La periodista Angélica Arce Montero, recibió el Premio Juan Gualberto Gómez en la categoría de Hipermedia. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate. Videos: Canal Caribe / TV Cubana.


Entregan premios nacionales de periodismo en el Memorial José Martí

Darío A. Extremera Peregrín, Enrique González Díaz (Enro)

Cubadebate

Con la presencia del presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, fueron entregados este martes 14 de marzo, Día de la Prensa Cubana, los premios nacionales de periodismo Juan Gualberto Gómez y José Martí por la obra de la vida.

La ceremonia de entrega tuvo lugar en el Memorial José Martí.

Participaron Roberto Morales Ojeda, secretario de Organización del Comité Central del Partido; Rogelio Polanco, jefe del Departamento Ideológico del Comité Central del PCC; Inés María Chapman Waugh, vice primera ministra; Ulises Guilarte, secretario general de la CTC, y Ricardo Ronquillo, presidente de la Unión de Periodistas de Cuba.

Este año fueron premiadas las periodistas de Ideas Multimedios Arleen Rodríguez Derivet —que recibió el Premio Nacional José Martí por la obra de la vida, la más alta distinción que otorga la UPEC a sus afiliados— y Angélica Arce Montero, ganadora del Premio Juan Gualberto Gómez en la categoría de hipermedia.

También recibieron el Juan Gualberto Gómez —entregado por Morales Ojeda y Ronquillo— la periodista Valia Marquínez Sam, de Cubavisión Internacional, en la categoría televisión; Joel García León, del periódico Trabajadores, en prensa escrita; Greta Espinosa Clemente, de Radio Ciudad del Mar, en la categoría de radio; José Manuel Correa Armas, del periódico Granma, en fotoperiodismo, y Adán Iglesias Toledo, de la Editora Juventud Rebelde, en periodismo gráfico.

Las menciones en prensa escrita fueron para Dailene Dovale, Osviel Castro y Fidel Rendón.

Recibieron menciones en televisión los periodistas Lázaro Manuel Alonso, Duanys Hernández Torres y Maricela Recasens.

El jurado también otorgó menciones a Arnaldo Mirabal y Yaidel Miguel Rodríguez, en hipermedia; Oscar Salabarría Martínez y Angélica Paredes López, en la categoría radio, y al caricaturista Alfredo Lorenzo Martirena Hernández.

Otro de los premios anunciados fue el de Innovación Periodística Juan Antonio Borrego, entregado a Ideas Multimedios, el periódico Trabajadores y la Agencia Cubana de Noticias.

El presidente cubano felicitó a los trabajadores de la prensa y habló de su admiración por Arleen Rodríguez Derivet y la amistad que mantienen. “Con Arleen, además de la admiración por su obra y trabajo, me une una relación de amistad y hermandad”, dijo Díaz-Canel.

Calificó a Rodríguez Derivet como “una muy buena persona, buena cubana y buena guantanamera, una excelente amiga y hermana, una revolucionaria cabal”.

El mandatario afirmó que tiene muchas cosas que agradecer a Arleen: “Su aporte a la Revolución, la prensa cubana, al trabajo del Partido. Sus consejos también”. Concluyó afirmando que “es un merecido Premio José Martí”.

Arleen Rodríguez Derivet tomó la palabra después del presidente y destacó la influencia de José Martí en su vida: “Es el intelectual que más profundamente caló en mis sentimientos desde que, siendo una niña, aprendí de memoria, y sin ningún esfuerzo, algunos textos suyos que con el tiempo me llevaron a otros, todos hondos, tiernos, emocionantes”.

Aseveró que a lo largo de sus 42 años de ejercicio periodístico, solo el Apóstol y García Márquez han podido sacarla de los episodios de baja creativa.

“Los leo y la inspiración brota —dijo—. Ya puedo escribir, como decía Martí en la carta que interrumpió su muerte”.

En el periódico Juventud Rebelde, del que fue directora entre 1993 y 1997, nació su pasión por el periodismo, afirmó.

Comentó que, al recibir la noticia del premio, en quien pensó primero fue en sus colegas que lo merecen antes: “En los que murieron sin recibirlo, como Guillermo Cabrera Álvarez o Ricardo Sáenz Padrón, en los que están vivos y no mencionaré, porque la lista es demasiado larga y comienza en mi natal Guantánamo.

“Con perdón de ellos, me permito tres excepciones: Tubal Páez, que se negó, por modestia, a ser nominado mientras dirigía la UPEC; Pablo Soroa, que me cedió la corresponsalía y me deslumbró también con su conocimiento, y otra muchacha, Hilda Pupo Salazar, holguinera, mi compañera de aula y de cuarto en la Universidad de Oriente, que hace muchos años lucha contra una cruel ataxia y no ha dejado de ejercer.

“Permítanme compartir este premio con ustedes, todos los que saben que les tocaba primero”.

También agradeció a cuantos creyeron en sus posibilidades más que ella misma y la “obligaron a crecer”.

Rodríguez Derivet recordó que “el enemigo envalentonado y vil está apostando todo a la hora final de la Revolución cubana. Sabe que solo la desunión podrá romper la fortaleza y apuesta a eso. Su mentira apuntan a fracturar, a dividir, a sembrar la inseguridad y el caos.

“Asumo responsablemente el riesgo de echar la pelea por la verdad con la misma pasión con la que critico y confronto todo lo que me resulta incompatible con la justicia social, que es santo y seña de la Revolución que yo aprendí a amar y defender”.

 

Presidente de Cuba encabeza homenaje a periodistas destacados (+Fotos)

La Habana, 14 mar (Prensa Latina) El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, participa hoy en la entrega de los premios por la obra de la vida y del año a reporteros destacados de la Unión de Periodistas, en conmemoración por el Día de la Prensa.

El memorial José Martí de esta capital es el escenario del acto de entrega del Premio Nacional de Periodismo José Martí 2024 a la reconocida reportera Arleen Rodríguez; así como de los Premios Nacionales Anuales de Periodismo Juan Gualberto Gómez en las categorías de prensa escrita, fotoperiodismo y periodismo gráfico, periodismo hipermedia, radio y televisión.

La nación caribeña celebra este 14 de marzo con la motivación del aniversario 132 de la fundación por el Héroe Nacional José Martí del periódico Patria, e inmersa en la contraofensiva comunicacional de la Revolución.

Distinguen a periodistas destacados en Cuba (+Fotos)

La Habana, 14 de mar (Prensa Latina) El presidente Miguel Díaz-Canel felicitó hoy a los periodistas de Cuba durante la entrega de los premios nacionales por la obra de la vida y del año en conmemoración al Día de la Prensa cubana.

El mandatario destacó a la relevante periodista Arleen Rodríguez, galardonada con el Premio Nacional de Periodismo José Martí 2024, la más alta distinción que otorga la Unión de Periodistas (UPEC) de Cuba, como revolucionaria cabal.

Al recibir el premio, en ceremonia efectuada en el capitalino Memorial José Martí, Rodríguez aludió a la utilidad del periodismo para el país y su función como salvaguarda de la historia.

La destacada periodista mencionó una frase del Héroe Nacional de Cuba, José Martí, publicada en una de las primeras páginas del periódico Patria, fundado hoy hace 132 años que expresa: “nace este periódico, a la hora del peligro, para velar por la libertad, para contribuir a que sus fuerzas sean invencibles por la unión, y para evitar que el enemigo nos vuelva a vencer por nuestro desorden”.

La hora del peligro sigue siendo y el periodismo ha vuelto a ser llamado a filas por nuestra propia conciencia, aseveró.

La victoria depende mucho de lo que avancemos dentro, afirmó, y a su vez resaltó otra sentencia de José Martí donde expresa: “la prensa es otra cuando se tiene enfrente el enemigo. Entonces, en voz baja se pasa la señal. Lo que el enemigo ha de oír, no es más que la voz de ataque. Eso es Patria en la prensa. Es un soldado”.

Rodríguez confesó que el Héroe Nacional de Cuba y el escritor Gabriel García Márquez son su principal inspiración ante el papel en blanco en el ejercicio del periodismo.

El jurado, conformado por 16 destacados profesionales de la prensa en la isla, realzó su quehacer como reportera, realizadora audiovisual y radial, documentalista e investigadora; dentro de importantes medios como Cubadebate, Ideas multimedios y en el rol de conductora del programa de la televisión cubana «Mesa Redonda”.

A su vez subrayó que su obra es un recorrido de impacto y trascendencia por la realidad cubana que le ha tocado vivir.

También distinguió su capacidad para convertir el periodismo en una causa, así como su vocación formadora para acompañar a varias generaciones que la sienten cercana y accesible.

La UPEC agasajó además a profesionales destacados con los Premios Nacionales Anuales de Periodismo Juan Gualberto Gómez en las categorías de prensa escrita, fotoperiodismo y periodismo gráfico, periodismo hipermedia, radio y televisión.

El periodista Joel García, del periódico Trabajadores, recibió el premio en el apartado Prensa Escrita, mientras el galardón en Fotoperiodismo fue para José Manuel Correa, del periódico Granma.

En Periodismo Gráfico el ganador fue Adán Iglesias, caricaturista de la Editora Juventud Rebelde; y el jurado de Periodismo Hipermedia otorgó el galardón a Angélica Arce, de Ideas Multimedios.

En Radio resaltó la obra de Greta Espinosa de Radio Ciudad del Mar, y en Televisión reconocieron a Valia Marquínez de Cubavisión Internacional.

Además, la UPEC reconoció la labor del periódico Trabajadores, la Agencia Cubana de Noticias y la plataforma Ideas Multimedios con los Premios Nacionales a la Innovación Periodística “Juan Antonio Borrego”.

Los cuatro premios de Arleen Rodríguez Derivet

Enrique Milanés León

Cubaperiodistas

Tras leer una exquisita acta de jurado que constituía en sí misma un premio adicional al Premio José Martí por la Obra de la Vida (la vida en obra de Arleen Rodríguez Derivet), Maribel Acosta invitó a hablar al presidente y, en efecto, habló el presidente, pero no el de la UPEC, como contemplaba el guion, sino… ¡el del país!

Pues resultó que, lejos de mostrarse sorprendido, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, el presidente de los periodistas como de todos los cubanos, demostró estar preparado desde hacía décadas para decir lo que dijo, porque hablaba de una hermana de causa y afectos.

Ricardo Ronquillo, el presidente (de la UPEC) que se quedó sin hablar, fue el primero en celebrar que Díaz-Canel elogiara en público la estatura de esta cubana con la cual el jefe de Estado se ha relacionado de cerca, «en las buenas y en las malas», desde los tiempos de la UJC, el Partido y ahora en la conducción de un pueblo y un país.

En pleno Memorial José Martí, de cara a las doctrinas del Maestro y frente a unos cuantos colegas y dirigentes del Partido, el Gobierno y varias organizaciones, Díaz-Canel dijo no solo que Arleen es buena persona, buena cubana y guantanamera, sino que es también una revolucionaria cabal. «Está siempre criticándome para bien, moviéndome los sentimientos y el pensamiento», confesó en un tono que rebasaba, para bien también, como la crítica de Arleen, los márgenes a veces rígidos del protocolo.

«Tengo mucho que agradecerle —añadió Díaz-Canel—: su aporte a la Revolución, a la prensa cubana, al trabajo del Partido…». Bueno, con ese elogio, el diploma y el acta, ya eran tres premios.

Cualquiera conoce el talento de esta periodista —incluso los que la atacan; o mejor dicho, sobre todo ellos—, de modo que era natural que desgranara un discurso sensible, difícil de seguir a bolígrafo, por los picos y honduras humanas que reunía en su limpio agradecimiento. Uno, que estaba allí para «cubrir la noticia», hubiera preferido simplemente cubrirse el alma con tales ideas.

Arleen demostró, citándolo desde el pecho, por qué José Martí es el intelectual que más caló en su formación, desde niña, al punto de que aun el Apóstol le sigue trayendo de vuelta a su madre. Tiene que ser grande la periodista que, a la hora de su premio, cambia el foco para echar más luz sobre los soles sagrados de La Edad de Oro, Nuestra América y la carta —¡una carta señores!— a Manuel Mercado.

Tiene que tener ese Premio la colega que no saca de su maleta de viajes cierta edición de las Obras Escogidas del Héroe Nacional —su Biblia martiana, insiste— y que asegura que solo él y el Gabo la sacan de sus crisis creativas (¿¡eso existe para ti, Arleen Rodríguez!?).

En su crónica (mal) disfrazada de discurso, Arleen nos paseó por sus trillos personales, desde la cuna guantanamera y el amor por Juventud Rebelde, comparable solo al que cierto colega mencionadísimo sentía por Patria. Y dibujó a Fidel en aquella redacción, dándoles, más que exclusivas, profecías que más tarde habrían de cumplirse.

Varios días después de conocer la noticia, su noticia, ella insiste en dedicar el Premio a esos otros colegas que, a su juicio, lo merecen. Se atrevió a decir tres nombres: Tubal Páez, Pablo Soroa e Hilda Pupo, pero dejó claro que hay más.

Así es esta mujer que se pasa de audaz para llegar a valiente: «Asumo el riesgo de echar la pelea por la verdad», recordó aludiendo al enemigo que lo apuesta todo a nuestra hora final como nación.

En el acto nacional por el 14 de marzo, Día de la Prensa Cubana, hubo de todo: fueron entregados los premios Juan Gualberto Gómez, por la Obra del año 2023; y los de la Innovación Periodística Juan Antonio Borrego y el del Proyecto que más contribuyó a la transformación de la prensa. Fueron muy aplaudidas las actuaciones de jóvenes del Conservatorio Amadeo Roldán y abundaron al final los reencuentros de colegas, los selfies y las anécdotas.

Pero este fue «el año» de Arleen, así que desde los dos presidentes —el que habló y el que no, pero pensaba lo mismo que aquel— a los altos dirigentes y reporteros multimediales, todos agradecieron el magisterio de esta colega que ubica en un fragmento del ensayo Nuestra América los pilares donde descansa su compromiso con el oficio.

«Solo la luz es comparable a la felicidad cuando pienso en el periodismo», dijo y ya no se podía distinguir si hablaba ella o hablaba José Martí, pero eso no importaba mucho: tantos abrazos no hacen más que confirmar que Arleen Rodríguez Derivet tiene el respeto de todo un gremio. Un cuarto premio… ¡y contando!

 

Asumo responsablemente el riesgo de echar la pelea por la verdad

Arleen Rodríguez Derivet

Cubadebate

Discurso pronunciado al recibir el Premio Nacional de Periodismo "José Martí" por la Obra de la Vida.

Querido amigo, hermano Miguel, querido Presidente, queridos compañeros de la Presidencia, Ronquillo y demás entrañables de la UPEC, Randy que tanto me consientes, compañeros y amigos queridísimos, amores que me acompañan:

Dos colegas de distintas generaciones me preguntaron, cada uno a su modo, sobre el significado de este premio y a los dos les respondí, pero sin explicar todas las lágrimas que se salieron solas, mientras Maribel Acosta leía el hermoso fallo del jurado.

Hoy tengo el deber de hacerlo. José Martí es el intelectual que más profundamente caló en mis sentimientos desde que siendo una niña aprendí de memoria, y sin ningún esfuerzo, algunos textos suyos que con el tiempo me llevaron a otros, todos hondos, tiernos, emocionantes. Desde los Versos Sencillos hasta Nuestra América, ensayo estremecedor y deslumbrante. Desde la Edad de Oro hasta la Carta inconclusa a Manuel Mercado y su misterioso mensaje final: “hay afectos de tan delicada honestidad”.

Es tanto lo que me deleita Martí que una edición de sus Obras Escogidas, del año del Centenario, herencia entrañable de un maestro martiano: mi tío político Mario Castro, va conmigo a todas partes en un librito pequeño, de carátula gastada por el abusivo manoseo de sus hojas de papel biblia. Por cierto, más de una colega que me ha visto con el libro en el equipaje o sobre la mesa de noche de algún hotel de viaje, ha creído que lo que cargo es una Biblia. Yo les digo: sí, es mi Biblia. Es Martí.

Sólo Martí y García Márquez han podido sacarme de los episodios de baja creativa que más de una vez me han asaltado a lo largo de 42 años de ejercicio periodístico. Los leo y la inspiración brota. Ya puedo escribir, como decía el Apóstol en la carta que interrumpió la muerte aquel fatídico 19 de mayo de 1895.

Los que vivimos la desafiante década del 90 del pasado siglo en Juventud Rebelde sintiéndonos como una familia de miembros diversos en todos los sentidos, que dormíamos apenas par de horas, apiñados todos en la única oficina que nos quedó con aire acondicionado, llevábamos en sangre un amor por el periódico sólo comparable al de Martí por Patria.

Como él, nos apasionamos por la revisión de las pruebas de plana y hasta por empaquetar y distribuir los periódicos en los días y las horas en que otros de nuestras mismas edades descansaban o fiestaban. El semanario era la fiesta. Y leernos y criticarnos unos a los otros, nuestra propia “fiebre del sábado por la noche”.

Allí tuvimos a Fidel una noche entera de septiembre de 1990. Venía a informarnos, con el respeto y cariño de colega que jamás dudó en mostrarnos, la medida del Período Especial que afectaría a los periódicos. Juventud Rebelde sería semanario y tendría menos páginas. Por el prestigioso DDT, renunciaríamos a la contraportada. Pero esa decisión, como la de salir en domingo y ajustar los contenidos, fue de nuestro colectivo y llegó después.

La mitad del personal sería reubicada en medios como la radio o la televisión, pero “jamás dejarán de atenderlos, porque van a volver”, orientó Fidel al entonces director del diario Bruno Rodríguez, nuestro actual canciller y al resto del equipo de dirección que no daba crédito a los planes que Fidel nos dibujaba en un sobre amarillo que aún debe conservarse, mientras fuera de nuestras fronteras el campo socialista comenzaba a esfumarse.

Aquella noche, Fidel nos regaló una de sus legendarias profecías: “Cinco años, si resistimos cinco años, remontamos esta crisis”. José Luis Rodríguez ha escrito y explicado bastante sobre los modos en que se consiguió cumplir el vaticinio. En 1994 se detuvo la caída.

Me he permitido este recuento porque mi pasión por el periodismo nació en Juventud Rebelde. Leyéndolo primero y haciéndolo después. Ese fue mi segundo hogar y mi mayor escuela.

Como ya dije, al recibir la noticia del premio en quien primero pensé fue en mis colegas que lo merecen antes. En los que murieron sin recibirlo como Guillermo Cabrera Álvarez o Ricardo Sáenz Padrón y en los que están vivos y no mencionaré porque la lista es larga y comienza en mi natal Guantánamo.

Con perdón de ellos, me permito tres excepciones: Tunal Páez, quien se negó por modestia auténtica a ser nominado mientras dirigió la UPEC, Pablo Soroa, que me cedió la corresponsalía y me enseñó tanto como me deslumbró con su enciclopédico conocimiento e Hilda Pupo Salazar, holguinera, compañera de aula y de cuarto en la Universidad de Oriente, quien lucha hace muchos años contra una cruel ataxia sin dejar de ejercer ni de pelear por Cuba.

Permítanme compartir este Premio con ellos, con ustedes, todos los que saben que les tocaba primero.

Compañeros:

No voy a hacer cronología, no hay tiempo y no hace falta. Sólo diré que agradezco profundamente a cuantos creyeron en mis posibilidades más que yo misma y me obligaron a crecer. Pienso otra vez en el Juventud Rebelde que me acogió recién graduada y el que dejé con tristeza un día, nostálgica por el sofá de la directora, donde cabían tantos que mandaban más que yo, a través de mí. Casi todo lo bueno que pude hacer allí tiene un empujón de aquella puerta que nunca pude ni quise cerrar.

El desafío comercial en Opciones, Haciendo Radio en Rebelde, la Globalización en El Economista, el Tercer Mundo en Tricontinental, las elevadas exigencias de la Mesa Redonda, el mundo digital de Cubadebate y ahora en Ideas Multimedios, la pelea radial por la libertad de los Cinco con Una luz en lo oscuro; Nuestro Norte en Telesur y nuestro Sur en Al Mayadeen; libros, documentales y podcast…en todas partes aprendí algo y entregué lo que podía. Como Martí al descender del bote en Playitas de Cajobabo, “sólo la luz es comparable a mi felicidad” cuando pienso en el Periodismo.

Pero, ¿de qué vale mi felicidad si no sirve para hacer la de otros? ¿Cuán útil al país, cuán ilustrativo de la época es lo que hacemos?

Patria, el periódico fundado por Martí este día de 1892 tiene claves que no envejecen. “Nace este periódico -escribió el Apóstol-  a la hora del peligro, para velar por la libertad, para contribuir a que sus fuerzas sean invencibles por la unión, y para evitar que el enemigo nos vuelva a vencer por nuestro desorden”.

“La hora del peligro” sigue siendo. Y el periodismo ha vuelto a ser llamado a filas por nuestra propia conciencia.

Entiendo claramente que no todo puede ser batalla contra lo que nos viene encima, desde afuera, porque la victoria afuera depende mucho de cuanto avancemos dentro. Pero no olvidemos lo que Martí escribió en Patria para la hora del peligro:

“…la prensa es otra cuando se tiene enfrente el enemigo. Entonces, en voz baja se pasa la señal. Lo que el enemigo ha de oír, no es más que la voz de ataque. Eso es Patria en la prensa. Es un soldado. Para el adversario mismo será parco de respuestas, y en vano se le querrá atraer a escaramuzas inútiles, porque cada línea de los periódicos de la libertad es indispensable para fundarla; aun el adversario hallará en nosotros más bálsamo que acero. El arma es para herir, y la palabra para curar las heridas […]”.

Perdonen si me tomo demasiado a pecho el compromiso. El enemigo, evalentonado y vil, está apostando todo a la hora final de la Revolución cubana. Sabe que sólo la desunión podrá romper la fortaleza y apuesta a eso. Sus mentiras apuntan a fracturar, a dividir, a sembrar la inseguridad y el caos.

Asumo responsablemente el riesgo de echar la pelea por la verdad, con la misma pasión con la que peleo, critico, confronto todo lo que me resulta incompatible con la justicia social que es santo y seña de la Revolución que aprendí a amar y a defender en el humilde barrio de la entrada de Tiguabos donde me crié, mientras mi abuelo isleño, casi analfabeto, me enseñaba las primeras letras, escribiendo con un bejuco sobre la tierra seca del patio, para cuando mi madre me enseñara a amar los libros por encima de cualquier otra propiedad sobre la tierra.

Me reconozco en esos recuerdos de hace 60 años, como en las imágenes que ahora mismo muestran a otras niñas, al pie de otros abuelos, pero no aprendiendo a escribir, sino huyendo de las bombas de Netanyahu y su ejército sionista. Si no fue ese mi destino no fue por bondad de los agresores -viví todas las tensiones de la Guerra Fría- sino por el coraje y la resistencia de muchas generaciones. Así siga siendo.

Permítanme terminar con un fragmento de mi texto favorito de José Martí:

“Cree el aldeano vanidoso que el mundo entero es su aldea, y con tal que él quede de alcalde, o le mortifique al rival que le quitó la novia, o le crezcan en la alcancía los ahorros, ya da por bueno el orden universal, sin saber de los gigantes que llevan siete leguas en las botas y le pueden poner la bota encima, ni de la pelea de los cometas en el Cielo, que van por el aire dormidos engullendo mundos. Lo que quede de aldea en América ha de despertar. Estos tiempos no son para acostarse con el pañuelo en la cabeza, sino con las armas en la almohada, como los varones de Juan de Castellanos: las armas del juicio, que vencen a las otras. Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra. No hay proa que taje una nube de ideas”.

En mi personal entendimiento de esa idea, descansa mi personal compromiso con el Periodismo.

Muchas gracias.

 

Martí vuelve otro 14 de marzo a hacer Patria

Por Liset García * / Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano.

Para hablar con la verdad y la razón, y contribuir al afán de independencia de Cuba, nació el 14 de marzo de 1892 el periódico Patria. Fundado en New York por el Apóstol José Martí, a pocos dias de fraguar el partido encargado de preparar la Guerra necesaria, esa publicación sirvió para aunar a los patriotas de dentro y fuera de la Isla y forjar un modo de actuación asentado en la necesidad de la unidad y la movilización de todas las fuerzas patrióticas.

Los claros propósitos de Martí aparecieron aquel día en el artículo Nuestras ideas, escrito por él, en el que define que “para juntar y amar, y para vivir en la pasión de la verdad, nace este periódico”, una sencilla declaración de los fundamentos que lo llevaron a emprender con “la voluntad y con los recursos de todos los revolucionarios cubanos y puertorriqueños conocidos en Nueva York”, el nacimiento de lo que luego fue un arma para defender valores y contribuir a la causa sagrada de la independencia de Cuba y de Puerto Rico.

Puso en función de aquellas páginas todo su extenso e intenso acervo humanista, político, literario y diplomático. Ya para entonces había escrito una buena parte de su poética y ensayística, y era considerado brillante cronista en los importantes diarios de los que fue corresponsal en Venezuela, México, Argentina, Uruguay, nación de la que también fue cónsul. Muy tempranamente, con apenas 16 años, había fundado (en 1869) El diablo cojuelo y La Patria Libre, cimientos de obras futuras.

En Patria publicó las Bases del Partido Revolucionario Cubano, y explicó su necesidad y contribución en las lides independentistas. Incluyó variada información acerca de las acciones de los clubes patrióticos y revolucionarios y otros temas de interés. Personalmente escribió diversos textos para rendir homenaje a figuras de la historia de Cuba, participantes gloriosos en la primera etapa de la guerra a partir de 1868.  

Para solventar los costos del periódico, los tabaqueros de Tampa y Cayo Hueso donaban el 10 por ciento de su salario, una muestra de desprendimiento en tiempos en que lo único abundante era el deseo de ver libre a su país. Salía cada sábado, circulaba entre los emigrados y era enviado a Cuba clandestinamente, otra prueba de vocación patriótica y de sacrificios.

Variadas secciones contenía Patria: La Situación Política, Héroes, Guerra, Cartilla Revolucionaria, Las Noticias, Fuego Graneado, Pinchazos y Notas de la Colonia. Fueron cercanos colaboradores en la redacción del periódico, su amigo Gonzalo de Quesada y el puertorriqueño Sotero Figueroa, escritor de letra afilada, y tipógrafo, quienes se alternaron en la dirección del periódico en  ausencia de Martí. Otras firmas de la talla de Manuel Sanguily, Benjamín Guerra, Abelardo Agramonte, Francisco de Paula, Diego Vicente Tejera y Bonifacio Byrne, aparecieron en sus cuatro páginas.

Cuando Martí consiguió cumplir en tierra cubana el sueño de su vida, vigiló de cerca el bregar de Patria, y en plena campaña mambisa fue su mejor corresponsal de guerra, como lo llamaron colegas de letras y de batalla. Su muerte temprana lo separó para siempre de aquel periódico, que quedó como testigo de un tiempo que aún asiste a Cuba.

Desde 1992, a 100 años de aquella fundación, cada 14 de marzo, instituido Día de la Prensa Cubana, sus trabajadores, herederos de aquel legado inmenso, procuran seguir su luz, aprehender sus lecciones y darles vida con visión de futuro por el bien de Cuba, con todos y para todos, como quería Martí.

(*) Periodista cubana, colaboradora de Resumen Latinoamericano.

 

José Martí y su legado documental: el periódico Patria

La Habana, 14 mar (Prensa Latina) El periódico Patria, gestado por José Martí, el más grande de todos los cubanos, nació en una jornada como la de hoy en Nueva York, motivo por el cual se instauró el Día de la Prensa Cubana.

Recordar uno de los legados documentales más importantes dejados por el héroe es honrar su inconmensurable obra como periodista (e indudablemente en todas las áreas), pero su labor en esta que nos atañe significa evocar a uno de los articulistas, reporteros o columnistas más conocidos en la América Latina de ese entonces.

En el año 1892 vio la luz esta publicación en la urbe estadounidense y su último número fue el 522, con fecha 31 de diciembre de 1898.

Sin embargo, en esos seis años de intenso trabajo periodístico Martí dejó claro que a través de sus páginas era necesario impulsar el propósito del Partido Revolucionario Cubano (PRC) para alcanzar la total independencia de las islas de Cuba y Puerto Rico del dominio español y la lucha armada era la vía.

Como un connotado periodista en esa época, el Maestro ya tenía trabajos en importantes publicaciones como El Partido Liberal, de México, y La Nación, de Buenos Aires.

El crítico cubano José Antonio Portuondo apuntó en una ocasión que si a Martí le hubieran propuesto llenar uno de esos largos formularios de hoy en día y le pidieran especificar su profesión, hubiera marcado, «sin dudas», periodista.

«Porque esa fue, en definitiva, su más constante profesión (…) el trabajo de pan ganar (…) instrumento eficaz de su lucha revolucionaria y de formación ideológica. Y desde que comienza a darse a conocer, es como periodista», señaló Portuondo.

En cada etapa de su vida en la profesión, como los siguientes periodos posteriores a su muerte, todos coincidieron, y lo hacen actualmente, en que desde sus primeros artículos en «El Diablo Cojuelo» y «Patria Libre» -periódicos nacidos en enero de 1869- evidenció el vuelo de su pluma.

De los 28 tomos que constan sus obras completas, la mayoría está compuesta por sus trabajos extraídos de las columnas de periódicos y revistas.

No es desconocido que sus ideas principales las plasmó, bajo la euforia de las impresiones momentáneas y de cada lugar en los cuales estuvo como cronista (y demás géneros) en diversos países.

El intelectual encontró en esos medios el escenario más adecuado para reflejar la palpitación del día a día, pero fue Patria, el órgano del PRC, su obra cumbre dentro del periodismo.

La publicación apareció inicialmente un sábado -cuando se cumplan 134 años en 2026 nuevamente el almanaque marcará ese día de la semana- y quienes contribuyeron con la financiación para su apertura y sostenimiento fueron los tabaqueros de Tampa y Cayo Hueso, ademas de intelectuales cubanos y puertorriqueños residentes en Nueva York.

En una de sus páginas del primer ejemplar, Martí razonó en un artículo titulado «A nuestra prensa sobre el papel que le corresponde en la batalla por la independencia y la libertad» y en tal sentido escribió: «Nace este periódico, a la hora del peligro, para velar por la libertad, para contribuir a que sus fuerzas sean invencibles por la unión, y para evitar que el enemigo nos vuelva a vencer por nuestro desorden».

Tras la muerte de Martí, en el ejemplar de Patria correspondiente al 17 de junio de 1895 (número 166) apareció una nota de última hora: «Al entrar en prensa el presente número recibimos la cruel certidumbre de que ya no existe el Apóstol ejemplar, el maestro querido, el abnegado José Martí. Patria, reverente y atribulada, dedicará todo su número próximo a glorificar al patriota, a enaltecer al inmortal».

En efecto, el número correspondiente al 25 de junio dedicó Patria a Martí e intelectuales de gran valía que se hallaban entonces en Nueva York escribieron sus impresiones y recuerdos sobre la trascendental figura de la historia de Cuba y de América.

Para honrar la fecha de aparición de la importante publicación, desde los primeros años de la década del 90 del pasado siglo se celebra el 14 de marzo el Día de la Prensa Cubana.

 

El periódico Patria

Jorge R. Bermudez

Cubaperiodistas

A fines de 1891, Martí ha renunciado a casi todo lo que le obstaculice o impida llevar a feliz término su programa emancipador. Es, realmente, el inicio de su apostolado. Viaja a Tampa, y antes que expire el año, dará cumplimiento a la invitación del Cayo. Allí, frente a las principales figuras del independentismo cubano, da lectura a las Bases y Estatutos Secretos del Partido redactados por él. Y allí se aprueba y constituye el Partido Revolucionario Cubano. Mes y medio después, en Nueva York, ante la emigración reunida en Hardman Hall, pronuncia el famoso discurso conocido como la Oración de Tampa y Cayo Hueso. En él expresará su fe inquebrantable en aquellos tabaqueros que, de manera generosa y sin condición alguna, aportaban los recursos económicos indispensables para la preparación de la guerra necesaria. Al recordarlos, diría: «surge, una desde Cayo Hueso a Nueva York, el alma cubana…». Y  funda el periódico Patria, el 14 de marzo de 1892.

Si el Partido Revolucionario Cubano es su gran obra política, Patria es la culminación de su quehacer periodístico. Hombre de la imprenta, tanto por su condición de periodista como por la de editor, traductor y escritor, a ella se deberá ahora con más empeño que nunca.  Patria surge «de la voluntad y con los recursos de todos los revolucionarios cubanos y puertorriqueños conocidos en Nueva York».[1] Y así es. A su lado tiene como más cercanos auxiliares un puertorriqueño, Sotero Figueroa, y un cubano, Gonzalo de Quesada y Aróstegui, quienes también se alternan en la dirección del periódico en ausencia de Martí. Además, están Benjamín Guerra, Abelardo Agramonte, Rafael Serra, Antonio Vélez Alvarado y Francisco González Marín, entre otros.[2]

Ganado el pan de cada día, de noche hornean el de su ideal; y lo hacen de manera voluntaria, sin paga alguna. Martí se reserva para Patria: se siembra entre cajistas y prensistas, escribe solamente en sus páginas, y procura que el periódico alcance la cualidad de contenido indispensable para un acto mediático que no le cabe otro lujo que el de orientar, organizar y unir a todo un pueblo en el exilio, y en ambas islas a la vez. Bien sabe que «las grandes ideas no alcanzan acceso a las muchedumbres, hasta que una propaganda constante y abnegada no logra despertar el sentimiento del deber en las conciencias aletargadas por la acción represiva dominante».[3] Y en pensar semana tras semana cada página, cada artículo, cada nota, la suya y la del colaborador de turno, y de valorar lo que es más conveniente de ser publicado según la situación política del momento, camina pensativo entre la anónima muchedumbre con un lío de periódicos y revistas bajo el brazo, como si aspirara a detentar un mundo en las noticias del día.

Su destino: el trabajo ocasional, un acto político o Park Row 178, donde tienen su imprenta los italianos Frugone, Balleto y Gardella. Allí, por el momento, se imprime Patria. Y allí va con asiduidad a ver la prueba de plana, a delatar la errata, a veces, consecuencia del esfuerzo hecho por el cajista durante la noche, para que la página quedara lista para imprimir; otras, porque los nobles italianos no comprenden del todo el nombre de origen taíno de la toponimia cubana, y se reitera el error ya señalado. «Temblando me vine ayer, y bufando dejé al buen Frugone —le escribe a Sotero Figueroa—. Quedaba hablando un italiano de a vara. ¿Querrá Ud., creer que, en la prueba de plana, todavía decía Jauco y Camueyo? Pero me prometió, con los ojos honrados, compulsar una por una las correcciones».[4] Otras veces es la cita con un influyente simpatizante de la causa, la que queda postergada ante tareas de mayor prioridad. Y Patria se cuenta entre estas. «Y ahora, que me iba a despertarlo y a almorzar juntos, veo que tengo encima para esta misma mañana, todo el periódico y el arreglo de una reunión el sábado. ¿Cuándo lo veré pues? Hasta la una estaré doblado en la imprenta. Si va a esa hora, allí me halla».[5] Al final, ¡gran gozo!: el olor que despide el periódico recién impreso, es el de la patria…

***

El 14 de marzo de 1992, centenario de la fundación del periódico Patria,  los periodistas cubanos reunidos en la Plaza de la Revolución “José Martí” de La Habana, acordaron instaurar la fecha como Día de la Prensa Cubana. A 132 años de la creación de Patria, y a 32 de tan crucial acuerdo, los periodistas cubanos hacen firme su decisión de entonces; el periódico que los inspiró, no es un referente cualquiera, fue, es y seguirá siendo siempre la voz viva de lo mejor de nuestro pueblo.

Hasta la gráfica siempre.

Notas

[1] José Martí. «Patria: no órgano», en Patria, 19 de marzo de 1892. O. C., t. 1, p. 337.

[2] Estos dos últimos colaboradores de Patria, se disputan la autoría de la segunda bandera independentista de Puerto Rico, que imita el diseño de la cubana, pero con los colores invertidos —la primera fue la de Betances, de 1868, que se inspiró en la de República Dominicana—. Véase: Jorge R. Bermúdez. La invitada de la luz. Ediciones Bachiller, Biblioteca Nacional José Martí, La Habana, 2002.

[3] O, C., t. 2, p. 120.

[4] Carlos A. Aldao. Anuario del Centro de Estudios Martianos, nro.13, l990, p. 12.

[5] Ibídem.

Tomado de La Jiribilla

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