Eddy E. Jiménez* - Cubainformación.- Orgullo y emoción siento cuando veo las imágenes en la televisión en que se muestran a personas aplaudiendo al paso de nuestra brigada médica en Italia y a los taxistas en el aeropuerto madrileño de Barajas haciendo sonar los claxon de sus automóviles en señal de agradecimiento por la llegada de nuestros profesionales, de paso hacia Andorra.


Ahora en Latinoamérica, en tiempos de Covid-19, los carros cisternas con cañones de agua se usan indistintamente para reprimir manifestantes y para limpiar las calles; en Cuba tenemos un “problema”: carecemos de esos vehículos pues hace ya más de sesenta años que no se reprimen manifestaciones.

Por las noches, los cacerolazos se hacen sentir en las ciudades latinoamericanas en protesta por la desatención de la salud en medio de la crisis: En Cuba, a las 9 p.m. la ciudadanía comienza a aplaudir para homenajear a los trabajadores de la salud cubanos que no sólo en Cuba ya combaten contra el Covid-19 en quince países, al margen de los más de veinte mil que prestan sus conocimientos en casi todos los continentes.

En muchos confines la ciudadanía se alarma al ver en las calles a fuerzas militares; en Cuba los hospitales militares han sido los escogidos para atender a los pacientes y a los sospechosos de estar contagiados.

Cuando sin puerto que aceptara su arribo, incluyendo los del poderoso vecino estadounidense, el crucero británico MS Braemar, con cinco pacientes confirmados y decenas de sospechosos de padecer Covid-19, atracó en el puerto cubano de Mariel, los cubanos no preguntamos quienes eran los viajeros millonarios y quienes los humildes trabajadores del trasatlántico; todos, por igual, fueron auxiliados y trasladados hacia el aeropuerto en medio de efectivas medidas sanitarias.

Hace pocas horas a una nave de la aerolínea alemana Condor, que cubría un vuelo humanitario de repatriación, con 221 pasajeros, desde Managua, Nicaragua, hacia Frankfort, varios aeropuertos de la región del Caribe le negaron el permiso de repostaje. Fue mi Cuba, en tiempos de pandemia, la que abrió la pista de aterrizaje del aeropuerto de la provincia de Holguín y atendió el vuelo para que continuara rumbo seguro hacia su destino.

Nunca se podrá saber cuántos seres humanos salvaron la vida, en el mundo, gracias al Interferón Alfa 2B Humano Recombinante, medicamento antiviral creado en Cuba y producido en nuestra Isla y en China, con tecnología cubana, y que ha sido solicitado por más de 45 países pues es uno de los fármacos más utilizados contra el Covid-19.

Millones invierten las autoridades estadounidenses para desinformar sobre la realidad cubana y ahora mismo para desvirtuar y denigrar el apoyo que brindamos, sin distingo ideológico, a cualquier país que lo solicite. Llegan hasta el cinismo de amenazar a los que piden ayuda médica a Cuba. ¡Da asco!

Cuba entiende que salvando se salva. Es ese nuestro histórico sentir, no ahora, desde el siglo XIX.

No es mi objetivo entrar en disquisiciones políticas; solo digo: Sí, me siento orgulloso de ser cubano. Si pudiera volver a nacer y de escoger el lugar, raudo y para que no queden dudas, gritaría: ¡En CUBA coño!

* Escritor y periodista cubano

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