Artur González / Heraldo Cubano.- La Conferencia de Obispos Católicos de Cuba acaba de publicar su mensaje de navidad al pueblo cubano, donde exponen la actual situación económica que afecta al país y las penurias que se viven a diario; pero como de costumbre no exponen las indiscutibles causas que provocan esta difícil realidad y, con un lenguaje poco transparente, hacen afirmaciones confusas que no se ajustan a la verdad, al decir:


“La economía no acaba de despuntar como se preveía y la posibilidad de enriquecernos con las legítimas opiniones y pensamientos plurales, no se reconocen y valoran suficientemente”.

“Tenemos que crear entre todos, con responsabilidad y empeño, las posibilidades reales para que el pueblo cubano, que es alegre, creativo, emprendedor, desarrolle todas sus potencialidades. Y podamos encontrar en la Patria los ámbitos y la libertad para desarrollar los proyectos de vida personales, familiares y comunitarios”.

¿Cuál es el mensaje que hay detrás de esas palabras?

Que en Cuba no hay legítimas opiniones y pensamientos plurales. El mismo estribillo empleado desde 1959 por los enemigos, para calificar a la Revolución.

¿Acaso no conocen los obispos las transformaciones que hoy se producen en la economía cubana, con la aprobación de más de mil micros, pequeñas y medianas empresas privadas, MIPMES, para que los emprendedores desarrollen sus potencialidades con total libertad?

Una visita a las ferias de productos y servicios cubanos, les permitirían conocer el progreso actual de las iniciativas de esos profesionales cubanos.

La casi totalidad de las tierras en Cuba están en manos privadas, quienes tienen la responsabilidad de producir para el pueblo, y si los precios se elevan por día, es porque los privados juegan con la tasa de cambio ilegal del euro y el dólar, para después imponerla en sus ventas, a pesar de que la gasolina y la electricidad mantienen el mismo costo desde hace muchos años, subsidiados por el estado.

Deben los obispos recordar lo dicho por San Mateo 6. 22-23:

“Nadie pone en oculto la luz encendida, ni debajo del almud, sino en el candelero, para que los que entran vean la luz.

Lo que al parecer temen mencionar es la cruel guerra económica, comercial y financiera, unida a la biológica, que desde 1960 los Estados Unidos le imponen a Cuba, flagelo que no sufren otras naciones del continente americano, que padecen hambre, enfermedades, desamparo social y poseen cifras mucho más elevadas de migrantes que marchan a pie hacia Estados Unidos, huyendo del capitalismo salvaje, calificado así por el Santo Padre, San Juan Pablo II.

No se puede soslayar nunca lo afirmado por el subsecretario de Estado yanqui, el 6 de abril de 1960, base de su política para hacer sufrir al pueblo cubano:

“… El único medio previsible que tenemos hoy para enajenar el apoyo interno a la Revolución, es a través del desencanto y el desaliento, basado en la insatisfacción y las dificultades económicas. Debe utilizarse prontamente cualquier medio concebible para debilitar la vida económica de Cuba; negarle dinero y suministros para disminuir los salarios reales y monetarios, a fin de causar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno”.

Eso dio lugar al nudo de leyes que conforman la guerra económica, como son:

La ley de Comercio con el Enemigo, de 1917, sección 5.b, aplicada a Cuba desde octubre de 1960; Ley de Cooperación Internacional, de 1961, sección 620.a; Regulaciones al Control de los Activos Cubanos, de 1963; Ley para la Democracia en Cuba, de 1992, conocida también como Ley Torricelli; Ley para la Libertad y la Solidaridad Democrática Cubanas, de 1996, (Ley Helms-Burton); Ley de Sanciones Comerciales e Incremento del Comercio, de 2000, unido a las 243 sanciones desde 2017 y a la inclusión en la lista de países que patrocinan el terrorismo en 2019, las que impiden y entorpecen la actividad comercial y financiera de Cuba.

El pueblo cubano a pesar de soportar con heroísmo durante 64 años, la despiadada guerra económica, comercial y financiera, sumado a las acciones terroristas que han dejado más de 3000 muertos, miles de heridos y centenas de mutilados, no pierde su alegría, reflejada en los festivales de música, teatro, cine, eventos deportivos y en cada fiesta popular.

Muchos cubanos son creyentes de múltiples religiones que conforman el entramado social de la Isla y mantienen libremente su fe.

Conveniente sería que los obispos visiten el museo que expone las acciones terroristas ejecutadas por Estados Unidos contra los cubanos, ubicado a solo 300 metros de la sede de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba, para que comprueben la verdad, púes solo así pudieran tener una concepción más realista de lo que madres, padres y huérfanos sufren ante la pérdida de sus seres queridos, crímenes jamás condenados por los obispos cubanos

Los obispos católicos cubanos no deben olvidar nunca lo afirmado por San Juan: 8-32: “Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres”

Por esa razón José Martí expresó:

              “Las verdades reales son los hechos”

 

 

 

 

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