Giusette León García - CubaSí - Foto: IPS / Cuba Libro Café.- Así, con el más absoluto humanismo y solidaridad, describe esta periodista norteamericana radicada en Cuba los efectos del bloqueo que los Estados Unidos ha mantenido contra la isla durante 60 años.


Conner Gorry conversó con CubaSí como una mujer que tiene la mitad del alma en Cuba, que ha compartido nuestras luchas (desde las grandes causas hasta las inmensas batallas cotidianas). Nos mira y lo que cuenta es, también y por muchas razones, parte de su propia historia.

—Si te piden que cuentes cómo es la vida de la mujer cubana, ¿cuál sería tu historia sobre nosotras?

—La mujer cubana tiene una vida de lucha, es una guerrillera que se levanta todos los días para trabajar, estudiar, cuidar y amar a su familia y crear momentos de alegría dentro de un contexto difícil y, muchas veces, contradictorio. 

«¿Por qué contradictorio? Porque, por un lado, las cubanas gozan de derechos que muchas, demasiadas, en la región de América Latina y el Caribe ni pueden soñar: salud (en todos sus niveles) gratis; educación (en todos sus niveles, tanto para ella como para sus hijos), gratis; y un marco legal/constitucional que garantiza derechos que ni las estadounidenses tienen (ejemplos: paridad de salarios con respecto a los hombres, licencia de maternidad). 

«Pero, por otro lado, estos derechos están reducidos, afectados por el bloqueo. La mayoría de las mujeres y niñas cubanas que viven hoy día, nació bajo el bloqueo de Estados Unidos, con todas las limitaciones, dificultades y privaciones que representa esta política que ya lleva 60 años sin lograr su meta. Comida, medicamentos, ropa, aseo (¡íntimas!), tecnología, materiales de trabajo/escolar; es una lucha constante para encontrar y resolver estos recursos. Y también tienen la situación política con la embajada de Estados Unidos que es más cruel aún, mantiene familias separadas. Esta realidad de décadas, generaciones ya, contribuye a la resiliencia y creatividad que exudan las mujeres cubanas, pero las medidas más draconianas de la administración Trump y la pandemia global están llevando esta resiliencia al límite. 

«La otra contradicción es que las mujeres cubanas —legalmente, constitucionalmente— tienen derechos garantizados, pero dentro de una sociedad que es culturalmente machista, patriarcal, con construcciones de género que son desventajosas para toda la sociedad, no solamente para las mujeres».

—¿Cuáles ves como nuestros principales logros?

—El logro profesional es impresionante y, para mí, imprescindible: una mujer económicamente independiente, con su propio salario, responsabilidades y redes profesionales, intereses y posibilidades de más capacitación, es un ser humano más integrado, más productivo, más feliz y dinámico, y más empoderado, y esto es bueno para cualquier sociedad. 

«Me impresiona también la dedicación, esfuerzo y ánimo que las cubanas llevan a sus familias para garantizar la buena salud, bienestar y cuidado de ellos. Lograr un balance entre trabajo (o estudios) y familia bajo las circunstancias geopolíticas y económicas que viven es difícil de creer a veces. Solamente el hecho de cocinar algo todos los días, sobre todo ahora, bajo esta pandemia, es una cosa de superhéroes. 

«La mayoría del trabajo de la casa y cuidado de la familia (con los adultos mayores y los niños) toca a las mujeres, y esto afecta sus posibilidades y bienestar… ¡Ah!, muchas veces la mujer comparte culpa: reforzando papeles “tradicionales”, compartiendo perspectivas machistas, pasando este paradigma a las generaciones más jóvenes…»

—¿A qué más deberíamos aspirar?

—Bueno, este paradigma machista, patriarcal, tiene que cambiar, en todos sentidos y todas sus manifestaciones. Esto lleva un trabajo duro, que a muchas personas da miedo, pero una sociedad más equitativa, con derechos iguales para todos, es mejor. Y este cambio, esta transformación a una sociedad más inclusiva y justa, tiene que incluir a TODA la población, no solamente a las mujeres. Aquí me refiero específicamente a derechos plenos e iguales para mi familia, amigos, y colegas LGBTQ+. Es difícil de cambiar una cultura de siglos, pero si alguien puede hacerlo, es el pueblo cubano.

«Creo que también las cubanas pueden aspirar a un poco más de representación política y más posiciones de poder o toma de decisiones en todos los sectores, en todas las modalidades (estatal y privada). No es suficiente tener mujeres en el parlamento, no es un problema de cantidad. Es tener mujeres que puedan luchar por todas, que representen los problemas de las cubanas y sus familias. 

«Y no es suficiente tener mujeres como meseras. Hace falta mujeres dueñas de restaurantes. No es suficiente tener mujeres sembrando hortalizas. Hace falta mujeres dirigiendo cooperativas. No es suficiente tener derechos para niñas y mujeres, y no para las personas trans».

—¿Cuáles son los principales obstáculos que representa el bloqueo en ese camino?

—Una cosa que es muy, pero muy difícil de transmitir sobre el bloqueo es que afecta absolutamente a TODO y a TODOS, en una manera u otra. 

«Que las cubanas no pueden acceder a tecnología para sus negocios o su arte o sus estudios, esto es real. Cuando hablo con artesanas y diseñadoras, por ejemplo, ellas lamentan la imposibilidad de acceder a los sitios globales como Etsy y PayPal. Si una pone www.etsy.com o www.paypal.com en su browser desde Cuba, recibe un mensaje de que no tiene derecho a acceder a estos sitios, según el bloqueo, y más específicamente, las regulaciones de OFAC. ¿Cómo una puede comercializar, visibilizar y desarrollar su negocio o visión sin acceso a las herramientas principales en uso hoy?, y hay muchas, muchas más, no solamente Etsy y PayPal.

«En los sectores de salud y ciencia, dos sectores que tienen más cubanas que cubanos, el bloqueo también afecta. Desde las materias primas para investigaciones y desarrollo de medicamentos, vacunas y tecnología médica científica, hasta oportunidades de intercambio de conocimiento y experiencias con colegas. 

«Que las cubanas no puedan conseguir visas para visitar y reunificarse con sus familias en los Estados Unidos desde que el presidente Trump cerró la embajada (una situación que continúa hoy día, a pesar del nuevo presidente en los EE.UU., ojo) viola los derechos y, además, es cruel. Mi amiga Consuelo no podía consolar a su única hija y dos nietas cuando murió su yerno en Miami; mi amiga Esther María no pudo estar al lado de su única hija cuando parió a su primer hijo en California; mi amiga Mary no podía viajar a Florida para acompañar a su hermana cuando se le diagnosticó cáncer de mama. Y que la hija y nietas de Consuelo, la hija de Esther María y la hermana de Mary no puedan viajar a Cuba por las restricciones impuestas en vuelos por Trump, también les afecta. 

«En ninguna manera quiero sugerir que los problemas autóctonos, los errores internos en Cuba no tienen que ver. Tienen que ver, pero con 60 años de una política incursionista e imperialista por parte de EE.UU., ¿cómo podemos separar los problemas generados por el bloqueo y los problemas generados por las mismas políticas cubanas? Primero hay que levantar el bloqueo y respetar la soberanía de Cuba, para destapar y revelar el daño actual del bloqueo, y después se puede analizar los problemas y desafíos autóctonos». 

—Si tuvieras que contar el impacto del bloqueo sobre el pueblo cubano, y específicamente sobre las mujeres, ¿cómo lo harías?

—El bloqueo es como un dolor fuerte y crónico: te levantas todos los días con un dolor terrible que te limita, pero estás acostumbrada, medio resignada. No conoces una vida libre de ese dolor. Nunca mejora, a veces empeora, pero a esto, también estás acostumbrada. No quieres que tus hijos sepan el grado del dolor; haces todo y luchas día tras día para que no les afecte. En algunos momentos, el dolor (o bloqueo) te imposibilita (casi) seguir pa’lante, pero sabes que tienes que seguir y buscas maneras innovadoras, creativas, alternativas para seguir, a pesar de las limitaciones. Ahora imagina que 11.2 millones de personas están sufriendo este dolor crónico y terrible por culpa de la política, y no hay pastilla para aliviar este dolor, que está en manos ajenas…

«Para poner otra metáfora: imagínate que estás menstruando. A dos cuadras hay una tienda que vende íntimas, tampones, copas menstruales, todo tipo de materiales, de alta calidad, que necesita una muchacha o mujer menstruando. Tienes el dinero. Pero el dueño de la tienda dice: tú no puedes comprar aquí. Ni tu vecina o amiga. Nadie que viva donde tú vives puede comprar estos materiales. Es para decir: sigue sufriendo (y sangrando), porque el modo de vida tuyo y el de tus vecinas y amigas no nos cae bien y, por eso, no tienen acceso a lo que nosotros vendemos. Parece de ciencia ficción, ¿no?»

—¿Alguna historia en particular que te haya impresionado?

—Como una persona que cree firmemente que la salud es un derecho humano inalienable, las historias del sector de la salud me impactan mucho. Cuando entrevisté a la Doctora Dagmar García, la directora de investigación de las vacunas Soberanas contra la COVID-19, y me dice que su trabajo y el mismo desarrollo de las vacunas están complicados por el bloqueo, me enciende. Cuando me dice que no se puede conseguir materiales para las vacunas —las cuales son las primeras en América Latina, y ya probadas por ensayos clínicos que son seguras y efectivas— por el bloqueo, y en medio de una pandemia global, me enciende más.

«Esta semana, el director de la OMS citó este dato: una de cuatro personas en el primer mundo ya recibió su primera dosis de una vacuna contra la COVID-19. En el mundo en desarrollo, este número es 1 de 500.  Pero las vacunas de Cuba, seguras y efectivas están concebidas con equidad, salen más baratas; además, solamente necesitan refrigeración normal, aliviando una barrera para contextos en desarrollo. Las vacunas cubanas se presentan como una solución a esta pandemia para los más vulnerables, pero el país y sus científicos enfrentan problemas para conseguir materiales por la política ajena. Esto me enciende también y me entristece».  

—¿Cuánto podríamos hacer las mujeres desde una y otra orilla en función de conectar ambos pueblos?

—No sé. Hay tantas divisiones en el mundo hoy día, tantas trabas, tanta apatía y cansancio, tanta desinformación, que a veces me parece que la ignorancia es más poderosa que la ciencia… Creo que lo mejor que podemos esperar es que las mujeres de todas las orillas mantengan su salud física y mental, su esperanza, su fe en que un mundo mejor será posible un día, ojalá no tan lejano, y podamos seguir luchando por políticas justas y no intervencionistas. 

«Personalmente, yo espero que las mujeres estadounidenses, sobre todo las del Congreso, representantes estatales, alcaldesas y gobernadoras, ellas que están en el poder, se despierten ante la violación de derechos que genera el bloqueo en contra del pueblo cubano y las cubanas y la gente vulnerable, sobre todo.  

«El mundo tiene la lucha contra la COVID-19 como una realidad diaria. Pero solamente Cuba tiene la COVID-19 y el bloqueo más largo en la historia moderna como parte de su lucha diaria. ¿Y por qué?»

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