Pablo, un intelectual comprometido con su tiempo Imprimir
Cuba - Historia
Martes, 18 de Diciembre de 2007

Gerardo Cabrera - Investigador del Instituto de Historia de Cuba - Servicio Especial de la AIN.- "¡Ha muerto Pablo!", "¡Ha muerto el camarada Comisario!", la frase iba de boca en boca anunciando la muerte de Pablo de la Torriente Brau aquel 19 de diciembre de 1936, en la defensa de Madrid frente al enemigo fascista.

Su presencia en suelo español respondió al compromiso contraído con el periódico El Machete, órgano del Partido Comunista Mexicano, de enviar hacia ese país varios trabajos literarios sobre la Guerra Civil Española. Sin embargo, su propio temperamento y el compromiso revolucionario que siempre le caracterizó condicionaron su participación en la primera línea de combate.

La radicalización de su pensamiento tuvo sus cimientos en la pasada década del 30 en Cuba, etapa en la cual estuvo involucrado en los más importantes acontecimientos del momento y en particular de lucha contra el dictador Gerardo Machado.

Pablo fue uno de los fundadores del Ala Izquierda Estudiantil en 1930, y defensor de la reforma universitaria, tomó partido en la protesta callejera del 30 de ese año, en la que cayó mortalmente herido el estudiante Rafael Trejo.

En varias ocasiones guardó prisión. La Cabaña, El Príncipe y el Presidio Modelo, fueron algunos de los sitios donde estuvo recluido y que sirvieron para la maduración de sus ideas revolucionarias y antiimperialistas.

Le tocó vivir una época compleja y violenta, pero a la vez esperanzadora en quienes confiaban que la situación de Cuba podía cambiar con el derrocamiento de la dictadura machadista. Por eso aun cuando tuvo que marchar al exilio en Estados Unidos se mantuvo colaborando activamente en la lucha revolucionaria dentro de la Isla.

Fue un activo impulsor de la creación de la Organización Revolucionaria Cubana Antiimperialista (ORCA), cuya Secretaría General desempeñó casi hasta su partida para España. Pablo trabajó arduamente dentro de esta, para ganar la incorporación de exiliados e impulsar la creación del periódico Frente Unico, vocero de dicha organización.

Así se mantendría colaborando con importantes revolucionarios de esa época como Raúl Roa, Enrique de la Osa, Gustavo Aldereguía, entre otros, con el propósito de articular un sólido proceso revolucionario que no logró consolidarse tras el derrocamiento de la huelga de marzo de 1935.

Con el propósito de probarse como combatiente y para canalizar también su ímpetu revolucionario, solicitó su destino como periodista durante la Guerra Civil. Esta se convertiría en una escuela para prepararse a fin de emprender futuras batallas y derrocar con posterioridad la dictadura machadista por medio de la lucha armada.

En España fue enviado a la brigada integrada por campesinos de Extremadura y Castilla.

Quienes combatieron a su lado lo describen como una persona activa, inquieta, que cumplía responsablemente su función de Comisario e iba de trinchera en trinchera alentando a los hombres, recorría las primeras líneas de fuego animando, orientando y preocupándose por los soldados, haciéndoles ver la necesidad de no perder las posiciones para impedir que el enemigo se acercase a Madrid.

Así en lucha por la liberación del pueblo español cae aquella mañana del 19 de diciembre de 1936 en el Cerro de Majadahonda, con su uniforme de las milicias populares del Ejército Republicano.

Miguel Hernández, poeta hispano, militante revolucionario al igual que Pablo, escribiría sobre su deceso:

De una forma vestida de preclara

has perdido las plumas y los besos,

con el sol español puesto en la cara y el de Cuba en los huesos.