Ricardo Alarcón de Quesada - Cubadebate .- Versión de las palabras de Ricardo Alarcón, presidente de la Asamblea del Poder Popular de Cuba, en el panel “La Democracia y el socialismo del Siglo XXI”, de la VI Cumbre Social por la Unión Latinoamericana y Caribeña, el 1 de agosto de 2007, en Caracas, Venezuela.


Alla Glinchikova, del Instituto de Estudios sobre la Globalización y los Movimientos Sociales, de Rusia, se refería en este foro al empleo del lenguaje del enemigo. Hay que conocer ese lenguaje y también, las ideas del enemigo. 

Concuerdo en que no habrá en el Siglo XXI un socialismo, sino varios socialismos, que parten de las experiencias anteriores y que debemos estudiar a fondo sin ninguna duda. Pero no basta que los izquierdistas, los socialistas, los revolucionarios y los que pensamos como tales profundicemos y meditamos solo entre nosotros. Para entender lo que ocurrió en la Unión Soviética hay que leer, por ejemplo, las memorias de Margaret Thatcher -The Path to Power y The Downing Street Years-, a quien veo citar raras veces en lo círculos de  la izquierda y hablan directamente en el lenguaje del enemigo.

La señora Thatcher explica cuán decisiva fue la estrategia acordada entre ella y Reagan, que le dio un giro a la Guerra Fría y la carrera armamentista con la llamada Guerra de las Galaxias. Le causaron una herida mortal a la URRS. Obligaron a la sociedad soviética, que quería ser socialista, a invertir desenfrenadamente en la defensa. ¿Qué otra cosa podía hacer la URSS, si lo que le venía encima era una guerra nada menos que desde el espacio? Lograron identificar las lagunas que tendría la sociedad y descubrieron que tenían que obligar a los soviéticos a derrochar recursos e inteligencias en objetivos que no eran socialistas.  La señora Tatcher dice que la guerra de las Galaxias le pareció al principio una locura, pero después comprendió que este era un objetivo principal para poner fin al socialismo soviético y a la Guerra Fría. Y así fue.

¿Qué quiero decir con esto? Que no solo es útil mirarnos a nosotros mismos, desde nosotros mismos, sino estudiar lo que el adversario en ese mismo momento hace y dice.  Esto tiene otro problema y en ocasiones un enorme desafío para todos nosotros:  a veces hay que esperar decenios para conocer textos claves donde se detalla qué hace el enemigo, como lo que debe estar haciendo ahora mismo.

Cuando analizamos el mundo de hoy, a mí me gusta mucho recurrir a un documento, en inglés elaborado por la Agencia Central de Inteligencia: por mucho poder de imaginación que tengamos los revolucionarios, es bueno ver cómo la CIA ve el mundo y el futuro.  En un análisis que hizo público la Agencia, titulado Tendencias Globales hacia el 2010 - Global Trends 2010-, que en el año 2000 actualizaron hasta el 2015 - Global Trends 2015-, proyectaron cuatro escenarios de la posible evolución del mundo, teniendo en cuenta todos los factores: económico, político, tecnológico...

Estos cuatro escenarios , con diferentes posibilidades de desarrollo del capitalismo neoliberal globalizado, cierran en un mismo punto: la influencia de los Estados Unidos de América continuará declinando. A juicio de los analistas de la CIA, que tuvieron en cuenta informaciones de muy diversas fuentes científicas del planeta antes de los famosos atentados del 11 de Septiembre del 2001, el mundo vivía ya la declinación del poderío norteamericano y preveían hacia el futuro distintos escenarios, todos con esa característica común.

Estoy seguro de que ese informe lo leyeron los conservadores norteamericanos, los mismos que elaboraron la política de una administración que a veces se le juzga con cierta rudeza –de irresponsable, aventurera, etc. No, están cumpliendo una misión: tratar de detener ese declive que ellos saben inevitable y revertir –digámoslo a la antigua- “la marcha de la Historia”.

 

AUTOCRITICA DEL FIN DE LA HISTORIA

Volvamos al idioma del enemigo y citemos a personas que no son de nuestra misma filiación ideológica. Quiero mencionar a Francis Fukuyama, posiblemente el hombre más citado en la última década del siglo pasado. Todo el mundo habla de él. No todo el mundo se ha leído su libro más famoso, pero todos conocen su tesis fundamental.  ¿Cuántos han leído sus estudios posteriores a su célebre El fin de la Historia? En 1992 publicó este ensayo, pero no tuvo que esperar Fukuyama mucho tiempo para hacerse una seria autocrítica y una crítica al pensamiento neoconservador, al señalar que el mundo no podía ser gobernado. Le bastaron diez años a ese burócrata norteamericano para reconocer lo erróneo y la gravedad de esa política, para admitir que a pesar de haber emergido victoriosa y como única superpotencia, Estados Unidos no puede gobernarse, como él mismo creía a inicios de los 90.

Otro investigador que no suele ser mencionado en los círculos de la izquierda es el señor Joseph Schumpeter, austronorteamericano quien en 1942 publicó un libro -Capitalism, Socialism and Democracy-, donde formuló una teoría que le depararía muchísimos cocotazos de sus colegas académicos. Todavía no le perdonan su declaración desconcertante: “una forma de socialismo surgirá inevitablemente de la también inevitable descomposición del capitalismo. ”

La única discrepancia que tengo con el famoso pronóstico de Schumpeter es sobre la cantidad de las formas de socialismo que surgirán. Más bien me inclino a pensar que no surgirá una, sino unas cuantas formas de socialismo.

Él imaginó la situación actual: la victoria final del capitalismo a escala global y que cuando llegara a esa fase, inevitablemente se expresaría su descomposición e inevitablemente se expresaría una forma de socialismo. Una de las grandes ironías del Siglo XX es que la confrontación Este-Oeste, la gran batalla que significó la Guerra Fría -que nunca llegó a desatarse pero que puso al mundo en zozobra constante-, la ganó el imperialismo norteamericano, y sin embargo, al ganarla comenzó a remontar su fase de derrota.

En América Latina, por razones que han sido aludidas aquí, vivimos una etapa que nos permite no solo avanzar con formas independientes del socialismo, sino que somos un punto de referencia para otros que también empiezan a darse cuenta de que no fue tan real la victoria del capitalismo, ni se había detenido la historia tan abruptamente como dijo Fukuyama.

Si profundizamos en nuestra historia, vamos a encontrar que en nuestra región contamos precisamente con las expresiones más auténticas del socialismo, con una visión creadora, antidogmática, , incluso en los días iniciales de ese modelo en Europa. Me impresionó muchísimo la lectura del artículo que, tras la muerte de Lenin, le dedicó Julio Antonio Mella –principal dirigente y fundador del Partido marxista leninista de Cuba. Lo publicó en febrero de 1924 en un periódico del Partido Comunista de Cuba y lo tituló “Lenine coronado”. Nadie en nuestro país, en aquel momento, le rindió tal tributo ni tantos homenajes a Lenin como los que le hizo Mella. Él estaba hablando de una figura a la que indudablemente respetó y quiso muchísimo, pero advirtió que no aspiraba a reproducir en Cuba la experiencia bolchevique, que no quería comunistas que siguieran la línea de otro partido, que lo que se proponía su Partido era contar con seres humanos pensantes,  que no fueran dirigidos, ni domesticados, ni disciplinados por otros, sino que estuviéramos “siempre pensando con nuestra cabeza”, “seres pensantes; no seres conducidos. Personas, no bestias”. Este muchacho –no había cumplido todavía los 21 años- dijo que Cuba quería una revolución socialista, pero a la cubana.

Además de esta figura, hay que recordar al paradigma de los revolucionarios latinoamericanos, a José Carlos Mariátegui, que también expresó algo similar hace décadas: que el socialismo en América no será calco ni copia, sino creación heroica. Si es creación, no puede ser uno solo, tiene que ser diverso, debe fundar con heroísmo un socialismo aquí y otro allá. Es lo que estamos viviendo, como afirmara el presidente Rafael Correa: “no una época de cambio, sino un cambio de época”, que tiene que ver con esta fase declinante del imperialismo norteamericano.

Nos hace falta una teoría para la fase actual del capitalismo globalizado neoliberal, que intenta detener su caída y reimponerse sobre el mundo.

¿Por qué Estados Unidos gasta hoy mucho más en recursos militares que todos los países de la Tierra juntos, más que cuando había Guerra Fría? ¿Por qué esa incesante producción de nuevos y nuevos instrumentos de muerte y de guerra? ¿Para atacar a la Unión Soviética? ¿Para atacar al Eje del Mal? Claro que no. Por una parte, es el reflejo de una economía enferma en una sociedad enferma –la Thatcher sabía que aquel armamentismo irracional precipitaría la destrucción de la URSS, mientras que para Estados Unidos y Gran Bretaña significaba más ganancias para los monopolios y la industria armamentista.  Y por otra parte, si se producen estas ofensivas tan violentas que copian al fascismo y reproducen los mecanismos de la época de la Guerra Fría, es porque están a la defensiva, cercados ante el avance de los pueblos.

Indudablemente nos hace falta una teoría para la fase del capitalismo neoliberal que intenta detener su caída. Vivimos en un mundo que nos ofrece muchas posibilidades, pero que también tiene grandes riesgos, ilustrado con infinitas evidencias en el actual régimen norteamericano. No sé qué va a pasar en las próximas elecciones, quiénes conformarán las futuras nomenclaturas de ese gobierno, pero lo que no tengo la menor duda es que el señor que está en la Casa Blanca hoy no llegó ahí por casualidad. Es el resultado de la acción de los grupos de poder que existen en Estados Unidos, cuya mentalidad debería causar por lo menos ansiedad y gran preocupación a todo ser humano mínimamente responsable.

 

¿DÓNDE ESTÁ LUIS POSADA CARRILES?

América Latina es testigo de cómo, para impedir la caída, son capaces de recurrir a cualquier cosa. Cometería una falta imperdonable si no mencionara por qué digo esto. A periodistas que me hacen las preguntitas de siempre -¿cómo está Fidel?, ¿cuándo vuelve al poder?, etc-, yo les respondí: ¿dónde está Luis Posada Carriles? Es lo que deberían preguntar y, de paso, denunciar que hace más dos años la República Bolivariana de Venezuela ha solicitado la extradición de este hombre, para que siga el juicio que aquí se le hacía.

Frente a las dos posibilidades que tiene ante sí –lo extradita a Venezuela o inmediatamente lo juzga allá en Estados Unidos, como obligan los acuerdos internacionales-, Bush descubrió una fórmula mejor: ignorar el asunto, no hacer caso. Algún día puede ser que conozcamos algunos documentos escritos en la lengua del enemigo donde estos señores expliquen cómo fue que se confabularon en la oscuridad para salvar a Posada Carriles. ¿Qué significa eso en la práctica? Sencillamente decirle a Cuba, a Venezuela y a los demás pueblos de esta región que el que torturó, el que asesinó, el que mandó a matar a tanta gente inocente, va a seguir contando con el favor de los Estados Unidos. Y al mismo tiempo, nos presenta la otra cara de la moneda: la situación de los cinco cubanos, con cuatro cadenas perpetuas y 75 años de prisión, por descubrir los planes de los Posadas Carriles que ellos protegen y que se dedican a ejercer el terrorismo contra nuestros países.

The New York Times publicó la semana pasada las declaraciones del Departamento de Justicia, acerca de Leandro Aragocillo, un norteamericano de origen filipino condenado por espionaje. Nada más y nada menos le ocuparon 733 documentos secretos de la Casa Blanca, el Pentágono, el Departamento de Defensa y de otros lugares. Lo condenaron a diez años de prisión. Tengo compatriotas míos condenados con cuatro cadenas perpetuas, sin haberle encontrado ni un pedacito de papel comprometedor. Los condenaron sin haber presentado pruebas contra ellos, sino además después que el tribunal escucharon los testimonios de los testigos que allí concurrieron, que dijeron que allí no hubo espionaje alguno.  La moraleja: cadena perpetua, si tú vas a vigilar a Posada Carriles; diez años de prisión, si tú realmente practicas el espionaje, incluso en la Casa Blanca.

El Departamento de Justicia agregó una frasecita que a mí me emocionó, francamente:  diez años es la condena máxima; si tiene buen comportamiento en la prisión, el filipino puede salir mucho antes.

Nuestros cinco compañeros son profesores en sus prisiones: enseñan inglés, matemática, español. Trabajan en las oficinas de esas cárceles con una disciplina ejemplar. Jamás se les ha criticado por mal comportamiento, pero estarán encerrados cuatro vidas y 75 años solo por combatir el terrorismo.

¿Cuál es el mensaje para nuestros pueblos? Se ha implanto en Estados Unidos un régimen que es capaz de recurrir a todo. No son omnímodos, pero tienen suficiente fuerza para destruir la Tierra y destruirnos a todos nosotros.  Por eso, en un momento de auge de las aspiraciones revolucionarias particularmente en América Latina, en un momento de grandes posibilidades y también de enormes desafíos, necesitamos mucho pensamiento, mucha reflexión y sobre todo mucha unión.
 

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