Andrés Marí - Cubainformación / Fundació Vivint.-  La caída de un imperio depredador que no acepta las leyes de la vida es muy peligrosa… Luego del asalto al Capitolio de Washington, Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara de Representantes de EEUU, llamó al Pentágono para cerciorarse de que Trump ya no podría usar el armamento nuclear norteamericano ni declarar ninguna guerra. Entonces, el resto del mundo respiró, aunque de forma entrecortada, pues la Guardia Nacional de EEUU estaba bajo sospecha y siendo vigilada. Por ello, realmente, la respiración del planeta sigue en ascuas y nadie sabe cuándo terminará la emoción que el magnate caído provocó en millones de norteamericanos armados de bombas, cañones y quién sabe qué más hasta en los dedos de los pies.


Porque es ahí donde guardan sus arsenales los supremacistas blancos para pisar hasta sus tumbas a negros, mujeres rebeldes, inmigrantes latinos, republicanos traidores, demócratas evolucionistas, comunistas nacionales y algún que otro chino, ruso, cubano o venezolano infiltrado que, según sus hábitos imperiales, entre todos esos malditos les robaron la doctrina creacionista de un Dios que les prometió, al fin, el America First que no lograron con su aislacionismo y no intervención durante la 2 Guerra mundial.

Ni asumiendo Biden la presidencia de EEUU e iniciando su mandato, “el planeta americano” descansará, pues todo ese mundo americanizado hasta los tuétanos de su historia, tampoco cree mucho en las ‘seguridades’ que les ofrecen “los demócratas”, e incluso algunas de sus partes aun llamando a la calma por su confianza en la gran nación y respaldando al nuevo Gran Jefe, tienen ciertas dudas de que este sea superior al herido. De alguna manera unas cuantas porciones de esas partes ya tienen la nacionalidad estadounidense y para la Cruzada Definitiva contra el Comunismo con la que se contagiaron, creen que principalmente es a ese sistema al que hay que acabar de sepultar por la gracia y divina necesidad del Capital. ¿Es extraño, verdad? Sí que lo es, pero ¿cuántas voces de las porciones ya dichas condenaron a Trump? Pocas y de lado, porque darles el frente es de comunistas y ellas, de eso, al menos ni hablan.

Están de moda las ansias malthusianas con las guerritas, enfermedades y abandonos climáticos en todas aquellas partes desechables de la especie humana… ¿Podría más bien ser esta especulación la teoría conspiranoica  de un manicomio y no la verborrea que tantos ejecutores del salvaje capitalismo gritan en las Cumbres de New York, París o Davos, y que finalmente muy poquitas palabras son acompañadas por acciones humanistas? Es la gran confusión del Sistema que se hunde con las manos llenas de millones de habitantes de nuestro bello planeta azul. Es la gente sencilla y buena que no hace política por considerarla una desgracia para todos, pues todos sabemos que en su inmensa mayoría esa gente llamada “tonta” quiere y luchará siempre por una vida natural, juntos todos, para celebrar una, tal vez, última esperanza.

Si recordamos que en octubre de 1993, el mundo no sufrió ninguna alarma con el derrumbe de la URSS y el resto del Campo Socialista Europeo -el llamado Imperio del Mal por denominarse comunista-,  deberíamos rendirle un gran homenaje. Allí los máximos peligros para la vida estaban muy bien controlados a pesar de la embriaguez de Yeltsin. Además, el bombardeo y asalto del Soviet Supremo contó con el apoyo de todos los países occidentales, principalmente del presidente Clinton en EEUU, que justificaron el uso de la fuerza contra el Parlamento Comunista, y la URSS cedió ante su historia anunciada por el envalentonado capitalismo y el amplio consenso en su espectro político de que era preferible una caída por la paz de la humanidad antes de empezar a destruirlo todo como, al parecer, sí hará el capitalismo antes de aceptar el llamado a su derrota definitiva. Tal vez sea esta comparación la mejor lección aunque no sepamos qué debemos creer, pero ya sí debíamos saber que solo defendiendo la paz sin que seamos sus rateros esclavos, un día nos convenceremos que nada hay más hermoso que contemplar y escuchar, en el silencio de la vida,  a “los tontos” que de vez en cuando aparecen para decirnos que, perdida toda esperanza con el dinero y las fuerzas que manda el Capital, la mejor algarabía de enfrentarlo es que no nos vean como sus rehenes. Quizás esfumarnos en las luces del universo sea la única verdad para salvarnos.

 

* Andrés Marí es escritor, profesor y actor cubano residente en Catalunya.

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