Por Lorenzo Gonzalo*/Foto Virgilio Ponce -Martianos-Hermes-Cubainformación-Radio Miami.-  En junio de 2013 Frente a la Casa Blanca, pidiéndole a Obama que libere a los Cinco Héroes cubanos.


 

La Alianza Martiana es una poderosa institución integrada por cubanos y latinoamericanos que lucha por el respeto a la soberanía de Cuba y los pueblos del Continente Americano. Pero antes de mencionar brevemente su significado haremos una pequeña reseña del Miami que le dio origen.

La década de los noventa fue una de las más productivas para el despertar de la conciencia del cubano emigrado en Miami y Estados Unidos en general y para muchos, el fin del exilio y su reencuentro con su país.

Diversos factores contribuyeron a ese desenlace. El principal de ellos fue la aterradora realidad de que una invasión, intervención o acción violenta contra Cuba eran probabilidades para ciertos círculos de poder en Washington, estimulados a su vez por la influencia política alcanzada por las fuerzas conservadoras cubanas, en especial durante el gobierno del presidente Ronald Reagan, cuando la contrarrevolución fue convertida en un Comité de Acción Política con amplios accesos al gobierno federal.

Esa realidad aterradora de una posible invasión movió el espíritu nacional de muchos cubanos, tanto emigrados como exilados quienes, al margen de diferencias ideológicas o estilos de dirección del gobierno de Cuba, eran opuestos a una intervención en sus asuntos internos y mucho menos de carácter militar.

Al calor de esas preocupaciones surgieron personas dispuestas a contribuir con su presencia e incluso con sus peculios personales, para analizar los errores cometidos durante el proceso revolucionario, de una y otra parte.

Radios y prensas alternativas, reconociendo la legitimidad del gobierno y la necesidad de reconstruir las relaciones entre emigrados y gobierno, alzaron sus voces con vigor y lograron movilizar la opinión de la migración cubana y de muchos personeros del grupo de poder estadounidense que, hasta entonces, sólo habían escuchado al sector militantemente anticastrista y defensores de la intervención armada en la Isla.

Como consecuencia de la novedosa información recibida a través de los medios alternativos señalados y alentados por las flexibilidades que lentamente adoptó el gobierno cubano para facilitar las visitas a familiares, se crearon acercamientos positivos entre unos y otros.

A finales de la década del noventa, debido a una serie de sanciones y medidas impositivas de Washington recrudeciendo el bloqueo, el renacer de actividades violentas de elementos contrarrevolucionarios y el enlentecimiento del gobierno cubano para continuar implementando medidas favorables a los emigrados, surgieron confrontaciones entre Cuba y Estados Unidos que condujeron finalmente a reducir los contactos entre aquel movimiento múltiple de emigrados, las organizaciones progubernamentales y especialmente, la más importante de todas, las compuestas por aquellos cubanos de origen que asumieron la madurez de reconocer la legitimidad del gobierno y oponerse al bloqueo y a toda forma de intervención foránea en los asuntos internos de Cuba al margen de sus discrepancias. Este sector al no estar de acuerdo con el sistema cubano, pero a pesar de ello apoyarlo, los presenta ante el público estadounidense como sus iguales, dentro de esa lógica a la que están acostumbrados sus ciudadanos de reconocer gobiernos aun cuando no los apoyen. A ese particular agregamos que, para el estadounidense, el hecho que ese sector sea aceptado en Cuba y sus demandas escuchadas, los hace más creíbles ante las autoridades políticas federales que incluso la de los propios estadounidenses que cabildean en contra del bloqueo. Son un factor importante de influencia dentro de la clase moderada y conservadora de ese país y quizás poco comprendido en algunas esferas de la Isla.

Ante aquel enfriamiento y la disminución de recursos por parte de instituciones estadounidenses que contribuyen a esos fines, el periodista Max Lesnik propone la creación de un organismo apartidista que fue bautizado como Alianza Martiana. La idea surge a propósito de la existencia de un local perteneciente a la revista Réplica, donde Max asistía todos los días, compartiendo con amistades y personas diversas que frecuentaban el sitio para socializar.

Max alegaba que poseer un local no sólo permitiría sostener con vida el organismo en cuestión sino que obligaría también a la prensa local a realizar coberturas periodísticas de sucesos relacionados con Cuba por la facilidad de existir un lugar al cual dirigirse en todo momento. Este razonamiento era muy válido dado que la prensa había sucumbido a las presiones y amenazas de la Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA).

El criterio ecuménico de Max permitió que concibiera aquel tipo de club social como una sombrilla donde nos cobijáramos todos los que nos oponemos al bloqueo embargo y así comenzaron a ser invitados instituciones como Jewish Solidarity, miembros de la Brigada 2506 que participaron en el desembarco de Playa Girón y cuantas personas habían sido motivados a oponerse al embargo por la prensa y la radio alternativa de los años noventa. Con el correr de los primeros meses fue invitada a participar también la Brigada Antonio Maceo, conformada principalmente por personas inclinadas a defender las políticas del gobierno cubano y que de buen gusto aceptaron marchar junto con las distintas tendencias que conformamos inicialmente la Alianza.

En el año 2003, se terminaron los fondos de dos programas de radio alternativo: el del CCD (Comité Cubano por la Democracia) y otro que dirigía el periodista Sánchez Cifuentes. Ya con anterioridad habían desaparecido otros medios, entre ellos el más importante de carácter impreso: la revista Contrapunto.

Todo ese conjunto de eventos dejó prácticamente sin voz al emigrado y los exilados que batallamos por un acercamiento entre ambos gobiernos y el fin del bloqueo. Fue así como una noche, ante una sugerencia del periodista Max Lesnik, en una conversación privada e informal que ambos tuvimos en su casa, Max me preguntó si yo podía hacer gestiones con el dueño de una de las compañías chárter más grande de ese momento, amigo personal, para obtener algunos recursos que nos permitieran abrir una radio que asumiera las funciones de las anteriores. Al día siguiente hice la gestión obteniendo un cheque de cuatro mil dólares del chateador Daniel Blanco. A ese empeño se sumaron otros empresarios que también participaban de la industria de los vuelos a Cuba. Comenzó entonces Radio Miami, nombre ideado por Max, argumentando que toda gran ciudad tiene una emisora con su nombre, excepto Miami. En aquel momento surge la idea de Radio Miami.

Aunque la Alianza no tuvo el éxito avizorado como punta de lanza que pudiese tocar en los pasillos de Washington, llevando el mensaje de los buenos cubanos amantes de su país, familiares y amigos que allí viven, por diversos motivos que están de más analizar en esta breve síntesis, la presencia de algunos antiguos exiliados como Max Lesnik y otros que formábamos parte de la institución y un más nutrido grupo de personas favorables incondicionales del gobierno cubano pero que respetaban las posiciones de los demás, la Alianza Martiana junto con Radio Miami, en vivo y en directo por unos años, cumplió un excelente rol en una de las batallas políticas más importantes de la emigración y el estado cubano, después de ganada la gestión que culminó con el retorno al país del niño Elián González: la gestión por la liberación de los Cinco agentes capturados a fines de los noventa.

Durante años difíciles para sortear posiciones de esa naturaleza en Miami, la Alianza organizó caravanas de autos pidiendo el fin del bloqueo, realizó manifestaciones frente a las oficinas de congresistas locales y federales pidiendo la devolución del niño Elián a su padre en Cuba, el fin del bloqueo y la libertad de esos Cinco agentes que batallaron desde el peligro y la soledad para evitar que la contrarrevolución cometiera actos terroristas contra la ciudadanía cubana.

Fue un largo proceso donde muchos que ya hemos envejecidos pudimos hacer los últimos esfuerzos que nos son dados para que un día pueda terminar la larga noche de oprobio que mancha el honor de Washington y sus seguidores.

La Alianza sigue de pie y así continuará, mientras una sola persona esté dispuesta a luchar en pro de los fines que la fundaron: el fin del Embargo-Bloqueo, respeto a la soberanía del país, manos fuera de Cuba y de todos los países del Continente Americano desde el Sur del Río Bravo hasta la Patagonia.

 

*Lorenzo Gonzalo, periodista cubano residente en EE.UU., Subdirector de Radio Miami.

 

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