Según cifras oficiales, en Cuba, los Sistema de Atención a la Familia (SAF) atienden a 76 176 personas. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.


Oscar Figueredo Reinaldo, Edilberto Carmona Tamayo, Dinella García Acosta, Irene Pérez - Cubadebate.- Decía Serrat en el 87 que quizás llegar viejo sería más llevadero si “el carné de jubilado abriese todas las puertas y si el ayer no se olvidase tan aprisa”. Hace 20 años, José Gallén Guerra solía vivir entre tinta y papel. Fue impresor casi toda su vida. Hoy vive solo, a cuatro cuadras del Latino y su mejor compañía son un bastón, una jaba, un periódico y unas monedas que va sacando del bolsillo delantero.

Gallén tiene 85 años y su única hija murió hace tres. Su yerno lo lleva al médico cuando hace falta, pero poco más, su madre está muy enferma. En el H. Upmann todos lo conocen. Es el que llega primero y se va rápido. Son las 10:30 de la mañana y ya está parado en la puerta, como lo ha hecho desde el 2002, en que este centro del Sistema de Atención a la Familia (SAF), ubicado en 20 de Mayo y Martha Abreu, se inauguró.

“Yo solo almuerzo porque es demasiado caro. Me cuesta ocho pesos y pico”, dice y saca par de pozuelos de una jaba. La comida hoy es arroz, chícharo, mortadella y ensalada. Antes solía sentarse y comer allí, pero la situación epidemiológica ha cambiado de nuevo las costumbres y ahora se mantiene solo el servicio para llevar. El SAF cuenta con mensajeros, pero Gallén prefiere venir él mismo. “Hace falta que bajen un poco los precios y den más comida porque dan muy poquito”, dice y lo echa todo a la jaba. “La cuenta no da”, se le oye decir mientras ya alcanza la esquina.

Y es que este primero de enero, cuando el país inició el ordenamiento monetario, los billetes se hicieron más grandes y los bolsillos más chicos para algunos, al regir en Cuba nuevos precios en el comercio minorista. Los SAF no escaparon a esta lógica, y algunos de sus beneficiarios decidieron retirarse del servicio.

“Nada justifica que el primero hubiera aparecido en uno de estos lugares alguien cobrando un almuerzo en 30 pesos, porque todos esos almuerzos se realizaron con el inventario que quedaba y con los precios anteriores”, afirmaba recientemente en la Mesa Redonda, Marino Murillo Jorge, jefe de la Comisión de Implementación y Desarrollo de los Lineamientos.

Ante esa realidad, Cubadebate visitó dos SAF de La Habana y comprobó que persisten dos preocupaciones entre los clientes: la subida de los precios y la mala calidad del servicio.

Un hecho que bien conoce Beatriz Vázquez, administradora del SAF H. Upmann, la cual ha visto en los últimos días como un silencio ensordecedor ocupa las mesas vacías dejadas por sus habituales beneficiarios.

“Tenemos censados en nuestro centro a un total de 112 personas. Antes del ordenamiento venían a comer un máximo de 100 y ahora solo llegan hasta aquí el 50 o 60% de ellas. Algunos aducen que han dejado de venir mayormente por el problema del precio y un poco también por la calidad, algo que estamos manejando”, comentó.

Unos prefieren llevar el almuerzo y la comida, otros solo uno de los dos. La mayoría de los habituales en este lugar son las personas mayores, aunque también se dejan ver rostros más jóvenes que tienen alguna enfermedad o cuidan de alguien.

El programa del Sistema de Atención a la Familia — nacido en 1996 — no solo está concebido para complementar la alimentación a adultos mayores, sino también para aquellas personas con discapacidad, embarazadas con alto riesgo y casos sociales críticos, los cuales tienen insuficiencia de ingresos o carecen de familiares en condiciones de prestar ayuda.

Yuris Mario García, por ejemplo, tiene 52 años y se ocupa de su mamá con demencia senil y postrada en cama. “Los nuevos precios están un poco apretados. Nosotros somos dos y compramos cuatro comidas diarias, así que me sale diariamente en 32 pesos. La ayuda que yo recibo está bien, pero entre la comida y todo lo demás, se me hace muy difícil”. 

Según cifras oficiales, en Cuba, los Sistema de Atención a la Familia (SAF) atienden a 76 175 personas, de ellas 47,7% son jubilados (todos subieron sus ingresos), 21,9% casos sociales, 15,9% protegidos por la Asistencia Social, 7,5% discapacitados, 6,8% no jubilados y 0,3% embarazadas.

“Ellos están acostumbrados a que desde que se inauguró el Sistema de Atención a la Familia los precios eran muy bajos y se adaptaron a eso. Al ver el cambio brusco y lo que ahora tienen que pagar, dicen que si se hace un reajuste como se está planteando por la televisión, ellos vendrán normalmente, de lo contrario, vendrán de vez en cuando”, lamenta la administradora.

Aunque bien es cierto que a un grupo grande de estas personas le subieron sus ingresos y reciben la canasta familiar normada, como diría el dicho popular, la vida es más rica que cualquier realidad planificada y por tanto, se debe continuar revisando la situación económica de esas personas para que nadie quede desamparado.

“Hemos hablado con ellos y les dijimos que tengan paciencia. Quizás como les adelantaron el salario no pensaban que sería así. Les digo que les voy a mantener la Asistencia Social y que por favor, no se pierdan y vengan a buscar su alimentación diaria”, precisó Beatriz Vázquez, administradora del SAF H. Upmann.

En la actualidad, 12 000 personas que reciben ese servicio lo hacen de manera subsidiada por la asistencia social. “Porque con la prestación de la asistencia que tenían anteriormente no le era suficiente para realizar ese pago y además asumir todos los otros gastos que tenían en el domicilio”, dio a conocer Marta Elena Feitó Cabrera en la Mesa Redonda.

Según dijo, los nuevos precios fijados oscilan entre los 8 y los 13 pesos. La ministra señaló además la necesidad de velar por una buena calidad e higiene y reiteró que “nadie puede abandonar ese servicio porque considere que su ingreso no será suficiente. Que todas las personas sigan asistiendo, que será asumido por la asistencia social como sucedía hasta ahora”.

Calidad de los alimentos, otro talón de Aquiles

“Yo no me quejo de la comida. Yo como cualquier cosa. Me quejo de lo poquito que dan, lo mal hecho que está, porque no tiene condimentos, y que no sabe a comida”, es la opinión de Gallén y de muchos de los que reciben el servicio. Cara y mal elaborada. Regular para ese precio. No muy buena. Frases dichas rápidamente en la puerta del SAF. El lugar al que van todos los días, pero del que, a veces, no quieren hablar.

Carlos Pascual tiene 70 años y se está jubilando de custodio del Instituto Cubano de Arte y Estudios Cinematográficos (Icaic). Ha trabajado toda su vida en el sector de la Cultura y está cansado de las entrevistas. “La comida está cara y no está bien elaborada”, dice corto y preciso. “Si el cansancio y la derrota no supiesen tan amargo. Si fuesen poniendo luces en el camino a medida que el corazón se acobarda”, también decía Serrat.

“Todo lo que empieza nuevo -dice Amado Fernández, jefe de la unidad básica de gastronomía del Cerro- siempre tiene sus incomprensiones e imperfecciones, pero eso hay que ir ajustándolo sobre la marcha. Por supuesto la primera reacción fue no venir o venir poco, por el cambio de precios que fue muy brusco”.

“En la calidad -a su vez- influyen muchas cosas. Empieza con la calidad de los productos con que se trabaja, utilizar siempre condimentos, viandas y hortalizas, y después con la dedicación y el amor que tiene que dedicarle todo el personal que trabaja en este sistema”.

Yuris Mario García considera que existe atención y comprensión por parte de los trabajadores, pero “no tienen recursos ni condimentos. Los frijoles, por ejemplo, quedan duros y la cantidad no es buena”.

¿A quien le corresponde velar porque no falten los suministros en este tipo de centros? ¿Qué rol desempeñan los directivos del gobierno y las organizaciones de masas de los lugares donde están enclavados los SAF para exigir la calidad? ¿Existe algún mecanismo que priorice estas instalaciones?

Según publica en su página web el Ministerio de Comercio Interior, “los abastecimientos para el Sistema, se asignan centralizadamente por el Ministerio de Economía y Planificación a cada territorio. En el caso de las viandas, frutas y vegetales se garantizan en coordinación con la agricultura a través de las diferentes formas productivas; y se distribuyen de forma balanceada, de manera que el aporte nutricional cubra la necesidad de 1 200 kilocalorías, de las proteínas, grasas y carbohidratos necesarios en las dos ingestas diarias (almuerzo y comida)”.

No obstante, se requiere apoyo del gobierno municipal. El especialista de la Unión de Comercio y Gastronomía, Pedro Antonio Pérez Gutiérrez, considera que no todo debe quedar bajo la responsabilidad y la autogestión del SAF: “El intendente tiene poder, por ejemplo, para pedirle a la empresa cárnica El Miño, que está aquí cerca, un por ciento pequeño de sus recursos al SAF. Además, que entró un camión de la agricultura, pues primero debe pasar por el SAF, no por la placita. Esto es lo que hay que hacer para que esto camine”.

Desde el 2019 los SAF se rigen también por la resolución No. 99 del Ministerio de Comercio Interior que ofrece la posibilidad de comprar por autogestión productos alimenticios frescos o elaborados, a personas naturales y jurídicas. Una normativa que, de acuerdo a la administradora del SAF, les ha permitido firmar convenios con hidropónicos para sustentar el suministro de viandas y hortalizas.

La Tarea Ordenamiento se ha realizado en un ambiente de envejecimiento poblacional. Según el censo de 2012, el 18,3% de la población cubana tenía 60 años o más y durante 2020, esta cifra creció a un 21,3%. Datos ofrecidos en la Mesa Redonda revelaron que el pasado año nacieron 105 000 niños y fallecieron 111 000 personas, es decir la población cubana, que lleva años decreciendo, biológicamente no se está reproduciendo. “Es algo que teníamos previsto que ocurriera a partir de 2024, pero se han deteriorado mucho los indicadores y, además, nacen más varones que hembras”, explicó Murillo Jorge en el espacio televisivo.

Aunque bien es cierto que no todas las personas que se auxilian del Sistema de Atención a la Familia son adultos mayores, este grupo etario representa el mayor número de beneficiarios. Cada día reciben este servicio miles de personas, cuya única compañía en casa, a veces, es la soledad. Abuelos que no pueden pararse de la cama. Madres que no pueden valerse por sí mismas para cocinar. Tías a quienes solo les queda de familia un pariente lejano. Llegar a viejo, como decía Serrat, “sería un final con beso, si todos entendiéramos que todos llevamos un viejo encima”.

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