Cubainformación.- Durante el XVI Encuentro Estatal de Solidaridad con Cuba, en Puerto de Sagunto (Valencia), entrevistamos a Ignacio Ramonet, experto en comunicación, quien fuera, durante muchos años, director de Le Monde Diplomatique, tanto en su edición en francés como en español, y hoy presidente de su Consejo de Administración. Conversamos sobre la guerra comunicacional dirigida contra Cuba desde EEUU y otros centros de poder.


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La guerra comunicacional contra la Revolución cubana, durante seis décadas, señala, ha ido en dos direcciones: una, hacia el exterior, para hundir la imagen de la Revolución y que esta no fuera “imitable” por otros pueblos del Tercer Mundo; otra, hacia el interior, de cara a cambiar la opinión pública cubana.

En ambos casos, nos dice, el bloqueo económico es la otra cara de la misma guerra. Al provocar privaciones, falta de recursos y colas, explica Ramonet, encuentra a una población más permeable a la que, mediante las redes sociales, se convence más fácilmente de que el único culpable es el gobierno, el sistema, el socialismo, cuando realmente es el bloqueo la causa real principal. “La reacción de cualquier persona, en cualquier país, ante una situación de privaciones así, es decir que la culpa es del gobierno, porque para eso gobierna”, señala.

El autor de “Cien horas con Fidel” indica que este bloqueo, además, “es una dimensión olvidada sobre Cuba por parte de los medios, que hacen como si no existiera, cuando es absolutamente determinante para entender qué ocurre en ese país”.

A quienes dicen que no existe un bloqueo, sino solo un embargo unilateral de EEUU, que tiene derecho a no comerciar con Cuba y que la Isla puede hacerlo con Europa, China o Rusia, Ramonet les explica que “EEUU es el centro de circulación de todas las finanzas internacionales”, y que esto afecta también a todo el comercio. El bloqueo, añade, afecta a las empresas europeas, por ejemplo, y a toda la banca internacional, que “tiene terror a las tremendas multas que impone EEUU” por realizar transferencias a Cuba.

Existen, por tanto, dos discursos y dos líneas de actuación contra Cuba, “que van en la misma dirección, el bloqueo y el ataque mediático y psicológico”.

Ramonet aborda también fenómenos como el del 11 de julio de 2021 y otras protestas en la Isla, “que en Europa serían acontecimientos menores, marginales, pero que en Cuba llaman la atención porque no ocurren todos los días”. Eso, sentencia, “hay que aceptarlo y hay que ser más inteligente que el adversario, que tiene todos los recursos financieros”. “Las autoridades cubanas, en mi opinión, están teniendo una actitud inteligente”, dice el escritor. Porque si Internet es el Caballo de Troya a través del cual el adversario logra imponer ciertas posiciones, “Cuba podría haber optado por cortar Internet, como se ha hecho en otros países, o crear una Internet solo para funcionarios. Y no lo ha hecho”.

Hoy, explica, en la Isla la información llega a todos los teléfonos móviles de la población, y de hecho “ha surgido una opinión de oposición, como en todas las sociedades, lo que no ha impedido que en Cuba la Revolución haya ganado, con claridad, los dos últimos referéndums”.

 

Equipo de fotografía: Rafael Pérez Benlloch, Ana Gil, Andoni Iturbe, Roynel Fernández Veloso, José Manzaneda y militancia del MESC (Movimiento Estatal de Solidaridad con Cuba).

Video: Ana Gil y Lázaro Oramas.

A lo largo de varias semanas se irá publicando una veintena de entrevistas y conversatorios de este XVI Encuentro. Todos los materiales podrán visionarse en este apartado: Cobertura completa en Cubainformación: XVI Encuentro Estatal de Solidaridad con Cuba: Puerto de Sagunto (València), 14 al 16 de octubre de 2022

Ignacio Ramonet, experto en comunicación

“En Cuba ha surgido una opinión de oposición, que no ha impedido que la Revolución haya ganado los dos últimos referendos”

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Entrevista: José MANZANEDA    
Transcripción: Aurora NERUDA
Cubainformación

Conversamos con Ignacio Ramonet, director, durante años, de “Le Monde Diplomatique” en español, y hoy presidente de su Consejo de administración, autor de numerosos libros sobre política y comunicación, como “Fidel Castro: biografía a dos voces” o -el más reciente- “La era del conspiracionismo”. Dialogamos acerca de la guerra comunicacional desde EEUU contra el proceso cubano.

¿Consideras que, así como la opinión pública internacional ha sido modelada, a lo largo de muchos años, contra el proceso cubano, ahora se está consiguiendo influir sobre la opinión pública interna de Cuba?
-Las ofensivas mediáticas, a lo largo de sesenta años, han tenido dos objetivos. El primero hacia el exterior, para que la opinión pública internacional tuviera una mala impresión de Cuba. Desde los primeros años de la Revolución ha habido una campaña permanente para disuadir a los pueblos del mundo de imitar a la Revolución cubana, describiéndola como un infierno.
Por otra parte, desde el principio se ha tratado también de influenciar a la opinión pública cubana. Esto siempre ha sido más difícil, porque la Revolución ha dado una batalla decisiva por controlar los medios. Creó una agencia de prensa, Prensa Latina, en la época en que las agencias de prensa tenían una influencia colosal, porque eran las matrices de los medios. Durante la Guerra Revolucionaria, se creó Radio Rebelde, con una audiencia enorme en toda Cuba. Fidel siempre entendió la importancia de los medios. Era un guerrillero mediático, un luchador de jiu-jitsu mediático, al utilizar la fuerza del adversario para hacerlo caer.
Los medios de la tiranía batistiana difundieron la noticia en Cuba de que Fidel, jefe de la insurrección, había muerto. Entonces Fidel organizó la llegada clandestina a Cuba, a su cuartel general en Sierra Maestra, de uno de los periodistas más célebres de su tiempo: Herbert Matthews, redactor jefe de The New York Times, un periodista de leyenda, corresponsal en las guerra de Abisinia y España. Fidel, en aquel momento, no tiene más de cuarenta hombres, y recibe a Mattews en una tienda de campaña, donde había un teléfono sobre la mesa. Mientras hablaba con Mattews, el teléfono de campaña sonó. Fidel lo toma y da instrucciones de enviar cuatrocientos hombres, de usar las ametralladoras pesadas y demás. Continúa hablando con Mattews, interrumpido sucesivamente por el teléfono y dando similares indicaciones. El redactor, al regresar, publicó en primera plana del Times, durante tres días seguidos, un reportaje que afirmaba “Fidel Castro vive y la guerrilla tiene un enorme poder”. Esto era falso, pero impresionó a las tropas batistianas, que vieron que la prensa americana certificaba un poder militar que Fidel no tenía.
Cuba ha sabido defenderse, ha sabido comunicar la verdad a su sociedad. Pero desde hace unos años, los medios centrales de masas están en regresión y son las redes sociales el medio dominante. Ahí sí que el adversario tiene audiencia en el seno de la sociedad y está creando una opinión pública diferente. La audacia de la Revolución es aceptar la situación y no negarla. Podría haber cerrado el acceso a Internet, como hacen otros países. No lo ha hecho.
El presidente Díaz-Canel está muy implicado en la informatización de la sociedad cubana. Hay Internet en todas partes, acceso a los teléfonos inteligentes. Y ha surgido una opinión de oposición, como en cualquier sociedad, que no ha impedido que los dos últimos referendos –el de 2019 para aprobar la Constitución y el de 2022 para aprobar el Código de las Familias- los haya ganado la Revolución.
Hay que llevar la batalla a ese terreno, mucho más difícil, y ser más inteligente que el adversario, que tiene todo el capital del mundo para invertir. De ahí el fenómeno del 11 de julio, protestas que fueron marginales, de las cuales, en una sociedad europea cualquiera, ni se hubiera hablado, pero que en Cuba fueron insólitas. Es el resultado de esta situación nueva, y las autoridades están teniendo una actitud al respecto que, en mi opinión, es inteligente.

¿Opinas que el bloqueo contra Cuba es un tema censurado o minimizado por los medios corporativos?
Sí. Los medios dominantes, cuando hablan de Cuba, hacen como si el bloqueo no existiera. Y el bloqueo es absolutamente determinante de la vida cotidiana de Cuba. Se dice que es un embargo y no un bloqueo, y que es solo EEUU quien embarga, no la Unión Europea, ni América Latina, Rusia ni China. Pero EEUU es el centro de las finanzas internacionales. No se puede pagar sin pasar en algún momento por algún circuito financiero norteamericano, y ese circuito va a estar determinado por el bloqueo que impone EEUU. Un banco chino o turco no va a querer exponerse a que el Tesoro norteamericano lo sancione, como ha sancionado a bancos suizos, franceses o alemanes por hacer operaciones con Cuba.
Aunque no haya una decisión del Parlamento Europeo de bloquear a Cuba, las empresas tienen mucho miedo a invertir o comerciar, porque el financiamiento de cualquier inversión en Cuba tiene que pasar por un banco. Y los bancos tienen terror a que EEUU les sancione con multas, o a no poder operar allí.
Desde la Isla no puedes subscribirte a Netflix, o a un teléfono de una compañía internacional, ni pedir algo a Amazon, ni tener una tarjeta de crédito, porque cualquier tarjeta está afiliada a VISA o Mastercard. En el sector financiero hay un bloqueo del 90 %.
Por otro lado, la influencia de los medios en las mentes es más fácil cuando se vive en condiciones muy complicadas. Si Cuba no puede importar porque no le dejan pagar los alimentos, los medicamentos o el petróleo, esto trae muchas dificultades en la vida cotidiana: para tomar un autobús tienes que hacer horas de cola, un producto alimentario es posible que esté racionado, a veces no hay medicamentos. La reacción de cualquier persona en cualquier país del mundo es decir: la culpa la tiene el Gobierno. Pero la culpa es del bloqueo. Si, a la vez que vives condiciones muy difíciles, te están diciendo que el problema es el sistema, el socialismo, los gobernantes, etc., estás en terreno propicio para aceptar el discurso subversivo.
Hay dos discursos que van en la misma dirección: el del bloqueo y el del ataque mediático.

 

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