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Tratado de Belavezha: El certificado de defunción de la Unión Soviética

Germán Ferrás Álvarez - Cubadebate

Hace 31 años, en una apartada y fría región de la República de Bielorrusia, dejó de existir el primer estado de obreros y campesinos del mundo, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).

En la madrugada del 8 de diciembre de 1991, los presidentes de las repúblicas soviéticas de Rusia (Boris Yeltsin), Ucrania (Leonid Kravchuk) y Bielorrusia (Stanislav Shushkévich) se reunieron en secreto para firmar el conocido como Tratado de Belavezha por el que se disolvía la Unión Soviética.

Con esta rúbrica de tres de los presidentes de las 15 repúblicas que componían la URSS, igualmente dieron paso a una unión voluntaria conocida como la Comunidad de Estados Independientes (CEI).

Estos Acuerdos de Belavezha que se firmaron en la mansión del gobierno bielorruso en Viskuli, sepultaron de un plumazo la historia de 69 años de gobierno de la Unión Soviética.

Según trascendió en su momento, a ese pacto también estaba invitado el presidente de Kazajstán, Nursultán Nazabayev, pero a última hora se negó a volar hasta Viskuli.

Los firmantes ya habían decidido destruir la URSS el día anterior en una cena, pero no sabían que a escasos metros de ellos se encontraba un escuadrón especial de la Seguridad del Estado de Bielorrusia, el cual esperaba la orden de arrestar a los reunidos, la cual nunca recibieron desde Moscú.

Significativamente al primero que se le comunicó la noticia fue al presidente de los Estados Unidos, George Bush, quien fue llamado por Yeltsin, en tanto Shushkévich, quien era el encargado de comunicárselo a Mijail Gorbachov, alegó que no pudo comunicarse esa noche con el líder soviético.

Decisión contra la voluntad de toda una nación

Con la perestroika y la glasnost impulsadas por Gorbachov, el sistema político y social de la Unión se resquebrajó, surgieron con fuerza corrientes nacionalistas y en todos los centros regionales de poder apareció la idea de cambiar la estructura de lo que hasta ese momento era la URSS.

Durante 1991 todo el mundo especuló sobre cómo iban a organizarse los nuevos Estados que aún se necesitan mutuamente, sobre todo en términos económicos. El propio Gorbachov ya tenía una idea al respecto, y es por eso que el 17 de marzo de ese año convocó a un plebiscito sobre la continuidad o no de la Unión Soviética.

Un total de 148 millones de soviéticos, de 185 con derecho a voto, se pronunciaron a favor de mantener la unión como una federación renovada de Estados soberanos.

El “sí” ganó con un 76 por ciento y Gorbachov, que aceptó el pluripartidismo y defendió un nuevo Acuerdo de la Unión ante el primer Parlamento elegido democráticamente, creyó que su idea saldría adelante.

Pero eso no ocurrió así, y junto a las concepciones nacionalistas creció en cascada el interés personal de los líderes de las diversas repúblicas.

Las declaraciones de independencia llegaron una detrás de otra, incluso en repúblicas pequeñas, aunque el toque final se lo dio la proclamación de Ucrania como país independiente. De ahí a la reunión del 8 de diciembre solo quedaba un paso.

Golpe final

El 21 de diciembre, 13 días después del Tratado de Belavezha, en el encuentro de la otrora capital del Kazajstán soviético, los presidentes de 11 de las 15 repúblicas de la Unión Soviética -salvo Georgia y los tres estados bálticos: Lituania, Letonia y Estonia-, ratificaron la creación de la CEI mediante la firma del Protocolo de Almá-Atá.

Ante estos hechos, e incapaz de hacer frente a los acontecimientos, Gorbachov renunció a su cargo y la Unión Soviética dejó de existir formalmente el 25 de diciembre de 1991.

El Soviet Supremo reconoció al día siguiente la extinción de la Unión; Rusia asumió los compromisos y la representación internacional del desaparecido Estado y fue reconocida como el país sucesor de la Unión Soviética en el derecho internacional.

La disolución de la Unión Soviética resultó una de las pérdidas territoriales más repentinas y dramáticas que acaecieran a algún Estado en la historia. En solo dos años, el enorme país perdió casi un tercio de su territorio y casi la mitad de su población.

Años después de aquellos acontecimientos, el actual presidente de Rusia, Vladimir Putin, expresó sobre la caída de la Unión Soviética que “fue la mayor catástrofe geopolítica del siglo XX”.

Con su caída, el ahorro de los ciudadanos fue aniquilado y los viejos ideales destruidos, sentenció el mandatario.

(Con información de PL)

 

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