU de terrorista. Lo más escandaloso del bodrio comunicacional de CNN con este trabajo es la afirmación de que Tareck El Aissami, vicepresidente venezolano y sancionado recientemente por el Departamento del Tesoro gringo, podría estar involucrado junto con Hezbolá en un posible y futuro ataque terrorista a lo interno de los EEUU. Fake news de alto vuelo imaginativo.

No parece casualidad que recientemente Kurt Tidd, actual jefe del Comando Sur, hubiera hablado de la presencia de Hezbolá en América Latina, la amenaza que representa ese grupo (que también lucha junto a Irán y Rusia en la guerra siria) para los intereses de los EEUU y la mención de Venezuela como un riesgo regional debido a su "inestabilidad". Todo dicho el mismo día, en el seno del Congreso norteamericano, en que Trump aprobara los ataques misilísticos contra Siria.

Esta coordinación en lo político y discursivo pone en relieve cómo los políticos y operadores del antichavismo tienen órdenes específicas de generar a lo interno todas las condiciones necesarias, fabricadas en lo mediático u orquestadas en el terreno de la violencia callejera, para justificar un mayor asedio por parte de los Estados Unidos, en lo diplomático, financiero y militar. Las comparaciones saltan a la vista rápidamente: los mal llamados "rebeldes sirios" y Al-Qaeda, grupos terroristas financiados por Occidente, también claman que Siria sea inundada de misiles por parte de sus financistas. Voluntad Popular sería, por línea de financiamiento y construcción ideológica, el encargado de hacer las mismas gestiones que sus pares políticos en la nación árabe.

Porque salvando las diferencias entre las dos criaturas de una misma élite global, cada una adaptada a las condiciones específicas de cada territorio, la intención de violentar las fronteras políticas del conflicto y transnacionalizar las dicisiones mediante un aliado interno que no defienda ni la más mínima autodeterminación de su vocería, sí es un formato global. El ataque contra la soberanía (venezolana, siria, libia o ucraniana en el pasado reciente) debe tener aparato político que vaya preparando su socavamiento, que vaya justificando la necesidad de agredirla. El grito de Smolansky y Poleo para que Venezuela sea atacada militarmente, expresa precisamente para qué fue creado Voluntad Popular, los límites de su propia existencia y sentido.

Volviendo a El Nuevo País, Francisco Poleo, hijo de Rafael, dice al respecto en su última columna: "A Tidd lo que más le importa es la seguridad regional, lo cual se traduce en derrotar como sea al terrorismo (Hezbollah y Daesh), no tanto al narcotráfico. La palabra clave en este caso es estabilidad, vocablo repetido constantemente por las autoridades militares estadounidenses y ausente en Venezuela. El almirante explicó ante el Senado que narcos y terroristas son antagónicos por naturaleza pero que los terroristas utilizan las rutas de los narcos para infiltrarse. Por lo tanto, a lo que más buscan golpear las más recientes sanciones a figuras del régimen madurista es a la conexión con el terrorismo islámico que mantiene Miraflores".

Estos alegatos, que para la mediática internacional es una verdad, no pasan de ser una verdadera teoría de la conspiración sin pruebas ni datos duros. Justo como lo que reclamaba David Smolansky con respecto al "Gas Tóxico Rojo" para referirse al uso de armas químicas.

Smolansky y Poleo agregan un nuevo (y peligroso) folio al abultado expediente criminalizador contra Venezuela. Que todavía tiene espacio para ser rellenado con manipulaciones, falsos positivos y operaciones de bandera falsa.

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