Marilys Suárez Moreno - Revista Mujeres.- Emilia Casanova Rodríguez fue una de las más activas políticas cubanas de su tiempo. Una mujer que se destacó enormemente por su participación y apoyo al movimiento independentista en la que descolló por tenaz e incansable apoyo.


Nacida en Cárdenas, Matanzas, el l8 de enero de 1832 en una familia acomodada de la aristocracia criolla, lo que le permitió realizar estudios y destacarse en el mundo de las letras. Emigró tempranamente con su familia, pues el padre, un empresario canario el gobierno colonial, le incautó todos sus bienes por su apoyo a la causa independentista.
 
Afincada en Nueva York, la familia Casanova se incorporó enseguida a la comunidad cubana de ese Estado norteamericano y Emilia, en especial, se insertó en la lucha política que se llevaba a cabo en la emigración.

 
Durante un viaje que hizo a Filadelfia, la joven conoció al que seria su esposo, el novelista Cirilo Villaverde, un febril defensor de la causa cubana. Radicados en Nueva York, la pareja se dio de lleno a la causa emancipadora.
 
Fue Emilia una de las mujeres que más trabajaron la propaganda independentista y la expansión de las ideas libertarias en la emigración. Villaverde, por su parte, continuó allí su labor separatista, interrumpida cuando, perseguido por las autoridades españolas, logró escapar de la prisión y embarcar hacia aquel país.
 
Su papel e influencia en el movimiento libertador cubano fue grande y constante, convirtiéndose, además, en una tenaz luchadora por los derechos de las mujeres, como ella misma, que devino ejemplo de su validez.
 
A ella se atribuye la fundación de la Liga de las Hijas de Cuba, primera organización femenina radicada en el exilio. A través de la misma, enviaba medicinas, ropa, dinero para la compra de armas y mantenía una activa correspondencia con la Isla. También se carteaba con personalidades patriotas en Cuba, como Carlos Manuel de Céspedes, al que ofreció su admiración y apoyo como cubana y patriota.
 
Esta organización llegó a presentar varios proyectos en el Congreso de los Estados Unidos y utilizó cuantos medios tuvo a su alcance para conseguir la adhesión de ellos a la lucha de los cubanos. También sostuvo intercambios con prominentes políticos hispanoamericanos de la época con iguales propósitos.
 
La Emilia escritora se dedicó a escribir e intercambiar misivas con destacadas personalidades, recabando su apoyo y pronunciamientos a favor de Cuba. Conocedora de los vejámenes cometidos en la Isla por el gobierno colonial español, se atrevió a dirigirles su repulsa en misivas que hizo a los Capitanes Generales Domingo Dulce y Caballero de Rodas, imputándoles su conducta, impropia de los representantes de la Corona española en la Isla. Y en su afán, emitió sus juicios y solidaridad con la lucha emancipadora cubana en importantes periódicos y revistas de Nueva York y del continente.
 
El 4 de marzo de 1897 Emilia falleció en Nueva York, pero sus restos no pudieron trasladarse a Cuba hasta 1944, gracias a una campaña realizada por su hija. Hoy reposan en el Cementerio Cristóbal Colón de La Habana, al lado de la tumba de su amado esposo, Cirilo Villaverde.
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