Luis de Jesús Reyes - Corresponsal de CLARIDAD


La Habana, Cuba

La administración del presidente Joe Biden no parece poder explicar –al menos, no de manera coherente– las razones por las que aún mantiene a Cuba en la lista de Estados Unidos de países que supuestamente patrocinan el terrorismo.

A mediados del mes de mayo, el Departamento de Estado de EE.UU. dio a conocer que retiraba a la isla de su (otra) lista de países que “no cooperan plenamente” con la lucha contra el terrorismo (NFCC, en inglés), una decisión que, paradójicamente, no ha supuesto ningún cambio en la presencia de Cuba en el anterior listado.

Las explicaciones del gobierno estadounidense, por dar algunas, han resultado inverosímiles, hasta para sus propios funcionarios.

“¿Cómo se les puede seguir considerando [a Cuba] un Estado patrocinador del terrorismo si cooperan en la lucha contra el terrorismo, como dice su informe?”, preguntaba hace unos días un periodista al portavoz del Departamento de Estado durante una rueda de prensa, ante la evidente contradicción de dicha postura política. La respuesta resultaba menos esclarecedora aún. “Tú puedes cooperar en la lucha contra el terrorismo… pero creemos que están tomando acciones para apoyar el terrorismo”, decía, por toda respuesta el funcionario, sin ahondar en detalles sobre las acciones a las que hacía mención.

Cuba y Estados Unidos retomaron en 2023 su cooperación bilateral en la lucha contra el terrorismo y han ratificado, desde entonces, sus acuerdos sobre la migración y la seguridad en la zona del Caribe. Recientemente, funcionarios del Servicio Guardafronteras del país caribeño fueron recibidos por agentes del Control de Aduanas en un aeropuerto de la Florida para conocer detalles de la tecnología que implementan autoridades estadounidenses en la detección y detención de actos de terrorismo, tráfico de drogas y falsificación de documentos migratorios, entre otros.

Entonces, ¿cómo se explica esta incongruente postura de la administración Biden hacia La Habana?

Para el gobierno cubano, la movida no tiene ningún sentido y con ella, el Departamento de Estado sólo busca crear confusión haciendo pensar al mundo que está dando algún paso importante en las relaciones con la isla.

“Esta decisión es engañosa. Esta decisión está incompleta y ha creado una tremenda confusión a nivel internacional”, aseguró la subdirectora de la división para EE.UU. del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba, Johana Tablada, en una entrevista con CLARIDAD.

 La lista NFCC de la que Cuba fue retirada hace poco es completamente diferente e independiente de la lista de países que patrocinan el terrorismo (SSOT, por sus siglas en inglés), pero sin la correcta explicación por parte de medios internacionales, la noticia se ha prestado a confusión.

Es la SSOT la que realmente conlleva un daño perjudicial para la economía cubana; al estar incluida en la susodicha lista, bancos internacionales se niegan a hacer acuerdos con Cuba por temor a represalias por parte de Estados Unidos. Es esta lista, y no tanto la anterior, la que las autoridades cubanas han catalogado de “espuria” y de la que han exigido al actual inquilino de la Casa Blanca tachar a su país.

 “Si Estados Unidos admite que Cuba colabora con EE.UU. [en su lucha] contra el terrorismo, es inexplicable que no termine de remover a Cuba de esa lista, que usa esas narrativas para justificar las políticas de máxima presión contra Cuba”, añadió la funcionaria cubana.

Cuba fue incluida en la SSOT por la anterior administración del presidente Donald Trump, bajo la excusa de que el país daba asilo a miembros de la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN) de Colombia durante conversaciones oficiales de paz con el gobierno colombiano.

Algo que el propio presidente Gustavo Petro ha catalogado en varias ocasiones de acto de traición contra la mayor de las Antillas y su papel de garante de paz en el proceso colombiano.

“Le he dicho al presidente Biden que si ha habido un acto de injusticia ha sido el de incluir a Cuba en una lista de países que llaman ayudantes del terrorismo solo porque generó los espacios físicos para que hubiera una conversación entre el ELN y el gobierno”, expresaba hace un año en La Habana el presidente colombiano junto a su homólogo cubano Miguel Díaz-Canel.

Si bien la movida podría resultar insignificante en la práctica, para algunos la decisión de retirar a Cuba de la NFCC podría ser un paso previo (y tímido) del presidente Biden su intención de –¿finalmente?– retirar a la isla de la SSOT.

La idea no sería del todo descabellada, si se toma en cuenta que, a solo meses de las elecciones generales, la imagen del presidente Biden se ha visto duramente golpeada por su inamovible apoyo a la matanza israelí contra palestinos en la Franja de Gaza; en un paso desesperado por sumar votos de otras partes, el mandatario Demócrata podría intentar cumplir algunas de sus incumplidas promesas de campaña, entre ellas, la revisión de la relación hacia Cuba.

Desde la visión de Tablada, sin embargo, nada parece indicar que este sea el camino que piense seguir el vecino de Washington. “No tengo ninguna razón para pensar que él tenga intención de retirar a Cuba de la lista”, afirmó la Subdirectora, al tiempo que recordó que, como Presidente, Biden cuenta con prerrogativas para sacar a Cuba de la SSOT.

“No se ha hecho justicia [para Cuba], porque todas las medidas coercitivas y unilaterales que han sido impuestas al pueblo cubano, como resultado de la injusta y fraudulenta inclusión de Cuba en esa lista, todavía están en pie”

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