Antonio Rodríguez Salvador - Foto: Ariel Cecilio Lemus - Granma.- Sin morderse la lengua, el cubano debate de todo en cualquier parte, pero si haces caso a las redes, tal parece que aquí nos estamos pidiendo la cabeza. Los mensajes de la supuesta división vienen en diversos formatos: en memes, remarcados en fondos de colores; un corta y pega que multiplica el chisme.


Tras la reja de su balcón está Hermes, el zapatero. Hace pocos días venció la COVID y ya está de regreso al trabajo. Lo saludo desde la acera; curioso como soy, me intereso por su enfermedad, los detalles del tratamiento, si le quedaron secuelas. Pasa alguien más, y también saluda. Luego otro, y otro. A todos, Hermes da las gracias, les explica; a su vez, les pregunta por la salud. Sin dejar de trabajar.

En las redes leo que la gente en Cuba está dividida; familiares que se fajan entre ellos por razones políticas, pero yo no veo disputas en la calle. Una señora pregunta por los plátanos que llevo en una jaba: son grandes y apetitosos. Le explico dónde los compré. De igual manera, ella carga unos pimientos hermosos y, sin yo preguntarle, me dice dónde los venden. Camino a mi casa, varias personas celebran mis plátanos, pero ya no por los plátanos, sino por subrayar una amistad; cierta forma de decir cuánto significamos.  

En la mañana se produjo una «mesa redonda» en el coche en que viajaba. En 20 minutos hablamos de lo humano y lo divino: los precios, las colas, la política. Un debate ordenado, objetivo, sereno, sin que para mantener lo fraterno hiciera falta moderador.

Es lo normal, así es la Cuba real de cada día. Sin morderse la lengua, el cubano debate de todo en cualquier parte, pero si haces caso a las redes, tal parece que aquí nos estamos pidiendo la cabeza. Los mensajes de la supuesta división vienen en diversos formatos: en memes, remarcados en fondos de colores; un corta y pega que multiplica el chisme. Pero hoy yo he caminado el pueblo y, como es lógico, no llevé la cuenta de la gente que me ha saludado por mi nombre: hubiera necesitado una agenda para ir marcando con rayas. Justo como en el cubilete.

Ya dije que soy curioso por naturaleza. Me pongo a seguir la huella de cierto mensaje divisivo y veo que fue escrito por alguien que últimamente es protagonista de quejosos manifiestos de ridícula factura cultural. El post ha sido compartido casi mil veces, tiene igual cantidad de likes. Pincho entonces sobre el vínculo de «compartidos» y me pongo a revisar quiénes son esos amplificadores de la desunión.

Oh, sorpresa. La mayoría son perfiles que más falsos no pueden parecer. No se dejan seguir o solicitar amistad, casi todos comparten exactamente lo mismo, textos provenientes de CiberCuba, ADN o Cubanos por el Mundo, medios que quisieran fabricar una Cuba a la medida de malsanos deseos. Así pretenden crear la ilusión de que una multitud piensa como ellos. Así construyen la supuesta fama de quienes les sirven de instrumento. Así, cavan el pozo de mentiras con que alimentan su terrorismo mediático.

Continúo mis pesquisas. Es 24 de febrero, aniversario 126 del reinicio de nuestras luchas de independencia, y en la barra de Google coloco las palabras: «grito de Baire», «Martí», «Maceo». Doy buscar y, de pronto, aparecen cientos de noticias. Sin embargo, ninguna procede de sitios como CiberCuba, adn Cuba o Cubanos por el Mundo, y esto no es extraño. Ellos no están por la independencia y la unidad de los cubanos; una fecha como esta no los conmueve. Tal vez Martí diría que ellos solo están para sus ladridos de odio canijo.

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