El vocalista y líder de Buena Fe comparte sus opiniones acerca de Cuba: «Este es mi país, aquí quiero que crezcan mis hijos. Enarbolo ese pensamiento en mis canciones. Esta es mi morada».


Daniel E. Burgos

Foto: Maykel Espinosa Rodríguez

Alma Mater

Israel Rojas Fiel es un tipo sencillo, transparente. Su voz no calla nunca; canta lo que escribe y escribe lo que piensa. No aparenta los cincuenta años que cumplió el día que salió al aire el último disco de su grupo musical; esos locos alegres y buenos que, al parecer, tienen solo una premisa en la vida: la Buena Fe.

Conversamos con Israel rodeados de música; en el garaje de su edificio; justo donde esa pandilla de locos alegres, él como el primero, se reúne a tejer canciones. Precisamente, ese día le tocaba ensayo a la última camada de temas. Doce melodías recién nacidas que, como luego él mismo me contaría, describen muy bien el sentimiento que transmite una «Morada».

Para ustedes como agrupación ¿qué significa «Morada»?

La morada te ampara, te cobija y te devela; más que donde habitas, la morada es el lugar donde creces. Se manifiesta en una pasión, un amigo, un país. «Morada» es un álbum que se gestó en plena pandemia, justo cuando estábamos más lejos y cuando más nos añorábamos. Precisamente, ese tiempo de confinamiento nos llevó a redescubrir los pequeños mundos cotidianos; a conectar con la familia; a valorar el contacto humano.

Aunque son canciones muy extrovertidas, todas vislumbran la necesidad de conectar físicamente con el otro. Volcamos nuestras energías acumuladas para lograr llevar el fruto de tanto trabajo al público. No sin problemas, no sin situaciones, pero siempre tratando de que las malas energías, los ataques y el odio se queden fuera de nuestra obra. Que esa galería de canciones se mantenga, al fin y al cabo, como un remanso de buena fe.

¿A qué problemas te refieres? ¿Cuáles crees que sean sus causas?

Me refiero a todas las dificultades que pasamos, día a día, los cubanos. A esta crisis económica que se agudizó con la pandemia; el recrudecimiento del bloqueo y el reordenamiento económico, que no sé si se llevó a cabo en buen momento, la historia dirá; y, por supuesto, a la oleada migratoria, que constituye un reflejo cambiante de la concepción actual de cubanidad.

Estos problemas, lo queramos o no, terminan afectándonos a nosotros como creadores. Lo mismo hemos perdido varios días de trabajo porque se fue la luz en el estudio mientras grabábamos, que hemos dicho adiós a colegas del grupo que han decidido emigrar.

También está el tema de las campañas mediáticas, que han incidido en el espacio personal de todos; en mi caso, con especial saña. Pero yo entiendo que, al final, el odio no está dirigido a mí como persona, sino a determinada parte de mi obra y a mis opiniones.

Por ello, a pesar de que ha sido un gran reto mantenernos unidos en una agrupación donde no todos pensamos de la misma manera, creo que lo hemos logrado bastante bien. ¿Cómo? Enfocándonos en el arte, en la música y en la creación. Después de todo, esas son nuestras moradas.

¿Cómo han sorteado estos problemas? ¿Qué enseñanzas han sacado de ellos?

«Cada regalo que me ha hecho la vida, venía dentro de un problema», decíamos en la canción Papel en blanco y, aunque no me gusta esto de citarme a mí mismo, las canciones son mi verdadero lenguaje. Al final, todo lo bueno que saco de las patadas que me da la vida va a parar a esas canciones.

Precisamente a base de patadas, entendí que la transparencia es importante en todos los ámbitos, desde la economía hasta las opiniones. ¿Por qué crees que Buena Fe existe todavía? ¿Por qué, después de tantos ataques, no salgo a la calle con gorra y gafas para esconderme, o no cierro mis perfiles en redes sociales? Pues porque soy un sobreviviente.

Aprendí a sobrevivir cuando me di cuenta de que la difamación no mata, como no lo hace el fracaso. Te mata perder el sentido de lo justo. Te mata no comprender que, hoy, ética y estética tienen que ir de la mano, si no, el arte no camina. Lo que mata es quedarse sin ideas, sin causa que defender.

¿Y qué causa defiende Buena Fe?

La causa cubana, gobierno aparte. Porque el gobierno también la caga y, cuando eso pasa, nosotros, como artistas, debemos tener el valor de señalarlo. De criticar, como hemos hecho en nuestras canciones. Yo pertenezco a este país, pertenezco a este proyecto social que pretende dignificar al ser humano. Creo en eso porque soy martiano.

Mucha gente nos califica de oficialistas. En realidad, yo pienso que todos los discursos son oficiales. Lo único que cambia son las líneas de pensamiento, los valores morales y los cuerpos doctrinales de las personas.

Este es mi país, aquí quiero que crezcan mis hijos. Enarbolo ese pensamiento porque ninguno de esos cuerpos doctrinales que me rigen, me hizo peor. Ninguno me hizo negar al que no piensa como yo. Al contrario. Me encanta encontrarme con gente que opina distinto a mí y que, desde la diferencia, podamos construir algo bueno. Creo en eso y lo milito. He ahí un pensamiento oficial establecido.

¿Piensas que tus canciones han sido malinterpretadas en algún momento?

Cuando lanzas al viento una canción con un mensaje social o político; ella adquiere vida propia. Sea cual sea tu interpretación, si la canción ayudó a edificar algo para el bien, claro que me va a alegrar. Si, por ejemplo, la música que yo compuse te llevó a la emigración y allí encontraste tu plenitud. ¿Tú crees que yo estoy triste? Yo estoy feliz.

Mucha gente tomó canciones nuestras como una herramienta para expresar rabia, descontento. Eso también me complace, probablemente para eso mismo la compuse. Incluso puede que la canción misma también haya nacido de una rabia.

No me molesta que la gente tenga su propia interpretación de los temas. Lo que, francamente, no entiendo es cuando la interpretación se aleja de los valores que nosotros, como agrupación, siempre hemos defendido, me responsabilizan a mí de que no estemos de acuerdo.

Lamentablemente, eso ha pasado mucho con Buena Fe; sobre todo en redes sociales. Pero no solo con nosotros, pasa con todo el arte que quiere meter la mano en la masa del entramado social cubano. Muchos no entienden eso de que se puede ser crítico y creer en el socialismo al mismo tiempo, de una manera completamente orgánica.

Hay públicos que los han seguido y los siguen todavía y hay públicos que han transitado por ese camino, pero, en algún momento, dejaron de escucharlos, se alejaron por razones políticas. ¿Qué piensas de este fenómeno?

Que es algo absolutamente normal en este negocio. Nada que no le haya pasado a todo el que haga un tipo de arte comprometido con el pensar. Cada cual tiene su propia filosofía de vida y hace suya la canción con la que se identifica. Luego resulta que, quien la cantaba, no piensa exactamente igual que él y eso lo decepciona, lo confunde o lo encabrona y, así como así, deja de escuchar al artista, incluso, aunque luego saque algo mejor. Eso lo veo todos los días y, la verdad, no me preocupa.

Yo sigo creyendo que las canciones, más temprano que tarde, van a encontrar su camino en quien la necesita. A nosotros nos da lo mismo si a los conciertos van cien o cien mil. Cantamos para el que esté. Si ese se marcha emocionado, nosotros nos quedamos más que felices. Al fin y al cabo, los conciertos de Buena Fe no son mítines políticos, son un acto de alegría, de liberación de las almas.

Entre esas diferencias políticas se debate la sociedad cubana actual; tanto dentro como fuera de la isla. Ante este escenario ¿Cómo buscar y crear consensos?

Justo como dices, debemos buscar dentro y fuera de Cuba. Me preocupa que separemos los conceptos de nación y emigración cuando son tantos los cubanos que se van y que se llevan una educación y una preparación importante. Cuando los futuros emigrantes están esperando a graduarse para salir del país.

Hace poco, una amiga me comentaba que, años atrás, los que se iban debían dar explicaciones de por qué lo hacían. Hoy, lo poco común es querer quedarse en Cuba. Eso es grave, porque muchas veces a ese emigrante no le queda más remedio que cortar relaciones con su isla y no debería ser así.

Las preguntas que debemos hacernos parten, primero, de si tenemos un proyecto de país transversalizado por una idea clara de qué es lo que queremos construir. Segundo, en un contexto donde, evidentemente, no se puede pensar en una cubanidad sin tener en cuenta a los que se marcharon al extranjero ¿Qué esperaran ellos de nosotros, los que estamos de este lado del océano?

Yo creo que ahí hay un reto bien grande. El reto de pensar, desde Cuba y sus autoridades, en cómo será la relación con esa emigración e, incluso, cómo podría ser su participación en la construcción nacional. Más allá de las remesas, creo que la emigración puede jugar un papel mucho más activo en nuestra sociedad si se le brinda la suficiente información, si se demuestra interés.

Creo que, con la ayuda de centros de estudios, entidades gubernamentales y no gubernamentales y de toda la sociedad en general, podemos atraer a muchos de los que se nos han ido y potenciar este proyecto de país tan complejo y necesario.

Pero, ojo, eso no se construye de la noche a la mañana. Debe pasar, sobre todo, por la conciliación y el consenso inteligente, profundo y meridiano. Donde también el gobierno debe ceder y todos respetemos al otro que, aunque no piense igual, tenga algo bueno que aportar a la sociedad.

Por otra parte, y esto va a sonar un poco a locura, pienso que debemos librar una batalla cultural que sirva para dejar claro que los Estados Unidos de América no tienen intención alguna de ayudar a Cuba y que, lejos de esto, utilizan cualquier medio para hundirnos aún más.

Me remito a los hechos ¿Cuál fue el país que se aprovechó de una situación tan delicada como la pandemia de COVID-19, para arreciar sus sanciones y desestabilizar a Cuba? Resulta verdaderamente indignante.

Esa batalla cultural comienza con lograr, desde aquí, una comunicación pública inteligente y coherente. A día de hoy, ese campo está mermado. Quizás porque tuvimos un coloso como Fidel, que era capaz transmitir todo, y ahora nos falta carisma y eficiencia para comunicar. Tenemos que solucionar pronto esos problemas o caeremos en el abismo. Y, sinceramente, duele mucho perder con la razón.

Ustedes son parte de esa batalla cultural. Siempre lo han sido. Ahora, dos décadas, más de doscientas canciones y una docena de discos después de aquel comienzo ¿Cuáles son los planes de Buena Fe para el futuro? ¿Qué sienten que les queda por hacer?

Música. Estamos en una etapa novedosa y experimental de nuestra carrera. Por ejemplo, en este disco probamos nuevos ritmos; musicalidades a las que no nos habíamos acercado, ya sea por prejuicios o por falta de tiempo. Le estamos añadiendo sazón caribeña a nuestro formato de pop-rock. Hemos disfrutado muchísimo este ciclo creativo que se abrió con «Morada» y que cerrará con el próximo álbum.

Luego de eso, no tengo idea. Cuando terminamos un disco, casi siempre me da la impresión de que va a ser el último. Abrazaremos lo que venga. Siempre que nos sintamos fértiles, con ganas y motivos para componer, saldrá música. Pero no me asusta darle un cierre al proyecto. Al fin y al cabo, siempre supe que esto no iba a ser eterno.

En la vida hay que saber nacer y crecer, asimismo, hay que saber morir. Creo que hemos sabido desarrollar nuestra música con dignidad a lo largo de estos años, incluso bajo fuego. Espero que el final, llegue cuando llegue, esté a la altura y nos deje a todos con la buena fe que necesitamos para construir una Cuba mejor.

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