Por Lorenzo Gonzalo*/Foto Virgilio Ponce -Martianos-Hermes-Cubainformación-Radio Miami.- Trump no fue lo suficientemente competente para llevar a cabo un «golpe de estado cuidadosamente planeado», «Como alguien que ha ayudado a planear golpes de estado, no aquí, pero ya sabes (en) otros lugares, se necesita mucho trabajo. Y eso no es lo que él (Trump) hizo”. Así se expresó John Bolton el martes 12 de julio al ser entrevistado por Jake Tapper, presentador de la cadena CNN.


Para quienes no lo conocen, diremos que Bolton fue Embajador de Naciones Unidas durante un período del gobierno de George W Bush y también consejero de seguridad nacional de la Casa Blanca durante la presidencia de Trump.

No es de caballeros hacernos los sorprendidos cuando escuchamos aquello que ha sido denunciado durante décadas con datos cuidadosamente comprobados y otras por confesiones hechas con desfachatez y total irrespeto por la soberanía de otras naciones. Pero no es menos cierto que, una cosa es lo que hemos leído, y otra cuando las escuchamos a través de crudas declaraciones, manifestadas con absoluta naturalidad. Especialmente cuando sabemos también que lo dicho es asumido por quien lo expresa como algo a lo cual tiene pleno derecho.

John Bolton, persona que puede ser protagonista de esas películas que muestran oscuras conspiraciones y prohibidas acciones, que sólo existen en la imaginación de cerebros convencidos no sólo de su impunidad, sino también de su infalibilidad, ninguneó a su antiguo jefe como incapaz “de planear cuidadosamente un coup d´etat”, basándose al decir esto en la forma en que Trump imaginó la revuelta del 6 de enero de 2021.

Aunque al comentarlo nosotros no estamos agregando nada nuevo para quienes conocemos el inventario de impunidades al que está acostumbrada la burocracia del “establishment”, estamos contribuyendo a educar aquellos que no tienen acceso a otras informaciones que no sean las provenientes de los sectores de poder, especialmente las que cierran filas incondicionalmente junto a Washington, defendiendo a Estados Unidos como el adalid de la llamada democracia representativa. Democracia que está muy lejos de la representatividad y mucho más de la irrespetuosidad hacia terceros, incluyendo la de sus aliados.

Los países Latinoamericanos y del Caribe, con algunas excepciones en los últimos años, no sólo defienden la democracia estadounidense, la cual es puesta en dudas, incluso por relevantes intelectuales y políticos de su sociedad, sino que justifican y en ocasiones claman por su injerencia en los asuntos internos de sus gobiernos.

Esto lo vemos cuando conversamos con personas de diversas nacionalidades del sur del continente y dejan entrever sus quejas “porque esta gente (USA) no haya enviado tropas para terminar con el régimen de Nicolás Maduro”. Lo dicen con tal desfachatez que uno queda boquiabierto y los neófitos convencidos que el coloso del Norte tiene “derecho de poner y quitar gobernantes a su antojo”.

Cuando uno critica esas posiciones no faltan quienes aducen que es necesario ya que los gobiernos o personas que Estados Unidos condena públicamente, sanciona y a algunos hasta los persigue clandestinamente para asesinarlos, son ayudados por Cuba y por tanto es deber del policía del mundo sacar la cara en defensa de esos pobrecitos que acostumbran a invertir la deuda externa de sus países en lujosos condominios en la ciudad de Miami. Como si este minúsculo país, rodeado, acosado, bloqueado económicamente, hostigado diplomáticamente a instancias de Washington, tuviera poder alguno para imponer a otros sus designios. Es ridículo y sin embargo, los incrédulos, y más que todo los ignorantes (que son muchos), defienden el punto aduciendo “el alto conocimiento militar, de inteligencia y de infiltración del estado cubano”. Atributos que, en la realidad, corresponden en mayor grado a Estados Unidos y a una enorme fuerza castrense latinoamericana y de otras latitudes, entrenada en sus bases y escuelas militares y en los obscuros subterráneos de sus órganos de inteligencia.

Para responder a los fanáticos que defienden esos puntos de vista, no escribimos estas líneas. Para ellos, el hecho de que Bolton declare que ha participado en golpes de estado, no es sorpresa, todo lo contrario, es la obligación que el personaje tiene para defender la “democracia”. De la cual no hablaremos hoy porque es un comodín tan abstracto e inoperante como lo es la palabra “libertad”, de quien un personaje de la Revolución Francesa, Madame Roland, dijera antes que su cabeza rodara cortada por la guillotina “¡Oh, Libertad!, ¡cuántos crímenes se cometen en tu nombre!”

Las palabras de John Bolton por el momento nos han servido para recordarle a algunos y mostrar a muchos que a los gobiernos de Washington no les tiemblan los labios para gritar que ellos sí ponen y quitan gobiernos cuando no piensan o actúan como ellos o cuando no siguen sus instrucciones. Porque otro dato curiosamente cínico de la política estadounidense es que valoran por igual a quienes piensan igual que a aquellos que los obedecen, aunque sus pensamientos estén a diez años luz de distancia.

Felizmente debemos confesar que nos alegramos mucho de que, de acuerdo a John Bolton, el presidente Trump haya sido un incapaz para dirigir apropiadamente un golpe de estado el 6 de enero de 2021, en contra del presidente designado de acuerdo a las normas de la estructura política de Estados Unidos y sobre todo, que nos alegramos más aún de que no haya podido contar con el conocimiento y la experiencia de un golpista como el del otrora embajador de la Organización de las Naciones Unidas.

Muchas veces las ineptitudes de algunos sirven para la alegría de muchos. Porque Estados Unidos está mejor con el inepto presidente actual que con el errático e improvisado cinismo político de Donald Trump.

 

*Lorenzo Gonzalo, periodista cubano residente en EE.UU., Subdirector de Radio Miami.

 

Martianos-Hermes-Cubainformación

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