Abner Barrera Rivera – Cubainformación.- Enrique Ubieta en su libro Ser parecer, tener (2014), en el artículo “Los héroes no han pasado de moda”, se refiere al homenaje que les hicieron a cuatro revolucionarios que trabajaron para la Seguridad del Estado, ellos son: Julito de 80 años, Moisés 50, Carlos 44 y Dalexis 34; no duda que en esta trinchera la Revolución tenga asegurada la continuidad y el relevo. Refiriéndose a Moisés, dice: “estuvo 27 años infiltrado, dos de ellos preso (por necesidades operativas) en el Combinado del este y uno más en Miami. Fue un cercano “colaborador” de personajillos como Valladares, Bofill y el Camaján” (p. 298). Tres execrables contrarrevolucionarios, facinerosos y mentirosos al servicio del imperialismo norteamericano.


El artículo es de una página, pero dice mucho; informa y advierte cómo trabaja la inteligencia cubana para defender la soberanía y el derecho de Cuba a ser libre; son cuatro cubanos que voluntariamente invirtieron su vida (estudios, trabajo, libertad, profesión, familia, tiempo, recursos y gran desgaste emocional) por la Revolución.

En este mundo de alienación capitalista, no es sencillo entender la disposición de estos hombres por entregarse sin límites a una causa política (ni siquiera en los relatos veterotestamentarios hay algo así), y no solamente se hace incomprensible para quienes miran a la Revolución de lejos, sino incluso para muchos que dicen simpatizar con ella; esto sucede porque se conoce poco de sus luchas y de los logros sociales que han conquistado desde el 1 de enero de 1959, y por los que están dispuestos a morir. Son hombres que fueron gestados por un pueblo que tiene una larga historia de patriotismo, dignidad, independencia, solidaridad e internacionalismo; valores que no se entienden cuando se crece en sociedades capitalistas caracterizadas por la sumisión, indiferencia, egoísmo, entreguismo y traición. En el Caimán Indómito abunda lo que en el resto de América escasea.

La Seguridad cubana parece no tener parangón con otros procesos revolucionarios contemporáneos, éstos deberían hacer mea culpa, ya que muchas veces es el enemigo quien se infiltra en sus filas para socavar los procesos.

Hace años, hubo casos cuando un agente de seguridad culminaba su trabajo y se revelaba, entonces Granma ofrecía algunos extractos de esa misión. Hoy no solamente existen muchos libros, sino también videos testimoniales de mujeres y hombres impolutos que han dedicado gran parte de su vida a defender la patria de las garras del imperialismo.

En esa impronta se inscriben también los libros que algunos de los Cinco héroes cubanos han publicado; los más recientes son los tres volúmenes Escrito desde el banquillo. El diario de René (2018), redactados por el Héroe de la República de Cuba, René González Sehwerert; son más de 1500 páginas de las que el pueblo de Cuba puede sentirse orgulloso; están preñadas de principios, lealtad y resistencia. Es un material histórico (escrito desde el reverso) sobre el proceso judicial más largo de los anales estadounidense (de diciembre del 2000 hasta junio del 2001) que, cuando no pudieron posternar a los Cinco que siempre estuvieron arropados de decoro, los sentenciaron a injustas condenas por haber prevenido los ataques terroristas que desde suelo norteamericano se organizaban contra el pueblo cubano. En esas páginas las futuras generaciones reconocerán el ADN que poseen para ‘la continuidad y el relevo’ de los que habla Ubieta.  En el libro Fidel Castro Ruz. Guerrillero del tiempo: Conversaciones con el líder histórico de la Revolución Cubana, cuando Katiuska Blanco le pregunta al dirigente cubano si es cierto que, estando detenidos por el asalto al cuartel Moncada se manejó darles la libertad con la condición de que abandonaran la lucha, Fidel dice: “Como respuesta, escribí una carta pública. Afirmé: “No querremos amnistía al precio de la deshonra […]. ¡Mil años de cárcel antes que la humillación! ¡Mil años de cárcel antes que el sacrificio del decoro! Y la rechacé del todo. Lo hice por principios y porque estaba seguro de ganar la batalla” (Blanco, 2011:318). No hay duda de que los Cinco sabían esa historia.

Después de la alocución de René, que al igual que la de sus hermanos, fue una pieza de oratoria vibrante y apabullante contra el chantaje, la mentira y las presiones de la Corte y la Fiscalía, el terrorista José Basulto declaró a la prensa de Miami: “Lo que me preocupa es que cuando Cuba sea libre [ilusión que los tiene drogados], tendremos que lidiar con muchos cubanos como ellos que viven en la isla” (Vol. III: 361). El enemigo sabe que ‘la continuidad y el relevo’ en la Isla se multiplican.

En los escritos de René hay un punto de quiebre, que hizo que se unieran las voluntades de cientos de organizaciones en el mundo para sumarse en la lucha por la liberación de los Cinco, fue cuando concluyó la participación de los oficiales del Buró Federal de Investigaciones (FBI) en el juicio, y mostraron total complicidad con la mafia terrorista anticubana. René escribe en su diario lo sucedido el 14 de junio cuando su hermano Roberto le visitó después de haber viajado brevemente a la Isla: “Mi hermano ha examinado el caso con el propio Fidel, quien le dice que se acabó la farsa legal y ha llegado su turno de actuar en la historia. Todos los recursos morales de Cuba serán puestos a disposición de esta batalla. Subo al piso y sorprendo a mis hermanos con la noticia, transmitiéndoles el abrazo del Comandante.” (Vol. III: 84).

Hoy el mundo sabe lo que sucedió cuando Fidel actuó.

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