Para alguna prensa internacional anunciar elecciones en Cuba los sitúa siempre ante la confrontación de un verdadero modelo democrático que rompe con los esquemas del pensamiento capitalista y las prácticas sobrevaluadas de las “democracias” representativas burguesas.

Francisco Rodríguez Cruz - Trabajadores.- La convocatoria a las elecciones generales en Cuba, hecha por el Consejo de Estado esta última semana, desató enseguida reacciones completamente distintas, dentro y fuera del país.

Para los cubanos en la Isla, el proceso electoral es parte intrínseca y natural de la institucionalidad y el apego a la Constitución y a las leyes de nuestro Estado socialista, y su realización supone en primer lugar la movilización de todas las voluntades individuales y colectivas para lograr su éxito.

En el exterior y para alguna prensa internacional, sin embargo, anunciar elecciones en Cuba los sitúa siempre ante la confrontación de un verdadero modelo democrático que rompe con los esquemas del pensamiento capitalista y las prácticas sobrevaluadas por su maquinaria publicitaria de las harto discutidas “democracias” representativas burguesas.

A partir de la falta de conocimiento o la mala voluntad de los que sí saben, pero prefieren pasar por ignorantes antes que reconocer el mérito del sistema político cubano, comienzan entonces las manipulaciones de los enemigos, que pueden ir desde la burda negación del hecho, hasta el intento de descalificar al Poder Popular cubano con acusaciones de formalismo, falta de “libertad” para seleccionar entre diversos candidatos o la consabida historia de la existencia de un Partido único.

Para desviar al lector desprevenido de lo esencial del proceso, en esta ocasión aderezan aún más el anecdotario colateral, con subrayados superfluos sobre quién firmó el acuerdo del Consejo de Estado o especulaciones lastimosas y pueriles sobre la posible composición de futuras candidaturas.

Definitivamente, no acaban de entender a la Revolución cubana y la base social, política e ideológica que garantiza su continuidad histórica.

Así, casi como detalles fortuitos en los últimos párrafos de cualquiera de estas “objetivas” visiones sobre las próximas elecciones generales, aparecen a veces, a modo de botón folclórico y sin gran énfasis, el hecho básico de que en nuestro país el Partido no postula a ningún candidato, que los delegados a las Asambleas municipales los nominan los vecinos en los barrios, o que los miembros de estos órganos de gobierno, incluyendo también las Asambleas provinciales y el Parlamento, son electos por el voto directo y secreto de los ciudadanos.

La voluntariedad y el desprendimiento con que los cubanos asumen estos mandatos sin cobrar un centavo, o la falta de campañas políticas y propaganda electoral, parecen entonces puras excentricidades “comunistas”, a partir de ese enfoque estereotipado que emplean para describir el modo ético, participativo y solidario de ejercer el poder en este Socialismo caribeño.

Ni siquiera mencionan, por supuesto, que la inscripción de los electores en Cuba es automática y que desde los 16 años todos tienen derecho a elegir y ser elegidos, que el registro electoral y el conteo de los votos son públicos, el acceso a los colegios es muy fácil o que son los niños quienes custodian las urnas, sin que jamás haya habido una urna extraviada o violada, ni boletas trucadas y fraudulentas, ni grandes masas impedidas de ejercer su derecho al voto por su raza o posición social.

En contraste con esa “sorpresa” de los grandes medios de la desinformación con las elecciones cubanas, más de un millón de cubanos participarán como autoridades electorales o en actividades de apoyo, según estimó esta semana la recién constituida Comisión Electoral Nacional.

Los más de 350 mil jóvenes que votarán por vez primera en estos comicios lo harán con conocimiento de causa, y los propios estudiantes universitarios estarán entre los responsables de contribuir, a partir de septiembre próximo, con la preparación del proceso electoral, no solo mediante debates en las facultades y sedes universitarias, sino también en las comunidades.

De ese modo, en medio del verano y las vacaciones de muchos compatriotas, comienza a funcionar nuevamente como un reloj, el sistema organizativo que garantizará la eficacia, transparencia y legalidad de un proceso auténticamente cubano y democrático.

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