Matilde de la C. Molina Cintra. Doctora en Demografía. Centro de Estudios Demográficos de la Universidad de La Habana. Especial para SEMlac Cuba.- La violencia basada en género resulta un foco de atención en las agendas de los países y de las agencias internacionales; sin embargo, cuando nos detenemos en los datos que se reportan sobre la que se ejerce hacia las mujeres y las niñas, se confirma que aún queda un largo camino por andar.


Según datos recolectados por ONU Mujeres México[i], provenientes de diferentes fuentes bibliográficas, en el mundo alrededor de 243 millones de mujeres y adolescentes de entre 15 y 49 años han sido víctimas de violencia física y/o sexual a manos de su pareja durante los últimos 12 meses. Además, 137 mujeres son asesinadas a diario por un miembro de su familia. Datos de más de 80 países reportan que una de cada tres mujeres que han estado en una relación ha sufrido violencia física y/o sexual por parte de una pareja íntima en algún momento de sus vidas[ii].

Una mirada a la región de América Latina y el Caribe revela que 14 de los 25 países del mundo con mayor número de feminicidios están en esta área geográfica, donde 3.800 mujeres fueron asesinadas en 2018[iii].

En Cuba, según la Encuesta Nacional de Igualdad de Género (ENIG) de 2016, la población de 15 a 74 años reconoce que la sobrecarga, el maltrato y la violencia se encuentran entre los problemas principales de las mujeres. Según ese informe, un 26,7 por ciento de mujeres fueron víctimas de violencia en los 12 meses previos al levantamiento estadístico[iv].

En el contexto actual, ante la emergencia de la covid-19, es de esperar el aumento de casos de mujeres que son -y pueden ser- maltratadas, dada las condiciones que se generan en un escenario difícil, de déficits y de incertidumbre entre la vida y la muerte, como puede ser una pandemia.

Investigaciones previas a la covid-19 mostraron que las mujeres sufren formas múltiples y agravantes de violencia en situaciones de emergencia. A medida que se cerraron las escuelas y se implementaba la cuarentena durante el brote de Ébola de 2014-2016, en África occidental, las mujeres y las niñas experimentaron más violencia sexual, coerción y explotación. También aumentó en un 19 por ciento el acceso de mujeres y niñas a servicios de salud, asesoramiento y gestión de casos en comparación con los meses anteriores a la crisis[v].

Los embarazos adolescentes crecieron durante la epidemia de Ébola en África occidental, en algunas comunidades hasta en un 65 por ciento. Dos explicaciones han argumentado este hecho: se culpó directamente a las niñas por tener relaciones sexuales sin protección (cuando está demostrado que generalmente, en el proceso de toma de decisión, para el uso de anticonceptivos por las adolescentes, esta decisión es protagonizada por el hombre), y un aumento de la violencia sexual contra las adolescentes[vi].

En el brote del virus del Zika, se demostró que las diferencias de poder entre los hombres y las mujeres significaron que ellas no tuvieron autonomía en sus decisiones sexuales y reproductivas[vii].

¿Por qué aumenta la violencia basada en género ante las pandemias?

En primer lugar, porque se trata de un problema estructural de las sociedades patriarcales. ¿De qué otra manera se puede expresar un fenómeno como este ante una crisis, que no sea exacerbando y aumentando su ocurrencia?

En segundo lugar, expone las desigualdades subyacentes en los sistemas socioeconómicos y de salud. La base de estas desigualdades son las formas en que vemos y valoramos los roles de las mujeres y los hombres en la sociedad.

En tercer lugar, las normas y roles de género relegan a las mujeres al ámbito del trabajo de cuidado, que incluye trabajo doméstico, cuidado de niños y personas mayores, y enfermas. Son trabajos que son invisibles, no remunerados o mal remunerados[viii]. Además de que limitan la autonomía física, económica y política de la mujer.

En cuarto lugar, puede aumentar la violencia de género y sus manifestaciones por las propias medidas de encierro, confinamiento y cuarentena, en las que conviven la mujer y su esposo, u otro maltratador.

En quinto lugar, tienden a disminuir las redes sociales y de apoyo, así como los servicios de salud y otros. El miedo a la infección, la restricción de movimiento pueden evitar que las mujeres busquen servicios de salud durante una epidemia[ix].

En sexto lugar, la situación adversa de la pandemia genera incertidumbre, tensión económica, lo que aumenta el estrés en el hogar. En consecuencia, crece la sensación de impotencia de la mujer y la percepción de impunidad del agresor. El poder de negociación dentro del hogar ante los conflictos no es posible en una relación de poder asimétrica.

¿Qué se reporta en la covid-19?

La evidencia preliminar de China sugiere que la violencia doméstica ha aumentado dramáticamente: una estación de policía en la provincia china de Hubei registró un triplicado de informes de violencia intrafamiliar en febrero de 2020, durante la cuarentena por covid-19. Los grupos de prevención de violencia de género en Sudáfrica reportan nuevos casos en la medida en que aumentan las restricciones para enfrentar la covid-19. En Oregón, Estados Unidos, las líneas directas de violencia doméstica están observando un uso cada vez mayor de sus servicios, a medida que la covid-19 se ha extendido en el estado. Informes actuales de muchos de los países afectados por la pandemia (España, China, Francia o Alemania) indican que la violencia de género puede haber estado en ascenso, probablemente en relación con la combinación de aumento de la tensión, el estrés y condiciones de confinamiento en el hogar. Como ejemplo, se ha producido un fuerte aumento de las llamadas a las líneas de ayuda, reportado en todos los países desde el inicio de la pandemia[x].

En Cuba, si tenemos en cuenta las condiciones que en una situación de emergencia como la covid-19, podemos inferir que es alta la exposición al riesgo, por ejemplo, de las mujeres que refirieron en la ENIG 2016 que habían sufrido violencia en los últimos 12 meses. Si a ello añadimos, además que al analizar los mitos y valoraciones acerca de la violencia (Ver tabla), reportados por esta encuesta, se identifica que hay una proporción de las mujeres que justifican la violencia de pareja a partir de sus creencias erróneas, podríamos pensar que deben estar sufriendo de violencia un grupo considerable de mujeres.

Mitos o valoraciones acerca de la violenciaDesacuerdo (%)De acuerdo (%)
La mujer es la culpable de que el hombre la maltrate70,527,1

Es normal que en las relaciones de pareja exista algún

tipo de violencia

70,225,6
La violencia verbal no es tan mala como la física67,829,7
Los hombres son violentos por naturaleza63,133,9
La violencia en la pareja es un asunto privado53,840,3

Fuente: ENIG 2016. ONEI-CEM, 2018.

Lo anterior indica que una parte importante de la población de 15 a 74 años considera que la violencia en la pareja es un asunto que debe resolverse en el ámbito de lo privado, sin que intervengan instituciones u otras personas en la solución del conflicto. Esta idea “justifica” también que las mujeres no asistan a instituciones o servicios a pedir ayuda en una situación de violencia de pareja[xi]. A partir de esta última afirmación, en condiciones no emergentes, pudiéramos cuestionarnos la búsqueda de apoyo social real y de denuncias de las mujeres que hoy pueden estar sufriendo de maltrato dentro de sus hogares.

Según Ada Alfonso[xii], se mantienen funcionando varios servicios para la atención a las mujeres víctimas de violencia. Entre ellos, los servicios en todas las áreas de salud, las Casas de Orientación de la Mujer y las Familias, los trabajadores sociales, la Policía y la Fiscalía en los territorios. Refiere la especialista que “las líneas telefónicas de la Fiscalía, la Policía y el MINSAP han ampliado los servicios que brindan y están funcionando las 24 horas. Otros servicios que se brindaban en instituciones como el Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex) y el Centro Oscar Arnulfo Romero (OAR) han pasado a ofrecerse a distancia y se han evidenciado nuevas iniciativas de instituciones o grupos de trabajo con vistas a atender a todas las personas que así lo requieran”.

Por su parte, la doctora Yamila González[xiii] explica que, “a través de los espacios informativos de la televisión cubana se ha abordado el tema con el objetivo de que las mujeres y otras personas vulnerables puedan actuar jurídicamente en caso de que se presente una situación de este tipo. Además, se han elaborado materiales comunicativos con mensajes positivos, de cultura de paz y con enfoque de género, que orientan a dónde acudir si es necesario, los teléfonos, correos electrónicos y sitios digitales a su alcance”.

Alfonso subraya que “el conocimiento de los servicios existentes permite a la población en general, y a las víctimas en particular, acercarse a una ventana de oportunidades, conocer que no están solas y que existen personas en diferentes instituciones en capacidad de ayudarlas a encontrar las mejores soluciones a las situaciones que viven”[xiv].

Son respuestas que abren un camino, aún insuficiente, que necesitan de una correcta divulgación, por acciones que ayuden a las mujeres víctimas de violencia a reconocer el fenómeno, a empoderarse y mostrar su autonomía. Aunque se hace camino al andar, aún nos falta para llegar.

 


[i]ONU Mujeres México. (2020). COVID-19 y su impacto en la violencia contra las mujeres y niñas. México: ONU Mujeres México.

[ii]Neetu, J., Casey, S. E., Carino, G., & McGovern, T. (2020). Lessons Never Learned: Crisis and genderbased violence. World Bioeth.(Apr 12 : 10.1111/dewb.12261.).

[iii]ONU Mujeres México. (2020). COVID-19 y su impacto en la violencia contra las mujeres y niñas. México: ONU Mujeres México.

[iv]CEM-ONEI. (2018). Encuesta Nacional de Género 2016. La Habana, Cuba: Editorial de la Mujer.

[v]Neetu, J., Casey, S. E., Carino, G., & McGovern, T. (2020). Lessons Never Learned: Crisis and genderbased violence. World Bioeth.(Apr 12 : 10.1111/dewb.12261.)

[vi]World Bank Group. (2020, Abril 16). Gender Dimensions of the COVID 19 Pandemic. World Bank.

[vii]UNFPA. (2020). COVID-19: Un Enfoque de Género. Informe técnico. Nueva York: UNFPA.

[viii][viii]Neetu, J., Casey, S. E., Carino, G., & McGovern, T. (2020). Lessons Never Learned: Crisis and genderbased violence. World Bioeth. (Apr 12: 10.1111/dewb.12261.)

[ix] Ídem

[x] Ibídem

[xi]CEM-ONEI. (2018). Encuesta Nacional de Género 2016. La Habana, Cuba: Editorial de la Mujer.

[xii] Ada Alfonso Rodríguez, psiquiatra, profesora e investigadora del Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX)

[xiii] Dra. Yamila González Ferrer. Vicepresidenta de la Unión Nacional de Juristas de Cuba (UNJC).

[xiv]UNFPA CUBA. (2020, Mayo 29). UNFPA Cuba. Retrieved from Cuba ofrece servicios de prevención y atención a las violencias basadas en género como parte de la respuesta nacional a la COVID-19: https://cuba.unfpa.org/es/news/cuba-ofrece-servicios-de-prevenci por cientoC3 por cientoB3n-y-atenci por cientoC3 por cientoB3n-las-violencias-basadas-en-g por cientoC3 por cientoA9nero-como-parte-de

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