TV Cubana.- El llamado Movimiento San Isidro intenta desestabilizar a Cuba mediante las redes sociales. Con falsas noticias y financiados desde los Estados Unidos, sus integrantes buscan incitar al odio y dividir a la población cubana. Otras aristas del tema en el siguiente comentario de Humberto López.


La victoria del parque Trillo

Alina Perera Robbio - Tomado de Presidencia Cuba

Sí, volvió a ganar la Revolución con sus jóvenes cantando, recitando y bailando, y a quienes el pueblo, con cubanos de todas las edades, acompañó; y a quienes el Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, acompañó también porque, como él dijo ante quienes allí se dieron cita, sentía tener el derecho de estar esa tarde «con los jóvenes de mi país».

Este domingo en el parque Trillo de La Habana la Revolución volvió a ganar. Lo hizo, primero, desde la firmeza de los principios, esos que para José Martí caben en el ala de un colibrí. Lo hizo desde la alegría –esa arma infalible y ausente en muchos lugares de este mundo enfermo—.

Sí, volvió a ganar la Revolución con sus jóvenes cantando, recitando y bailando, y a quienes el pueblo, con cubanos de todas las edades, acompañó; y a quienes el Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, acompañó también porque, como él dijo ante quienes allí se dieron cita, sentía tener el derecho de estar esa tarde «con los jóvenes de mi país».

Buena tángana —como llamaban los universitarios revolucionarios de otros tiempos a las luchas justas— se armó en el parque ubicado en el municipio de Centro Habana, el mismo lugar donde un monumento reverencia la memoria del Mayor General Quintín Banderas, hombre valiente y consecuente con sus ideas hasta el final de su existencia.

Se mezclaron los jóvenes con sus teléfonos celulares, confluían condiscípulos, amigos, vecinos, madres con sus hijos muy pequeños, ancianos, periodistas de diversos medios informativos. Subían los estudiantes a recitar poemas, subían trovadores; las personas, libremente, iban de un lugar a otro conversando y escuchando todo cuanto se decía o cantaba detrás de los micrófonos.

Los vecinos de los edificios aledaños observaban desde sus balcones o ventanas; los habitantes del barrio se mezclaban con los universitarios. No había un banco con un solo espacio vacío; no había tristezas a pesar de los nasobucos que impedían ver las sonrisas en estos tiempos de la COVID-19.

El momento de la vorágine, como es lógico, fue el de la llegada de Díaz-Canel Bermúdez. Cuando en medio de la multitud el Presidente llegó al lugar desde donde hablaría a los presentes, una joven le confesó estar sorprendida, porque la cita «se ha convertido en algo que no nos esperábamos, que ha superado todas nuestras expectativas».

«Se oye, se siente, Fidel está presente…», aclamaba el pueblo. Y la muchacha dijo: «Vamos a ver en esta tángana que estamos dando qué tiene que decir nuestro Presidente…»

«Buenas tardes, muchachos. Saludos. Quería ante todo explicar el motivo de nuestra presencia aquí», expresó el Jefe de Estado, quien explicó que el motivo no era importunar, «para nada (...) molestar lo que ustedes están haciendo».

Él contó que uno de sus hijos, que por cierto estaba formando parte de la tángana, le había pedido que no fuera, para que no desnaturalizase el encuentro; «y por supuesto no me lo estaba diciendo por nada malo, me lo estaba diciendo para que no se perdiera la espontaneidad».

Estando en casa, sin embargo, viendo lo que estaba pasando, viendo la alegría, viendo el apoyo, viendo las convicciones, viendo lo que la juventud se había propuesto, «la emoción no cabía en mi pecho y tenía que venir acá», confesó el dignatario, quien además dijo no tener intenciones de «matar el espacio de tiempo que queda para que ustedes sigan cantando, para que ustedes sigan expresando libremente sus ideas», «con convicción, con sentimientos».

«Canel, amigo, el pueblo está contigo», volvió el pueblo a la carga. Ante lo cual, como de costumbre, el mandatario respondió: «Gracias, y yo estoy con ustedes también…». Y esa fue la oportunidad para que él recordase que «la Revolución siempre ha convocado a los jóvenes, ustedes están bien conscientes de que nosotros siempre en nuestros discursos tenemos palabras para los jóvenes, nosotros nos reunimos sistemáticamente con jóvenes, en estos días en provincia nos hemos estado reuniendo, siempre hemos estado buscando un espacio para los jóvenes cubanos que han escrito en todos los lugares del país una página de historia y de altruismo enfrentando la COVID-19».

Además de esa histórica razón el Presidente tenía otras para haberse llegado al parque Trillo de La Habana: se dijo para sí, y como tal lo contó, que aunque haya canas, de ideal y de corazón él también es joven. Y entonces el pueblo volvió a la carga, gritando su disposición para lo que haga falta.

«Ustedes saben todo lo que nos han querido montar», afirmó Díaz-Canel. En eso subió una anciana que él mismo ayudó a abrirse paso. Y entre un gesto y otro de comunicación, dijo lo que todas las personas honestas del planeta ya saben: «Nos han montado un show mediático». Se trata de un grupo de sucesos, aseveró, que tendrán continuidad en el tiempo porque a fin de cuentas lo que nos tiene montado el enemigo es una estrategia de Guerra No Convencional.

«Es el último intento que podían (tener) los trumpistas y la mafia anticubana que ahora también es trumpista, y ellos tenían en su pronóstico, tenían en su agenda, que antes de que terminara el año tenía que caer la Revolución cubana».

Por lo visto, y como dijo el Jefe de Estado, «se van a quedar con el deseo, y aquí en Cuba se van a quedar con el deseo porque nuestros jóvenes están en la calle, porque el pueblo cubano está en la calle», y porque no admitimos injerencias del Norte, y los problemas nuestros los discutimos entre nosotros, y aquí hay espacio de diálogo  para todo lo que sea por el socialismo y por la Revolución.

El punto más alto de la sinergia nacida del diálogo en el parque Trillo fue cantar, entre todos, la canción «Pequeña serenata diurna», de Silvio Rodríguez. Este domingo —casualidad— era el cumpleaños del poeta, y Díaz-Canel entonó a dúo con el cantautor Raúl Torres, y junto a la multitud, esa obra de belleza y de agradecimiento que no olvida a los muertos que nos han traído a la obra del presente.

Este día de tángana, como definió Díaz-Canel, ha sido uno de esos en que sentimos la necesidad de pedir perdón, por nuestra felicidad, a quienes lo dejaron todo en el camino para que pudiésemos estar en otro punto, más elevado y no menos desafiante, de la liberación humana.

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