Aline Pérez Neri, corresponsal de Cubainformación en México.- El 24 de febrero de 1895 es una fecha de relevante importancia para Cuba, ya que marcó el camino de las próximas generaciones que culminó aquel glorioso 1ro. de enero de 1959 con el triunfo de la Revolución Cubana.


La llamada Guerra Necesariaorganizada por el Héroe Nacional José Martí para alcanzar la definitiva independencia del colonialismo español, estuvo también marcada por el signo de la amenazasobre la intención de Estados Unidos de intervenir y anexar a Cuba.

Sobre el máximo organizador de esta lucha y el peligro que representaba el gigante de las siete leguas para los pueblos del Nuestra América, nos habló Daniel, el Agente de la Seguridad del Estado cubano, Raúl Capote Fernández, en su ya tradicional Sabatina desde la página de Facebook Las memorias deDaniel.

En enero de 1880, arriba Martí a Nueva York y establece relaciones con personajes importantes y miembros de la emigración, y comenzará a encender la llama de la insurrección. Próximo a cumplir 27 años es nombrado por unanimidad Vocal del Comité Revolucionario Cubano en esa ciudad.

Su primer discurso en Steck Hall, marca la nueva etapa revolucionaria y será, este momento, decisivo para la Guerra Necesaria: “Los grandes derechos no se compran con lágrimas, -sino con sangre. Las piedras del Morro son sobrado fuertes para que las derritamos con lamentos, -y sobrado flojas para que resistan largo tiempo a nuestras balas. -¡Qué porvenir sombrío el de nuestra tierra si abandonamos a su esfuerzo a los bravos que luchan, y no nos congregamos para auxiliar, con la misma presteza y alientos con que se congregan ellos para combatir! (...) ¡Movéos y contentáos, muertos ilustres! –Antes que cejar en el empeño de hacer libre y próspera a la patria, se unirá el mar del Sur al mar del Norte, y nacerá una serpiente de un huevo de águila.”

Claro tenía el Apóstol, que nada impediría que Cuba fuera libre.

Martí antimperialista describe como nadie el desarrollo de la sociedad estadounidense, las secuelas tras la explotación de los monopolios, la acumulación de las riquezas en manos capitalistas y la dura situación de miseria y abandono en las que se encuentran indígenas y obreros.

Su patriotismo queda reflejado en cada intervención, en cada escrito. Ejemplo de esto es la réplica al artículo ¿Queremos a Cuba? publicado el 16 de marzo de 1889 en TheManufacturer. Es Vindicación de Cuba, publicado 9 días después, la respuesta  contundente: “No somos los cubanos ese pueblo de vagabundos míseros o pigmeos inmorales que a TheManufacturer le place describir; ni el país de inútiles verbosos, incapaces de acción, enemigos del trabajo recio, que, junto con los demás pueblos de la América española suelen pintar viajeros soberbios y escritores. Hemos sufrido impacientes bajo la tiranía; hemos peleado como hombres, y algunas veces como gigantes para ser libres; estamos atravesando aquel período de reposo turbulento, lleno de gérmenes de revuelta, que sigue naturalmente a un período de acción excesiva y desgraciada; tenemos que batallar como vencidos contra un opresor que nos priva de medios de vivir, y favorece, en la capital hermosa que visita el extranjero, en el interior del país, donde la presa se escapa de su garra, el imperio de la corrupción tal que llegue a envenenarnos en la sangre las fuerzas necesarias para conquistar la libertad. Merecemos a la hora de nuestro infortunio, el respeto de los que no nos ayudaron cuando quisimos sacudirlo”.

Destaca también su discurso del 26 de noviembre de 1891 en Tampa, llamando a la unidad de todas las fuerzas, en el que convoca a poner: “... alrededor de la estrella, en la bandera nueva, esta fórmula del amor triunfante: Con todos, y para el bien de todos, uno de cuyos principios enunciados forma parte hoy de nuestra Constitución (...) yo quiero que la ley primera de nuestra república sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre”.

El 8 de abril de 1892 resulta elegido para integrar la máxima dirección del Partido Revolucionario Cubano, y dos días después expresan como bases preparar y ordenar la guerra para la independencia de Cuba y fomentar y auxiliar la de Puerto Rico.

El llamado Plan de Fernandina, dos años después,fijaba los detalles para el inicio de la contienda. A Cuba llegarían tres expediciones armadas en los vapores Amadís, Lagonda, y Baracoa. Sin embargo, una terrible indiscreción del Coronel López Queralta que puso sobre aviso a las autoridades estadounidenses, terminó en las ocupaciones de las embarcaciones y el armamento adquirido con la ayuda de todos los trabajadores y patriotas de la emigración.

El Apóstol, firme en el propósito, redacta y firma con el General Gómez el 25 de marzo de 1895, el Manifiesto de Montecristi, documento político en el cual se reiteran ante el mundo los objetivos y propósitos del Partido Revolucionario Cubano.

Iniciada ya la guerra por la verdadera independencia, Martí escribe su llamado Testamento político, firmado en el campamento de combate. La carta inconclusa a su gran amigo mexicano Manuel Mercado el 18 de mayo de 1895: “Mi hermano queridísimo: ya puedo escribir: ya puedo decirle con qué ternura y agradecimiento y respeto lo quiero, y a esa casa que es mía y orgullo y obligación; ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país, y por mi deber- puesto que lo entiendo y tengo fuerzas con qué realizarlo- de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso. En silencio ha tenido que ser y como indirectamente, porque hay cosas que para lograrlas han de andar ocultas, y de proclamarse en lo que son levantarían dificultades demasiado recias para alcanzar sobre ellas el fin…”.

Al día siguiente Martí cae en combate en Dos Ríos. Pero ya había dejado la guía.

El Héroe Nacional de Cuba puso siempre a la Patria por encima de sus intereses personales, incluso, sobre su propia vida.

Es por ello que los nuevos anexionistas, que pretenden llevar a Cuba a la sumisión, esos que olvidan el legado martiano y desconocen los símbolos nacionales, deberán entender, que cada vez que a las cubanas y cubanos se les intente poner cadenas, se escuchará el toque de clarín que llama al pueblo al combate.

No importa cuánto dinero reciban para actuar contra su país, la consigna es y será, ¡Patria o Muerte!

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