Fernando Ravsberg.- Recién llegado a Cuba, a comienzos del año 1990, acompañé a mi mujer a llevar a nuestro hijo al círculo infantil en el pueblo del Mariel.

Fue mi primer contacto con el sistema de educación y, a pesar de venir de Suecia, me sorprendió.A los niños se les quitaba toda la ropa que traían de sus casas, incluyendo los zapatos, se les ponía ropa limpia del circulo para pasar el día, se les daba una merienda por la mañana, el almuerzo y otra merienda fuerte antes de irse.


Estaban divididos por edades y en cada sector había cantidades de juguetes didácticos con los que se enseñaba jugando. Al frente de cada grupo de niños se encontraban dos "seños", una maestra de preescolar y una asistente. Con la crisis económica esto ha cambiado, la falta de recursos se ha hecho sentir y los círculos infantiles ya no son ni la sombra de lo que eran, sin embargo, hay una realidad incuestionable, a pesar de las limitaciones siguen abiertos.

Y así es prácticamente en todos los sectores de la educación, recuerdo cuando visité las escuelas de ballet, tenían las ventanas rotas, las paredes descascaradas y sin pintura pero estaban llenas de niños cumpliendo el sueño de bailar.

Enseñanza gratuita

Mi hijo mayor llegó desde Suecia con 9 años por lo que tuvo que hacer parte de la primaria, la secundaria, el preuniversitario y la universidad en Cuba, lo que me permitió recorrer casi todo el sistema tomado de su mano.
Nunca tuve que pagar un centavo por su educación, incluso en el preuniversitario -que es interno- se le daba, además de la formación académica, todos los libros, el uniforme y la alimentación (desayuno, almuerzo y cena).

Más tarde pasó a la universidad (CUJAE) donde cursó 5 años hasta graduarse de Ingeniero Informático. Durante ese periodo nadie me exigió que pagara matriculas y todos los libros que usó fueron prestados por su facultad.
Entre los compañeros de Arapey hubo jóvenes de todos los sectores sociales, desde el primogénito del vicepresidente, Carlos Lage, hasta la hija de un albañil. No conocí ninguna escuela en la que no tuviera acceso el más humilde de los cubanos.

En medio de la crisis

Todo esto ocurrió en plena crisis económica de los 90, con el país sin petróleo, sin buses, sin luz y casi sin comida. Aún en medio de esa terrible realidad ninguna escuela se cerró, por el contrario, la matricula aumentó cada año.

Es cierto que la proteína brillaba por su ausencia en el comedor del preuniversitario pero los padres hacían maravillas para enviarles los miércoles a sus hijos un pedacito de pollo y guardar algunos huevos para el fin de semana.

Fueron años de estrecha colaboración, mientras unos comprábamos trapos para limpiar los pisos, el director de una empresa pesquera enviaba redes para los arcos de futbol, el padre albañil reparó el aula y entre todos los alumnos la pintaron.

Un gigantesco esfuerzo nacional en el que participaron todos sin excepción. Recuerdo momentos en los que ni siquiera había hojas para hacer las pruebas pero al final siempre aparecía un padre que se las llevaba de su centro de trabajo.

El gran reto

La educación cubana ya salió de lo más negro de la crisis económica, lo peor ha quedado atrás y el sistema educativo sobrevivió. Hoy las escuelas son reparadas, las computadoras se multiplican y hay televisores y videos en todas las aulas.

Sin embargo, la falta de maestros es endémica, la principal causa parece ser la deserción por los bajos salarios. Muchos de los educadores que soportaron la década de los 90 buscan hoy nuevos horizontes mejor remunerados.
Tan es así que el gobierno se ha visto obligado a organizar un plan de "maestros emergentes", jóvenes de más de 17 anos que asumen las aulas y van formándose pedagógicamente en el camino, frente a los alumnos.

El Ministro de Educación, Luis I. Gómez, me dijo que esta es la mejor cantera, asegurando que el 60% de estos jóvenes terminan estudiando pedagogía o carreras afines y continúan trabajando como maestros en las escuelas.
Todo parece indicar que el sistema educativo cubano ha logrado sortear una nueva crisis, pero el gran reto es estabilizar al personal docente y para ello solo parece haber una salida, mejorar las condiciones de vida de los educadores.

 

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