La Federación de Mujeres Cubanas (FMC) presentó su primera campaña por la no violencia de género.

Ania Terrero - Letras de Género / Cubadebate (Foto: FMC).- Amelia empieza la universidad, pero no puede salir sola o tener contraseñas en el móvil porque su novio se molesta. Andrea, en un matrimonio recién estrenado, sufre castigos de silencio o discusiones sin fin por ser demasiado “atrevida”, “vestir muy corto” y “hablar de más”.


Carmen no tiene voto en la gestión económica del hogar y su esposo presiona para que deje de trabajar, pero no se divorcia por temor a la vida de madre soltera entrada en años. Para Lianet, las cosas se pusieron muy feas con el confinamiento. Su pareja le cortó las alas, las redes de apoyo y terminó llena de moretones, casi a escondidas, en una Casa de Orientación de la Mujer y la Familia.

Todas, con otros nombres, son mujeres reales. Durante los últimos meses, sus historias fueron contadas en estas Letras… Son casos de violencia machista dentro de las relaciones de pareja. Algunas consiguieron salir del ciclo, otras aún lidian con los agresores y sus realidades pueden ir a peor.

Lo más preocupante es que no son relatos aislados, hechos puntuales. Como ellas, muchas mujeres de Cuba y el mundo sufren esta y otras manifestaciones de la violencia de género: desde el acoso y el control “romántico” hasta los golpes y los feminicidios, pasando por las agresiones sexuales, la mutilación genital y el matrimonio infantil. El conflicto, que nadie lo dude, está latente. Y duele. Este miércoles naranja, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, nuestra columna vuelve a ponerlo bajo la lupa.

Violencia en cifras, un asunto mundial

Según la Organización de las Naciones Unidas, el problema comprende “todo acto de violencia que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada.”

Sin embargo, la socióloga Clotilde Proveyer, coordinadora del equipo asesor del grupo nacional de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) para la atención a esta problemática social, insiste en ponerle otros apellidos: “es la violencia del patriarcado, sexista, que está condicionada por las relaciones de poder masculino existentes y que se ejerce sobre el género femenino o lo que representa este”.

Su aclaración marca una distinción vital: la violencia de género no es una suma de hechos aislados. Es consecuencia de una sociedad machista donde, por obra y gracia del patriarcado latente, hemos heredado la noción más o menos disimulada de que la mujer debe ser controlada, subordinada e incluso, agredida.

La realidad actual en el mundo es alarmante. Según un informe de ONU Mujeres, son frecuentes las agresiones por un compañero sentimental, los ataques sexuales y el acoso, la trata de seres humanos, la mutilación genital y el matrimonio infantil, entre otros.

Las cifras hablan por sí solas. En el mundo, cada día, 137 mujeres son asesinadas por miembros de su propia familia. Además, el 35 por ciento de la población femenina ha experimentado alguna vez violencia física o sexual por parte de una pareja íntima, o violencia sexual perpetrada por una persona distinta de su pareja.

Las mujeres adultas representan cerca de la mitad (el 49 por ciento) de las víctimas de la trata de seres humanos detectadas a nivel mundial, y al menos 200 millones de mujeres y niñas de 15 a 49 años han sido sometidas a la mutilación genital femenina en los 31 países en los que se concentra esta práctica.

En paralelo, menos del 40 por ciento de las mujeres que experimentan violencia buscan algún tipo de ayuda. Las agresiones se producen y reproducen debido a la impunidad de la cual disfrutan los perpetradores, y el silencio, la estigmatización y la vergüenza que sufren las víctimas.

Con la aparición del nuevo coronavirus y la consecuente reducción de los servicios de apoyo, la situación ha empeorado. Producto de los aislamientos decretados por varios países para controlar los contagios de la COVID-19, la violencia en el ámbito doméstico ha incrementado considerablemente. Estudios preliminares informan que, en algunos países, las llamadas a las líneas de ayuda se han multiplicado por cinco. Urgen más que nunca acciones coordinadas y sistemáticas para ponerle freno al conflicto.

Razones para un 25

En diciembre de 1979, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW, por sus siglas en inglés),  encargada de prmover los derechos de las mujeres en todos los espacios.

Sin embargo, no fue suficiente. Hacía falta una normativa concreta y la ONU emitió en 1993 una resolución que incluye la emblemática "Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer".

Hace 20 años, en el 2000, ese organismo designó oficialmente el 25 de noviembre como el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. La fecha tiene entre sus orígenes la necesidad de honrar la memoria de las hermanas Mirabal, tres activistas políticas de la República Dominicana que fueron brutalmente asesinadas en 1960, durante la dictadura de Trujillo.

Sin embargo, marcar una fecha es apenas una justificación. La selección de un día específico, o más recientemente de toda una jornada hasta el 10 de diciembre, busca invitar a gobiernos, organizaciones internacionales y personas en general, a tomar manos en el asunto y realizar actividades coordinadas que eleven la conciencia pública.

En su mensaje de este año a propósito de la jornada en cuestión, el Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres, destacó que “la comunidad mundial necesita escuchar la voz y las experiencias de las mujeres y las niñas y tener en cuenta sus necesidades, especialmente las de las supervivientes y las de aquellas que afrontan formas múltiples e interseccionales de discriminación”.

Añadió que también se debe dar prioridad al liderazgo de las mujeres en la búsqueda de soluciones e involucrar a los hombres en la lucha.

El tema de este 25 de noviembre es “Pinta el mundo de naranja: ¡financiar, responder, prevenir, recopilar!” y se preparan diversos actos públicos y en las redes sociales. Como años anteriores, edificios, lugares emblemáticos y espacios online "se pintarán de naranja" para recordar que necesitamos un futuro libre de violencia.

Cuba por la No Violencia

Aunque con otras cifras y circunstancias, Cuba no escapa a los desafíos marcados por la violencia de género. Según la socióloga Clotilde Proveyer, tiene que ver con que “somos un país donde el machismo y el sexismo todavía gozan de buena salud”.

Las muchas transformaciones en la situación social de las mujeres, posibles en medio de un proyecto que busca la emancipación, aún no son suficientes para desmontar el patriarcado como sistema, explicó a Cubadebate. Al fin y al cabo, este se reproduce a través de medios de comunicación, valores familiares, tradiciones y todo un grupo de estereotipos que sobreviven en la sociedad.

“Por eso, aunque presumiblemente la magnitud de la violencia de género no es igual a la de otros contextos, sus manifestaciones son las mismas que en todas partes: van desde las agresiones sutiles hasta la muerte”, destacó Proveyer.

Los datos disponibles lo confirman. Según la Encuesta Nacional sobre Igualdad de Género (ENIG-2016), desarrollada por la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI) y la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), el 39,6 por ciento de las mujeres entrevistadas declaró haber sufrido violencia en algún momento de sus vidas, en el contexto de sus relaciones de pareja.

Luego, en 2019, el informe nacional cubano acerca de cómo se afronta la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible recogió, por primera vez, un dato sobre la ocurrencia de feminicidios en 2016. “Para ese año, la tasa de feminicidios fue 0,99 por cada 100.000 habitantes de la población femenina de 15 años o más”.

No por gusto, durante su intervención en el último encuentro de la Asamblea Nacional del Poder Popular, el presidente Miguel Díaz-Canel declaró que el país debía prepararse “para legislar, por su alta sensibilidad, sobre algunos temas como la violencia de género, el racismo, el maltrato animal y la diversidad sexual”.

En ese camino, Cuba cuenta con un nuevo documento programático para el empoderamiento femenino. El Programa Nacional para el Adelanto de las Mujeres (PAM) reconoce explícitamente la persistencia de manifestaciones de violencia en la sociedad cubana, articuladas con esas relaciones desiguales de poder heredadas del machismo. Por tanto, destaca como una de las principales áreas de trabajo el escenario legislativo en torno a este tema.

En cierto modo, continua una herencia de trabajo desarrollado por la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) que, desde 1997, coordina el Grupo Nacional de atención a la violencia de género.

“En la actualidad, el grupo tiene el mandato del Estado para incidir de manera vinculante en todas las instituciones y organismos que se deben articular frente a este problema”, destacó Proveyer.

Como parte de la Estrategia Integral para la Prevención, Atención a las Víctimas y Enfrentamiento a este conflicto diseñada por ese equipo, la Línea 103 ampliará sus servicios para responder a denuncias de violencias de género y de otros maltratos que ocurren en el escenario familiar.

No solo brindará la primera ayuda psicosocial, sino que, a partir de ella, se estructurará un sistema bien articulado para la derivación a otros servicios esenciales del sistema de protección, como los policiales, jurídicos o de salud, comentó la socióloga.

Además, se preparan una Guía con un conjunto de herramientas teóricas, metodológicas y prácticas para orientar los servicios de la Línea 103, cápsulas audiovisuales que apoyen la capacitación a todo el personal vinculado y un mapa de lugares claves para hacer las derivaciones correspondientes.

En paralelo, el Ministerio del Interior avanza en el diseño de un método para procesar con mayor rapidez y oportunidad las denuncias por este tipo de agresiones pues, aunque existen procedimientos estándares, estos casos requieren una atención diferente y demandan incrementar la capacitación de las fuerzas del orden encargadas.

La semilla para el cambio está sembrada. Falta una articulación efectiva entre todas las instituciones necesarias para enfrentar la violencia de género como un conflicto transversal. En ese camino, Cuba apuesta de conjunto por la No Violencia.

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