Paco Azanza Telletxiki - Cubainformación - Baraguá.- El texto que presento a continuación fue publicado en alguna otra ocasión; fue escrito en su día para subrayar que, a pesar de las grandes dificultades por las que atravesaba Cuba, debido fundamentalmente al genocida e ilegal bloqueo yanqui y la desaparición de La URSS, la Revolución Socialista Cubana seguía en pie.


Cristalera en la sede del Partido Comunista en la Ciudad Héroe de Santiago de Cuba (Fotografía: Paco Azanza Telletxiki)

El texto que presento a continuación fue publicado en alguna otra ocasión; fue escrito en su día para subrayar que, a pesar de las grandes dificultades por las que atravesaba Cuba, debido fundamentalmente al genocida e ilegal bloqueo yanqui y la desaparición de La URSS, la Revolución Socialista Cubana seguía en pie.

Hoy, cuando las embestidas del imperialismo yanqui y sus mercenarios contrarrevolucionarios, se han recrudecido de manera considerable, bien vale la pena reeditarlo.

Los enemigos de esta Revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes volverán a sentirse frustrados, volverán a estrellarse contra el muro de la dignidad y la razón de todo un pueblo. Y es que la obra magistralmente dirigida por Fidel (de alguna manera hoy la sigue dirigiendo) cumple ya 64 años. Esto es una realidad. ¡Y no paramos!

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Hace unos cuantos años, en octubre de 1994 para ser más exacto, mientras caminaba por las calles de Santiago de Cuba avisté sobre la pared de un edificio la siguiente inscripción: 36, ¡y no paramos! La ejecución de la pintada se había realizado con trazo preciso y elegante; se refería al 36 aniversario que la Revolución había cumplido el primer día de aquel año en curso, así como a la absoluta convención de que está cumpliría muchos más.

Dado el momento histórico que se vivía en la Isla (era el momento más crudo del Período Espacial), me sorprendió, primero, el tono “desafiante” de aquella frase, y, casi de inmediato, me alegró sobremanera que, en tiempos tan complicados para Cuba, un notable optimismo fuera además la esencia del mensaje.

Recordemos que la URSS y todo el llamado Campo Socialista del Este ya habían desaparecido, y que el período especial golpeaba a la población con toda su crudeza. Más del 85% del intercambio comercial Cuba lo tenía con los países del Consejo de Ayuda Mutua Económica -CAME-, y, por lo tanto, casi de la noche a la mañana los cubanos se quedaron sin mercados y sin fuentes donde adquirir suministros. Entre 1991 y 1993 la economía cayó a más del 35%. Con sólo un tercio disponible del petróleo requerido para funcionar, la industria se resintió quedando más del 60% paralizada, reduciéndose el funcionamiento del transporte en un 75%; tanto afectó al suministro eléctrico que más que apagones se puede decir que hubo alumbrones; debido a la eliminación o el incumplimiento brusco de los convenios se perdió la adquisición de no pocos alimentos -las importaciones decrecieron de 8.500 millones de dólares anuales a 1.500, provocando que la ingesta calórica de la población, hoy ya recuperada, cayera de 3.000 a menos de 2.000-. Desaparecido el Campo Socialista, Cuba tuvo que guapear con un mercado tan hostil y “desconocido” como el capitalista, teniendo que buscar las materias primas y los medios en ese mismo mercado. Y en esas condiciones tan delicadas fue cuando el imperio norteamericano apretó deliberadamente, endureciendo el bloqueo con la ley Torricelli de 1992 -más tarde, en 1996, con la Helms-Burton-, seriamente convencido de que Cuba ya no resistiría durante mucho tiempo.

Pero existen infinidad de ejemplos en la historia de Cuba que invitan a ser optimistas, incluso en situaciones tan adversas como las vividas en prácticamente toda la década de los noventa. Es muy probable que, además, el autor o las autoras de la pintada que nos ocupa escuchara las palabras pronunciadas por Fidel a ese respecto. Desaparecida la URSS, el Comandante expresó que si eran capaces de resistir durante los cinco primeros años, entonces la continuidad de la Revolución estaba asegurada.

Decir eso a primeros de los noventa fue mucho decir. Obedeciendo más al deseo que a la realidad, los “demócratas occidentales” se regocijaron anunciando el fin de la Revolución cubana, e incluso algunos “amigos” cambiaron su discurso respecto a ella. Pero Fidel sabía que contaba con todo un pueblo -¡y qué pueblo!-, y el pueblo sabía que contaba con todo un líder en el que poder confiar. Fidel nunca perdió credibilidad ante su gente. La relación entre la Dirección y las masas siguió siendo excelente; y eso en Cuba revolucionaria siempre ha dado muy buenos resultados. Fidel tenía autoridad moral para llamar a la resistencia a sus gobernados, y, contra todo pronóstico enemigo, el pueblo no sólo resistió, sino que avanzó creciendo despacio, aunque sin pausas, durante todo ese tiempo.

No era la primera vez que Fidel pronosticaba algo que rozaba lo “absurdo” y luego se cumplían sus previsiones. También en esto existen muchos ejemplos, y este sólo es uno de ellos: Cuando el 2 de diciembre de 1956 el Granma desembarcó por playa Las Coloradas, la aviación enemiga recibió con fuego a los 82 expedicionarios que zarparon en Tuxpan, matando y apresando a no pocos de ellos y dispersando al resto del débil pero ya naciente Ejército Rebelde. En esas condiciones tan complicadas, mientras la prensa de buena parte del mundo daba por muerto a Fidel y al intento emancipador que él lideraba, los rebeldes que no habían sido asesinados o apresados, fueron reagrupándose poco a poco. Así, el martes 18 de diciembre, el grupo de Fidel hizo contacto con el de Raúl. Cuando esto hubo sucedido, luego de estrecharse en un emotivo abrazo, los dos hermanos protagonizaron un diálogo histórico:

-¿Cuántos fusiles traes? -preguntó Fidel a Raúl.

-Cinco.

-¡Y dos que tengo yo, siete! ¡Ahora sí ganamos la guerra!

Estás palabras bien podían haber sido dictadas por el cerebro de un loco, pero lo cierto es que, poco más de veinticuatro meses después, la guerra fue ganada por los Barbudos. Habían pasado cinco años, cinco meses y cinco días desde el asalto al cuartel Moncada y Carlos Manuel de Céspedes cuando, asomados al balcón del ayuntamiento de Santiago de Cuba, los Rebeldes anunciaron el triunfo revolucionario.

Era el primero de enero de 1959. La Revolución cumple ahora, pues, 64 esplendorosos años. No se equivocó el autor del rótulo callejero que tanto me llamó la atención en pleno período especial, hace ya más de catorce años. Tampoco se equivocó Fidel al pedir cinco años de estoica resistencia; bien que valió la pena. Durante todo ese tiempo Cuba se recuperó y creció caminando en solitario manteniendo viva la llama del socialismo, sin la ayuda de nadie. Una buena lección, sin duda, un buen ejemplo para los movimientos revolucionarios de todo el mundo, especialmente de América Latina, que salieron fortalecidos comprobando que el mundo nuevo que ellos anhelan y persiguen, además de urgentemente necesario, es muy posible.

Son muchos los beneficios repartidos por el afecto cubano. Somos muchos los que hoy nos alegramos por su existencia y estamos de celebración. Bajo el colmillo siempre presto de la fiera, la Revolución Socialista Cubana cumple años. 64, sí, ¡y no paramos!

(Baraguá)

 

 

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