Por Arthur González*/Martianos-Hermes-Cubainformación.- Con su acostumbrado lenguaje dudoso, los once Obispos de Cuba y el Cardenal Juan de la Caridad García Rodríguez, firmaron en días pasados un mensaje por la Navidad para el pueblo de la Isla, el cual se suma a las campañas enemigas financiadas por el gobierno de Estados Unidos, al exponer: “Una buena noticia para los cubanos sería que la intolerancia dé paso a una sana pluralidad, al diálogo y a la negociación entre los que tienen opiniones y criterios distintos…Otra buena noticia para los cubanos sería que se evite la violencia, la confrontación, el insulto y la descalificación”.


¿Quién tiene intolerancia, no acepta la pluralidad, el diálogo, los criterios diferentes, promueve la violencia y los actos terroristas?

Los Obispos saben perfectamente que son los Estados Unidos quienes practican todo eso.

Aun los padres y madres cubanas esperan por el mea culpa de la Iglesia Católica y la solicitud de perdón, por haber participado con la CIA en la tenebrosa y despiadada Operación Peter Pan, que mediante la mentira y la amenaza de que “el gobierno revolucionario les quitaría a sus hijos”, 14 mil 48 menores de edad, fueron enviados a orfanatos en Estados Unidos, donde muchos sufrieron penurias maltrato y hasta violaciones sexuales.

El clero cubano conoce perfectamente el diseño subversivo contra la Revolución desde el 1ro de enero de 1959, cómo los yanquis quisieron involúcralos en actividades muy alejadas de la prédica de la palabra de Dios y aun hoy son presionados desde el exterior para que se sumen a las campañas para satanizar al gobierno, incluida la mentira de que no hay libertad religiosa en Cuba, algo que la Conferencia de Obispos nunca ha desmentido para no buscarse el rechazo yanqui.

 

Llama la atención en este mensaje navideño, por primera vez en 60 años, se refieren suavemente al bloqueo, aunque para estar a tono con los enemigos del pueblo cubano, afirman: “Deben cesar los bloqueos externos e internos”.

Nunca han condenado esa terrible guerra económica, comercial, financiera y biológica ejecutada por Washington, que solo trae males para un noble pueblo esforzado por resistir penurias, ni tampoco se han pronunciado por las permanentes y constantes sanciones que pretenden matar por hambre y enfermedades a 11 millones de personas, incluidos niños y ancianos.

Ahora que el país atraviesa un profundo cambio económico, incrementa el trabajo no estatal, da más autonomía a las empresas y crecen las cooperativas no agrícolas, los Obispos se lanzan a pedir que “se liberen las fuerzas productivas y se preocupan por la reforma monetaria y la necesaria justicia social”.

¿Será que no quieren ver, o tienen que emplear esos términos para no desagradar a los que nunca han aceptado pluralidad de ideas y el derecho de los cubanos a ser soberanos e independientes?

¿Por qué razones no reconocen en su mensaje la labor humanitaria de los médicos, enfermeras, científicos y personal de la Salud, quienes a pesar de esa cruel guerra económica logran mantener a raya a la pandemia de la Covid-19, como no lo hace el poderoso vecino del norte, ni los europeos?  

Eso es justicia social y mucho amor al prójimo, donde a nadie se le pregunta si es simpatizante al gobierno o no, para ser atendido con todos los recursos disponibles en el país.

Justicia social también es mantener una canasta de productos alimenticios para todos por igual, a precios subsidiados, incluidos a los agentes que trabajan para el gobierno de Estados Unidos, algo impensable en el sistema capitalista donde nadie se preocupa por los desposeídos.

Con una prosa hipócrita, los Obispos y el Cardenal afirman:

“Lamentamos ver al pueblo, del cual formamos parte, cansado y agobiado por las carencias materiales, el cansancio espiritual, la insuficiente economía personal, familiar y nacional que afectan duramente la vida presente y ensombrecen el futuro”.

Tal parece que los prelados nunca se enteraron que Lester D. Mallory, Subsecretario de Estado yanqui, redactó el 6 de abril de 1960 un informe que expresa:

“El único medio previsible que tenemos hoy para enajenar el apoyo interno a la Revolución es a través del desencanto y el desaliento basado en la insatisfacción y las dificultades económicas. Debe utilizarse prontamente cualquier medio concebible para debilitar la vida económica de Cuba; negarle dinero y suministros para disminuir los salarios reales y monetarios, a fin de causar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno”.

Los Obispos, antes de dar opiniones políticas que no le tocan, tienen que estudiar la historia de lo que el pueblo cubano ha soportado y que a decir de la propia CIA:

“El principal objetivo de los programas encubiertos contra Castro es completar el aislamiento económico, político y psicológico de Cuba respecto a América Latina y el mundo libre…Estas medidas han sido en buena parte responsables de las actuales dificultades económicas de Castro, pero pudieran adoptarse nuevas y eficaces medidas de Guerra Económica”.

Nada de esto es propaganda comunista, es la verdad que muchos no quieren reconocer y sería muy bien acogido por el pueblo de Cuba, que la Conferencia de Obispos Católicos condenara enérgicamente las acciones terroristas ejecutadas por Estados Unidos, las que han dejado miles de huérfanos, viudas y padres llorando por sus hijos perdidos, hechos que sí afectan duramente sus vidas.

La Revolución no abandona a sus hijos y prueba de ellos es el nivel educacional, de salud, cultura y desarrollo psicosocial que hoy tienen los nacidos y criados en esta heroica Isla, así como la seguridad social que atiende a los ancianos y niños sin amparo filial, algo que muchos en América Latina desearía tener.

Recordemos a José Martí cuando aseveró:

“El mejor modo de hacerse servir es hacerse respetar”.

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