Por Hedelberto López Blanch*/Foto Virgilio Ponce -Martianos-Hermes-Cubainformación.- Mucho se especula en los medios de información sobre el posible incremento de las relaciones económicas y comerciales entre Cuba y Estados Unidos y hasta dónde podían llegar en un futuro si Washington elimina el bloqueo que mantiene sobre la Isla durante más de 50 años.


En la reciente visita oficial que realizó el presidente Barack Obama a La Habana, el ministro cubano de Comercio Exterior e Inversión Extranjera, Rodrigo Malmierca, afirmó en una conferencia de prensa que Cuba está en la mejor disposición de recibir a empresas de todo el mundo, incluido de Estados Unidos, y que las restricciones para no desarrollarlas eran unilaterales, provenientes del gobierno de ese país.

Malmierca después de explicar que las puertas estaban abiertas a todo el que deseara mantener relaciones normales con la isla, siempre basadas en el respeto a la soberanía y la independencia del país, puntualizó que “Cuba también quiere diversificar al máximo su mercado pues mientras más diversa la economía, mejor”.

El gobierno cubano sabe por experiencia propia los problemas que conllevan mantener relaciones comerciales con uno o pocos países.

Desde que en 1898 Estados Unidos llegó con sus buques para ocupar la Isla en momentos en que las tropas mambisas tenían prácticamente ganada la guerra a los colonialistas españoles, y hasta el triunfo de la Revolución cubana en enero de 1959, las compañías norteamericanas se habían adueñado de grandes extensiones de tierra, además de controlar el mercado nacional, los servicios públicos, hoteles y numerosas fábricas.

Cuando en la II Guerra Mundial los altos precios del azúcar se mantuvieron elevados a nivel mundial, algunas ramas de la economía agrícola de la isla resultaron sacrificadas, y Cuba pasó de exportador de alimentos y bienes de consumo, a una nación monoexportadora de azúcar de caña.

De 1945 a 1952, las compañías norteamericanas obtuvieron ganancias en la Isla por más de 8 000 millones de dólares

Para finales de 1958, Estados Unidos controlaba en territorio cubano, dos tercios de la vida y el mercado, el 90 % de la extracción de minerales, el 90 % de los servicios telefónicos y de electricidad, suministraban el 80 % de combustible que se consumía y era dueño de un poco más de la mitad de la industria azucarera.

Como todo el sistema económico (y el político) se dirigía desde Washington, muchos sectores que no resultaban beneficiosos para el vecino del norte no se desarrollaban, mientras que la Isla representaba un mercado seguro para la producción agrícola de Estados Unidos.

Tras el triunfo revolucionario de 1959, Washington, para tratar de ahogar al gobierno, cortó la cuota de azúcar (principal sustento del país), dejó de enviar combustible y después que Cuba respondió con la nacionalización de las propiedades estadounidense, (las que se indemnizarían con un por ciento de la cuota azucarera cuya transacción  Estados Unidos no aceptó) la administración norteña decretó el bloqueo económico contra la pequeña nación caribeña.

Ante la difícil y ahogante situación económica, Cuba recurrió a la entonces Unión Soviética y los países ex socialistas de Europa, los que casi por 30 años le suministraron a precios preferenciales, combustible, alimentos, maquinarias y equipos militares para la defensa debido a las constantes amenazas de invasión norteamericanas.

Pero al desboronarse la Unión Soviética y los países socialistas del este europeo, fueron eliminados en un abrir y cerrar de ojos, todos los intercambios con la Isla y el país cayó en una profundísima crisis económica.

Surgió el llamado Período Especial, al no poseer reservas de combustible, no podían funcionar fábricas, empresas ni transporte de ningún tipo. El Producto Interno Bruto se redujo en los años de 1990 a 2004 en un 36 % y los enemigos (también algunos amigos) veían inminente la desaparición del gobierno.

Con enorme esfuerzo, inteligencia, profesionalidad y basado en una completa unidad entre pueblo y gobierno, el país comenzó a salir del enorme aprieto económico, y hoy se  abren espacios de intercambios comerciales con disímiles naciones.

A partir de la estrategia de continuar diversificando sus socios, en la actualidad, Cuba ha ampliado los vínculos económicos con el orbe y mantiene relaciones comerciales con más de 100 países.

En cuanto a la normalización de las relaciones con Estados Unidos, éstas no podrán llegar a un mayor nivel si el bloqueo no se elimina completamente pues esa medida no solo afecta a compañías norteamericanas sino también a la de otros países que temen ser sancionadas (como ha ocurrido en varias ocasiones) por esas leyes extraterritoriales.

Pese a los cuatro paquetes de medidas anunciados en períodos recientes por Obama antes de su visita a Cuba del 20 al 22 de marzo pasado, algunas de éstas han quedado solo en anuncios como la de permitir a cubanos e instituciones financieras de la isla usar dólares para ciertas transacciones.

Ambos países cuentan con diferentes sectores en los que pueden colaborar entre los que aparecen la agricultura, el turismo, la minería, energía renovable, biotecnología, servicios de salud, entre otros, pero hasta el momento Washington solo ha autorizado inversiones en las telecomunicaciones.

Por ejemplo, pese a la probada calidad de los productos biofarmacéuticos cubanos que les han permitido alcanzar más de 30 patentes en la Oficina de Patentes de Estados Unidos, esos productos no llegan a los ciudadanos norteamericanos a causa del bloqueo, y las empresas de ese país no pueden producirlo porque los registros pertenecen a la Isla, anunció el doctor Agustín Lage Dávila, director del Centro de Inmunología Molecular (CIM).

El científico explicó el potencial de colaboración bilateral, dados los grandes puntos de contacto: la estructura demográfica y causas de mortalidad de Cuba y Estados Unidos son bastante similares, lo que hace vital para ambas naciones el control de las enfermedades crónicas no trasmisibles. «Nuestros pueblos tienen mucho que aprender uno del otro», sostuvo Lage en conferencia de prensa.

Asimismo, para que una compañía pueda utilizar sus marcas en Cuba, las empresas estadounidenses deben pedir una licencia al departamento del Tesoro, encargado de vigilar el cumplimiento del bloqueo contra la isla.

En un futuro cuando se elimine por completo el obsoleto e injusto bloqueo económico y financiero, que a mi criterio no será muy lejano, las compañías estadounidenses competirán en el mercado cubano con las de otras naciones del mundo, en igualdad de condiciones y bajo las leyes para la inversión extranjera sancionadas por el gobierno cubano.

Será un intercambio justo en beneficio común.

*Hedelberto López Blanch, periodista, escritor e investigador cubano.

Enviado por el autor a: Martianos-Hermes-Cubainformación

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