Andrés Marí - Cubainformación / Fundació Vivint.- Mis saludos, Estados Unidos, por tu triunfo de hoy que, por supuesto, está basado en la fraternidad y no en ninguna de mis derrotas.


Que Dios bendiga al caos que dio origen al universo y en él a nuestro planeta de aire, agua, rocas y tierras, a las branquias con que la vida originó la respiración en los peces, a las semillas que iniciaron el crecimiento de los girasoles, y por último a los esfuerzos de la bestia por hacerse humano y recorriendo la historia del mismísimo Dios se hiciera unidad por el Bien Común…

Esas dos tan simples palabras son la única expresión de verdad, belleza y esperanza oída hoy en Washington. Porque después de la imagen de la resurrección de Roma con toda la escenografía antigua del Imperio, su emotiva fanfarria, sus oropeles de gloria eterna a la nación y aquel decadente clarín, de “liderar el mundo, ser el faro de este y finalmente la soledad de que Dios bendiga a Estados Unidos”, es la más terrible, dañina y equivocada visión que tienes, Estados Unidos, como país de Dios, del Universo, del Planeta, de la Vida y de los Esfuerzos que, mediante La Libertad y la Justicia para Todos, nos llevan al Bien Común, al Glorioso Bien Común. 

Que Dios bendiga a los pueblos pobres de la India con su río sagrado del Ganges, e igual a los judíos, cristianos y musulmanes de los Santos Lugares, a los tantos y tantos olvidados del gran Cosmos de África, del Asia, del Cementerio del Mediterráneo y de la Nuestra América a la que no se termina de seguir descubriéndola, conquistándola y menospreciándole los pulmones de la Amazonia y la Libertad de ser Otra América sin necesidad de que la lidere -como igual intentas, Estados Unidos, con el resto del mundo-, sin que él, ni tampoco nosotros, los no invitados a Washington, participemos en tus elecciones y solo nos permitas saber que no tenemos derecho a construir nuestro propio Faro porque tú, a pesar del cambio histórico para salvar tu régimen que dices haber tenido, tienes tan metido en tus erradas entrañas el rumbo de todos que, en la continuidad de tus creencias, sigues creyendo que nosotros seguimos siendo los mismos sacrificados en el Coliseo...

Y oyes un grito en plena herejía de los sin Dios ni su bendición: Salve, César, los que van a morir te saludan… Lo siento, mantengo mis saludos por tu triunfo de hoy, Estados Unidos, pero evidentemente oyes muy mal la fiesta que te dedicamos todos y en vista de ello, me siento con la mayor serenidad del mundo y del Río Bravo a la Patagonia al decírtelo en paz, feliz y sin rencores. ¡No lo olvides otra vez, hermano! Recuerda siempre que también nosotros podemos ayudarte.

 

* Andrés Marí es escritor, profesor y actor cubano residente en Catalunya.

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