Cuba: nuevo reporte sobre supuesto síndrome y ataque a EEUU es una "operación política"

Andrea Rodriguez

AP

Cuba calificó como una “operación política” sin fundamentos un reporte sobre el llamado “síndrome de La Habana”, dado a conocer por varios medios de prensa internacionales este fin de semana y en el que se reflotó la existencia de ataques misteriosos a diplomáticos estadounidenses que comenzaron en la isla en 2016, pero esta vez vinculados a la inteligencia rusa.

La cadena televisiva norteamericana CBS, la revista rusa The Insider y su colega alemana Der Spiegel dieron a conocer una investigación periodística que sugería que los diplomáticos sí habían sufrido un ataque sónico con una misteriosa arma. En el reporte, el teniente coronel retirado del Ejército de Estados Unidos, Greg Edgreen, indicó que la iniciativa provino de Rusia.

La difusión de esa información generó reacciones el lunes con la confirmación del Departamento de Defensa de Estados Unidos de que un empleado que asistió a una cumbre de la OTAN del año pasado en Lituania había presentado síntomas similares al de los diplomáticos, el último caso conocido públicamente.

Desde Cuba, la subdirectora para Estados Unidos de la Cancillería cubana, Johana Tablada, consideró que la publicación del reporte de prensa fue una “operación política” y de “propaganda” que busca reflotar “teorías conspirativas” que solo sirven a los efectos de la isla para justificar las sanciones contra la nación caribeña por parte de Estados Unidos.

“La reacción nuestra es de preocupación”, dijo en declaraciones a The Associated Press. “Trata de presentar a Cuba como una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos, aún cuando no se ponga a Cuba como el supuesto principal actor, pone a territorio cubano como la plaza que se presta para que potencias extranjeras puedan hacer actos contra Estados Unidos”.

Desde finales de 2016, unas 200 personas entre diplomáticos estadounidenses y sus familiares en Cuba –y un pequeño grupo de canadienses--, así como posteriormente en otras naciones, dijeron haber sentido síntomas como nauseas, mareos, vómitos, pérdida del equilibrio, dolor de cabeza y sordera provocados por un agudo y paralizante sonido.

A diferencia de cualquier otro país en los que también se reportaron episodios similares, en relación a Cuba, estos fueron el argumento para la paralización de la relación diplomática binacional por parte de Estados Unidos. El gobierno del entonces presidente Donald Trump (2017-2021) endureció aún más las sanciones contra la isla para presionar un cambio de modelo político, dando además un giro radical al acercamiento de su predecesor Barack Obama hacia la nación caribeña. .

Los primeros reportes datan del 2016 entre los funcionarios de la Embajada de Estados Unidos en Cuba, por lo que entre los medios de prensa esos síntomas pasaron a conocerse como el “síndrome de La Habana”.

Luego, funcionarios estadounidenses en otros países como China, Vietnam, Alemania o el propio Estados Unidos informaron sobre síntomas similares, pero el apelativo del incidente se hizo usual. Un informe de varias agencias de inteligencia estadounidenses de marzo de 2023 concluyó como “poco probable” que se tratara de un ataque sónico o que una potencia extranjera esté detrás.

Estados Unidos comenzó a llamarlo oficialmente “incidente anómalo de salud”.

“El síndrome de La Habana no existe pues no está registrado (como una enfermedad)", agregó Tablada poniendo énfasis en la connotación política. “Y verdaderamente ha sido un síndrome de Washington desde el inicio”.

Uno de los neurocientíficos más importantes de Cuba desestimó también el lunes el reporte de prensa del fin de semana.

“Desde la perspectiva de la ciencia no hay fundamento ninguno”, dijo en declaraciones a la AP, el doctor Mitchell Valdés-Sosa, director del Centro de Neurociencias de Cuba y quien por años estuvo involucrado en la investigación de los extraños síntomas que dijeron padecer representantes norteamericanos.

“Creo que no aporta elementos serios esta investigación periodística, sobre todo, que haya una nueva enfermedad causada por una energía misteriosa y que además los diplomáticos, por lo menos los que estuvieron en Cuba fueron atacados”, agregó Valdés-Sosa. “Los síntomas son muy abigarrados, problemas de equilibrio, del sueño, mareos, dificultades para concentrarse... Lo pueden causar muchísimas enfermedades”.

Según Valdés-Sosa, hubo al menos cinco informes de centros de investigación y organismos estadounidenses de primer nivel en el último año que desestimaron el síndrome o la existencia de la misteriosa arma.

“Cada vez” que la historia empieza a morir “se prepara un show”, dijo el científico, quien lamentó que esto haga que todo lo que se aprendió sobre este “incidente de salud” quede opacado.

 

De mentira en mentira se arma la agresión

Randy Alonso Falcón

Cubadebate

Los imperios se han erigido a base de agresión, conquista, dominación y mentiras. Desde la antigua Roma hasta hoy, con falacias y complots se han justificado guerras, posesiones, ruptura de alianzas y relaciones, magnicidios y vejámenes.

En Washington hay expertos en esas artes de la mentira y la agresión. Algunos llegan hasta a presidentes. Otros intentan dejar sus huellas desde un curul congresional en el Capitolio.

Cuba bien conoce de los métodos preferidos de la clase política imperial. A base de mentiras y complot, Estados Unidos intervino en Cuba en 1898, impuso la Enmienda Platt y su Base Naval en territorio de Guantánamo, propició Golpes de Estado, armó a la sangrienta dictadura de Batista y enfrentó desde el primer día a la Revolución encabezada por Fidel Castro.

Bajo ese influjo nació una maquinaria política anticubana, bien engrasada y mejor financiada. Uno de los mejores vástagos de ese aparato de agresión es el actual senador estadounidense Marco Rubio. A su alianza con Mike Pompeo, exjefe de la CIA y del Departamento de Estado, se debe una de las más sórdidas y dañinas tramas inventadas contra Cuba.

El famoso incidente de los “ataques sónicos” contra funcionarios estadounidenses en La Habana fue la caja de pandora que destapó las más recias sanciones impuestas en nombre del bloqueo a Cuba por la administración Trump. Fueron 243, y la inmensa mayoría permanecen vigentes durante el gobierno de Biden y haciendo enorme daño al pueblo cubano.

Para llegar allí era necesario estremecer a una opinión pública estadounidense que había visto con buenos ojos, mayoritariamente, el cambio de política hacia Cuba -de la agresión descarnada a la seducción-, aplicada por Barack Obama en su segundo mandato.

Así, según el diario español El País, se urdió la farsa de los “ataques sónicos” por parte del senador Rubio y Mike Pompeo, por entonces (2017) al frente de la Agencia Central de Inteligencia. No por casualidad, la mayor parte de los supuestos afectados en La Habana eran oficiales de la CIA y sus familiares.

Desde el primer minuto, las autoridades, el Ministerio del Interior y la comunidad científica cubana demostraron la imposibilidad práctica y tecnológica de tales agresiones acústicas. Pero la mentira encontró asiento en medios y espacios políticos estadounidenses y hasta se bautizó en una ley congresional y por el Departamento de Estado como “Síndrome de La Habana” la relación de incidentes similares que se reportaron por funcionarios del imperio en capitales europeas y China.

Por estos días, un estudio de casi cinco años de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos ha confirmado lo que Mitchell Valdés, director general del Centro de Investigaciones Neurológicas, y otros destacados científicos cubanos dijeron desde tiempo antes: no hay ninguna prueba de esos descabellados ataques “malvados” orquestados en La Habana y por los que Cuba debía ser castigada con más saña.

Una serie de pruebas avanzadas realizadas por la institución científica de Estados Unidos no reveló traumatismo ni deterioro cerebral en diplomáticos u otros empleados públicos estadounidenses que sufrieron los misteriosos problemas de salud.

Resonancias magnéticas sofisticadas no detectaron diferencias apreciables en cuanto al volumen o estructura del cerebro o a la presencia de materia blanca —indicios de traumatismo o deterioro— entre los cerebros de los pacientes que sufrieron de los denominados ataques y los de empleados públicos saludables que tenían empleos similares, incluso algunos que trabajaban en la misma embajada. Tampoco hubo discrepancias en pruebas cognitivas y otras, según el estudio publicado en el Journal of the American Medical Association.

Si bien eso no descarta alguna lesión temporal sufrida cuando comenzaron los síntomas, los investigadores dijeron que no pudieron detectar indicadores a largo plazo de trauma o infarto.

“Ello debe dar algo de calma a los pacientes”, declaró a la AP uno de los coautores del estudio, Louis French, un neuropsicólogo en el Centro Médico Nacional Militar Walter Reed. “Esto nos permite enfocarnos en el aquí y ahora, en ayudar a la gente a regresar a donde deben estar”.

El estudio de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos no ofrece explicación alguna para los síntomas —como dolores de cabeza, pérdida de equilibrio o dificultades para pensar o dormir— que fueron reportados inicialmente en Cuba en 2016 y luego por cientos de empleados públicos estadounidenses en diversos países. Pero sí contradice reportes anteriores que alegaban la existencia de lesiones cerebrales en personas que experimentaron lo que el Departamento de Estado ahora llama “incidentes anómalos de salud”.

La mentira no puede ser sostenida toda la vida, pero sí, terriblemente, el tiempo necesario para castigar a un pueblo más allá de cualquier límite. Marco Rubio, Mike Pompeo y todos los medios, científicos y funcionarios que urdieron y sostuvieron la trama contra Cuba tienen sobre sus hombros el enorme peso de intentar aniquilar con sus mentiras a todo un pueblo.

La actual administración estadounidense tiene, a su vez, la responsabilidad histórica de dar crédito a la mentira y multiplicar el odio de sus predecesores, al sostener intacto el bloqueo arreciado contra Cuba y multiplicar las operaciones de “cambio de régimen” a las que destinan millones del presupuesto estadounidense.

(Publicado originalmente en Al Mayadeen)

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