Andrés Marí - Cubainformación / Fundació Vivint.- (El viejo ya está en la calle, cerca de su casa donde lo espera su viejita. Él está tranquilo y vuelve a buscar en sus bolsillos la bebida prodigiosa. Toma varios sorbos y los disfruta mientras mira sin gran interés el paisaje. Finalmente abandona la escena. Es cuando el ya maltratado cuerpo del actor se deshace de su viejo y sin dejar de oírlo, comienzan a torturarlo los aditamentos del joven final).


VOZ EN OFF. “Ya nadie quiere a nadie, se acabó el querer. A, a, ag, ¿por qué cantamo eso? Eso’e lo que usté tiene que preguntarse y despué haga el dicursito”.

EL JOVEN: (ENTRANDO A LA ESCENA CON GRAN RAPIDEZ Y AVANZANDO CON UN MARTILLO EN LAS MANOS) Ya llegué... Soy yo, mi vieja, Rodolfo. ¿No me  esperaba? Tenía que venir… (SE SIENTA EN UN BANCO, QUIERE DESCANSAR, OLVIDAR LO QUE HA VENIDO A EJECUTAR) Qué ocurrencia vivir tan lejos del centro... ¿Quiere maní? He corrido durante toda la mañana. ¿No lo cree?… (SE INCORPORA: HA DE EJECUTAR SU ACTO FINAL) ¿Por qué piensa que le estoy mintiendo? No, no se asuste… (EL ACTO SE LE RESISTE) Se ve tan linda en ese sillón. Usted nunca va a ser una vieja arterioesclerótica. Sí, de verdad…

(Y PARECE QUE OLVIDA SU MISIÓN) Qué risa más linda. No le dé pena, ríase, ríase… Así, así… (LLORA, NO PUEDE EXPLICARSE LO QUE LE PASA) ¡Qué silencio!…  Qué silencio… (Y APARECE EL ACTO EN TODO SU DESGARRAMIENTO) ¡¿Dónde está el dinero?! ¡¿Dónde está el dinero?! ¡¿Dónde?! (BUSCA EN LOS MUEBLES, TIRÁNDOLOS CON FUERZA Y VUELVE A SU VÍCTIMA) ¡Tranquila, quietecita!... Tiene que cambiar esa actitud, mi vieja. Es muy malo estorbar a la gente. No hay tiempo… ¡Italia está muy lejos!… (SE LE APARECEN TODOS LOS OTROS PERSONAJES Y LOS INCORPORA EN FORMA DE ALGÚN PEQUEÑO DETALLE) ¡Me cago en diez, carajo, no llore, coño! Dame la pinza, mamá. No se mueva, mi vieja. El maestro no se puede equivocar en el cálculo entre mi brazo y su cabeza…

¡Cállese! (SABE QUE ÉL ES EL ÚNICO PRESENTE) Aquí no hace falta más nadie. Basta un brazo para sostener un martillo. (SE ENCOLERIZA)¡¿Quién es usted, vieja podrida?! ¡¿Qué vieja?! ¡¿La vieja de quién?! ¡Contésteme, ¿quién es usted?! (RECUERDA A TODAS LAS MADRES Y VIEJAS DE QUE LE HABLARON TODOS LOS DEMÁS, PERO NO SABE A CUÁL DE ELLAS TIENE DELANTE Y VUELVE A SUS SUEÑOS INFANTILES) Cosmonauta… Piloto… Chofer… Constructor… Enfermero… ( PERO NO LOS VE Y SE PIERDE EN LA NIEBLA DEL ACTO) ¿Quién es usted?… ¡Médico! ¡Médico!.. (Y CON ESA PROFESIÓN EMPIEZA A DAR SUS TERRIBLES MARTILLAZOS SOBRE LA CABEZA DE LA VIEJA HASTA SENTIR QUE YA NADA EXISTE A SU ALREDEDOR).

Qué silencio… Qué silencio… ¡Vieja!… ¡Vieja!... (SE ACERCA AL SILLÓN ENSANGRENTADO) Vieja... (EN SUS MANOS SE ALZA UNA BATA DE MÉDICO Y LA BESA: NO HA PASADO NADA. ÉL ES EL MÉDICO QUE SOÑÓ Y HA DE CUMPLIR SU DESTINO) Qué paz... Qué paz… (SE VISTE CON LA BATA Y ESTIRA UN BRAZO HACIA DONDE HAY UNA HISTORIA CLÍNICA, PERO UNA FUERZA MAYOR LO AGARRA POR EL OTRO BRAZO Y ENTRE LOS DOS ESTIRAMIENTOS PARECEN ROMPERLO  DE MANERA QUE, DURANTE UN PEQUEÑO INSTANTE, ÉL SOLO EXISTE EN EL ESPANTOSO VAIVÉN QUE LO ARRASTRA A UN LADO Y A OTRO HASTA QUE LOGRA RECUPERARSE Y VA HACIA EL SILLÓN) Niño... Niño... Niño… (TOCA LA SANGRE Y RETROCEDE, NO SABE QUÉ PUEDE HABER PASADO)

¿Por qué tanta sangre?.. ¡Un niño de ocho años no puede tener tanta sangre!.. (MIRA LA CARTERA ESCOLAR DE SU INFANCIA, LA COGE, LA ABRE, SACA EL GLOBO Y NO ENTIENDE. ENTONCES PREGUNTA A SUS OTROS COMPAÑEROS MÉDICOS: EL PÚBLICO, IGUAL QUE AL INICIO) ¿Quién era este niño? Estoy preguntando. ¿Quién era este niño? (AVANZA CON EL GLOBO) ¿Por qué callan? ¿A qué vinieron ustedes? Esto no es el cine, es la vida. (GUARDA EL GLOBO EN LA CARTERA ESCOLAR, RECOGE LA HISTORIA CLÍNICA DEL SUELO Y VUELVE A SUS COMPAÑEROS MÉDICOS.

AHORA ÉL ESTÁ MUY TRANQUILO EN SUS REFLEXIONES) Por una peliculita de mierda no prestaron atención a las placas. A la fuerza tuve que traerlos. Y llegamos tarde. Todos podemos tener una justificación, pero eso no sirve. ¿No se dan cuenta? Nada nos justifica. Cada niño es un sueño. Eso hay que defenderlo. Podemos, o no podemos, y basta. Esto es sólo una advertencia. Estamos matando a los sueños…

(SÚBITAMENTE, ÉL ENTIENDE Y DEJA CAER LA HISTORIA CLÍNICA. ES CUANDO EL HORROR LE QUITA CON RUDEZA LA BATA DE MÉDICO Y LO VA EMPUJANDO HACIA EL CALVARIO QUE ÉL YA CONOCE. POR MUCHO QUE SE AFANE RABIOSAMENTE EN NO ACEPTARLO, ÉL SABE QUE HA LLEGADO A SU FINAL Y CARGA CON SU CRUZ AL TIEMPO QUE VA CREANDO UN CAMINO DE LÁGRIMAS. PERO TODAVÍA LE QUEDA UNA ESPERANZA: LLAMAR AL SILENCIO MIENTRAS INTENTA COGER EL GLOBO QUE SE LE ROMPE EN LAS MANOS) Qué silencio, qué silencio… (COMO EL NIÑO QUE FUE, GOLPEA LA REJA BUSCÁNDOLO, PERO YA ESTE NIÑO HA PERDIDO SU SUEÑO Y HABRÁ DE ESPERAR, EN EL SILENCIO, QUE NUNCA MÁS ALGUIEN NOMBRE A UN CUBANO “EL ITALIANO”…)

FIN

………………………………………….

11- NOTAS Y AGRADECIMIENTOS

A todos, en todos los sitios en que actué o recité mis versos escritos en Angola y pude compartir luego ‘el algo’ que la Revolución Cubana significó en mi vida. Y por supuesto, porque los cubanos solemos ser extremadamente cariñosos, a todos agradecí las inquietudes que me plantearon, contesté lo mejor que supe y a todos también di las gracias por los descubrimientos que me hicieron sentir.

Ahora –y como dicen los viejos--, ya de regreso de todo, pero no queriendo aburrir con la espléndida lista de asombros vividos, intento con ella esta extraña metonimia: ¡Qué maravillas se me sucedieron en tan corto tiempo y me juntaron todos los espacios! Desde el volcán Chimborazo en los Andes Ecuatorianos y a través de una estrecha callejuela romana, estaba en la Fontana de Trevi donde, apenas sin respirar, sus aguas ya convertidas en el Nilo, me llevaron al templo egipcio de Philae e hice un descanso, rápido, porque en pocos segundos ya sonreía en el santuario de Copán, ¿en Honduras?, sí, ya que fue en el país de la Virgen de Suyapa donde confundí los Museos Vaticanos con el Británico de Londres -- los más grandes expoliadores de la historia-- y olvidé casi por completo que un día pasé por las montañas del Cáucaso, admiré la Alhambra de Granada y el David de Miguel Ángel en Florencia, para ya no entender nada de la colosal diversidad que, como un jardín monumental frente al miserable cielo plomizo de Nueva Delhi, celebra la Fe Baha’i.

Entonces, prescindo de todo, doy las gracias a mi amigo Sanjay Jaiswal, y murmuro mis versos en la casa de Rabindranath Tagore en Calcuta para volver a mi ‘infancia’ en India, un país que se debate entre las más ostentosas riquezas y las más espantosas miserias. Aunque no es el único sitio donde tales extremos del mundo se tocan y se dan la espalda antes que alguno de ellos intente disolver en ácido al otro. Y no estoy pensando solamente en mis “dolorosas Repúblicas de Nuestra América” ni en los tugurios en que se embalsaman millones de africanos y asiáticos. También se cultivan esos infiernos en las periferias de la Basílica de San Marcos en Venecia y en la Catedral de Notre Dame en París. Y pienso de qué nos ha servido tanta grandeza… Sí, ‘algo’ ha de servirnos si realmente lo son.

Bueno, no creo que ello sea ningún consuelo, solo es que eso es este mundo y por el momento no tenemos otro, aunque…, nada, si yo me aparezco con estas historias a mis amigos cubanos que vivieron todo el “Periodo Especial”, un hecho duro, sí, bien duro, si lo pongo al lado de mis mejores visiones --nadie lo negaría--, pero un paraíso si lo comparo con las peores… No sé, a los cubanos nos encanta mirar nuestros problemas e intentar resolverlos sin compararnos con nada ni con nadie. Quizás por ello escribí y me atreví a dirigirme e interpretar “El Italiano”.

Fui un niño, como cualquier otro, pero en La Habana de mis 10 años de edad limpiaba zapatos en la calle Galiano por las mañanas, y por las tardes vendía jabas en la puerta de la tienda “Fin de Siglo” que daba a la calle Aguila. Es que, al parecer, el tiempo ha pasado para decirme que solo por haber nacido en Cuba, he podido ser un hombre, como decía Machado, “en el buen sentido de la palabra, bueno”, al alcanzar ‘el algo’ que puedo compartir con todos: las luchas e ideas cubanas por encima –si me lo muestran algún día--, de las mil maravillas del Edén.

(Y FINALIZA EN AGRADECIMIENTOS 12)

Serie completa "El italiano"

1.1. "El italiano”: Una experiencia artística de la Revolución Cubana. Notas 1

1.2. "El italiano”: Una experiencia artística de la Revolución Cubana. Textos 1

1.3. “El italiano”. Una experiencia artística de la Revolución Cubana. Vídeo 1

2.1. “El italiano”. Una experiencia artística de la Revolución Cubana. Notas 2

2.2. “El Italiano”. Una experiencia artística de la Revolución Cubana. Textos 2

2.3. “El italiano”. Una experiencia artística de la Revolución Cubana. Vídeo 2 - La madre

3.1. “El italiano”. Una experiencia artística de la Revolución Cubana. Nota 3

3.2. “El italiano”. Una experiencia artística de la Revolución Cubana. Texto 3. La Vecina

3.3. “El italiano”. Una experiencia artística de la Revolución Cubana. Vídeo 3 - La Vecina

4. 1. “El italiano” Nota 4. Una experiencia artística de la Revolución Cubana.

4. 2. “El Italiano”. Una experiencia artística de la Revolución Cubana. Textos 4: ‘El maestro’

4. 3. “El Italiano”. Vídeo 4: ‘El Maestro’. Una experiencia artística de la Revolución Cubana.

5.1. “El Italiano”. Nota 5: El amigo. Una experiencia artística de la Revolución Cubana

5. 2. “El Italiano”. Texto 5. Una experiencia artística de la Revolución Cubana.

5.3. “El Italiano”. Vídeo 5: ‘El amigo’. Una experiencia artística de la Revolución Cubana

6.1. “El italiano”. Nota 6: ‘El empleado’. Una experiencia artística de la Revolución Cubana

6. 2. “El Italiano”. Texto 6: ‘El empleado’. Una experiencia artística de la Revolución Cubana

6. 3. “El Italiano”. Vídeo 6: El empleado. Una experiencia artística de la Revolución Cubana

7. 1. “El Italiano”. Nota 7: ‘El viejo’. Una experiencia artística de la Revolución Cubana

7. 2. “El Italiano”. Texto 7: ‘El viejo’. Una experiencia artística de la Revolución Cubana

7. 3. “El Italiano”. Vídeo 7: ‘El viejo’. Una experiencia artística de la Revolución Cubana

8. 1. “El Italiano”. Nota 8. Una experiencia artística de la Revolución Cubana

8. 2. “El Italiano”. Texto 8: ‘El joven final’. Una experiencia artística de la Revolución Cubana

8. 3. “El Italiano”. Vídeo 8: ‘El joven final’. Una experiencia artística de la Revolución Cubana

 

* Andrés Marí es escritor, profesor y actor cubano residente en Catalunya.

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