Por Lorenzo Gonzalo*/Foto Virgilio Ponce -Martianos-Hermes-Cubainformación.- En estos días la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, conocida en sus siglas como CELAC, es la comidilla de todos.


Este suceso por sí solo hubiera sido motivo de reflexiones y alegría para la Región, pero para colmarlo, resultó que Cuba recibió de manos del encargado de ese organismo, el Presidente Sebastián Piñera de Chile, la Presidencia Tempore, lo que equivale a decir la presidencia temporal de la joven institución. Raúl Castro es el segundo presidente del CELAC.

El producto final supone ser un resultado mutante del Grupo de Río y la Cumbre de América Latina y del Caribe ya que una vez integrado éste organismo regional los otros perderían prácticamente su razón de ser.

Es primera organización regional en abarcar 33 países de la región, además de ser el único que no cuenta con la presencia de Estados Unidos de Norteamérica.

A todo esto le sigue en importancia el hecho de que se trata de una institución hemisférica que, tomada en su conjunto, está compuesta por un territorio de 20 millones de kilómetros cuadrados, 590 millones de personas, es el mayor productor de alimentos del mundo, la 3ra economía mundial y el 3er productor de energía.

Si contemplamos el suceso desde arriba, como quien mira desde una torre, nos damos cuenta que la potencialidad de desarrollo y crecimiento de semejante conjunto puede ser de enorme trascendencia. Y si avanzamos un poco más en nuestra imaginación y pasamos del conjunto a una integración madura, resultante de intereses comunes que se conjuran para enfrentar problemáticas similares, pasamos definitivamente a una dimensión donde queda superada la OEA y por primera vez, se sientan bases, para que la región marche a paso firme hacia el progreso.

La ausencia de Estados Unidos de Norteamérica de dicha organización, significa la posibilidad de que sus miembros discutan y lleguen a acuerdos, sin que ninguno de los presentes pueda sentirse intimidado, por aceptar conclusiones que disgusten al Coloso del Norte. Sobre todo por aquello de que aún quedan en la memoria histórica, temores cincelados en el recuerdo, por pasadas agresiones y bravatas, que disminuyeron la grandeza de ese país.

La CELAC será la OEA mejorada. Este organismo fue la primera agrupación regional que existió en nuestro mundo y su creación estuvo liderada por Estados Unidos de Norteamérica, en un momento que era necesario coordinar y en este caso, controlar las voluntades de los países, como medio de prevenir confrontaciones. A la luz de la Segunda Guerra Mundial, cuando el último cañón dejó de disparar, las potencias sobresalientes de entonces, Unión Soviética, Reino Unido y Estados Unidos, concibieron una agrupación que permitiese dirimir los problemas sensibles antes que apelar a las bombas y los cohetes y que de algún modo tuviese autoridad, para intervenir en la solución de los asuntos internos de sus integrantes. La OEA es creada en los meros comienzos de la fundación de la ONU, debido en gran parte porque la autoridad de aquellos países del Hemisferio americano, quedó desconocida dentro de los mecanismos de administración de ese segundo intento por crear una agrupación mundial de naciones. El espíritu de superioridad y el falso concepto de civilización, prevaleciente en aquel entonces, hicieron que Washington no concibiese a esas naciones, desintegradas en querellas de mando y arrogancias infundadas, capaces de elaborar recomendaciones y mucho menos de tomar decisiones de trascendencia universal o continental. Para consolarlas y controlarlas mejor, concibió la creación de lo que se llamó la Organización de Estados Americanos.

Sin analizar la utilidad que tuvo en muchos momentos y sin pretender disminuir su significado, tenemos que concluir que la CELAC tiene raíces en aquel comienzo y en el esfuerzo posterior que devino en una serie de empeños que hoy fructifican en un número mágico de nuestra era: 33, la edad de Cristo. Parece que comenzamos a aproximarnos a un tiempo de mayor justicia y por ende de libertades racionales. La Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe es la consagración de ese tiempo, un primer paso, en libertad, para nuestra América del Sur, Centro, Norte y del Caribe.

El hecho de que haya sido Cuba el segundo país en obtener la Presidencia Tempore, indica el rumbo de los tiempos y la conciencia colectiva latinoamericana del cambio que todos estamos haciendo, hacia la consecución de una equidad que eventualmente pueda conducir al logro de un balance de la igualdad.

La CELAC hubiese existido finalmente sin Cuba y Venezuela, porque la evolución no es patrimonio de persona o país alguno, pero sin dudas que el esfuerzo cubano por prevalecer a los errores del socialismo real, en pos de la consecución de un mundo mejor para todos y de Venezuela intentando hacer realidad el sueño de próceres como Bolívar, han sido contribuyentes de esta fundación. Sin ellos, quizás todavía estuviésemos forcejeando con los demonios que van quedando olvidados en sus infiernos.

*Lorenzo Gonzalo periodista cubano residente en EE.UU., Subdirector de Radio Miami.

Enviado por el autor a: Martianos-Hermes-Cubainformación

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