Oto Higuita - Cubainformación.- A la metástasis que padecen las instituciones básicas del Estado colombiano, se suma ahora la grave crisis diplomática originada por la cancelación abrupta de la mediación para el intercambio humanitario que encabezaba el presidente de Venezuela Hugo Chávez y la senadora liberal Piedad Córdoba. Decisión radical tomada por el presidente de Colombia Alvaro Uribe quien puso en el congelador una vez más cualquier posibilidad de buscar la liberación los secuestrados por las FARC. Esta decisión llevó al presidente venezolano a responder afirmando que se sentía traicionado y no creía más en su homologo colombiano.

Ante ello, el presidente colombiano respondió con un duro discurso criticando lo que llamó la “expansión del chavismo” en el continente, su amistad con los “terroristas de las FARC” y las propuestas del presidente venezolano a favor de las clases populares del continente históricamente humilladas, excluidas y explotadas por oligarquías locales y las transnacionales.

Es evidente que el presidente Alvaro Uribe ha salido a responder desde una posición de clase, de derecha; a otra de izquierda como la que encabeza Hugo Chávez. Lo que hemos visto enfrentarse no son solo dos estilos personales de gobernar, sino dos visiones opuestas del mundo, de la política, la economía y la sociedad. Y hasta de la historia. El venezolano es un defensor sistemático y consecuente de Simón Bolívar y su legado histórico a los pueblos del continente; el colombiano es un defensor a ultranza de Francisco de Paula Santander, ambos estrategas y genios políticos de la época de la Independencia. Las posiciones de clase de nuestros presidentes reclaman nuestra solidaridad. ¿Usted de qué lado está?

Álvaro Uribe ha sido un defensor de las políticas expansionistas del imperialismo norteamericano en la región. Quien primero adoptó para el conflicto interno colombiano la doctrina de la “cruzada mundial contra el terrorismo” delineadas por la administración Bush a partir de los ataques a las torres gemelas del 11 S en el 2001, la cual también sirvió como plataforma de lanzamiento de su política expansionista hacia el medio oriente e invadir Irak.

Es clara, también, la defensa del presidente de Colombia de la estrategia de recolonización que para la región ha diseñado Estados Unidos. Política colonialista que se manifiesta en los planes de integración económica, política y militar tales como el Tratado de Libre Comercio (TLC), el Acuerdo de Libre Comercio para Las Américas (ALCA), Plan Puebla Panamá, el Plan Patriota, que ha privatizado el patrimonio público de los colombianos/as, entregándolo a los capitales transnacionales y grupos oligarcas locales.

El presidente venezolano Hugo Chávez ha sido, por el contrario, un defensor de la soberanía nacional, de nacionalizar los recursos naturales estratégicos como el petróleo, la plataforma marina, las telecomunicaciones, de la distribución de la tierra y crear incentivos y créditos bancarios para los más pobres, la nacionalización de la banca, etc. Por eso ha propuesto la integración de los pueblos en La Alternativa Bolivariana para América Latina y El Caribe  (ALBA), un bloque regional económico y de poder entre las naciones latinoamericanas que contrarresten el peso de las transnacionales gringas en nuestras economías e incentive el crecimiento de las economías locales, buscando una distribución de la riqueza equitativa y justa.

Hugo Chávez ha manifestado en incontables ocasiones su posición antiimperialista y antimonarquista; su irreverencia con aquellos mandatarios del continente, el rey de España y quienes vienen conspirando contra Venezuela como el expresidente del gobierno español, José María Asnar.

La metástasis de la institucionalidad colombiana, se niegan tozudamente a reconocerla desde el mismo presidente Álvaro Uribe, el grupo parlamentario que lo apoya, los grupos económicos que controlan la economía hasta los medios masivos de información. La crisis diplomática entre ambos países, si llevara a la ruptura de relaciones y del comercio entra ambas naciones, lo cual implicaría que la economía colombiana dejara de percibir más de 3 mil millones de dólares que recibe anualmente a favor de su balanza comercial, en cambio, ha generado una actitud solidaria en los sectores oligarcas y el grupo de parlamentarios que apoya al presidente, cerrando filas a su alrededor. Manifiestan su solidaridad de clase, actúan como un cuerpo.

Es como si el Presidente colombiano, ayudado por la buena imagen y popularidad, gozara de una suerte de efecto teflón haciendo que la grave crisis política e institucional que arrastra la sociedad, le resbale. Así, no tendría que asumir la máxima responsabilidad política que le compete ante el colapso institucional.

No hay duda del fracaso de las instituciones históricas que hicieron posible la preservación del poder de la oligarquía y sus intereses. Por eso afirmamos que la sociedad colombiana requiere urgentemente de un nuevo paradigma de sociedad, de un nuevo modelo político, económico (radicalmente diferente del neoliberalismo) y cultural para hacer posible la justicia social, la verdad histórica sobre los crímenes de Estado y una sociedad democrática donde todos y todas vivamos dignamente.

A ella no llegaremos con falsas ilusiones sobre la realidad. El Polo, sus dirigentes y toda la militancia tienen que preguntarse cuál es la salida a la situación irreversible que vive la sociedad colombiana. En ese sentido, el Polo debe ponerse a la cabeza de un gran movimiento nacional de ciudadanos y ciudadanas por la dignidad y la verdad históricas. Convocar, aglutinar y jalonar un gran movimiento nacional por la indignidad, contra el TLC, el recorte a las transferencias, etc.

No es momento de vacilaciones ni ambigüedades como bien lo dijo, recientemente, Carlos Gaviria, el presidente del Polo.

Estamos ante una oportunidad única de avanzar con una inmensa mayoría de la sociedad en la construcción de un proyecto alternativo de poder al que ha ejercido por más de 150 años la oligarquía colombiana. Contamos ya con la organización y la propuesta para asumir el rol de sujetos históricos de nuestro propio destino.

El pueblo venezolano y el presidente Hugo Chávez están asumiendo su papel y ello exige también nuestra solidaridad de clase. ¿Usted de qué lado está?

Oto Higuita
Miembro de la dirección nacional del PDA
oto.higuita@gmail.com

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