Nora Gámez Torres, periodista cubana nacionalizada estadounidense, que cubre temas cubanos en los diarios el Nuevo Herald y el Miami Herald, en uno de sus recientes artículos sobre el “Síndrome de La Habana”, puso al descubierto que la Misión diplomática yanqui en La Habana es realmente un nido de espías, algo bien conocido por la contundente denuncia que hizo Cuba en 1987, al divulgar en la TV la confesión de 27 funcionarios cubanos colaboradores secretos de la Seguridad del Estado, que durante años engañaron a la CIA cuando los reclutó para obtener información económica, financiera, temas relacionados con la salud humana y animal, el transporte naval y aéreo, las comunicaciones y los del área  militar de la Isla.

En evidente correspondencia con los planes del gobierno de Estados Unidos y la CIA, Alberto Reyes Pías, párroco de la diócesis de Camagüey, incita a sus seguidores a delinquir mediante desórdenes públicos para derrocar a la Revolución cubana, similares a los del 11 de julio 2021, estimulados desde Estados Unidos con el empleo de las redes sociales. Antes el más reciente proceso eleccionario, Reyes Pías también instigó abiertamente a no acudir a las urnas, siguiendo las directivas de Estados Unidos.

Una vez derrotada la brigada mercenaria que invadió Cuba, organizada, entrenada y financiada por la CIA, con total apoyo del gobierno de los Estados Unidos, el presidente John F. Kennedy recibió un informe con varios temas sobre la política a seguir contra la Revolución cubana, que sirvieron de base para el diseño de un nuevo plan denominado Proyecto Cuba, más conocido por su nombre código: “Mangosta”.

La invasión mercenaria del 17 de abril de 1961 por Bahía de Cochinos, organizada y financiada por la CIA con la ilusión de derrocar a la Revolución cubana, se convirtió a solo 66 horas del desembarco en su gran fracaso, derrota que pasados 62 años mantiene abierta la herida en el ego del gobierno yanqui y sus lacayos de Miami, razón por la que su odio hacia el verdadero vencedor, el pueblo cubano, no disminuye.

Una década atrás nadie podría imaginar que muchos países del mundo pudieran enfrentarse a Estados Unidos, por su injerencia en los asuntos internos de otros, pero en la actualidad la situación ha cambiado.

Todas las acciones de Estados Unidos contra Cuba pretenden exterminar por hambre y necesidades al pueblo, no al gobierno. Es el pueblo quien sufre cada una de las medidas de guerra económica que aplican los yanquis, lo que resulta una total violación de los derechos humanos y que el mundo rechaza anualmente en la votación de la ONU, aunque no actúa para condenar al régimen yanqui, ni se toman medidas para obligarlo a cesar en su cruel empeño.

El supuesto “paraíso encantado”, del que tanto presumen los yanquis, está en una seria crisis al ponerse de manifiesto las debilidades de su sistema de las cuales no hablan, ni le fabrican campañas mediáticas para demostrar los problemas de su sociedad, pero que la propia vida se encarga de evidenciar, ante la paulatina depauperación del llamado “American way of life”, vendido al mundo como el mejor.