Revista Mujeres.- El cine se ha caracterizado desde su surgimiento por ser testigo de su tiempo y reflejar pero también cuestionar la realidad imperante. Además, siempre se ha caracterizado por ser una excelente fuente de entretenimiento.


Ahora que pasamos más tiempo en casa, debido al distanciamiento social, te propongo emplear tu tiempo libre en un multipremiado largometraje de la década del 90, la cinta estadunidense Boys don't cry (1999). Si eres parte de ese gran grupo que ama el séptimo arte seguro disfrutarás de las actuaciones de Hillary Swank (protagonista) y todo el reparto, así como de la trama. Pero antes de darle play te propongo hacer solo un poco de spoiler para que puedas mirar la historia y no perder el hilo, a través de los espejuelos de género.

Basada en una historia real, Boys don't cry plasma la vida de Brandon Teena, un joven trans del estado de Nebraska, Estado Unidos, víctima de violencia física, sexual y psicológica.

Bajo la dirección de Kimberly Peirce, la trama logra visualizar con agudeza los procesos individuales y colectivos que conforman los rituales de masculinización, ese "debe ser" que cada época y momento histórico se espera cumplan aquellos que aspiran entrar dentro de la categoría hombre-varón-masculino, para recibir la aprobación de sus pares y sentirse parte de ese colectivo.

La historia nos ofrece con sutileza un close-up a la violencia simbólica y física, los castigos que viven las corporalidades que se salen de "la norma" esperada y sustentada por la masculinidad hegemónica.

Para María Lugones, filósofa feminista, Boys don't cry refleja una estructura simbólica profunda donde la dominación masculina se reafirma en tanto soberanía sobre los cuerpos, entendidos como territorios sobre los cuales se tiene el poder absoluto, no sólo físico sino también psicológico y moral.

A juicio de la cientista social, “la violencia sexual dentro de la trama sugiere un marcado carácter colonial, pues la finalidad de este crimen no se asocia en este caso con la satisfacción de una supuestamente incontrolable necesidad sexual, sino que su objetivo o finalidad última reside en el afán de expresar total control y dominio sobre la voluntad del otro o de la otra, a quien se quiere reducir a una condición de mero objeto”.

De todas las identidades de género que podrían haber surgido -si tomamos como dato el inagotable potencial creativo de los seres humanos, como decía casi románticamente Carlos Marx-, la película nos acerca al sistema sexo-género impuesto por la sociedad moderna occidental, constituido en forma binaria: varón/mujer, con supremacía del primero.

Brandon Teena encarna el vacío que depara a las intersecciones en el que caen las identidades no incluidas en las categorías homogéneas y hegemónicas. No hay lugar, en el sistema dicotómico y jerárquico de género instaurado tras la colonización del patriarcado, para un varón transgénero.

De acuerdo con Lugones, Boys don't cry lleva a la pantalla la violencia y el horror que genera el sistema de pensamiento hetero-patriarcal, y la defensa a ultranza de la supremacía masculina hegemónica.

Ya es momento de darle play y rodar la peli, pero no sin ponerte antes los espejuelos violetas. Espero la disfrutes y también te aporte aprendizajes sobre la construcción de las masculinidades y sus retos.

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