Jorge Rivas Rodríguez - Cuba Trabajadores.- El prestigioso intelectual y presidente de la UNEAC, Miguel Barnet, exhortó a los trabajadores a “que lean con mucho cuidado la Ley de Seguridad Social aprobada en el Parlamento cubano.


“En este nuevo año que recién comienza le deseo al pueblo de Cuba, y en particular a las mujeres y hombres que todos los días se levantan con un proyecto de vida —que son a los que conocemos como verdaderos trabajadores—, mucha energía, mucha felicidad y mucha salud. Y sobre todo, que lean con mucho cuidado la Ley de Seguridad Social que acabamos de aprobar en el Parlamento cubano, la cual, sin lugar a dudas, es la más justa de todas las que rigen en este hemisferio. Así es nuestra Revolución, cada día más abierta, más flexible y más encaminada a la perfección”.

Esas palabras, exclusivas para este semanario, fueron expresadas por el prestigioso intelectual cubano doctor Miguel Barnet (La Habana, 28 de enero de 1940), presidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), quien aseguró que de lo primero que tenemos que alegrarnos es de “haber sobrevivido a estos 50 años de altibajos, con logros consolidados en el terreno social y cultural, aunque todavía enfrentemos dificultades en la esfera de la economía, las cuales esperamos que puedan ser superadas para lograr el tan necesario equilibrio social”.

En tal sentido, el escritor cubano vivo más publicado dentro y fuera de la Isla nos dijo: “Yo no tengo creencias religiosas, pero sí creo en los milagros, y aunque esto parezca una contradicción, la vida siempre es una sorpresa y el milagro más grande que he conocido en mi vida es precisamente que la Revolución cubana y nuestro pueblo hayan podido sobrevivir a tantas amenazas, tantos atentados, y sobre todo, al bloqueo económico, financiero, político y cultural de los Estados Unidos. Ese milagro me devuelve la fe en lo sobrenatural”.

También poeta, antropólogo, ensayista y guionista de cine, Premio Nacional de Literatura en 1994, Barnet aseguró a Trabajadores que siente “orgullo de haber vivido estos 50 años en un proceso tan enriquecedor, tan convulso, tan contradictorio, pero que me ha preparado para desafiar al mundo; porque perdí el miedo a lo difícil, a lo raro, a lo sorpresivo, y a la vez me fortalecí en lo personal y en lo social, sedimentando los valores más legítimos de mi identidad personal y cultural”.

Desde los finales de la década de los 50 e inicios de los 60 del pasado siglo, muy joven entonces, Miguel Barnet se vinculó a destacadas figuras de la etnología cubana, como Argeliers León e Isaac Barreal. Poco después del triunfo de la Revolución, con 21 años de edad, integró el grupo fundacional de la Academia de Ciencias de Cuba, en tanto formó parte del primer equipo de trabajo de su recién organizado Instituto de Etnología y Folklore. El extraordinario estudioso y ensayista Fernando Ortiz —calificado como el Tercer Descubridor de Cuba— con su extensa obra de rescate de los valores auténticos de la cultura cubana, influyó definitivamente en el interés y la trascendencia del ejercicio investigativo de Barnet sobre las raíces de la cultura afrocubana, razón por la cual, tras el fallecimiento del maestro, en 1969, se propuso ampliar su labor, la cual consolidó aún más a partir de 1995, cuando en su homenaje creó la Fundación Fernando Ortiz, de la que es presidente.

“Yo no envidio el destino de ningún otro escritor o artista de mi generación, pero lo que sí puedo asegurarte es que no he tenido tiempo ni de pensar en las musarañas ni de aburrirme”, dijo.

Electo presidente de la UNEAC durante el último congreso de esa organización, Barnet puntualizó que posee “una profunda vocación de servicio civil y social. Esta responsabilidad me ocupa mucho tiempo y limita dedicarme más a mi labor creativa, pero también lo veo como parte de mi obra y esa otra oportunidad también me la ha dado la Revolución cubana”.

Diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular y designado en 1996 por la UNESCO y por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba como miembro del Consejo Ejecutivo de esa organización internacional, este artífice mayor de la literatura contemporánea en la Isla aseguró: “Estoy orgulloso de haberme formado en esta sociedad socialista, democrática y solidaria, en la Cuba de Fidel y de Raúl Castro”.

El doctor Barnet, quien “a lo largo de su obra, ha permanecido siempre fiel a sus ideales, sin renegar jamás de aquello que ama, ni siquiera en los momentos más duros”,* fue igualmente cercano colaborador de Alejo Carpentier en la fundación de la Imprenta Nacional de Cuba y del Poeta Nacional Nicolás Guillén en la creación de la UNEAC, en la que durante varios años fue vicepresidente. Posee una extensa obra literaria, entre la que se encuentran títulos internacionalmente reconocidos como La piedra fina y el pavorreal, Isla de güijes, Orikis y otros poemas, Carta de noche, Mapa del tiempo, Viendo mi vida pasar y Actas del final (poesía). Además: Autógrafos cubanos, La fuente viva y Cultos afrocubanos (crónica, ensayo, monografía), Akeké y la jutía (fábulas cubanas), Biografía de un cimarrón, Canción de Rachel, Gallego, La vida real y Oficio de ángel (novelas-testimonio). Actualmente prepara varios textos sobre los sistemas de adivinación de la santería cubana y algunas crónicas de sus viajes a África y Asia.

Entre sus guiones para el cine —tan reflexivos y elegíacos como el conjunto de toda su creación literaria— se encuentran los de varios documentales y de los conocidos largometrajes Gallego, basado en su novela homónima, y La bella del Alhambra, famoso filme inspirado en su novela Canción de Rachel y premiado en el Festival Internacional de Cine de La Habana, así como en otros certámenes internacionales. Esta cinta recibió el Premio Goya en España, en 1990, a la mejor película extranjera de habla hispana.

Con el poema final de uno de sus más recientes libros titulado Itinerario inconcluso (Bolsilibros UNIÓN, Ediciones UNIÓN, 2007, página 252) Miguel Barnet concluyó este encuentro con nuestro semanario: “Se lo dedico, de forma muy especial, a todos los trabajadores cubanos ante la llegada de este año 2009, instándolos a seguir empujando un país”. Gaetano Longo, en el prólogo (Miguel Barnet: detrás de la máscara) del citado libro Itinerario inconcluso, Ediciones Unión, Trieste-La Habana, 2007.

Yo soy el que anda por ahí empujando un país No es una fantasía, es cierto, me he pasado la vida empujando un país Con grandes piedras del camino y mis zapatos gigantes he ido poco a poco empujando un país Contra los grandes vientos y la noche que chirría en sus goznes, contra la falta de oxígeno y los malos presagios he hecho lo indecible por empujar un país Pero hay muchas otras cosas que hacer como amar en lo oscuro, sin paredes por cierto, o desgranar el arroz cotidiano con sabor a coleópteros, o limarse las uñas frente a un espejo de azogue, o jugar a la pelota con los niños estrábicos del barrio Así que perdonen si no escucho las quejas de mis contemporáneos Yo no puedo hacer otra cosa que seguir empujando un país.

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