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#MatrioskaDeIsla.- La crianza respetuosa ha existido siempre, aunque no fuese la norma, hoy solo se visibiliza más y tanto la ciencia como las leyes la avalan.


Criar con respeto, ni moda ni camisa de fuerza

La crianza respetuosa ha existido siempre, aunque no fuese la norma, hoy solo se visibiliza más y tanto la ciencia como las leyes la avalan...

Yeilen Delgado Calvo

El camino de la vida es largo y convulso, y se vuelve mucho mejor si nos pensamos compañeros de viaje de nuestros hijos, y no sus jefes. (Yeilén Delgado Calvo / Cubahora)

Este jueves llegué a casa agotada. Después de ocho horas de trabajo, el camino del círculo al parque, los 15 minutos de juego allí, cargar con el bolso y las bolsitas, y la perspectiva de una nueva jornada de trabajo doméstico, solo quería sentarme unos minuticos, pero las madres sabemos que casi nunca se puede.

Entramos por la puerta, y mi hija y mi hijo empezaron a la vez a pedir agua, jugo, merienda, pipi, mamá, mamá, mamá, mami, mamita, mamá… mientras yo hacía malabares para lavarles las manos, quitarnos los zapatos, ponerles el orinal… en fin, se me puso “la cabeza mala”, y alcé bastante la voz para decirles: “Ya voyyyyyyyyy”.

Mis tribis (como le digo a ese par maravilloso) no están acostumbrados a que grite, así que se me quedaron mirando, más que asustados, intrigados;  puse una cara cómica, y se echaron a reír. Entonces el juego era que ellos decían “mamáááá”, y yo les respondía “voyyyyyy”. Las carcajadas de los dos retumbaban en todo el edificio.

A mí se me fue la tensión, ellos calmaron su ansiedad, y retomamos la rutina de cada tarde-noche: merienda, muñes, juego, baño, comida, sueño, con muchos mimos por el medio.

Nunca es fácil: la vida adulta tiene cargas de trabajo, estrés, conflictos, que no podemos ignorar, porque somos humanos; pero cuando se tiene la responsabilidad de sostener el universo infantil, hay que hacer todo el esfuerzo posible para brindar felicidad.

Es allí donde entra a jugar su papel un modelo de crianza distinto al que la sociedad consideraba únicamente  valedero hasta hace muy poco, y del que todavía nos cuesta desprendernos; un modelo basado en la empatía, que busca la satisfacción tanto de madres y padres, como de su descendencia; y que reconoce en los hijos sujetos con derechos.

La crianza respetuosa, también llamada de apego, natural, o positiva, tiene en su núcleo la creencia de que cada niñez es diferente, incluso entre hermanos, y por eso los progenitores debemos prestar atención a sus características, para actuar en consecuencia, atendiendo al sentido común y al instinto.

En todo caso, se trata de no recurrir a violencia de ningún tipo, ni castigos corporales ni métodos autoritarios, tampoco a críticas o burlas.

En Cuba, el debate a escala nacional sobre el tema es relativamente reciente, y estuvo motivado por el proceso de discusión y referendo del Código de las Familias, finalmente aprobado y ya vigente.

El por qué provocó tanto revuelo que desde la ley se usaran términos como responsabilidad parental (sustituyó al obsoleto patria potestad), autonomía progresiva o interés superior del niño, es fácil de entender, no para todo el mundo es fácil cuestionar lo que recibió en su infancia, y lo que está dispuesto a entregar de adulto: en ese proceso se despiertan muchas susceptibilidades.

Según define la Unicef, la crianza respetuosa “son aquellas prácticas de cuidado, protección, formación y guía que posibilitan el desarrollo, bienestar y crecimiento saludable y armonioso, tanto físico como mental, espiritual, ético, cultural y social de las niñas, niños y adolescentes, gracias a que se realiza de acuerdo con la evolución de las facultades, la etapa del ciclo vital de desarrollo, características y circunstancias de la niña, niño o adolescente, sin recurrir a la violencia, sino respetando sus derechos humanos”.

En una definición más coloquial, Blanca García, directora ejecutiva de la Red Chilena de Crianza Respetuosa, y fundadora de la página Crianza en flor, considera que “criar con respeto es una filosofía de vida, una cosmovisión, que requiere de conexión con uno mismo, con la niñez y con la sociedad, constituyendo una suma de autoconocimiento, redes de apoyo, amor, firmeza, empatía y continuo aprendizaje.
“Caminar hacia una crianza respetuosa desarrolla una forma de vida consciente, reflexiva, cercana y amorosa, que promueve sensibilidad en nuestras respuestas, favorece el buen trato, propicia apego seguro y cultiva sanos lazos emocionales”.

Podrían parecer muchas palabras, sobre todo para madres y padres envueltos en una contemporaneidad convulsa, con muchos problemas económicos y poco fondo de tiempo; pero la crianza respetuosa no es un invento moderno ni una camisa de fuerza.

Por años, en muchos hogares se ha educado sin golpes, dándoles voz a los niños según sus capacidades, ofreciéndoles amor y contención. Que nos equivoquemos alguna vez tampoco es motivo de autoflagelación, por el contrario, la crianza respetuosa también se trata del empeño de hacerlo mejor, y de tratarnos con el mismo cariño que ofrecemos a la prole.

Roxanne Castellanos Cabrera, profesora titular en la Facultad de Sicología de la Universidad de La Habana y, además coordinadora del proyecto Crianza Respetuosa, explicó al periódico Granma, en febrero del 2022, que «sin duda alguna, este tipo de educación es más compleja que aquella que predica que los niños no tienen voz ya que carecen de conciencia para ello. Es mucho más fácil poner las normas, hacerlas cumplir y castigar ante las transgresiones, que explicar la razón de cada una de ellas, dialogar, convencer y aplicar las consecuencias negativas cuando no se respeta lo establecido, de un modo racional y que proporcione aprendizaje».

Y agregó que “esto no quiere decir, en modo alguno, que se haga lo que los niños quieren o prefieren. Sigue estando muy claro que son los adultos los que pueden analizar, de conjunto, tanto los elementos que aporta el infante, como el resto de las otras cuestiones objetivas para tomar la mejor decisión; la que podrá estar más cerca o más lejos de la voluntad del niño”.

Es decir, no se trata de ser flojos ni permisivos, sino firmes sin ser violentos ni crueles. Según se ha evidenciado, los maltratos dificultan el aprendizaje, disminuyen la empatía, e incrementan las conductas agresivas. El niño no obedece por convicción sino por miedo, y desarrolla sentimientos como tristeza, desamor, miedo, enojo, impotencia, culpa, desconcierto y confusión.

De acuerdo con la propia Unicef, la prohibición del castigo corporal no limita la autoridad de madres y padres, solo limita el ejercicio arbitrario y perjudicial del poder. “La crianza requiere de una mano respetuosa, amable y amorosa y al mismo tiempo firme (no violenta), segura y confiable. La mano dura genera temor y distanciamiento. La mano amorosa y firme genera la seguridad emocional que se requiere para que haya aprendizaje y fortalece el vínculo entre la niña/niño y el adulto”. 

¿Cómo hacer entonces? Lo primero es estudiar, hay muchísima información al alcance, con consejos para edades y situaciones específicas, pero de forma general la cuestión es asumir prácticas que refuercen el buen comportamiento de una manera positiva, es decir, sin castigos físicos ni tratos humillantes.

Por ejemplo, celebrar sus logros; dialogar mirándolos a los ojos, lograr conexión emocional; preguntarles y escuchar con interés sus respuestas; validar sus sentimientos y emociones, aunque nos parezcan asuntos nimios o respuestas exageradas; recordemos, su mundo infantil no es igual al nuestro.

Es imprescindible, además, que como adultos tratemos de conservar la calma y de gritar menos. Ante malas conductas, podemos ofrecerles alternativas para que cambien de actividad (sobre todo cuando son muy pequeños para entender) y establecer límites claros, con sentido y bien explicados.

La comunicación, como se sobreentiende, es lo básico: que no se sientan juzgados, que el ambiente del hogar sea de apertura de ideas; y, a la vez, para no caer en sobreprotección ni permisividad, estimularlos a tener criterio propio, a ser autónomos, y socializar con personas de su edad.

No hay recetas inamovibles, como madres y padres debemos buscar lo que nos funciona a nosotros y a ellos; pero si algo no puede faltar, es el amor; ese constituye el impulso para querer criar mejor. Quien ama no hiere a propósito, quien ama se esfuerza, quien ama respeta.

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