Por Iroel Sánchez Espinosa - Blog "La pupila insomne".- Es un fragmento de entrevista con Fernando Luis Rojas y Carolina García Salas para la serie “¿Qué socialismo?” de la revista Temas, publicada en abril  2019. Leer entrevista completa.


La nueva Constitución le otorga reconocimiento a la propiedad privada y define como propiedad social socialista principalmente al sector estatal. ¿Qué debe diferenciar el funcionamiento del sector privado en el socialismo (y en el capitalismo)?

La Constitución en su Título II, relativo a los fundamentos económicos del Estado, realmente afirma que en la República de Cuba rige un sistema de economía socialista basado en la propiedad de todo el pueblo sobre los medios fundamentales de producción como la forma de propiedad principal, y la dirección planificada de la economía, que tiene en cuenta, regula y controla el mercado en función de los intereses de la sociedad. Más adelante reconoce la legitimidad y carácter complementario de la propiedad privada junto a otras, que interactúan en similares condiciones y son reguladas y controladas por el Estado en el modo de contribuir al desarrollo económico y social. Es decir, las distintas formas de propiedad reconocidas participan en la construcción del socialismo, en el impulso al proceso de desarrollo económico y social del país.

Pero existe una hegemonía global en torno al tema, en eso se basa el neoliberalismo. Se refuerza repitiendo siempre que lo privado es mucho más eficiente que lo estatal, hablando en términos estrictamente económicos, no de la eficiencia social, que ya es otra cosa y que se menciona muy poco. Pero es muy difícil comparar con certeza la eficiencia de un sector con otro que recibe veinticinco veces más cuando exporta, aunque sea indirectamente, un dólar.

Creo que es en Miseria de la filosofía donde Marx dice que las categorías sociales no son eternas, que tienen un contenido históricamente condicionado. Ese sector privado o no estatal, como se le dice, puede llegar en un funcionamiento coherente, que no es el que tenemos hoy, a ser también socialista, igual que el cooperativo. Cuando nosotros creemos una armonía en el funcionamiento económico ese sector privado puede y debe integrarse mucho más a la economía socialista, como se reitera hoy por la dirección del país. Recuerdo un artículo que escribí cuando la visita de Obama en vísperas del Congreso del Partido, donde dije que la respuesta a los intentos de utilizar el sector privado como factor de cambio de régimen tenía que ser integrarlo al socialismo. Creo que las medidas que se han estado adoptando van en esa dirección, aunque a veces la realidad lo dificulte, por las mismas cuestiones que ya el General de Ejército Raúl Castro criticó en la Asamblea Nacional, la improvisación, la superficialidad, las malas prácticas que han hecho inarmónico ese funcionamiento.

También conviven en Cuba imaginarios antagónicos en torno a la propiedad privada. Más allá de las miradas apologéticas o apocalípticas, ¿cómo cree que la coexistencia de lo privado (y cooperativo) y lo estatal influye en los comportamientos, formas de pensar, valores, subjetividades de las personas?

Muchos de los problemas que nosotros tenemos, los retrocesos en valores, los actos de incivilidad, son anteriores a que hubiéramos desarrollado un sector privado, y tienen que ver también con el incumplimiento de los principios socialistas. Ahora, cuando este sector privado se inserta en esas deformaciones (dualidad cambiaria, subsidios generalizados, insuficiente control de recursos como el combustible en el sector estatal… entre otras) eso trae resonancias.

Pero no es una cuestión automática, no es que una cosa genera la otra. Depende del entorno, de si se integra al sistema, si es coherente con el funcionamiento del sistema o no. Si nosotros tuviéramos ese problema resuelto, por ejemplo, no hubiera una emigración de un sector al otro. Yo creo que el centro es la desigualdad económica y social. Pasa con todo, Internet, por ejemplo, es una herramienta ideal, pero en un entorno de injusticia, amplifica la desigualdad. Entonces, en un contexto donde el trabajo no es todavía la vía fundamental de satisfacción de las necesidades de la gente, estas relaciones se complejizan.

Habría que ver si esos imaginarios serían los mismos en un entorno en el que una moneda no valiera veinticinco veces más en un sector  que en el otro, donde la electricidad y el agua no  fueran subsidiadas para unos y para otros no, donde la empresa estatal fuese realmente eficiente, donde se tuviera la misma autonomía en uno y en el otro. Pero no creo que se trate de una asociación automática, de decir ”el sector privado reproduce el capitalismo”. Cuando en una empresa estatal hay corrupción, ¿puede decirse que hay socialismo ahí? Hay que combatir al corrupto, pero también al corruptor, porque la desigualdad es corruptora, la desigualdad no basada en el aporte, en el trabajo, es muy dañina. Entonces en buena medida se dan esos problemas porque el entorno no es el adecuado.

El sector privado en el socialismo que defendemos puede y debe aportar al desarrollo del proyecto socialista al menos en tres términos: crecimiento económico, justicia social, y soberanía nacional. Lo contrario de asociarse a un poder extranjero interesado en cambiar el régimen económico y social existente en Cuba y que acaba de ser respaldado con el voto contundente del pueblo, o violar derechos de los trabajadores como la maternidad, las vacaciones, la protección ante los accidentes de trabajo, o dañar el medio ambiente.

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