Cuba Hoy.- Panelistas habituales en las campañas orquestadas por el gobierno de EE. UU. contra Cuba, Almagro, Rosa María Paya, entre otros títeres sin pensamiento propio ni proyecto país para la Isla Mayor de las Antillas, reciben justas impugnaciones de las audiencias que presenciaron el último show anticubano desde Miami. Ante tanta palabrería poco creíble y sin argumentos sólidos, para arremeter contra la colaboración médica cubana, se impone una verdad infinita: los médicos cubanos salvan y salvarán vidas por todo el mundo. Estarán siempre allí, donde más se necesite.


 

Debuta Luis Almagro en "La Catedral del Chisme"

M. H. Lagarde - CubaSí.- Ante la disyuntiva de obedecer a sus superiores en Washington o resguardar el casi inexistente prestigio de la Organización que supuestamente dirige, Luis Almagro, optó por lo primero y no vaciló en ir a blasfemar contra Cuba nada menos que en "La Catedral del Chisme" que conduce desde Miami el "influencer", Alex Otaola.

Tal y como ya habíamos predicho, como el presunto Secretario General de la OEA ni siquiera se enrolló una toalla en la cabeza para estar a tono con el estilo de su farandulero anfitrión, el anunciado programa "COVID-19 Apoyamos al pueblo y no a la dictadura" no pasó de ser el mismo circo contra Cuba que Almagro, en su obcecado odio contra la Isla, por lo visto está dispuesto a protagonizar lo mismo en la ONU que en el vodevil de la infamia dirigido por la mafia anticubana de Miami.

Después de un primer acto en la que intervinieron un grupo de teloneros cuya única función, además de repetir las ya consabidas calumnias en contra de las brigadas médica

s cubanas, fue demostrar el poderoso aparato montado por Estados Unidos para realizar el trabajo sucio del que acusan a Cuba: la "trata de personas". Los verdaderos traficantes de personas son los que ponen en práctica los programas para incentivar la deserción de médicos, a quienes engañan mediante el chantaje de ofrecerles una visa hacia el llamado "sueño américano", siempre y cuando renieguen de sus principios y difamen del altruismo de sus misiones.

Vale destacar la actuación, en el farandulero show, del actual administrador de la USAID, John Barsa, un señor de origen cubano que apenas si sabe hablar español, y quien lo único que dejó en claro fue el apoyo financiero que esa organización le presta a la "información libre", que, como se sabe, además de los teloneros mencionados arriba, la conforman los llamados periodistas independientes y los presuntos influencers que ahora le sirven de voceros a altos funcionarios de la administración Trump.

Pero el plato fuerte de la noche fue la intervención de Almagro quien, además de tener el descaro de citar a Martí, acorde con el lenguaje utilizado en La Catedral del Chisme, llamó a la Revolución"parasitaria" y "jinetera".

¿Puede acaso un traidor que cambió sus ideas de izquierda por un buró en la OEA hablar de jineterismo? ¿De qué principios habla Almagro? Los que dice defender en relación con Cuba son un calco de los de sus amos de Washington. De igual modo no puede hablar de dictaduras alguien que es un destacado instrumento de la nueva dictadura gansteril y fascista que Estados Unidos pretende imponerle al mundo.

El peón uruguayo tuvo además la felonía de citar a Martí nada menos que en un programa en el que cuando único se ha mentado al apóstol ha sido para celebrar que se le rociara la cabeza con sangre de cerdo "una declaración de guerra, un mensaje de que corriera la sangre por las calles de La Habana", según dijo entonces su "prestigioso" conductor.

Cómo puede citar a Martí y hablar de libertad alguien cuyo verdadero cargo es el de ser el Secretario General de Pompeo. Cómo puede el esclavo hablar de libertad mientras lo ahoga el grillete de su subordinación imperial.

Fue noticia que el actual Secretario de la OEA fue reelecto luego de que el Secretario de Estado, Mike Pompeo realizara un viaje a su traspatio con el solo fin de presionar a varios países para que lo reeligieran.

El último circo contra Cuba fue otro ejemplo de la cínica paradoja de la que adolece la propaganda de Washington contra La Habana. Quienes realizan la campaña contra los médicos cubanos, como se sabe, no hacen más que cumplir los antiguos mandamientos del Secretario de Estado asistente, Lester Mallory, quien el 6 de abril de 1960, dejó escrito en un memorandum que la única forma de acabar con la Revolución cubana era sometiendo a su pueblo a la necesidad y el hambre.

Los Pompeos y los Almagros que siguen tales mandamientos son, paradójicamente, al mismo tiempo, quienes pretenden eregirse en los defensores de los derechos de los cubanos que ese mismo bloqueo, que ellos imponen. les niega.

Las cinco preguntas que nunca respondió Luis Almagro, el Secretario General de Pompeo

1-¿Por qué al gobierno de Estados Unidos, que reportó ayer 2.037 muertes por COVID19 en un solo día, para una cifra total de 73.207 muertos y 1.227.430 casos confirmados y donde el desempleo sobrepasa ya los 33 millones de personas, le preocupa más la solidaridad mundial de los médicos cubanos que la suerte de sus ciudadanos?

2-¿Tiene alguna relación la catástrofe humanitaria que hoy sufren Brasil y Ecuador con el hecho de que hayan sido presionados, por el gobierno que él representa, a renunciar a la ayuda médica cubana?

3-¿Por qué Estados Unidos, en vez de dedicarse a enfrentar el virus, ha aprovechado la pandemia para desmarcarse de la OMS, difamar a China, aumentar la presencia de sus tropas en Siria, amenazar e invadir a Venezuela, tirotear la embajada cubana en Washington?

4-¿Qué tiene que decir el señor Secretario de Pompeo sobre los boinas verdes que se amarillaron en Venezuela?

5-¿Aceptará Estados Unidos la ayuda solidaria de la Brigada Henry Reeve?

 

Crónica desde Italia

Enrique Ubieta

No es un ejercicio placentero escuchar, ni ver, a Luis Almagro. No soy lombrosiano, ya seguramente no quedan muchos en Italia. No se trata de la conformación, creo yo, de su cráneo. Ni de estereotipos de belleza o de fealdad, siempre relativos. Quizás sea la conjunción de sus gestos y sus palabras, la mirada huidiza, el brillo sudoroso, la ausencia casi total de dignidad, lo que provoque repulsa en su rostro. Es posible que cada bajeza o acto despreciable, cada mentira dicha con plena conciencia, hayan marcado surcos en su cara que, dicen, es el reflejo del alma. Pero juro que traté de escucharlo. Llegué al minuto nueve. Una proeza. En ese breve lapsus, el vocero de la democracia imperial empleó el lenguaje totalitario de su patrón: diez veces dijo “definitivamente”; y otras tres, “absolutamente”. Ayer trató, una vez más, de descalificar el extraordinario esfuerzo internacionalista de nuestro pueblo. Sus palabras chocan contra el muro de los hechos. En Italia, por primera vez, el pueblo no lee en la prensa lo que supuestamente son o hacen los médicos cubanos; lo viven, y a veces, viven gracias a ellos. El imperialismo no se conforma: mientras existan mujeres y hombres que sientan en el pecho el golpe de la virtud como imperativo de vida; mientras exista un pueblo que sienta orgullo de esos hombres y mujeres y los considere modelos a imitar, y los aplauda cada noche, se sentirá amenazado. 

Me senté a conversar con dos médicos que salían de su turno de guardia en la zona roja.  Apunto sus datos. Manuel Emilio López Sifontes es camagüeyano. Tiene 52 años, dos especialidades médicas (es MGI e intensivista), y ha cumplido ya tres misiones: en Mali (2004 – 2006), en Venezuela (2013 – 2016), y en Bolivia (2017 – 2019), interrumpida esta por el golpe de estado contra la democracia, que organizó el imperialismo y la OEA del "servil" Almagro. Su esposa, Luz Angélica Leyva Barceló, es bióloga, profesora de Morfofisiología del Instituto Superior de Ciencias Médicas de Camagüey. El hijo, de 28 años, es Ingeniero Informático. Miguel Acebo Rodríguez es villaclareño. Tiene 37 años y dos especialidades: es MGI, y neumólogo y estuvo antes en Venezuela, desde el 2008 al 2014. Su esposa es peluquera, se llama Lisandra Rivero López y tienen una hija de 4 años. 

MANUEL EMILIO: “Mi primera misión, en Mali, fue por el Programa Integral de Salud (PIS), con pocas gratificaciones económicas –me cuenta --; era un honor que tenían todos nuestros profesores que habían cumplido misiones internacionalistas prácticamente por el salario que devengaban en Cuba y más nada, por convicción. Mali es un país muy pobre, tuve la suerte de ir como intensivista, pero mis colegas médicos de familia iban a los pueblitos de provincia, bien lejos y bien intrincados, donde estaban solos o quizás acompañados por otro cubano en la misma situación. Queríamos seguir el ejemplo de nuestros antecesores. Yo pensé que en cualquier momento me movilizarían como intensivista para enfrentar el covid, en cualquier lugar de Cuba. No, me llamaron para ayudar fuera del país. Y dije que sí, de la misma manera que lo hubiera dicho para trabajar en Cuba. Este mal es de la Tierra, no del terruño”.

MIGUEL: “Sin titubear dije que sí. En primer lugar, porque soy un especialista joven, y esta tarea es para mí un reto profesional. No solo nos regocija desde el punto de vista humano, también nos aporta profesionalmente. Esa disposición estaba desde  mucho antes, porque cuando el coronavirus era todavía algo lejano en Cuba, me llamaron para que atendiera a un bailarín cubano que residía en China y que había llegado a Cifuentes con síntomas respiratorios. Recibí a ese paciente y me quedé con él durante 24 horas, hasta que se definió su diagnóstico. Aquello me llenó de fuerza. Finalmente no fue covid, era una influenza que había adquirido en Cuba”.

En Cuba todos los días por la noche los aplauden –les dije a los dos-- y cuando cuento de sus vidas y hazañas aquí en mi perfil de Facebook, llegan decenas y decenas de comentarios que expresan la admiración que sienten los cubanos por ustedes. ¿Qué piensan de ese reconocimiento popular tan inmenso, cómo se ven a sí mismos?

MANUEL EMILIO: Nos tocó a nosotros, los trabajadores de la salud. Es nuestra guerra: las epidemias, las enfermedades. Y sí, es bonito sentir que se valora el trabajo que hacemos. Pero esa es nuestra responsabilidad como médicos. Tenemos que enfrentar la enfermedad, cualquiera que sea, y donde sea. No podemos tenerle miedo. Lo que sí tenemos que saber es cómo trabajar con ella y cómo cuidarnos. Porque en nuestra profesión siempre estaremos expuestos. El reconocimiento que nos da la población nos emociona, aunque en este momento estemos en nuestra guerra, la que nos toca”. 

MIGUEL: “Bueno, yo sí estoy al tanto de los comentarios que llegan a tu perfil. Estamos muy contentos y muy emocionados por lo que escriben. Cada vez que escucho unos aplausos o veo un reportaje de nuestro trabajo, el de aquí o el de Cuba, porque aquellos son tan bravos como los que están aquí, es como si me removieran por dentro todos los órganos. Eso nos llena de fuerza y de alegría. Y siempre pienso en mi niña, mi esposa cada vez que puede me manda un video de Paola dándole a un caldero y aplaudiendo por su Papá. Cada vez que lo veo se me estruja el corazón”.

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