Por Arthur González*/Martianos-Hermes-Cubainformación.- Sin duda alguna, Michael Kozak, subsecretario de Estado yanqui para el Hemisferio Occidental, padece de Alzheimer en etapa avanzada y prueba de ello son sus recientes declaraciones de que “El 26 de julio, día de la rebeldía nacional en Cuba, fue el inicio de 60 años de represión y miseria en la Isla”, porque según él: “ese día comenzó la debacle que años más tarde fue azotada por el hambre, la miseria y la represión, gracias al movimiento comunista que lideró el “cenicero andante”, Fidel Castro”.


Causa lástima que ese alto funcionario del gobierno de Donald Trump, quien fuera jefe de la Sección de Intereses en La Habana y pudo comprobar la diferencia de Cuba con otros países del área, haya perdido totalmente la memoria de forma tan abrupta, y olvidara que su propio gobierno es el responsable de la guerra económica, comercial, financiera y biológica más criminal que jamás haya resistido pueblo alguno, solo por desafiar el poderío yanqui, lo que el mundo reconoce a pesar de las campañas fabricadas contra la Revolución.

El 26 de julio de 1953, un grupo de jóvenes liderados por el abogado Fidel Castro Ruz, agobiados por la miseria y el despotismo del dictador Fulgencio Batista, quien asumió la presidencia del país por un golpe de Estado con el visto bueno de Washington, ejecutaron el asalto a los cuarteles Moncada, en Santiago de Cuba y Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo, ambos ubicados en la provincia de Oriente.

Aunque esas acciones fracasaron, fueron el motor impulsor de la lucha popular contra el tirano Batista, derrocándolo el 1ro de enero de 1959, a pesar del apoyo militar y político que le brindaba Estados Unidos.

Kozak olvidó la situación imperante en la Isla antes de 1959, cuando el régimen del dictador Fulgencio Batista asesinaba diariamente a los que se oponían a su desgobierno, acumulando no menos de 20 mil muertos, unido a monstruosas torturas que sufrían los encarcelados a manos del Servicio de Inteligencia Militar (SIM) y el Buró para la Represión de Actividades Comunistas, (BRAC), la policía y los grupos paramilitares comandados por Rolando Masferrer, todos con asesoría de funcionarios norteamericanos del FBI y la CIA, comprobado en documentos oficiales de los archivos del SIM, donde se encontraron copias de credenciales expedidas a nombre de Charles W. Wilson, John J. Wachter, Eltor T. Phather y otros, como agentes investigadores, cuyo domicilio declarado era la embajada de Estados Unidos en La Habana.

Una pena que la enfermedad no le permita a Kozak recordar que, en época de Batista, con el apoyo total de Estados Unidos, la mortalidad infantil en Cuba era de 60 por mil nacidos vivos, los parásitos intestinales minaban los cuerpos de los niños campesinos, y en las zonas rurales del país no había médicos ni hospitales.

En 1958 más de la tercera parte de la fuerza de trabajo cubana estaba desocupada y el salario per cápita de los obreros agrícolas era de 25 centavos diarios. Las ciudades tenían la mendicidad como escenario cotidiano, con hombres, mujeres y niños durmiendo en las calles y pidiendo limosnas.

Muchos menores tenían que trabajar para ayudar a su familia, limpiando zapatos, cortando caña, vendiendo periódicos o billetes de lotería, sin poder asistir a la escuela, de ahí el alto nivel de analfabetismo que, según cifras oficiales, cerca de 550 mil niños de 6 a 14 años no estudiaban y el 23,6% de la población mayor de 10 años era analfabeta.  El 30 % del campesinado no sabía ni siquiera firmar y el 90 % no conocía la historia de su patria, cuando Cuba tenía 6 millones de habitantes.

La discriminación racial era tan alta, que los negros no podían caminar por dentro de los parques, solo se les permitía bordearlos, además de no poder trabajar en restaurantes, ni bancos, tiendas, o farmacias, porque los blancos no lo aceptaban.

Kozak parece que ya no puede recordar lo escrito por uno de sus antecesores, el sub secretario Lester Mallory, cuando en abril de 1960 apuntó:

“…el único medio previsible que tenemos hoy para enajenar el apoyo interno a la Revolución es a través del desencanto y el desaliento basado en la insatisfacción y las dificultades económicas. Debe utilizarse prontamente cualquier medio concebible para debilitar la vida económica de Cuba. Negarle dinero y suministros para disminuir los salarios reales y monetarios, a fin de causar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno”.

El Alzheimer le impide tener presente lo señalado por la CIA en uno de sus tantos informes sobre Cuba, el cual afirma:

“El principal objetivo de los Programas Encubiertos contra Castro, es completar el aislamiento económico, político y psicológico de Cuba respecto a América Latina y el mundo libre….  Estas medidas han sido en buena parte responsables de las actuales dificultades económicas de Castro, pero pudieran adoptarse nuevas y eficaces medidas de Guerra Económica”.

Pero la verdad se impone y la prueba contundente de la diferencia de lo que hoy tienen los cubanos, es el eficiente enfrentamiento a la pandemia de la Covid-19, que, a diferencia de Estados Unidos, Brasil, Chile, Perú, Ecuador, Colombia y la vieja y culta Europa, Cuba solo acumula 87 fallecidos y desde hace más de 30 días, 10 de las 14 provincias del país no registran un solo caso de contagios, mientras en Estados Unidos los muertos y enfermos aumentan por horas.

Kozak pasará a la historia sin penas ni glorias; sin embargo, Fidel Castro tiene una obra admirada por miles de millones de personas en el mundo y aunque los yanquis quieran hacerlo olvidar, estará presente en cada obrero, estudiante, intelectual, profesional y ama de casa, que reconocen de su solidaridad y la valentía con la que enfrentó la voracidad imperial por asesinarlo, sin jamás haberlo logrado.

No por gusto afirmó José Martí:

“No sé de venganza más dulce que la de producir una obra superior aun, a la que nos critican”

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