Canal Caribe.- Cuba conmemora el aniversario 30 del inicio del programa de atención médica a las víctimas del accidente nuclear en Chernóvil. Diez mil kilómetros de distancia no impidieron realizar ese gesto trascendente y único en el mundo. Foto: Orlando Cardona/ Archivo de Granma.


La tragedia de Chernóbil a 30 años del programa médico cubano (I)

Roberto Chile, Maribel Acosta Damas - Cubadebate

Hace 30 años, un día como hoy, llegaron a Cuba para recibir asistencia médica niños ucranianos afectados por el accidente nuclear de Chernóbil. Una de las más hermosas y solidarias páginas de la salud cubana.

En la madrugada del 26 de abril de 1986 estalló el cuarto reactor de la central electronuclear de Chernóbil, a dos kilómetros de la ciudad científica de Pripiat. La tragedia sacudió a Ucrania, Bielorrrusia y Rusia, fundamentalmente. La nube radiactiva alcanzó a toda Europa. Comenzó el peregrinaje de cientos de miles de personas. Algunos expertos califican esta fecha como la entrada al siglo XXI.

Pero, al mismo tiempo, estaba sucediendo algo más que transformaría la vida de millones de seres humanos y cambiaría el mapa del mundo para siempre: la caída del Muro de Berlín y la desintegración de la URSS decretaban una nueva era.

En Chernóbil, más de un centenar de pueblos quedaron desolados. La próspera ciudad que fue Pripiat se convirtió en el fantasma de sí misma. Aún hoy conmociona mirarla. Un par de años después del accidente comenzaron a aparecer las enfermedades como secuelas de la radioactividad.

Sin fuerzas para enfrentar la tragedia, con Gobiernos y sistemas de salud debilitados, los pueblos de la ex Unión Soviética miraban al mundo pidiendo auxilio que apenas llegó, exiguo, fragmentado.

Un país envió médicos a Ucrania, miró el dolor, trabajó con los médicos ucranianos para seleccionar a los más enfermos y el 29 de marzo de 1990, a las 8:46 p.m., llegaba a ese país el primer grupo de niños y niñas procedentes de la todavía URSS para ser atendidos.

Un hombre los recibió en la escalerilla del avión y extendió la mano a uno por uno, según cuenta Dimitri, el niño de Pripiat que venía en aquel vuelo, hijo del liquidador muerto en Chernóbil.

Ese día de finales de marzo, comenzaba el programa humanitario más largo de la historia del mundo. Y durante 21 años consecutivos, más de 26 000 niñas y niños de Rusia, Bielorrusia y Ucrania recibieron atención médica gratuita en Tarará, un balneario que fuera de ricos y que luego pasaría a los niños y niñas de esa isla y después fue generosamente donado para que otros niños y niñas, enfermos del cuerpo y del alma, se sanaran.

Todos los medicamentos y descubrimientos científicos de esa isla fueron puestos a disposición de ellos. La inmensa mayoría se sanó.

Hoy volvemos a Chernóbil, a Pripiat, desandamos los lugares (hasta donde se nos permite por cuidado de las radiaciones), nos paramos enfrente, miramos el dolor, que permanece; observamos dónde empezó todo y vamos pensando en aquellos que dieron abrigo, en los que se salvaron y en los salvadores, en el pueblo que dio el abrazo, en el hombre de la escalerilla del avión: Cuba y Fidel.

 

La tragedia de Chernóbil a 30 años del programa médico cubano (Parte II)

La periodista ucraniana Olena Panstsiuk vivía en Pripiat. Todavía recuerda el día en que tuvo que marcharse, solo recoger algunas cosas y salir precipitadamente. Todos pensaban que volverían. Todavía no sabían la magnitud de la tragedia. Ella dejó en casa los recuerdos, las fotos de la infancia, los peluches de la niñez.

Era una adolecente el 26 de abril de 1986 cuando explotó el cuarto reactor de la central electronuclear Vladimir Ilich Lenin de Chernóbil. Su ciudad, Pripiat, estaba a unos escasos dos kilómetros. Su familia no fue la misma nunca más. Algunos ya no están, otros tuvieron que reordenar su vida. Y ella, como tantos, siguió adelante con las memorias pegadas a la mente día y noche, y el miedo a una nueva muerte.

A Olena la conocimos en Kiev. En noviembre de 2019, nuestro equipo de realización de Resumen Latinoamericano llegó a Ucrania en busca de las huellas del accidente nuclear, sus testigos y protagonistas, y  para el encuentro con aquellos niños que fueron a Cuba a recibir atención médica por las secuelas de la radioactividad.

Juntos entramos a la central electronuclear y a la Pripiat de hoy. Olena estaba con nosotros y nos fue narrando los detalles de cómo era la vida antes, dónde estaba su escuela, el bulevar más hermoso de la ciudad, los amigos que no volvió a ver…

Olena, como muchos otros, volvió a Pripiat a escondidas a rescatar de su antigua casa el álbum de fotos y lo que todavía quedara en pie de sus recuerdos más queridos. Recientemente, ha creado la organización Las hermanas de Pripiat, para recuperar la identidad de los que allí vivieron y del propio sitio, más allá de la alarma catastrofista que los medios han impuesto, olvidándose de los seres humanos que eran parte de Pripiat.

Olena siempre va a la embajada cubana, asiste a sus convocatorias de encuentros. Amigos y gente de su ciudad fueron a Cuba a recibir atención médica. Olena los conoce. Y sabe toda la historia desde el principio: cuando llegaron, en 1990, los médicos cubanos y recorrieron pueblo por pueblo de los afectados para seleccionar a los niños más enfermos que irían a Cuba a recibir tratamiento médico.

El 29 de marzo de 1990, llegaron a la isla los primeros 139 niños y niñas. Se creaba así el programa médico cubano de atención a los niños de Chernóbil, que permaneció de manera gratuita durante 21 años consecutivos y permitió que recibieran atención más de 26 000 niños de Rusia, Bielorrusia, Moldavia y Ucrania.

En ese tiempo, muchas cosas sucedieron: se desintegró la URSS, desapareció el campo socialista, se instalaron guerras civiles y tragedias humanas en esos pueblos; Cuba entró en una profunda recesión económica resultado del corte de las relaciones comerciales con el bloque socialista que ya no existía y el bloqueo de Estados Unidos con ensañamiento multiplicado… pero el programa médico nunca se detuvo.

Las estadísticas de las más de dos décadas muestran más de 70 000  consultas realizadas en 20 especialidades médicas; las más elevadas, de enfermedades endocrinas y gastroenterológicas. Muchos de los medicamentos que se aplicaron a los niños de Chernóbil fueron producidos por la biotecnología cubana.

Cuando Olena nos muestra el álbum fotográfico de Pripiat y cuenta los que se salvaron, allí están niños y niñas que fueron tratados por los médicos cubanos.

Solidaridad
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