A juicio de la psicóloga Ana María Cano López, del Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex), la violencia vicaria es un tipo de maltrato que causa dolor extremo

Dixie Edith - Red Semlac / Foto: Cenesex.- Maltrato directo, engaño, amenaza y manipulación son formas que adquiere la violencia vicaria, también llamada violencia por sustitución, una forma agravada del largo y doloroso proceso de las violencias machistas, que puede incluir manifestaciones físicas, económicas y psicológicas.


A juicio de la psicóloga Ana María Cano López, especialista del Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex), es “la expresión más cruel de la violencia de género dirigida a las mujeres, pues se trata de una violencia instrumental, que consiste en utilizar a los hijos e hijas para hacer daño a la madre o la ex pareja”.

“Es una violencia que causa un dolor extremo”, precisó a SEMlac la especialista, quien labora hace más de 30 años en el servicio de atención a víctimas de abuso sexual infantil del Cenesex.

Maltrato directo, engaño, amenaza y manipulación son formas que adquiere la violencia vicaria, también llamada violencia por sustitución. Foto: Shutterstock

¿Por qué se habla de violencia por sustitución y cómo se manifiesta ese problema en Cuba?

El concepto vicario hace referencia a la sustitución de un individuo por otro en el ejercicio de una función. Cuando se ejerce este tipo de violencia, se realiza una agresión sobre una persona, en sustitución de la otra, que es en realidad el principal objetivo del maltratador.

El desequilibrio de poder entre hombres y mujeres perpetúa la desvalorización de lo femenino frente a lo masculino en virtud del patriarcado como sistema de dominación, el cual sigue vigente a pesar de las conquistas de las mujeres en el mundo y también en Cuba.

Si bien aquí se han logrado importantes progresos en la estimación de la prevalencia de la violencia doméstica, no se dispone de estadísticas oficiales que revelen la real dimensión de la violencia de género en todas sus manifestaciones, incluida la violencia vicaria.

De acuerdo con las estadísticas disponibles y los resultados de investigaciones, la forma más común en que se expresa este tipo de violencia en el país es la intrafamiliar contra las mujeres y las niñas, en todas sus manifestaciones, con predominio de la violencia psicológica y la emocional.

Varios estudios reflejan que las mujeres logran elaborar estrategias para poner fin al maltrato. Algunas son inefectivas, pero muchas logran romper el vínculo del maltrato. Un elemento significativo en la actitud de mujeres maltratadas incluidas en estas investigaciones radica en su convicción de no responsabilizarse frente al maltrato que padecen o han padecido, lo cual contribuye de manera efectiva a la ruptura del círculo de la violencia.

¿Qué consecuencias se derivan de la violencia vicaria?

El padre que utiliza a sus hijos como un instrumento para hacer daño sabe que el dolor que causará a su madre será mucho mayor que si la dañara a ella directamente. Es un maltrato que genera graves daños psicológicos y un dolor extremo, porque durará durante toda la vida.

¿Cómo visibilizar la atención a este fenómeno en el marco más amplio de la prevención y atención a la violencia de género?

Se pudiera visibilizar desde el accionar de diferentes organizaciones y organismos de nuestro país que se dedican a desarrollar acciones contra de la violencia de género; pero también desarrollando acciones comunitarias que contribuyan a concientizar sobre la violencia en general, y esta en particular, como un problema social.

La realización de talleres de capacitación y otras iniciativas favorecen la prevención y la atención de este problema, pero resulta particularmente urgente la creación de servicios especializados de atención a las víctimas.

¿Con qué herramientas contamos para su prevención y atención y cuáles nos faltan?

Tenemos una estrategia integral de atención a la violencia y el trabajo del Grupo nacional para la atención y la prevención de la violencia intrafamiliar, coordinado por la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), el cual posibilita el reconocimiento a escala social de la existencia de la violencia de género como una problemática social.

También contamos con un sistema de justicia social que protege a las mujeres y a las niñas.

Sin embargo, nos falta continuar la preparación de los profesionales que tienen la responsabilidad de realizar acciones para atender esta problemática social. También resulta imprescindible que estas personas que brindan servicios puedan disponer de los protocolos de atención que requiere el tratamiento de esta problemática, para que puedan ofrecer acompañamiento y una intervención integral.

En paralelo, ya lo decía antes, es urgente perfeccionar los servicios especializados que brinden una atención integral a las víctimas de violencia y educar por la paz desde las primeras edades de la vida.

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